NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

lunes, 28 de junio de 2010

reinterpretando el banquete de Platon (fragmentos II)


De joven, de muy joven, me enamore de un cuerpo: cada noche, desde mi ventana, veía, gracias a la vehemencia de un cigarrillo consumado por aquellos labios, si caben, más ardientes que el fuego, como aquellas medias enjaulaban la bestia de la pasión. Veía como los ojos de la noche se precipitaban sobre mi, sobre el horizonte desconocido, mientras sus gráciles armas arrojaban fogosamente el cigarro muerto en el suelo para ansiar su llama con mayor deseo. Día tras día me recreaba pensando en aquel cuerpo, imaginando constantemente poseerlo plenamente, liberarlo, saciar mi sed eterna e infinita con su fuente de placer ilimitado hasta que no pudiese más, hasta que mi mente no pudiese responder ante mis actos, embriagado por Hedone .
[...]
Más tarde descubrí que estaba rodeado de hermosas, pasionales y sabias nereidas. No podía más que saltar de flor en flor, ansioso siempre por deshojar la siguiente, de libar el néctar de su amor. Un abanico de colores se abría ante mi paladar ansioso por experimentarlo todo: Deguste el candente acero de sus ojos y el rugir de sus zarpas en mi espalda; olí el trinar de sus vivos gemidos y el desfallecimiento entre mis exhaustos brazos; mi carne sintió el susurro de 5500 años de experiencia en las artes secretas y la habilidad suprema de la practica; mis labios veían la lujuria de los suyos en cada gota de miel que desprendían mientras mi corazón vislumbraba el palpitar conturbado del voraginoso incendio de espuma volátil de gozo; mis yemas oían el éxtasis inefable en los destellos de su brillantes rubíes al reflejarse en las olas de su cabello infinito y mis pelos erizados escuchaban el crepitar de sus pies en el parquet acercarse al lecho de lava. Todo era pasión y desenfreno; placer ilimitado. Una orgásmica orgia de los sentidos, que enloquecían y se entremezclaban en arrebatos electrizantes.
[...]
Un día, aun sumergido en las corrientes de los ríos de lava ardiente, vi unos ojos profundos y fríos como un iceberg, unos ojos que se escondían, que se hundían bajo el agua en un aura de misterio. Unos ojos como no los había visto nunca, unos ojos placidos y pacientes, tiernos, candidos. Unos ojos que reflejaban algo que jamás había visto antes: no eran unos ojos sexuales, sino sensuales. Ojos cuyos iris, reticularmente hiperbólicos y policromaticos según la incidencia de la casta luz, se asemejaban a estructuras fractales de infinita profundidad, profundidad que llegaba hasta su alma y la obligaba a emerger alrededor de la pupila formando una real corona, corona posada sobre su alma como símbolo de su dignidad y del poder hipnótico que tenia sobre mi. Aquello no era pasión, ni lujuria ni frenesí, ni ternura, ni nada que se le pareciese. Aquello era Amor.

NOTA: estos fragmentos pertenecen a los momentos de transición del relato "Recuerdos de Diotima ensalzan la utopia de la universal orgía", un relato que tengo más o menos perfilado con unas 5000 palabras

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