NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 25 de abril de 2010

Nota del autor (y para el autor): reflexiones sobre el arte y la fabulación de la memoria

(Nota: confesión personal sobre la inutilidad/fatalidad de escribir a propósito de una visión -¿momentáneamente?- mediocre de mi obra -que critico- combinado con ingenuas palabras a propósito del Arte, esa gran quimera. En un blog tan arrogante como el mio, no se si son producto de una falsa modestia o de un mal día. Pero todo contrapunto se agradece, supongo.)

Mi nostalgia y mi tendencia a idealizar el pasado me ha llevado alguna vez a rebuscar entre las libretas de primaria antiguos relatos. Al encontrarlos (en los casos que lo conseguí) he de reconocer un sentimiento de profunda decepción (¿qué se puede esperar de relatos escritos a tan corta edad? Tal vez alguna frase curiosa, alguna idea inocente... pero fundamentalmente eran basura, porque, admitámoslo, tampoco soy ningún genio precoz como Panero cuyos inicios produjeran diamantes en bruto que con solo pulirlos un poco puedan volver a brillar como la primer vez que se vivieron, en el momento de su concepción, para el autor, en éxtasis).

Debo decir en este sentido que no soy un caso aislado. Si os dais cuenta, las personas ya experimentadas, en su vejez, tienden a idealizar con creces el pasado (y si tuviste la suerte de pertenecer a ese pasado descubrirás que se inventan la historia completamente, como bien me ha comentado mi madre muchas veces a propósito de su padre). Este fenómeno (la confabulación), por lo visto, esta bien estudiado en psicología y es el resultado del crecimiento de la memoria evocativa y de la fabulación con los años.[1] Esto se examina de manera general, breve y amena, sutil, con un cierto toque irónico-cómico en este magnifico post.

Retomando mi caso, y más recientemente, he releído a veces mi poemario con efectos similares. Falto de inspiración, aburrido o buscando algo para citarlo o presumir de ello, creyendo que era una maravilla, lo releo y encuentro que es una verdadera bazofia. Bueno, evidentemente que jamás considerare tal de mi obra, pero si más no reconozco que la idealice con creces, de manera que no quiero ni pensar que pensaban los demás de ella cuando la exhibía con sorna. Pero esto resulta irónico y vergonzoso ya que recuerdo bien como presumía de mis ensimismaciones poéticas, especialmente en un primer momento, y por lo general me aplaudían por ellas ¿Porque? Hipocresía es una primera y muy valida razón. Una segunda era, por seguro, la edad (a los 12-13 años, por entonces), y es que las mayores estupideces o obviedades, cuando las dice un niñito cándido, parecen muy interesantes o entretenidas (tal vez también porque se lee poca poesía, y menos aun poesía de vanguardia como para considerar lo mio primitivo); además, la gente carece de coraje como para criticar cínicamente la obra de un ilusionado y joven poeta, supongo. A más a más, muchos de mis lectores eran de mi edad. Pero yo me consolare con mi tercera razón: supongo también que especialmente en poesía, todo depende del cristal con que se mira, todo es relativo y depende de la perspectiva. Quizás yo me lo tomara demasiado en serio y la gente los entendiera con tono humorístico, lectura perfectamente valida.

Aunque yo considere, al releer mi poemario, que no merece la pena leerlo, que no es digno de tal, hace algún tiempo (2-3 años, a lo sumo 4) lo "presente"(en realidad fue a través de un contacto/lectora que estaba luchando por publicar su obra) a una editorial y aunque evidentemente me negaron la posibilidad de publicarlo me dieron algunos consejos y me animaron a continuar. Además, ha habido personas a las que les ha gustado, ergo es una cuestión de perspectiva. Entonces ese seria el problema suponiendo que no este en la obra, ¿no? No es un gran consuelo teniendo en cuenta que hay obras de inmortales autores que parecen superar este perspectivismo para convertirse en leyendas eternas (a veces vanamente citadas sin ser tan siquiera leídas).

