NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

viernes, 31 de julio de 2009

LEA ANTES DE MORIR

(inspirado en el relato de Frederic Brown, "no mire atras"; 
1r premio st. jordi btx prosa del IES Sant Andreu 2010)

NOTA: "letras escritas en sangre" se inicia con este mismo relato y lo continua de una manera, si más no, peculiar. Por tanto, este post es desechable. 


Usted va a morir... y no espere como continuación una explicación trascendental y existencialista de que todos morimos tarde o temprano, de que nos hallamos en un estado de putrefacción continua, o de que no somos más que autómatas, cadáveres ambulantes, una morgue en movimiento. Oh, no, usted fallecerá en breves instantes, tan pronto como acabe este relato, y lo único que le salvara será terminar tajantemente con esta inconclusa lectura que le corroerá perennemente en la conciencia con sus ácidos barnices, ya que me niego a verter la sangre lóbrega de sus arterias sin antes explicarme; mas se perfectamente que el placer malsano de reseguir con sus perturbados, escépticos y desafiantes ojos estas letras de sabor agridulce usted es incapaz de abandonar.
     No se preocupe por el verdadero participante al certamen -si es que esta carta llega efectivamente a donde pretende; de otro modo, rece...rece porque exista un Dios que pueda ampararle en su seno, porque no por ello voy yo a refrenar mi cometido-; simplemente añadí esta confesión a su sobre en un mero despiste suyo, aunque bien podría haberme deshecho de su contribución con un directo y sutil intercambio, ya que su obra era verdaderamente pésima, una burda imitación, bruna y banal, marrón como la putrefacta esencia final del ser humano y de su denigrante carácter.
    Y ahora, acomódese y lea este, su ultimo relato. Ah, y no se moleste en corregir sus innumerables errores ortográficos; yo me encargare al finalizar su lectura de arrojar la lava hirviente de su yugular sobre el documento. Y ya sí, espero amablemente su deleite antes de que mi acero precipite su fluido sobre su cuello marcado por los años. Disfrute...:

«-Federico, no me quites este libro, ¿me oyes, Fed?; el de Lewis Carroll- gritó desde una punta de la casa hasta la otra, una voz preocupada.
    -Ya lo hice, tú me lo pediste- se pronunció con igual intensidad, en sentido opuesto.
   -No te oigo-se respondió con voz clara y alta.
   -Yo a ti tampoco- se espetó con desdén y sarcasmo.
   -Que no te oigo- se repitió con ínfima angustia.
   -Me alegra mucho saberlo-susurró entre dientes esbozando una sonrisa irónica.
   Tras apagar la televisión, reitero la primera sentencia el primer interlocutor, a lo que el segundo prosiguió con la consiguiente, y en esto ella continúo:
   -No, el Tratado elemental sobre determinantes - dijo cual trabalenguas mientras su memoria lo desmenuzaba silaba a silaba- no, no entendía nada; me refiero al otro del mismo autor, los de Alicia.
   -Tú me pediste todos sus escritos-se excuso con petulancia, sintiéndose, como pretendía, Carroll ante la nota de la reina que le exija que “no dejara de mandarle su próxima obra”- . ¿Sabes como se llama a eso en mi país?…-silencio breve, como esperando una respuesta obvia- discriminación-aclamó solemne-.
    -Pues es algo muy practico, pues me interesan poco las mates y mucho más la maravillosa vida de esta chiquilla-adujo con la inocencia de la experiencia de 9 años sobre sus cabellos lumínicos al resplandor que se filtraba por la ventana, reflejando alegóricamente su fantasioso corazón enérgico y vitalicio, ajena a las barbaries acontecidas por la discriminación de algunos locos poderosos, de Hitlers y eugenesias horripilantes-.
    -¿Sabes, pues, como se llamaría en nuestro mundo, según tu espectro de visión, compartido por Goethe, y por el cual yo disiento, tu concepción de las matemáticas?...mmm…-esta vez no esperaba replica y murmuraba entre las oscuras grutas de sus macabros lóbulos, como si buscara una respuesta de una gran complejidad en una base de datos tan inconmensurable que el negligente calculo humano jamás alcanzaría el termino exacto- ¡inútil!- y acto seguido comenzó con grotescas carcajadas, brotando de su caverna primitiva, sobre sus 14 y no 16 estalagmitas (carente de las del juicio), rocas, cual desprendimientos peligrosos: garbanzos-.
     -¿Te vas a ir?- pregunto otra voz desde otro rincón sin observar la “desgarradora” imagen-.
    -Claro, hoy tengo una cita con las ninfas que revolotean en los jardines coloridos y orlados por ríos áureos y efluvios embriagadores, donde en suaves libadas prueban el jugo de los apasionados volcanes para apaciguarlos en sus fríos labios, y toman de los cristalinos lagos de las álgidas montañas sus aguas gélidas en sus ya abrasados arcos ambivalentes para sofocarlos y retornar a...mmm... mucho me temo que me han dejado hablando como un lunático, solo, terriblemente solo- pensó en ultima instancia, tras oír un portazo de la irascible “Alicia”-.
     -¿Porque has parado, becqueriano?-pregunto su madre, embelesada por las cadencias del significante, pero ajena al significado-Bueno, de todos modos, ¿podrías estar aquí a las cinco?
     -Poder podría incluso
devorar el mundo,
elevarme a su cima
y posar mi trasero
en el autócrata trono
que me alce a la gloria
- respondió un egocéntrico
ante una mera pregunta
cordial, cortes y ambigua,
que un mero favor pedía-.
      -En ese caso te lo exijo como déspota, y no te lo pido como favor; que sea tu arrogancia condena kantiana: te concedí la libertad y fuiste tú quien la rechazaste-exclamó harta de tanta perífrasis poética que no hacía más que marearla, ofendida por no ser correspondida, ya que mientras ella hacia todo el trabajo, él parecía no hacer nada más que divagar en sus presuntas inútiles fantasías-.

