NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

martes, 7 de septiembre de 2010

la hiperrealidad del genero (o teoría Queer)

(dedicado a todas las absurdas exaltaciones
de todos los géneros y sexualidades existentes
y, por extrapolación, de todas las etiquetas/identidades 
que no son más que ficciones sociales)

"A los hombres les gustan las lesbianas
y a la gente le parece normal.
¿Porque a mi no me pueden gustar los gays?"
Las edades de Lulu

Beatriz Preciado, por su parte, explica que "la mayoría de mis parejas biohombres han sido gays. Y era uno de los momentos más interesantes, porque siempre te preguntas 'pero, ¿que somos?', porque obviamente no somos gays, no somos lesbianas. Y al final acabas diciendo pansexual" (Time out, N.132, pg 114).

Esto es así porque "las nociones de sexo y de genero son medicas, y lo mismo sucede con 'heterosexualidad' y 'homosexualidad' [es importante esta distinción: no es la misma pregunta '¿con que me identifico?' que '¿con que me siento atraído?'] , que son nociones que provienen de la medicina y del discurso psicopatológico del siglo XIX y que hoy en día se usan como si fueran el oxigeno y el hidrogeno, como si se encontraran en estado puro en la naturaleza. Nadie es heterosexual o homosexual, eso no existe fuera de un contexto político que encasilla mucho el sexo". Y el controvertido "informe Kinsey" y sus 5 grados de bisexualidad dejan patente que no existe ese absolutismo binario de heterosexual o homosexual, sino que esta visión dual de la realidad proviene de nuestro cerebro y nuestra manera de entender el mundo, que tiene una tendenciosa preferencia por lo binario (http://www.livescience.com/health/brain-multitasking-limit-100415.html).

Tal vez el problema sea, por lo tanto, que el concepto de genero y de sexualidad, el concepto de lo masculino y lo femenino,y de heterosexual y homosexual, no sea más que una hiperrealidad, una ficción sociopoliticocientifica y taxonómica, "una limitación social que aceptamos con docilidad extraordinaria y que es totalmente arbitraria, y que además resulta muy sencillo no aceptarla", en términos de Beatriz. Al fin y al cabo, recordemos que Nietzsche ha matado a Dios, a la Verdad, al criterio taxonómico único; y esta muerte traspasa y rebosa en todos los ámbito de nuestra vida. La muerte de Dios y sus consecuencias, explotadas por el existencialismo de Sartre y Camus, no supone el nacimiento de una multitud de nuevos semidioses, de múltiples criterios posibles (sectas, "ismos", identidades grupales,...), sino de la nada, del nihilismo, o, en temas de sexualidad, del transgénero (la ausencia de criterios o preferencias hacia una orientación sexual concreta y la negación de la definición o caricaturización preliminar y prejuiciosa de una persona a partir de su genero).

"El hombre no nace, se hace", expone Sartre. Su mujer,Beauvoir, lo complementa y completa con su "la mujer no nace, se hace". Pero estas sentencias están presuponiendo algo ficticio: la idea de hombre y la de mujer. Y el problema yace precisamente en la ambigüedad del lenguaje (utilizar el termino 'hombre' en vez de 'ser humano') y el juego de palabras de Beauvoir. Así pues, el lector ha de unir las piezas e interpretar "el ser humano no nace, se hace", se hace así mismo con toda libertad, con la libertad de sumirse a los criterios preestablecidos y con la libertad de transgredirlos y crear unos propios y no encasillables ni definibles, porque, en verdad, todo son criterios susceptibles de critica, criterios falsos, inexistentes, absurdos, ficticios. Y puestos a vivir en una ficción, será mejor vivir en una elegida y preferida por nosotros mismos que no en una impuesta por el mundo (y todas sus ramificaciones sociopoliticoeconomicocultural....). En una ficción que, ademas, cambia a medida que crecemos, pues cambiamos nuestras perspectivas con el tiempo, siendo, en fin, transgenéricos: no definibles como hombres o mujeres, ni con unos gustos concretos, pues estos cambian (Todo fluye y nada permanece, argumentaba Heráclito), sino definibles como un "potencialmente me gusta todo" hasta que no se demuestre lo contrario cuando lo pruebe, prueba contingente y solo aplicable al tiempo presente.  Esto es así porque "estoy condenado a ser libre" y ha asumir las responsabilidades de mis actos, gustos y creencias sin poderme amparar o justificar en sentencias del tipo "es lo normal", "es lo que solía/suelo hacer", pues la normalidad y la costumbre no son más que ficciones,  de la sociedad y de la consciencia, respectivamente; ficciones que niega nuestra individualidad. Y este potencial infinito de libertad, en sexualidad, se denomina pansexualidad: de este modo no se niega (o limita) las individualidades y gustos de cada persona en cada momento y circunstancia de su vida: se afirma así la diversidad y variabilidad interior de cada persona durante su vida.

