NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 12 de diciembre de 2009

La Ecuación de Price


¡Púm!” sonó tras de si, como al fin de cada jornada; fúnebre y brusco estrépito que parece transmitir que nunca nada bueno aguarda.


-Hola…-pronuncio rumiando cada una de las letras de la escueta palabra.

-¿Qué tal?- contesto una voz más jovial que la anterior, procedente de la semiabierta habitación de enfrente del recibidor, lóbrega pero tenuemente alumbrada en su fondo interior y que apenas resplandecía en el rostro del allí sentado, ensombreciendo sus facciones con rasgos tétricos, puesto que la luz estaba enfocada en los complejos conceptos biomatemáticos de libros universitarios.

-No me encuentro bien; es como si tuviera la cabeza revuelta, ¿sabes? Te cuento: a la mañana, tras terminar una fatigosa reunión, necesitando despejarme y pasear al aire libre, decidí ir a pie a mi siguiente parada-explicaba mientras abría la puerta, encendía la luz y se tumbaba en la cama como si fuese un diván de psicoanálisis, mirando a su compañero que había dejado de lado sus formulas abstractas y exactas-, cuando, de repente, un hombre corpulento, robusto, de gran estatura, de los que no querrías tener como enemigo, desaliñado aunque con una ropa formal que poco se entendía en una bestia como aquella, por las buenas y sin más, tras verme en aquella calle por la que torcí para atajar y no obtener mayor fortuna que unos minutos de sosiego, me dice con voz ronca, si cabe, más temible que su aspecto, mientras yo...

-¿Te importaría dar menos rodeos? No estamos en uno de tus cuentos en los cuales obnubilas el juicio de tus agradecidos oyentes con tanta retorica vacía y quimérica.

-Ya...supongo. Gajes del oficio: me embeben las palabras. La cuestión es que, contra todo pronostico-palabras ante las cuales se mostraba incrédulo quien el papel de psicólogo parecía interpretar-me dice: “discúlpeme, buen señor, seria usted tan amable de…” -ante lo que ríe de nuevo el paciente al rememorar la grata sorpresa pretérita que estas palabras le motivaron, intentando contagiar así de ese espíritu alegre al aséptico receptor de los dolores de su psique-. Por suerte para mi, su personalidad no correspondía con mi primera impresión. Ahora, mi segunda impresión lo calo enseguida. Era buena gente, sin duda. Tengo un sexto sentido para estas cosas…

-¿Sexto sentido?-inquirió con incredulidad- Ya sabes cuan escéptico soy respecto a estos temas.

-Llámalo intuición, observación, empatia o algún tipo de telepatía que me traduce sus gestos, tonos, ademanes y otros aspectos en términos definibles y objetivos-intentaba explicar-. Déjame recordar y te detallare en que me base…mmm…sí, allá va un hecho curioso: apenas hacia unas pocas horas que había salido el sol y el hombre estaba empapado en sudor, ergo llevaba largo rato caminando, ergo o no puede conducir (puesto que, según me explico, no le convalidaban el carné de conducir de su país, por lo cual tenia que volverse a examinar, con el consecuente gasto económico que no se podía costear pues no tenia trabajo) o…

-¿No se lo convalidan?-pregunto sorprendido- ¡Esto es indignante! Ya no saben como relamer del bote y llenarse sus ya inflamadas carteras de tan llenas que están. Burócratas egocéntricos, becerros que solo saben pastar en su ruin verde césped de dólares.

-Opino lo mismo-reconoció-, pero tampoco le van a regalar el carné; tal vez las normas sean diferentes o sean allá menos exigentes.

-¡Sandeces!-espeto con rabia- ¿Acaso no les aprueban allá en tu pueblo a cambio de un jamón? ¿Se puede ser menos exigente? Tampoco se trata de que den fe ciega de su palabra o documentación potencialmente falsa, aunque debiera prevalecer la presunción de inocencia, pues les puede mentir. Pero si que podrían evaluarle una practica de conducción gratuita; si ven que se mueve con soltura, no hay duda, el chico sabe lo que hace.

