NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 4 de julio de 2010

Reflejos: la perdición de la razón



Los sonidos se confundían con los colores, se fundían con las luces destellantes que se destornillaban jocosas en convulsiones caleidoscópicas, en fluctuaciones voraginosas. Las acuarelas en las que estaba pintado el mundo se disolvían ante mis ojos, emergiendo de los objetos sus tonos y aunándose todos en un orgía de formas y tintes. La frenética gente y su esencia vehemente se diluían en un lienzo infinito y abstracto que conglomeraba el universo en un solo verso, en un solo cuadro, en una sola estampa única y primordial, consumando los deseos del vitalismo nietzscheano.


En esto estando, la individuación vino a mi en forma de necesidad fisiológica, de manera que tuve que emerger de aquel también peligroso mar bravío y tempestad de desdenes para sumergirme en los ansiados lavabos, no gloriosos pero si donadores de gloria.

Aún enajenado por la visión psicodélica que continuaba brotando al otro lado de la pared, vi a un ser extraño: un busto flotante, un rostro nada más, desasido de su cuerpo, desprendido de la realidad. Quise hablarle, pero no me respondió aunque hizo el gesto: solamente me miraba, anonadado, esperando que surgiese algo del frío vacío, del profundo horizonte que contemplaba ensimismado, como siguiendo una estela, una cuerda que le guiase en su camino a las profundidades del abismo de mis ojos, persiguiendo quizás su infinita fractalidad, que observaba cada vez más pálido, asombrado por las imágenes que hallaba en mi.

Tal fue la impresión de vislumbrar aquella visión ignota e inefable en sus ojos, propia de un perfecto mundo divino e inalcanzable, que no pude sino postrarme ante ella. Sin embargo, por alguna extraña razón, el hombre y sus reveladores ojos se habían volatilizado. Me alcé de nuevo, y a medida que yo me alzaba, se alzaba él conmigo. "¿Habrá visto él en mis ojos su reflejo y habrá pensado lo mismo?", meditaba. Ambos nos mirábamos reflexivos, al unísono, como si fuésemos hermanos idénticos y miméticos. Al alejarme sin perderle de vista, emergían mágicamente de sus hombros dos robustos brazos, mostrando su verdadera apariencia. Al acercarme, en cambio, desaparecían en la nada, como si fuese un gesto de desarme, un signo de paz; como si temiera que pudiera subyugarle, como si me acercara para intimidarle y dominarle . Quise entonces tocarle, y él quiso acompañarme en cuanto se percato de ello, apenas un imperceptible infinitesimal instante después que yo; quizás la no instantaneidad de la luz fuera la causa.

Su mano se acerco lenta y apaciblemente a mi, y se buscaron ambas mutuamente en una coordenada del espacio-tiempo. Pero algo nos impidió darnos la mano amablemente: era un gélido muro, una prisión de hielo que le encerraba. Le mire entonces desconsolado, buscando una respuesta a tal encierro. Sus ojos por él hablaron, tristes y desorbitados: "¿tan grande era su pecado que ni las límpidas gotas de roció podían perdonarlo? No era concebible ni posible semejante aberración", pensaba para mi.

Acaricie entonces su rostro inerte y apagado como un cadáver congelado con tal de transmitirle así gratamente mi afecto y calor, lo que pareció contentarle. Pero aquello no era suficiente: no podía existir condena tan ingente, que ni la eternidad la perdonase. Quise por ello liberarle de sus cadenas: me alce con un contundente objeto, y ayudado por mi amigo desde el otro lado de la prisión, golpeamos furtivamente aquel obstáculo que nos separaba, estallando este en miles de pedazos centelleantes que se diseminaban por toda la sala configurando unos indescriptibles juegos de luces en todas las direcciones del espacio, revoloteando anárquicamente.

Pero esto solo hizo empeorar las cosas: delante de mi ya no yacía nadie; él permanecía encerrado en aquellos extraños y mágicos cristales. En perjuicio suyo, solamente había fragmentado su existencia, multiplicado su dolor. Quise entonces rescatarlo de entre los pedazos, buscar en ellos un salida por la que liberarle de su maldición: pero todo fue inútil. Mis dedos sudaban con colores poco usuales, exhaustos de tanto rebuscar entre cristales, mientras mi amigo sangraba por haberle golpeado antes a su prisión. "El infierno esta repleto de buenas intenciones", recordé.

Nada ya podía hacer, cuando a punto de irme de tan amargo lugar, y dándome la vuelta para despedirme, veo que como el primero hay toda una legión de cárceles escarchadas. Todos me miraban tristemente, por mi cobarde huida de la realidad y la verdad, cuando de repente se les abre los ojos a todos, incluido a mi, al observar que cada fuerte de nieve se hallaba sobre grifos de agua. "¿Pudiera ser que el agua emergiera de aquellas cristalinas superficies?", quise creer que así era, y corrí raudo a comprobarlo, a vaciar el agua helada de sus prisiones. Pero nada... todo era inútil.