Así pues, la separación del ser humano entre los conceptos de hombre y de mujer se acomete a través de un criterio ficticio que presupone a estas concepciones como entidades completamente distintas. Quiero insistir en la absurdidad de esto desde una perspectiva lógico-matemática: si tenemos un conjunto S (Seres humanos o, concretamente, Homo Sapiens Sapiens; doy por sentada la definición de este conjunto, si bien esta no esta exenta de controversias que puedan o no dejar dentro o fuera de este conjunto a diferentes elementos), y queremos dividirlo en subconjuntos menores tales que formen partición, esto es, clasificar correctamente al conjunto S en subconjuntos (clases, etiquetas, identidades,...) más pequeños  (en nuestro caso, el subconjunto H [Hombres] y el subconjunto M [Mujeres]) estos han de cumplir tres propiedades:

1.Que los subconjuntos no sean vacíos. De este modo, nos aseguramos de no introducir conceptos, clases de seres humanos, que no existan y resulten superfluas (es decir, procura la brevedad del lenguaje y la no multiplicación innecesaria de entidades). Por ejemplo, los subconjuntos "humanos con cien cabezas" y "humanos que no tienen cien cabezas" no forman partición porque, al menos que yo sepa (las afirmaciones respecto a entidades físicas admiten su contrario debido a la contingencia de las verdades experimentales, de modo que me remitiré a lo conocido hasta ahora, que no necesariamente realidad preexistente)  no existen "humanos con cien cabezas".
2.Que la suma de los subconjuntos sea el total. De este modo, nos aseguramos que no hemos obviado ningún concepto y que nuestra clasificación es exhaustiva, (es decir, procura la completitud de la clasificación). Por ejemplo, si consideramos los subconjunto degenerados del conjunto S(Seres humanos), esto es, los subconjuntos formados por un solo individuo, podemos afirmar que la suma de todos ellos forma S (es decir, la suma de todos los seres humanos forma el conjunto de todos los seres humanos. Se sobreentiende el concepto de individuo, si bien no esta exento de controversia por la existencia siameses)
3.La intersección entre subconjuntos es nula. De este modo, nos aseguramos que las particiones son correctas y que cada elemento pertenece a un solo subconjunto, (es decir, que podemos afirmar inequívocamente que un elemento dado pertenece a un subconjunto o a otro). Por ejemplo, la intersección de los subconjuntos "bolígrafos rojos" y bolígrafos azules" del conjunto "bolígrafos" no es nula, debido a la existencia del subconjunto "boligrafos 4 colores".

Así pues, afirmar que solo hay hombres y mujeres, que el subconjunto H y el subconjunto M forman partición en S, significaría que los hombres y las mujeres no tienen nada en común. Podemos subdivir el problema en afirmar esta distinción a un nivel físico y a uno mental (si es que acaso estos forman partición, como parece negar, sin ir más lejos, las enfermedades psicosomaticas), adelantándome a sus criticas. En cualquier caso, me parece tan obvio que los hombres y las mujeres comparten cosas en común que me parecería absurdo discutirlo.
Solo unos convenios sociales que encasillan los roles del individuo por genero, que consideran los estudios técnicos propios de los varones o las muñecas juegos de niñas (¡Con lo mucho que les gusta a los hombres!),  pueden negar la realidad: no hay una diferencia absoluta entre mujeres y hombres. Existen diferencias estadísticas (posteriormente explico con más detalle como esta distorsiona la realidad), ciertamente, pero estas no me parecen relevantes, ya que desde edades tempranas se ha incitado al individuo a comportarse de una manera dada. El hecho de que la sociedad acepte como ciertos estos roles, aun siendo conscientes o no de su carácter ficticio, les induce a comportarse de manera diferente con una persona dada dependiendo de su genero: desde el uso de faldas, pendientes, y demás complementos del vestir pasando por las diferentes clases de juguetes, o incluso a la hora de decidir los estudios a cursar, se nos encamina desde muy pequeños en una dirección que no tiene porque corresponder con nuestras inquietudes personales. Y es por ello que resulta natural que nuestras estadísticas parezcan confirmar nuestra ficción que distingue entre varones y hermbras: porque inconsciente o conscientemente hemos predispuesto a que esto sea así.
Y por ello que abogo por la neutralidad más radical y escéptica: para que la libertad del niño pueda desarrollarse sin presiones ni coacciones ni influencias externas. Evidentemente que ello es imposible, pues todo su entorno le influye inmerso en un estado de fuerte sugestión y no podemos pretender encerrarle en una burbuja; pero tampoco es necesario instarle forzosamente a actuar como nosotros creemos que se ha de actuar (pues como bien examina Hume en su celebre guillotina, no podemos inferir sentencias normativas a partir de sentencias descriptivas, esto es, inferir sobre el deber ser a parir del ser). Lo ideal seria, creo, concederle la libertad de elegir entre todas las opciones con total neutralidad, y hacer que tenga presente la opción de poder cambiar su elección en cualquier momento.