-Tal vez tengas razón, pero de nosotros no depende esta cuestión…-musito

-¿Ah, no?, y para que sirve el voto, la recolección de firmas, los sindicatos, las…-empezó a enumerar como si leyese una lista infinita de métodos para llevar a cabo la interacción entre individuo y gobierno, para mejorar así la sociedad en tal simbiosis.

-Dejémoslo -exhalo exhausto, agobiado, impotente, mientras se levantaba con parsimonia-, no estoy para discusiones; hoy no me siento con ánimo argumentativo. Me voy a la cama.

-¿Piensas dejarme a la mitad? Ahora entiendo tu éxito con las mujeres. Anda, no te vayas. Recuerda-dijo refiriéndose a Machado-, cantando la pena, la pena se olvida, ¿echamos una timba mientras me lo cuentas?

-¿Qué haré yo con contarte todas mis penas si aunque tu las escuches no las remedias?- le recrimino con unos populares y anónimos versos que declaraban la guerra a los de Machado del mismo modo en que "no por mucho madrugar, amanece más temprano" atacaba a "quien madruga, Dios le ayuda".

-No cambiaras…-suspiro- Venga, atávico filosofo, ilustra a tu joven Platón la verdad que hay tras la apariencia.

-Bien, supongo que acabare antes contándotelo, ¿no?-se consoló- Como iba diciendo, si estaba impregnado de sudor es por que llevaba largo rato caminando, ya temprano. Como bien sabrás, no es poca la gente que se cuela en el metro debido a la facilidad...y con más razón, pienso yo, lo harán quienes no tienen nada, puesto que al no poder pagar los soltaran sin mayor problema; creo yo, ingenuo que soy, tal vez. A más a más, a esas horas casi nunca hay personal vigilando. En cambio, él, a sabiendas, buenazo que era, mantuvo su integridad y...

-¿A sabiendas?-le interrumpió, sobresaltado- el cuento que me acabas de contar...¿te lo contó él o lo dedujiste tú?

-Pues...-fue recordando-yo le pregunte si pensaba ir tan sudado a la entrevista de trabajo y...y entonces me dijo que le habían recomendado colarse, pero que él era incapaz de tal así que...

-Ufff...esto apesta a podrido-suspiro- ¿No te das cuenta que dedujiste lo que él quería que dedujeses? ¿Te pidió algo?

-Bueno...-vacilaba- directamente no...pero si entiendes por engaño su buena fe...tal vez si que me insinuó algo...de hecho, estuve a punto de darle algo de dinero...pero me había olvidado la cartera.

-Ya veo...Porque no continuas la historia desde donde te interrumpí mientras navego por Internet. Te aseguro que te estaré escuchando.

-Como quieras...al pobre chico solamente le dieron como indicación la calle. Y él, neonato en la ciudad, escaso de recursos, ¿donde consultar iba la ubicación? Y yo, falto de memoria, en ese instante y lugar en el cual me preguntaba, ¿como las instrucciones para llegar le iba a dar? Por suerte, mi fiel compañero me acompañaba; encendí el GPS y le explique el recorrido. Él mucho me lo agradeció, y le vi alejarse tras explicarme sus pesares por no encontrar faena y la cantidad de tiempo que perdía circulando por la ciudad, puesto que lo mareaban en banales entrevistas infructuosas. Ahora, recordándolo, me arrepiento de no haberle dado algo de dinero, ya sea para que cogiese el metro, pues era largo el trayecto o para que comprase agua, puesto que realmente estaba deshidratado. Podría haberlo sacado del cajero...

-¿Y que hay de las insinuaciones?-inquirió.

-mmm...no querría manchar maliciosamente su nombre en vano, si me lo permites; ¿que estas buscando tan afanosamente?

-Ven y miralo tu mismo-le dijo mostrándole un articulo titulado “mendigos de lujo”.