Retomando de nuevo mi caso, viendo de lejos mis poemas, como quien coge el diario de su infancia para releerlo, no puedo más que sentir una mezcla de vergüenza y risa por lo patético en muchos de los casos, no en todos. A veces me pregunto ¿esta cosa la hice yo?[2] Sí, a veces hay cosas salvables, versos eufonicos o ideas que no he transmitido bien en mis versos pero que gracias a mi memoria aun recuerdo y me parecen interesantes, aunque no pueda evidentemente compararme ni de lejos con los grandes. Pero el problema es que el lector no puede acceder a mi memoria, no puede saber que esencia maravillosa me inspiro, que me revoluciono y me hizo considerar que aquella sensación era digna de ser plasmada en papel, de hacerla perdurar por toda la eternidad (de hecho en eso consiste la poesía: en poder transmitírselo a cualquiera; esa es parte de la magia de la buena literatura y sobretodo de la poética). Becquer, buen conocedor de los problemas de su arte, sabia que las palabras difícilmente eran capaces de encerrar las esencias, la magia de la vida y que cuando el autor escribía en un estado de trance, de éxtasis poético, de inspiración, al enfriarse, al volver a la tranquilidad, encontraba ridículo lo que antes le parecía sublime. Conclusión: la vida hay que vivirla, es inútil describirla.

Así pues, cuando escribo una obra, en la mayoría de los casos, esta me fascina en un primer momento, mientras la hago (en un estado de éxtasis poético) , de una manera sublime y cuasi orgásmica, mientras que con el tiempo la percepción de la misma se degrada hasta que, en la mayoría de los casos, se anula. Supongo que el hecho de confeccionar uno mismo algo es reconfortante y nos embarga de gozo. Supongo también que el gozo viene dado no tanto por lo escrito sino por lo que lo ha transmitido, que como todavía esta candente, se ve claramente reflejado en lo escrito, reforzando las sensaciones y haciendo creer que se ha embellecido esa vorágine de sentimientos, siempre según el autor.

Yo, y solo yo, comprendo lo que siento en ese instante y creo que lo que escribo lo trasmite porque yo, en el estado de éxtasis en el que estoy, encuentro que lo escrito reafirma lo que siento, lo que no significa que lo explique o trasmita. Pero cuando yo cambio (crezco, maduro), cuando el instante cambia, yo me convierto en mi lector y me vuelvo objetivo y entonces veo que no transmitía lo que quería, que daba cosas por implícito o era demasiado abrasivo o cursi o pedante en algún aspecto. Así pues, cuando uno escribe lo que siente en ese momento y luego no lo deja enfriar es fácil que con el tiempo esa huella se borre y no se comprenda o que pase a ser una cursilería barata o una metáfora demasiado abstracta e incomprensible.

Entonces, ¿no merece la pena escribir poesía? Sí que merece la pena. Primero, porque ha habido quien ha conseguido la "perfección" en su arte. Claro que la perfección es inalcanzable, pero hay poemas que nunca me canso de releer. Clásicos entre los clásicos (aunque a veces no según el canon convencional) que han perdurado generación tras generación y que da gusto leer. ["Hacer cine es hacer las futuras películas favoritas de alguien." Marçal Forés, fuente]
Segundo, cuando yo escribo poesía me encuentro en un estado inefable de alegría o embriaguez emocional. A mi me gusta escribir, indiferentemente de que el publico o la critica(como si tuviese) lo valoren positivamente. Yo no escribo por ellos (aunque reconozco que si que he hecho revisiones y recopilaciones de mis escritos, en parte, por su posible existencia), sino por mi, porque me gusta, porque me desahoga (si bien por el contrario me aturden las revisiones, aunque también de ellas extraigo buenas sensaciones o consecuencias). Y además considero que este es el único camino hacia el arte verdadero, la creatividad sin limites, que no se venda al publico, que no busque ser comercial, que simplemente lo haga por el amor al arte y que sea tan extravagante y original como quiera; como decía Nietsche "mihi ipsi scripsi" (escribo para mi) y solo así se puede lograr algo verdaderamente innovador, sincero.

