NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

viernes, 31 de julio de 2009

¿QUIERES PARAR EL TIEMPO?

Pip-pip,pip-pip... sonaba monótono el aborrecido despertador en su infinita falta de originalidad, tanto propia como del propietario, al preferir este sonido repetitivo antes que cualquier emisora de radio. O tal vez fuera por indecisión, lo cual no le ponía en mejor lugar.


Se levanto como cada día, de manera lenta y burda, aprovechando lo que le ofrecía lamadrugada en su silenciosa y oscura intimidad. Recupero fuerzas con el vigoroso desayuno, despertando al fin, dentro de lo que cabe esperar a esas horas. Poco a poco fue recuperando el sentido, la conciencia de las obligaciones: era como renacer de una muerte de mil años. Fue entonces cuando nuestro calmado personaje se inquieto.

Ayer, entre excusas políticamente correctas como “debe de ser astenia primaveral”(¿en pleno verano?), “síndrome pre/postvacacional” (¿durante las vacaciones?), “un periodo de baja y malestar físico e intelectual según teorías bioritmicas”(¿dicho de un detractor de las pseudociencias?),... la verdad era que no había hecho ninguna de sus responsabilidades. Y eso no se podía tolerar, sobre todo tratándose de quien era: un Estudiante Ejemplar, que no un ejemplar de estudiante. La gente le alababa no solo por sus notas, sino también por sus ideas propias, tratándolo de superdotado. También valoraban su constancia exuberante, llegándolo a llamar ergomaniaco. Incluso le habían instado a probar suerte en Mensa.

Sin duda, aquello le borraría del mapa, porque como todos sabemos (actuemos en consecuencia o no), en la actualidad ya no se nos exige el 100%, sino, como mínimo, el doble de nuestras posibilidades (¿serán Nietzsche y sus ideales de superación responsables de ello, ironías aparte?). Solo tenía dos opciones: intentar hacer el máximo de faena posible en ese cortó periodo de tiempo del que disponía y excusarse como pudiese, o, simplemente, resignarse a lo inevitable y confesar sus crímenes.

Pero entonces se le ocurrió una tercera opción, en ese preciso instante en el que a uno lecae del cielo y le golpea con violencia la inspiración. Había leído, creía, en algún lado y a propósito de Schopenhauer algo así como: “Querer es poder”. Se lo repitió varias veces en voz baja mientras pensaba en la fuerza de su mente sobre su cuerpo tomando como base las teorías psicosomáticas. No se trataba de ponerse enfermo; él era inmune a cualquier virus. Consistía en atravesar las barreras de la física, los postulados de Einstein y salir de la dimensión temporal en la que se hallaba para entrar en un estado anterior; es decir, retroceder en el tiempo. Obviamente, como todos sabemos, salio bien (de otro modo, esto no seria un relato de ficción). Quiero decir, perdóneme el lector mi enajenación mental transitoria crónica, que no surgió efecto (de otro modo, esto no seria un relato de ficción realista) . Seguía, pues, donde antes, reposado en la almohada, renegando de los ideales de los filósofos pretéritos, pensando desesperado en un plan Z, sorprendiéndose de su estupidez. Y este susodicho plan se basaba en lo siguiente:

El padre de nuestro amigo era un verdadero prodigio de la ciencia, y recordó el protagonista el proyecto del acelerador molecular.”Sí...” se decía mientras pensaba que consiguiendo aumentar la velocidad de las partículas de su cuerpo, podría conseguir velocidades tan altas que parecería que el tiempo estuviera parado. “¡Sí!” espeto finalmente. Podría convertir un segundo en cien horas, tiempo más que suficiente para culminar sus deberes.

Pero fue en ese momento cuando se dio cuenta del desperdicio. “Tener un dominio completo sobre el tiempo y malgastarlo en cosas tan fútiles.-reflexionaba-Detener el curso de la vida…”

Lograría por fin vengarse de aquel par de molestos gamberros que no paraban de molestarle con sus chistes malos sobre empollones "..., un momento, hasta esto es una sandez frente a toda la gama de posibilidades que se me ofrecen...”.