Tras la conversación, ambos marcharon en su libre albedrío. A ella la llamaba la obligación; a él, la prometida Jauja. Así pues, torció hacia el lupanar cercano y, tras la erupción del ardiente volcán, reposo y poso sus posaderas en la posada, en la cual, mientras sorbía sórdidamente una cerveza, escuchaba una conversación ajena, la primera cosa que le parecía que justificaba sus estudios en fisicomatemática, ya que le permitieron entender aquellas complejas abstracciones que exponía cual conferenciante –catedrático, como sabría después- a una muchacha que sin lugar a dudas no comprendía nada, por lo que le sugirió a la oreja palabras de otra índole, lo cual es fácilmente deducible teniendo en cuenta su ubicación, a lo que él alego que pagaba para obtener compañía y no para hacer deporte, ya que su misantrópico carácter instado por sus indagaciones científicas secretas no le permitían obtener el grato acto de comunicarse con sus semejantes y desahogarse con gente que comprendiera la relevancia de sus pesquisas. Ella insistió en gestos procaces y voz lasciva- cual ninfomanía desesperada, como si de otro modo no cobrara- y él, símbolo intelectual, cayo de su pedestal magnánimo hasta su mundana condición primitiva en lo sugerente de sus ofertas, y teniendo en cuenta que pagaba igual y su profuso discurso era terminado, acepto.
     Fed le siguió sigilosamente y le sustrajo la gabardina mientras el doctorado verificaba la segunda ley de la termodinámica -el caos tiende al máximo- con gran esmero y fervor. Se apresuro, ya que era una ley rápida de comprobar, especialmente para entendidos de su talla, y tras conocer quien era encontró el informe que detallaba los aspectos técnicos del proyecto, sus limitaciones, y como las habían superado. Tras ello, fotografió, guardó, huyó.
      Se trataba de un proyecto científico conjuntado y financiado por la alocada y archiconocida DARPA, lo cual no era de extrañar, ya que la invisibilidad es un inestimable aliado de camuflaje en cualquier guerra... “y perversión”, añadía Fed antes incluso siquiera de lograr imaginar y delimitar todo el potencial que tenia aquel proyecto. Contacto, pues, con lo que le gustaba llamar para sus adentros su equipo privado de I+D universitario, y les “propuso” la elaboración de los planos de manera suficientemente sutil como para que fueran ajenos a las motivaciones y funcionalidades del mismo, que se llevaría a cabo con el mayor de los silencios, obteniendo así todo lo necesario.
     Y mientras Fed acometía en privado su sublime labor, no podía evitar recrearse en fantasiosas ideas con las cuales muchas veces ya había soñado; desde vivir del robo, hasta gozar de la somnofilia, pasando por... por todo, quería probar todo, todo lo que su imaginación fuese capaz de concebir. Se sentía como en Dr. Jekyll y Mr. Hide, como si hubiese encontrado la manera perfecta de acontecer impune de las más grandes atrocidades, de sus deseos ilícitos, de liberar en algarabía mítica el ello freudiano sin represalias del superyo, ya que el castigo jamás se manifestaría.
     Siempre había sido un rebelde inconformista que quería saltar por encima de las convenciones sociales, un cínico seguidor de Diógenes pero apasionado por la lujuria del lujo y su consecuente placer, que hacían ceder a Aristipo ante la autoridad, humillandose; pero ahora tenia el poder para hacerlo y combinar lo mejor de ambos mundos: podría convertirse en el mayor tirano que entre las sombras, con su guadaña mortífera, diera en el blanco. “Mientras duermen los dulces ángeles bañados por la plácida luz de la luna, les anegara con fluido igualmente blanquecino y puro, tras la cortina del anonimato, un ser perverso” se decía así mismo y así mismo se dispuso a hacerlo:

La belleza de la presa elegida era excelsa de manera tal, que ni siquiera se vislumbraría en la entereza de empírea utopía de perfectas mujeres en la imaginación del más soñador filogino (o mujeriego). La conocía de vista en la universidad, y era famosa por aquella explosión de elementos que poseía, poesía personificada: era de una gran agudeza e inteligencia, así como de una castidad incomprensible en estos días; era ágil, lucida y sus pupilas brillaban con fulgente esperanza cada nuevo día; era vital, y emanaba por cada uno de sus delicados poros energía omnipotente, aromas amorosos, dardos de pasión; era políglota, pero de manera nativa bilingüe: razón y sentimiento en perfecto equilibrio eran sus idiomas habituales. Lo cierto es que, por más que se -y lo- procure, vano es intentar encerrar en inertes cristales eternos, en palabras muertas como estas, las imágenes fugaces (con hormonas alborotadas) de intangibles esencias materializadas todavía de manera más perfectas que aún se pregunta la divina providencia cual fue la formula usada, que, ignota, irrepetible resta.
      Era verano, la ventana estaba abierta, y solo un camisón cubría su perfumada naturaleza; Fed enloqueció ante la estampa y extendió excitado una mano temblorosa hacia ella. El simple roce de los dedos ásperos de la sombra sobre sus tersas piernas hizo palpitar el corazón delator de Fed cual aleteo vehemente de colibrí y, pese a ello, disminuir el flujo de sangre que trascurría a través de su yugular, con sus evidentes implicaciones (acumulándose la sangre en cavidades inferiores). Desplazo entonces el casi transparente camisón hasta la rodilla, a efectos de la penetrante luz fantasmagórica de Selene y de su euforia: lo que vislumbraba era inefable. Síntesis de todas las musas, de todas las maravillas arquitectónicas, de la humanidad, de la divinidad, de...de todo…
     Su respiración era y se mantenía apacible en contraste con la irregular y conturbada del muchacho, pero aún así persevero y prosiguió antes de calmarse, desplazando pausadamente el camisón hasta que su patosa maniobra no fue suficiente suave, ansioso como estaba, y ella gimió, y él se asusto y retrocedió y ella abrió la palma de la mano dejando caer el libro electrónico que condensaba bibliotecas enteras de conocimiento, ya que en su estrecha habitación no cabían. Fed no lo alcanzo al vuelo y cerro los ojos con pavor, como esperando la pertinente resolución; pero no oyó nada... La aguda muchacha, consciente del peligro de dormir con un libro tan caro y frágil, tenia una especie de almohada en el suelo que amortiguo el golpe, aunque de todos modos, se recordó, él era invisible, pese a que la tensión se lo impidiera tener presente. Lo recogió. Se trataba de Kant. Medito y reflexiono al respecto. Finalmente decidió que aquella pureza no podía ser quebrantada con acto tan grotesco, y marcho.

Tenía las ansias de actuar por encima de la Ley, el deseo de usar su poder sobreponiendose a la Ética, y pese a ello, permaneció encerrado una integra semana en debates morales personales, recordando cuanto había creído en su infancia en el imperativo categórico y en la inquebrantable entereza de la belleza, en los derechos y obligaciones, en un idílico mundo que, deseado por todos, jamás seria alcanzado por culpa de nuestros propios actos (exigiendo solo a los ajenos el buen comportamiento), de lo cual éramos conscientes: ¡Que trágico y cínico sarcasmo!
     Sí...Aquellos días bajo el manto protector de la sombra trastornaron por completo su concepción de la realidad. Poseía potencialmente todo lo que quería, o al menos su impulso de mero apetito así lo percibía, esclavo de sus instintos animales. Pero...esto no parecía satisfacerlo. Sentía insuficiente esa bocanada de aire fresco; no parecía aliviarle su asfixia, su grito ahogado. Era...¿demasiado fácil? Sí..., todo caía ante un campo árido de trivialidad y sin-valor, de “estar de más”, de gratuito...
     Y uno tras otro, pensamientos como aquellos fueron acumulándose en su mollera, produciéndole una creciente nausea y extraña angustia que propicio la precipitación al averno desde el precipicio del principio de la locura hasta su final apoteósico. Proceso a través del cual había acumulado una ira irrefrenable contra una humanidad autodestructiva que, ironías, reclamaba clemencia, exigía la salvación del alma que maltrataba; lloraba por ella, pero no evitaba su castigo. 
      Pensó entonces en unirse a esa espiral de entropía, de demencia: alzo vehemente el cuchillo y pretendió clavárselo en la fuente inexorable de vida...mas no pudo, débil de coraje, y amante de la existencia. Acontecieron entonces diluvios, presagios de tormentos rabiosos.»

¿Qué se siente al matar a un ser humano?, ¿Difiere en algo a la supervivencia del mundo animal?, ¿Nos creemos más de lo que somos?, ¿Son legítimos nuestros derechos, deseos o obligaciones?, ¿Qué es producto de la pasión y que de la razón?, ¿vigilia o sueño?, ¿coraje o cobardía?, ¿vital o mortífero?, ¿verdad...?
      Necesito relamerme en el crimen para verificar si tal es su estrago; experimentar, en vez de teorizar. Verter sobre mi palma al reflejo de mi pupila la esencia humana que de tantos privilegios priva. Saborear su amargura, oler su dolor, sentir su aflicción, ver su locura, palpar su inalcanzable ira, oír su lira satírica de desvergüenza. Necesito morder su degenerado cerebro, su letal vileza.
     No temas, es por un bien mayor; cierra los ojos, seas quien seas, respira hondo y relaja tus tensos músculos: tal vez así no te dolerá... tanto.

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