Por esta razón me parece muy divertido cuando alguien hace algo con la única finalidad de presentarlo a algún certamen cuando en realidad debiera ser al revés: el certamen premiar y dar reconocimiento a algo preexistente. Uno no debería trabajar por algo ajeno, sino por él mismo. Que luego ello sea reconocido es otro tema, pero el premio de verdad debería recaer en la tarea en si. No niego, de todos modos, que este sistema cíclico no sea productivo, pero no me parece el ideal. La fama o el dinero no son ideales que inspiren al arte, sino que fuerzan y presionan al autor a lograr algo dentro de unas normas (bases del certamen) que restringen su libertad artística.

De esta manera creo que yo también escribo para mi y mi regocijo. Esto no es malo si la única finalidad de escribir es hablar con uno mismo, desahogarse o innovar, pero no lleva a ninguna parte si uno quiere trasmitir algo concreto a alguien. Hablando en mi caso concreto, supongo que los poemas que todavía hoy considero decentes es porque estaban madurados en su momento y realmente son buenos, dentro de lo que cabe. Es decir, como mínimo se pueden considerar poesía, mientras el resto son criptogramas irresueltos, garabatos, rayas ininteligibles sobre el lienzo, bazofia. Por este motivo tengo pensado hacer un breve "recopilatorio" "próximamente". En cualquier caso, seguiré escribiendo in eternum por volver a sentir el caballo desbocado que se desata en ese estado de inspiración, aunque las obras que confeccionen no tengan ningún valor sino para mi.

***

Esto, aparte de ser una confesión-liberación-reflexión sobre la literatura en general y en particular, es la explicación, en parte, a que últimamente me haya dedicado a buscar viejos trabajos de instituto, igual que de más joven los busque de primaria. Obviamente no soy objetivo, pero algunos de ellos me parecen interesantes y he pensado en publicarlos aquí. En un primer momento pensé en crear un nuevo blog, pero como tampoco quiero diseminar tanto mi semilla (el pueblo unido nunca será vencido), aprovechare este mismo blog para publicarlos.  De hecho, algunos de los últimos relatos publicados son de por lo menos hace un año, como el de los videojuegos o la historieta de ingles, y se enmarcan en esta búsqueda. Pero a los que me refiero como nueva clasificación serán trabajos no literarios que haya podido hacer durante y para el instituto y que considere lo bastante dignos como para ser publicados aquí.

PD: Sinceramente, no se para que explico todo esto si los lectores fijos que siguen el blog los puedo contar con los dedos de una mano (y aun me sobran dedos, contándome a mi [haciendo los cálculos, salen 2 lectores a lo sumo, que supongo que puedo tener]). Pero supongo que uno necesita hablar con uno mismo de alguna manera, y esa manera para mi es la escritura, más consoladora y tierna que la soledad del pensamiento puro y monologado. Este es un medio que igual que lo es el sueño, me ayuda a evitar la locura, entendiéndome, conversando conmigo mismo. ¿Porque los publico, pues? Solo mi arrogancia a tal puede responder.


(juzgue usted, sino me cree)