Me rocíe entonces mi desesperada frente con aquella infinita agua que emergía caudalosamente de aquellos ríos cilíndricos y metálicos. Mas, ingratamente, comprobé el ardor de mi exasperación también en aquellos ríos de lava camuflados hábilmente en cristalina agua. Por Fortuna, aquel fuego abrasador inspiro mi lucida mente: replegué no sin dolor entre mis manos aquella fuente de calor para regar con ella los nevados barrotes de culpabilidad, mientras nuestra ultima esperanza se filtraba esquiva y enemiga entre mis dedos. No obstante, nuevamente la frustración anego mi existencia y negó mi esperanza... No lo soportaba más, nada parecía tener sentido; ni tan siquiera la vida: el lóbrego y lúgubre infierno se cernía sobre mis pupilas.

Crispado, huí de aquel local maldito, intentando inútilmente olvidar lo sucedido, arrebatar al averno la esperanza perdida. Por Desgracia, parecía que estuviera encadenado a la fatalidad del mismo modo que en el pasado se ataba a los condenados a macizas bolas de metal, perseguidoras de sus tortuosos andares. Creo tal cosa porque al emerger de tan grotesco escenario me vi rodeado por infinitos e interminables gigantes de hielo en cuyo interior, en cuyos estómagos hambrientos, opulentos y repletos, yacían innumerables presos: toda la humanidad estaba condenada, encerrada en inertes cristales, en mundos de apariencia y falsedad, en empresas... imposibles, intentado inútilmente emerger de su opresor.

Asustados, todos me miraban a mi, esperando a que los liberara, como si estuvieran inmersos en una oscura cueva de ignorancia, en un mundo ajeno e inferior al mío, falso y aparente, vano reflejo de la realidad; como en una absurda simulación monótona. Entonces, recordé el mito de Platón que me contaron de mozo: "no temáis, criaturas, sois esclavos de vuestra ignorancia. Yo no puedo liberaros: habréis de ser vosotros quienes vislumbréis la verdad", les iba diciendo mientras paseaba por las calles de aquella jungla de cristal, intentado explicárselo a los inconmensurables ejércitos de esclavos de la fría apariencia. Sin embargo, ninguno me obedeció, ninguno me creía: todos de mi se reían, aunque guardasen las apariencias, imitando burdamente mi desesperación.

Llegue al fin a un estanque y me dije "aunque sea la ultima cosa que haga, a ti te liberare, hermano". Y tras largas explicaciones, comprendí que aquella mímica no era de comprensión, sino de falsa empatia y consolación: aquel prisionero de sus sentidos no quería defraudarme, pero tampoco comprendía lo que yo le decía. Resolví al fin a sumergirme en aquellas glaciares aguas con la única finalidad de rescatarle, al precio que fuese, arrastrándole a la realidad a la fuerza si era necesario. Permanecí durante fútiles horas buceando por entre aquellas aguas que me ahogaban el alma a cada minuto que pasaba, solo aliento dándome una vana esperanza.

Cada vez subía a la superficie a respirar más a menudo, y la fatiga de mis músculos apenas me permitía ya buscarle en la profundidad misteriosa y mística. Exhasuto, recordé finalmente a los infinitos otros presos: no debía morir inútilmente por la infructuosa búsqueda de uno de ellos, de una sola apariencia. Medite largamente sobre como poder podría despertarles. La nulidad me cercaba, y el cerebro me abrasaba: “incognoscible solución, ¿donde te hayas?”, me preguntaba.

Tal conmoción me provoco todo en conjunto, que decidí desprenderme de aquel misero aliento que seguía latiendo y manteniéndome con vida. Y aquí estoy: relatando al cielo que me consuela con los susurros hermanos del viento, la tragedia que acometer pretendo. Solo la esperanza me ampara: la esperanza de dejar de sufrir, la esperanza de emerger de esta pesadilla, la esperanza de que mi dequeísta y decadente muerte libere a mis hermanos al imitarme, la esperanza de que yo también emerja de esta realidad subalterne para alzarme en la divinidad del cielo. Adiós, mundo cruel y despiadado que me has abandonado con solo una bala al frente de mis enemigos y temores que se cuentan infinitos.

Que así sea si así lo quisierais.