Así pues, el ser humano es libre de decidir que quiere ser y construirse así mismo como desee. Pero la ficción social de la sola existencia de dos sexos unida a la libertad infinita de Sartre da lugar a la necesidad del cambio de genero en ciertas personas, necesidad absurda, pues nuestro cuerpo no es algo identitario y nuestras inquietudes son cambiantes (¿estaría Heraclito cambiándose de genero una vez al mes? Tal vez demasiado dinero y papeleo, aunque unas dosis de testosterona y de estrógenos de vez en cuando para experimentar la multiplicidad de identidades propias pueda ser una buena idea, como propone Preciado). No quiero ser insensible con el tema de la transexualidad: entiendo su malestar, el hecho de no encajar; pero este malestar se sucede no porque ellos sean diferentes o tengan un problema sino porque la sociedad ha decidido que existen unos roles de mujer y otros de hombre y atendiendo a ellos se comporta de manera diferente según el genero de la persona, llegando a suponer e inferir demasiadas cosas de ello, en un claro fenómeno de performación. No existe, pues, un determinismo anatómico: tener ovarios solo implica tener ovarios (que no necesariamente ser mujer, como en el caso de los hermafroditas, cuyo desarrollo hormonal suele estar inducido por la medicina según la decisión de la familia), y en ningún caso tiene ningún trasfondo sexual ni social: ser mujer o hombre no tiene ninguna implicación directa, como podría ser ser un férreo aficionado al futbol, cervecero y amante de los bares y las mujeres (¿o ese era el tópico o ficción hiperreal española? Ni lo se, ni me interesa: soy quien soy y ninguna etiqueta ficticia podrá definirme).

No debemos encasillarnos, pues, en estas ficciones (sexo, genero, nacionalidad, parentesco,...) que no nos definen en absoluto, no necesariamente, no más de lo que nos las podamos creer, pues la creencia en estas identidades nos hace imitar estas ficciones inexistentes debido al fenómeno de la performación (es como una enfermedad psicosomática: crees que padeces algo y terminas padeciéndolo de verdad; te defines de una manera determinada y actúas en consecuencia, muchas veces sin pararte a reflexionar en cada situación especifica, ya que se usa la definición como patrón general de conducta, sin atender a las particularidades de cada caso concreto; lo mismo sucede con las diferentes creencias e "ismos": es más fácil ser una oveja que sigue a su pastor sin ninguna responsabilidad propia y pudiendo siempre culparle a él, que ser un pastor que ha de buscarse su propio camino en medio de la incertidumbre infinita y la constante contradicción; y en esto consiste el problema de la distinción del genero: la creencia en esta distinción, en esta hiperrealidad, nos hace comportarnos y vivir en esa hiperrealidad como si fuera cierta e incuestionable, cuando en realidad es una ficción pensada para evitar la reflexión y potenciar la vida inconsciente, para crear un modelo estándar, un ordenamiento aristotélico y 'practico', cómodo de la realidad, un sistema que llamar "normal" y que marcar como meta, marginando y criticando a los puntos que se alejan de ella).