En vez de dedicarse a estudiar detenidamente las niñerías que le enseñaban en clase para obtener matricula de honor y garantizarse así los estudios superiores gratuitos (que de otro modo no podría costearse, porque si bien su padre era un prodigio en su campo... ¿que prodigio de la ciencia básica se ha ganado bien la vida alguna vez?), le bastaría con copiarse de los exámenes y ejercicios del profesor. Conseguiría por fin entonces dedicarse a avanzar seriamente en sus privados estudios, reflexiones e investigaciones, y recrearse en la hermosa literatura que tanto amaba, cosa que el tiempo que le robaba el instituto en aprender lo que ya sabia le impedía. De hecho, podría dejar los estudios, ya que conseguiría robar grandes fortunas con suma facilidad, sin necesidad de obtener un vulgar papel que certificase sus conocimientos, ya previos, para tener en su haber un digno trabajo del que vivir. Esto se traduciría en todavía más tiempo libre en el que sus esfuerzos convergirían en progresar por fin adecuadamente en sus indagaciones y experimentos que con ese nuevo mayor capital, deberán, sin rechistar, vislumbrar el éxito. Indefectiblemente, poseería todo lo que había deseado; las cuatro magnánimas A: Autosuficiencia, Autonomía, Autorrealización, Autodidactismo.

Pero su mente prosiguió buscando potenciales usos del poder que entre sus sudorosas yemas hallaba hasta que encontró a uno que desbanco por completo al resto. “Todo ello puede esperar” rumiaba para si.

Nunca había sido muy agraciado con las mujeres, o mejor dicho, con las chicas, dada la circunstancia de su edad. Tal vez fuera por su misantropico carácter, por su pasión por el conocimiento, o por la aversión al comportamiento gregario al cual muchas veces había que someterse para alcanzar lo que JF Nash definía como un simple 'intercambio de fluidos', yendo a lugares tan horribles como discotecas, donde “tanto el volumen y el tipo de música como la bebida consumida no hacían más que atrofiar aquello que yo con más vehemencia he amado en mi vida: mi cerebro y raciocinio” consideraba. Ahora tendría el privilegio de llevar a cabo sus más morbosas perversiones depravadas, que tal vez ni tan siquiera pagando le hubiesen concedido.

“Lily, la chica más sensual del instituto con la que noche y día me recreo enensoñaciones...” recordó. Podría hacer lo que quisiera con ella durante toda una hora y solo representaría una centésima de segundo, inapreciable al ojo humano y, probablemente, a cualquiera de sus sentidos. Pero la cosa alcanzaba niveles mucho más altos: podría hacer lo que quisiese con cualquiera, sí, incluso podría consumar con las actrices y modelos más excitantes sus disparates, las fantasías de un simple desconocido que por seguro ninguna aceptaría en condiciones normales.

Cierto es que en este tipo de actividades mucho es de agradecer la complicidad del otro y su mismo ejercicio, pero para él, virgen que ardía en ansias de probar aquello de lo que tan bien había oído hablar y sobre lo que tanto había fantaseado, supuso tal, que solo de pensarlo su mente convulsionaba en delirios que sobrepasaban con creces lo habitual, al saber que podría hacerlos realidad (y comprobar en pro de su estudio sobre la hiperrealidad, cuanto se había mistificado el tema, si es que así era) . Esto hizo desviar de tal manera la sangre que circulaba por su yugular, (acumulándose cual cálido lago, más abajo), que se desmayo, entrando en un onírico mundo al que solo podía llegar la imaginación, y en el que todo es posible...


Al despertar no pudo hacer más que ir corriendo al encuentro del invento que tanto bien le iba a proporcionar. Pero al acercarse a él descubrió una etiqueta con una nota escrita con perfecta letra de ordenador: 'No funcional. Matemáticamente probada la invalidez del proyecto, tanto en el modo (acelerador de partículas) como en su fin (parar el tiempo)'.

***

-Jaque mate, Marcos. Admitelo: jamas podrás vencerme.
- Ni tu eres la muerte, ni esto es una película de Bergam, Sekioz; así que modera tus afirmaciones si no quieres verte contrariado.
-Sabes perfectamente que no amo nada más en este mundo que contrariarme, Marcos. ¿Mañana a la misma hora?
-¡¿La misma hora exacta?! Heraclito no lo permitirá... pero sí, mañana a la misma hora.


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