***

Un viandante vio la caída y se acerco corriendo. Giro el cadáver y descubrió un hombre joven, con toda la vida por delante. El sol comenzaba a salir y el viandante reflexiono: "solo un segundo más, y la luz del sol le hubiese despertado de su enajenación y le hubiese alumbrado con la verdad: la eterna fidelidad a la Tierra"




Nota:dedicado encarecidamente a Emilia, (profesora de filosofía que me dio clases en segundo de bachillerato y sin la cual este blog seria muy diferente), pues se lo "prometí"/adelante en uno de mis 'post scriptums' de algún comentario de texto, tal vez el de Hume.

Explicación paso a paso de esta alegoría :



Se describe aquí una particular visión del mito de la cueva (de Platón), cuyo valor se invierte y se desdobla. En un primer momento nos hallamos en la Tierra, en la consumación máxima del ideal terrenal: "lo primordial" de Nietzsche y el "Panta rei" de Heráclito: una orgía de sensaciones sin seso. Mismamente, este es el mundo de las apariencias de Platón y su primer escalón: la sola opinión conjeturada .

El principio de individuación que le insta a acudir al baño, simboliza el segundo escalón, los primeros signos del instinto Apolinio y de la Razón.


En el tercer escalón nos encontramos con los primeros atisbos de pensamiento y de moral, materializados en la preocupación del individuo por rescatar a su amigo mediante cualquier ingenio que se le ocurra; preocupación que estalla cuando emerge de la "cueva" o garito en el que se encontraba y observa la esclavitud de la humanidad en manos de la Razón en las infinitas empresas (en su triple sentido de: ideal de la verdad ['mi empresa (mi razón de ser, mi meta, mi sentido vital,...) en esta vida es alcanzar la verdad'], de la materialización del sistema capitalista ['las empresas-negocios nos gobiernan bajo los grilletes del dinero'] y de la multiplicidad/masificación y ensimismación del arte [siendo la empresa símbolo arquitectónico y, por extensión, de las artes y las ciencias], mero placebo que es visto también como un grillete1) que nos tienen presos y a las cuales vendemos nuestra vida y nuestra alma, nuestras sensaciones y pensamientos, obteniendo solo sufrimiento y frustración a cambio.


El cuarto y ultimo escalón es el suicidio: la perfección de las ideas solo se puede alcanzar acudiendo al mundo de las ideas, a la trascendencia, a las ficciones de ultratumba. Este suicidio no tiene porque ser físico, sino mental, ya que la perenne búsqueda de una verdad inexistente nos tortura el alma, nos frustra y nos impide vivir (nihilismo reactivo).


Los reflejos (y por lo tanto, también el agua) simbolizan la verdad escurridiza ("que se escapa entre sus dedos"), que no se logra alcanzar. Liberar los reflejos simboliza obtener la verdad. Además, el protagonista califica a estos reflejos de "apariencia", transvalorando, invirtiendo el valor de la verdad, que atendiendo a la critica de Nietzsche, es inexistente, un simple oasis de la razón, una ficción, una ilusión, un ideal efímero e inalcanzable, es decir, "apariencia", no más que una quimera.


La búsqueda exasperada de la verdad (liberar los reflejos) por parte del pensador (protagonista) le lleva a la locura y la muerte(nihilismo reactivo), ya que se obceca en ir más allá de sus posibilidades, pues la verdad es incognoscible, ya que no puede alcanzar la trascendencia de las ideas, de ese otro mundo que se halla encerrado en los reflejos que quiere liberar.


Todo este proceso es posible por la consumición de drogas, que simbolizan aquí la razón, el deseo delirante de alcanzar lo imposible: la Verdad.


Por otra parte, el sol que menciona el viandante no es el sol de Platón, símbolo de la Verdad, sino el sol (la verdad) de Nietzsche, el sol del vitalismo, el sol del superhombre, el sol de aquel que es fiel a la Tierra eternamente (atendiendo a la idea de Nietzsche del eterno retorno).


"Solo un segundo más" y la enajenación por las drogas (la razón), hubiese cedido ante el vitalismo de la felicidad del nuevo día.




1“Las ciencias, las letras y las artes, menos despóticas y más potentes acaso, tienden guirnaldas de flores sobre las cadenas de hierro de que están cargados, sofocan en ellos el sentimiento de esa libertad original para la que parecían haber nacido" Rousseau, precursor, como Nietzsche, en las criticas al abuso de la razón y al uso de las palabras vacías. Suyo es el dilema, al que responde afirmativamente: “¿Contribuyen las artes y las ciencias a corromper al individuo?”



PShe reiterado bastante la idea de "verdad inexistente". Este puede resultar un tema controvertido que yo aborde en mi "manifiesto escéptico". En cualquier caso, creo que se entiende bien que el relato pretende ser una transvaloración del mito de la cueva de Platón bajo la perspectiva nietzscheana.


A propósito, existe un relato más extenso que trata esa misma transición: "decide tu propia historia: reinterpretando y ampliando la cueva de Platon

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