Somos, pues, únicos e indefinidos (incluso a nivel corporal, pues las nuevas tecnologías, la techgnosis y la virtualizacion, expanden nuestro cuerpo hasta limites insospechados): nuestra complejidad supera por mucho nuestra comprensión y nuestro lenguaje. Pero si bien es difícil describirnos en un tiempo presente, imposible es predecir nuestro carácter futuro o englobar todo nuestro comportamiento pasado en un solo termino unánime y coherente, pues, repitiendo las inmortales letras de Heráclito, " En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos [los mismos al entrar y salir, pues el contacto e interacción con el medio (con la vida), el río con el hombre y el hombre con el río, nos ha transformado: porque todo fluye y nada permanece, nada es inmutable, definido, limitado y perfecto]".

Dejando un poco de lado tanta metafísica discursiva y centrándose en la materialidad de los cuerpos, Preciado explica, sobre la concepción dual del genero, que "no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales, cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. No hay verdad del género, de lo masculino y de lo femenino, fuera de un conjunto de ficciones culturales normativas" que forman un sistema axiomático arbitrario y cuyos axiomas son fácilmente susceptibles de ser puestos en duda.

Cuando determinan nuestro genero, lo hacen a partir de rasgos físicos visuales evidentes (y no mapas cromosomaticos) que no determinan nuestro carácter ni todas esas ficciones que se le atribuyen a cada genero. Pese a ello, la gente cree verdaderamente en estas patrañas que se han creado en su regocijo recreativo y fantasioso (y también temeroso, por la incertidumbre del futuro de sus hijos, incertidumbre que intenta aferrarse a cualquier ficción dogmática que trace unas líneas aproximativas hacia el futuro impredecible); y esta gente suele pronunciar sentencias del tipo "ojala sea una niño" (sobre todo en China) como si esto implicara o posibilitara todo un proyecto social inexistente que de otra manera no seria factible.

No quiero decir con todo esto que no haya ninguna distinción entre hombres y mujeres a nivel físico o social. Vayamos por partes:

Más allá de los elementos físicos superfluos como pene o vagina, que no describen más que una parte de nuestro cuerpo (como tener ojos azules o ser bajos [atributos que también pertenecen a hiperrealidades como "guapo" o "feo" y que son sumamente relativas y propias de cada sociedad, costumbre e individuo, como todos los juicios esteticos]), existen factores hormonales que si pueden determinar nuestra conducta. Pero, pese a ello, y pese hablarse de una hormona masculina (testosterona) y de una femenina (estrógenos), ambas son producidas tanto por hombres como por mujeres, si bien hay una producción natural (que no tiene por que ser la única vía por la cual entramos en contacto con ellas) mayor de testosterona en hombres y de estrógenos en mujeres.

Sin embargo, esta diferencia es solo estadística: no se han medido los niveles de testosterona de todos los hombres y mujeres, y, aunque se hubiere hecho, en una enciclopedia medica y en el haber científico del ramo se haría la media con tal de poder generalizar y sacar conclusiones. Pero la generalización pierde precisión y absolutismo. Cuando digo que tengo una media de 5 no significa que en todas las asignaturas tenga un 5. Esa es solo una de las múltiples posibilidades. Tal vez tenga un 50% de 0 y un 50% de 10. Es por este motivo que el estadista afirma que esta a gusto, a temperatura media, cuando tiene la cabeza en el horno y los pies en el congelador (se que peco de reduccionista pues existen conceptos como la desviación típica que miden la dispersión de una muestra, pero quiero dejar claro que no critico a la estadística como ciencia sino al vulgo que abusa de ella sin escrúpulos, conciencia o conocimiento de causa).
Otro ilustrativo caso de los problemas de la estadística es el hecho (o supósito) que algunas personas lleven bombas en sus viajes de avión para reducir la probabilidad de que exista una segunda bomba (lo cual pone de manifiesto el carácter performativo de estas entidades, influyendo e interactuando en la realidad que pretendían describir sin modificar).
La vida es azar y "movimiento y cambio continuo", citando nuevamente a Heraclito: es absurdo intentar modelizar-la en términos absolutos, sino solo aproximativos, porque además, la interacción con estos datos produce ficciones irreales (como en el caso de la bomba o el comportarse a partir de una definición creándose un ciclo vicioso entre ente y descripción, en vez de definir a partir de un comportamiento y comportarse ajeno a esta definición. Sin embargo, me parece imposible evitar esta interacción entre el objeto y la descripción del objeto: la necesidad imperiosa, la voracidad de conocimiento, desembocan a ello. Y me parece también obvia esta interacción entre descripción y objeto descrito en procesos más simples como el enfrentarse a preguntas que ya hemos respondido, tachándolas, indiferentemente de su dificultad, de triviales, ignorando todo el costoso proceso de entendimiento previo por el cual pasamos).

