NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

martes, 20 de julio de 2010

waking life (despertando a la vida)

Frenética serie de profundos aforismos plasmados sobre las acuarelas de la demencia, del ensueño infinito y eterno, sin escapatoria posible. Clama dentro de todos ellos la reafirmación del Yo más intimo en constantes contrastes, contraposiciones paradójicas pero ciertas, en un "movimiento y cambio continuo" desenfrenado que nos cierne en la pasividad más absoluta (como declara el protagonista) ante la inmensa cantidad de datos, de intensas percepciones y opiniones, ante la multiplicidad de la realidad y sus perspectivas.

El deseo de protección que nos destruye; el movimiento estático, el eterno retorno, la historia cíclica, la sensación de impermutabilidad de la humanidad al transcurrir el tiempo; la instantaneidad como eternidad divina, el abrazo al vitalismo más férreo como consumación de la existencia; la inversión de los valores "medio" y "fin", donde ya no es importante el resultado de la búsqueda, sino la búsqueda en si misma; el determinismo y el azar propiciados por la incertidumbre y el escepticismo que nos desvelan del ensueño de la libertad, un irrefrenable anhelo intangible e inalcanzable que en apariencia aparece en todas partes como producto del engaño del intelecto que se complace en el espejismo de la democracia y el contrato social; la construcción de una identidad inexistente y cambiante mediante la sociedad y la historia;  las limitaciones del lenguaje en cuanto a comunicación, que estallan en una infinidad de posibilidades de interpretación y creación, invirtiendo nuevamente el medio por el fin; el análisis como dogma, la ciencia como religión, ambas paradójicas; subjetividad conjunta como objetividad harmónica; .

No pretendo hacer un análisis exhaustivo del film. Solo decir que es filosofía pura que no pretende ser diseccionada. Del mismo modo que Lynch hace en su Mulholland Drive (curiosamente del mismo año), todo fluye con una velocidad vertiginosa y con una profundidad abismal y terrorífica: ideas y pensamientos se entremezclan en la cabeza del observador que busca una llave mágica que deshaga el entuerto: pero la inmortal duda persiste, no puedes escapar de ella. No hay progreso, no hay avance, solo cambio de perspectivas, de teorías, de hipótesis, de axiomas y de verdades, no hallando ninguna en un sentido global, declarándose la mayor perplejidad y confusión, frustrante y emocionante a la vez. 

Es una película compleja y repleta de juegos de luces, de metáforas, de ángulos de visión, de perspectivas.  De fondo, todo este caos es hilado por los sueños, por el mundo interior del protagonista, que se ve reflejado en las recreaciones de su mente a la vez que siente que estas con completamente ajenas a él, resultando totalmente innovadoras.

Todo un brillante preludio y una declaración de intenciones a todo ello es el principio,  en el que a medio camino entre el azar (elige un numero) y el determinismo (las sentencias han de estar escritas previamente), es decir, en la voluntad y la libertad de la elección, se declara: "tu destino es soñar".

Porque después de un siglo liberados por Nietzsche y su dosis de realismo, que nos ha despertado de la enajenación del intelecto, de las quimeras de la razón, del idealismo puro y la abstracción metafísica banal y absurda que se pregunta quien y porque le disparo una flecha envenenada en vez de sacársela y curarse; después, digo, de haber abandonado estas elucubraciones que solo turbaban el alma en tragedias surrealistas, Nietzsche, en pro de la vida, nos libera de ellas.

Pero, tras un siglo de asimilación, somos incapaces de reconocerlo: no aceptamos que la democracia sea un fraude y la guerra una monstruosidad; no aceptamos que la vida sea una tragicomedia: seguimos soñando en idealismos destinados al fracaso pero que resultan plenamente reconfortantes; seguimos yendo a las Vegas para soñar mientras nos roban, drogándonos para disfrutar de realidades alternas mientras nos sepultamos en sepelios trágicos, cerrando los ojos para contemplar la oscuridad en vez de la horrenda realidad que nos consume. Y, puestos a soñar, ¿porque no hacerlo a lo grande, sin vínculos con la realidad que nos deteriora?

Tras un siglo de decepciones constantes, el siglo XXI es el siglo del hiperhombre, del hombre que aniquilara la tragedia en pro de la comedia, del hombre que dejara de soñar despierto para despertar y vivir eternamente en sueños, de aquel con completos poderes sobre su mundo, del artista total, del onironauta eterno, del avatar infinito en el tiempo, del creador supremo.

La virtualización será el futuro, el sueño es el presente, el arte fue el pasado. La divinización del Yo es la meta. El medio, su fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.