Por lo visto, entre los mendigos procedentes de la clase alta nacidos del ultimo quiebre bursátil, se trataba de recuperar su posición camelandose a otros adinerados para, a partir de su amistad, medrar de nuevo en la escala social. Su sofisticación era tal que solían informarse de las biografías de sus presas mediante métodos, si más no, cuestionables, y poder preparar así un seguido de depurados y casuales encuentros en los cuales llevar a cabo su farsa y convencer a la víctima, sutilmente, de que ellos podían llenar los huecos de su existencia, esto es: ser el hijo que nunca tuvo, aquel empresario de éxito demasiado ocupado para formar una familia; ser el escritor de su mecenas, aquel acaudalado director de banco que, de joven, fue un artista frustrado; etcétera.

Ciertamente podríamos eludir el tema manipulador, al menos por mi parte, si esta farsa tuviese una pizca de verdad: si aquel que finge ser artista lo fuera y pudiera vivir de ello; si aquel que ascendiera en la empresa, lo hiciera por méritos propios. Pero lo cierto es que, obviamente, ninguna de sus propuestas, ideas, obras, escritos, fotografías,... no eran suyas. Internet estaba plagado de bloggers anónimos con vocación y talento que intentaban hacerse un hueco en la inmensidad del océano con ética y tesón, protegiendo muy vagamente su obra. Salvo alguna excepción, claro: una excepción que supo percatarse que a 10.000km de su casa estaban plagiando su novela en otra lengua o que en las antípodas construían un edificio basado en sus bocetos. Y aunque el grito de genios aislados contra multinacionales fuese reprimido durante mucho tiempo, el saco termino rompiéndose gracias a la inteligente acción de uno de ellos:

Sekioz, un personaje ciertamente pintoresco, publicaba periódicamente ensayos y relatos en su blog cuando un día descubrió, mientras estaba de viaje en un país extranjero, un club llamado "Sequíos", que resultaba ser la ambientación habitual de los relatos del escritor al que rendían homenaje en aquel club. La similitud con el nombre de Sekioz le resulto curiosa, incluso graciosa , aunque pronto le resultaría burlona, ya que sus relatos y ensayos eran descaradamente similares a los de Sekioz, lo que le insto a investigar sobre el tema, tras lo cual descubrió que el suyo no era un caso aislado y se percato de que un ataque directo, una demanda por plagio, como se había hecho en otros casos, no produciría el efecto deseado.

Por ello decidió escribir un nuevo ensayo en el que partía de una anécdota recientemente acontecida para hacer un repaso al resto, en el cual añadió anagramas, acrósticos y demás sutilezas que ponían de manifiesto su verdadera autoría en una lengua intermedia, de manera que la traducción del farsante las conservara. Además, contacto previamente con las autoridades y asociaciones de autores para dar constancia de que aquel ensayo inédito era suyo y que el farsante no tenia en su haber tal ensayo, por ahora. Cuando poco tiempo después de la publicación del ensayo de Sekioz el farsante publico un ensayo casualmente-como dijo él en el juicio- similar (similitud no mayor por las trabas de la traducción), todo estaba terminado para él.

A simple vista puede parecer una estupidez, en un mundo egoísta y hermetico como el nuestro, pero este método dio muy buenos resultados en países que quien diría que no deberían estar en extinción por ello; por eso creyeron erróneamente que funcionaria también aquí, pero ellos no sabían que el altruismo y el sentimentalismo murió hace mucho en la mayor parte del mundo.

-Aquí termina la noticia, que es, a su vez, un contraejemplo evidente a tu presunto "sexto sentido"-aclamo su “terapeuta”.

Tras la noticia, en la sombría sala, un alma se hundió más en la miseria, inquiriendo poco a poco en un carácter misantrópico, descorazonado y perdiendo una vez más la esperanza en la humanidad, mientras otra sonrió al releer sus notas académicas:


Nota: inspirado parcial y vagamente en hechos reales. ¿No crees, J. Grande? 
Sobre la otra parte, uno haría bien en compararlo con everything is a remix, una visión cientifica de los derechos de autor, y ejemplos varios de demandas por plagio.

1 comentario:

  1. Vamos a ver, en el arte de la escritura lo más valioso es la sencillez, no hacer un texto lo más rimbombante posible. Aun así, me gusta.

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.