Gustariame citar a Nietzsche respecto a la presión que ejerce la idea ontológica sobre la realidad que describe, la estadística descriptiva sobre el objeto de descripción, la causa sobre el efecto:
"No debemos cosificar equivocadamente “causa” y “efecto”, como hacen los investigadores de la naturaleza (y quien, como ellos, naturaliza hoy en el pensar -) en conformidad con el domínate cretinismo mecanicista, el cual deja que la causa presione y empuje hasta que “produce el efecto”; debemos servirnos precisamente de la “causa” y del “efecto” nada más que como de conceptos puros, es decir, ficciones convencionales, con fines de designación, de entendimiento pero no de aclaración. En lo “en-si” no hay “lazos causales”, ni “necesidad”, ni “no libertad psicológica”, allí no sigue “el efecto a la causa”, allí no gobierna “ley” ninguna. Nosotros somos los únicos que hemos inventado las causas, la sucesión, la reciprocidad, la relatividad, la coacción, el número, la ley, la libertad, el motivo, la finalidad; y siempre que a este mundo de signos lo introducimos ficticiamente y lo entremezclamos, como si fuera un “en sí” en las cosas, continuamos actuando de igual manera que hemos actuado siempre, a saber, de manera mitológica." ("más allá del bien y el mal", aforismo 21)

Por otra parte, más allá de la producción natural de estas hormonas (que podemos estimular mediante ciertas actividades), también las podemos adquirir de manera inconsciente del entorno o consciente mediante el consumo directo de estrógenos o testosterona (que se puede encontrar con mayor o menor facilidad en farmacias [al menos según Preciado] o en otros lugares más sórdidos).

Pero es más: aunque la media afirme que los hombres producen más testosterona que las mujeres, no dice que todas las mujeres produzcan la misma cantidad de testosterona, sino que podríamos hacer una escala de "masculinidad" en la cual encontraríamos indistintamente y a intervalos tanto hombres como mujeres, encontrando a hombres declaradamente heterosexuales con un cerebro pasmosamente femenino, dejando en claro cuan absurdas son estas etiquetas. Esto no me lo invento yo, ni es una afirmación teórica, sino que lo afirman y comprueban experimentalmente en el imprescindible documental de la BBC "el secreto de los sexos", que corrobora la idea de Preciado: "no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales,..."

Y aun así...quisiera hacer una enésima critica a la ciencia para hacer todavía más ficticia la idea de femenino y masculino: ¿hasta que punto podemos considerar que estos factores (cromosomas, hormonas,...) pueden ser determinantes en nuestra orientación sexual o nuestra caricaturización del genero? Theodor Ludwing Wilhejm Bischoff, reputado científico europeo de finales del siglo XIX, tras años de mucha investigación sobre el cerebro humano y teniendo una gran colección de éstos, observó que el peso medio para un hombre era de 1.350 gramos, mientras que para las mujeres, el peso medio de su cerebro era de 1.250 gramos. Este hecho le llevo a defender la superioridad mental del hombre sobre las mujeres. Al morir en 1882, como buen gran científico donó su cerebro para la colección, y el análisis arrojó que su cerebro pesaba 1.245 gramos. Se demuestra así que a veces no importa el tamaño, sino como se utiliza. Se demuestra así que una cantidad de hormonas superior no implica necesariamente una cierta orientación sexual o unos ciertos rasgos de comportamiento concretos (sino que esto es algo impredecible, cambiante y personal, dependiente del contexto social y propio de cada persona). Se demuestra así que la ciencia, presa en las ideas de los científicos, los humanos, suele cometer falacias causales porque estos se obcecan en la hiperrealidad en la que vive, y no se dan cuenta de la existencia de otras posibles causas ("la falsa medida del hombre", del paleontologo de Harvard Gould, pone de manifiesto otros escandalosos casos, lo que considero un fuerte alegato a la neutralidad y el escepticismo-nihilismo no prejuicioso): al fin y al cabo, es lógico que las mujeres, hasta su fecha, pareciesen (o fuesen tomadas por la sociedad como) más estupidas; después de todo, se les había privado de una educación igualitaria, del acercamiento a los estímulos intelectuales monopolizados por el hombre y se le había relegado a un estado de pasividad mental terrible o desviado hacia temas triviales durante siglos y siglos de esta denigrante historia de la humanidad (lo cual no ha privado a muchas mujeres de la historia a luchar contra el sistema y a ampararse en el autodidactismo para sobresalir de entre el dominio de los hombres: especialmente memorable me parece el caso de Sophie Germain [que pueden leer hacia el final de esta pagina], alabada por el gran Gauss, quien en su carta se consciencia con esta terrible realidad, con ese gran pesar que la mujer ha tenido que cargar [y tal vez aun carga] por culpa de la hiperrealidad social que la encasillo) . Porque el ser humano no nace, se hace; y si no se le permite crearse como persona, no se convertirá en una persona. Y por este motivo, la historia de la humanidad ha conocido a muy pocos hombres, pero a casi ninguna mujer, en el sentido clásico pero irreal del termino, pues repito por enésima vez, el genero no es mas que una ficción social.