Actualización (Abril de 2011)
Cuando escribí esto, el tiempo que dedique a la escritura de poesía superaba por mucho al que dedique a mi prosa. Sin embargo, ahora que creo estar en condiciones de hablar de mi prosa, observo que este traspaso de estilo a la hora de querer comunicar mis ideas no ha mejorado el problema que en este ensayo describía: simplemente lo ha cambiado. Si antes pretendía plasmar mis ideas abusando de la fuerza de la forma en contra de la coherencia, la simplicidad o el contenido,ahora veo que en muchos de mis primeros relatos se hace patente el hecho contrario: el deseo de transmitir contenido a toda costa, en detrimento de la forma. Esto es claro en este mismo proyecto de querer colgar trabajos de clase que solo aportan ideas sin hilarlas demasiado bien (no si consideramos a este blog como el de un literato), o en los relatos/ensayos en los que abuso en sobremanera de enlaces, citas y referencias ajenas, dejándome influir tanto por mi entorno que apenas queda algo de mi en ellos (hasta el punto que considere necesaria una critica/auto-parodia de este fenómeno como punto de inflexión-transición en mi "pruebalo y lo sabras", pese a que, si de puntos de inflexión hay que hablar, yo marcaría fecha en el verano de 2010 por carecer de una de mis grandes limitaciones: el tiempo, si bien dedique la mayor parte de este a mi "manifiesto escéptico"). Aunque también reconozco que he pecado del fenómeno contrario, al ensimismarme demasiado a veces en preocupaciones o hechos que no eran tales sin ser consciente de ello; en engrandecer, digamos, algunos de mis tics o anécdotas personales o cercanas de manera poco sutil.


Creo que esto lo he ido mejorando con el tiempo, y que en mis relatos actuales convino bastante mejor (que no necesariamente bien), la pasión por la forma que me dio la poesía y la intención de transmitir ideas y sensaciones de manera más "clara" que me dio la prosa. Digamos que creo que comienzo a encontrarme a mi mismo y hacer converger estos dos polos.


Sin embargo, quiero hacer constar que algunos de mis textos sobrepasan por mucho mi estilo menos o más breve según el caso (y consecuentemente mi tiempo), los cuales, sin hacer mucho ruido al respecto, voy depurando cuando tengo tiempo (el caso más evidente es el de la supuesta "obra magna", el manifiesto escéptico  para la cual tengo una pequeña libreta repleta de anotaciones con la que depurarla con ideas del día a día, y en la que creo combinar bastante bien el tema filosófico con lo ilustrativo del método literario), o cuando son dignos de ello (en ocasiones los textos resultan demasiado sosos o superfluos o distantes respecto a mis opiniones actuales o... como para tomarme la molestia de reformularlos, como son el caso, por ejemplo, de trabajos de clase como "mi paradigma de utopia" o "apuntes del futuro", que no por ello considero faltos de interés: después de todo, adoro todo lo que hago, sea menos o más critico respecto mi obra)  . 


Entiéndase este blog, por tanto, como un archivo de buena parte de mis textos y pensamientos más o menos acabados pero susceptibles de ser modificados, en el cual, espero, se puede encontrar una mejora progresiva en la forma y contenido, lo que no quita el hecho de que algunos de mis relatos mejor logrados, al menos a mi parecer, se puedan encontrar en cualquier parte blog, inclusive en sus inicios, como son el caso de "lea antes de morir" (que reedite y extendí en "letras escritas en sangre") o "una leyenda" o tal vez incluso "survival story"(relatos bien recibidos por mis profesores de bachillerato en diferentes ediciones de st. jordi). 




[1] Honorio Delgado escribe en su Ecología, tiempo anímico y existencia(1948): "Normalmente, pasada la juventud a medida que el hombre progresa en edad y a medida que disminuyen sus expectativas de la existencia por acortarse el porvenir posible, aumenta la importancia o idealización del pasado en la experiencia viva de la temporalidad. Correlativamente, el presente se vuelve menos rico, el correr del tiempo parece más veloz y los años y las épocas, que antes se juzgaban extensos o remotos, dan la impresión de abreviarse y dejarse abarcar más fácilmente que antes. Todo hace pensar que la conciencia del tiempo se torna más y más esquemática, por la mengua de lo imprevisto, el vigor de la rutina y la monotonía de la acción, pero sobre todo por la falta de espontaneidad, falta anexa al cambio del tempo vital debido a la transformación del organismo, tanto menos ágil cuanto más envejecido" .
[2] Ana Frank, en su famoso diario, también hace referencia a este fenómeno, en una relectura del mismo.

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