Por todo ello resulta absurdo definir a una persona como hombre o mujer. Resulta absurdo que en el DNI se distinga entre hombres y mujeres del mismo modo en que en otros países distinguen entre tutsis y hutus, o ortodoxos y católicos (después de todo, no creo que todos sean o católicos o ortodoxos o que tengan la misma visión de su religión o intensidad de fe que el resto que se etiqueta de la misma forma. Al fin y al cabo, las creencias son como las carreras universitarias: cada cual se especializa o cree o interpreta una cosa completamente diferente partiendo de la misma base).

Tampoco entiendo que en el deporte se distinga entre masculino y femenino: lo ideal, puestos a ser justos, seria hacer partidos entre personas del mismo nivel de testosterona, indiferentemente del sexo. Pero seguramente seria muy difícil encontrar suficientes personas con los mismos niveles exactos de testosterona para jugar un partido, por lo cual habría que hacer franjas como las del boxeo en el peso: pero estas franjas quitarían justicia y ecuanimidad al asunto. Y seguramente, por cuestiones de "justicia" e "igualdad" o incluso "libertad" (según Spinoza una persona libre es aquella que tiene todo lo necesario para desarrollarse, es decir, que su punto de partida le es favorable para cualquier tipo de desarrollo posterior) , habría que hacer distinciones similares en atributos como la altura, el peso y demás cuestiones que se tienen en cuenta en el deporte de elite, complicando todavía más la agrupación de personas similares que hacer competir . Pero, puestos a ser justos, ¿porque no clonamos a una persona las suficientes veces como para que pueda competir entre ella con total justicia e igualdad de condiciones de salida? Oh, no, espera, que los rasgos epigenéticos, relacionados con el ambiente, no se pueden clonar, y, aunque pudieran, aunque los seres a competir estuviesen en igualdad de condiciones de salida, tal vez el camino que han de atravesar, las condiciones del entorno y demás factores determinantes no sean iguales...¡Eureka! ¿que tal si todos competimos con nosotros mismos, haber que parte de nosotros gana? ¿No? ¿Que si soy esquizofrenico? ¿Que a eso no se le puede llamar competición? ¡Lastima! Por un momento creí que había encontrado la verdad inexistente, el criterio ecuánime perfecto y no discutible por nadie. Saben que: ¡Estoy harto de tanta ecuanimidad! ¿Que tal si cada uno se busca la vida por su cuenta, y que luchen todos con todos, sin importar ni el genero, ni el sexo, ni las nacionalidades, ni los parentescos, ni los pensamientos e ideales, ni los sentimientos, ni los rasgos físicos, ni nada? ¿Qué que? ¿Que no quieren vivir en un mundo así, sin distinciones ni discriminaciones, ni organizaciones ni ordenaciones de todo tipo? De verdad, en momentos como estos, no les entiendo, paradójicos humanos.*

Bueno, sarcasmos a parte, tanto la hiperrealidad ficticia discriminadora pero organizadora y protectora como la realidad indiscriminada pero voraz y cruel resultan igualmente desagradables. Llegados hasta aquí, nos encontramos con un dilema moral irresoluble. Tal vez lo mejor fuera vivir en el archipiélago de nómadas (o almas) de Leibniz: que cada cual se ensimismara y enajenara en una realidad propia de manera que él fuera feliz pero no perturbara la felicidad del resto. Algo así como si cada cual se conectara a una maquina que creara su mundo perfecto, como una Matrix a la carta (sin limites de ningún tipo, explotando todos los recursos de la imaginación), y no necesitara salir de esa ficción nunca, siendo alimentado eternamente (pues en la simulación se podría dilatar el tiempo indefinidamente) con sueros y similares que podrían ser suministrados por nanorobots autorreplicantes de von Neuman.

Sin duda que todo esto esta muy bien, pero volvamos al mundo practico del hoy. Hemos dicho que la distinción de genero surge del discurso psicopatológico del siglo XIX, ya que "la ciencia funciona produciendo metáforas performativas, es decir, que produce aquello que intenta describir", explica Beatriz (casi parafraseando a Nietzsche, uno de los grandes críticos con la ciencia y el lenguaje, adelantándose por mucho a los estudios de J.L. Austin sobre la performación del lenguaje cuando exhibe que:

"Dividimos las cosas en géneros, caracterizamos al árbol como masculino y a la planta como femenino: ¡Qué extrapolación tan arbitraria! ¡A qué altura volamos por encima del canon de la certeza! Hablamos de una “serpiente”: la designación cubre solamente el hecho de serpentear; podría, por tanto, atribuírsele también al gusano. ¡Qué arbitrariedad en las delimitaciones! ¡Qué parcialidad en las referencias, unas veces de una propiedad de una cosa, otras veces de otra![buen ejemplo de lo significa hacer una mala partición] Los diferentes lenguajes, comparados unos con otros, ponen en evidencia que con las palabras no se llega jamás a la verdad ni a una expresión adecuada pues, en caso contrario, no habría tantos lenguajes. La “cosa en sí” (esto sería justamente la verdad pura, sin consecuencias) es totalmente inconcebible y no es deseable en absoluto para el creador del lenguaje. Éste se limita a designar las relaciones de las cosas con respecto a los hombres y para expresarlas apela a las metáforas más audaces. ¡En primer lugar, un impulso nervioso extrapolado en una imagen! Primera metáfora. ¡La imagen transformada de nuevo en un sonido! Segunda metáfora. Y, en cada caso, un salto total desde una esfera a otra completamente distinta... Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve y flores y no poseemos sin embargo más que metáforas de las cosas que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas."

pues como alegaría Emerson, "El pensamiento siempre se halla unido a la cosa que aparece como su expresión"). Y tal vez es por ello que el constante crecimiento de la ciencia la hace entrar en contradicciones con ella misma(si bien habría que tener en cuenta también las interesantes teorías de Kuhn o Feyerabend [ligera aproximación]) , como la distinción de genero según caracteres físicos o cerebrales (pues del mismo modo que sucede con una persona inteligente, esta está constantemente cambiando su visión del mundo a partir de sus nuevos estímulos, lo cual demuestra que va por buen camino, según Popper, ya que una teoría no falsable en algún contexto es un dogma y no conocimiento, esto es, que toda verdad es contextual).

Sin embargo, más allá de si la distinción entre hombres y mujeres es lógica o no. Más allá de si la sentencia "yo soy un hombre" es analítica o no, es decir, de la cual no podemos extraer nada por si sola. Más allá de si las diferencias hormonales generales son suficiente justificación o no para hacer esta distinción. Más allá de todas estas pesquisas que tratan sobre el ser, sobre la esencia del humano y si es o no diferenciable por estos criterios, deberíamos centrarnos en lo que parece, en como se trata este ser, sea cual sea. Lo que quiero decir es que indiferentemente de cual sea la realidad (¿existen hombres y mujeres como entidades propias diferentes?), la sociedad se ha creado su propia realidad, su propia hiperrealidad, su propia visión del mundo, su propia conciencia del mundo: conciencia que modifica al propio mundo. Y esto es lo que debemos transgredir: que no se respeten los derechos innatos de la mujer (pues realmente no hay ni hombres ni mujeres, sino solo personas transgénero, humanos, sean o no conscientes de ello, o estén o no obcecadas por los criterios del mundo) o las libertades sexuales de cada persona, sea cual sea su orientación o condición o identificación (LGBTP, BDSM y parafilias varias). La idea clásica de genero no es más que un constructo social, y la sociedad y sus criterios han muerto junto a la muerte de Dios. No hay un criterio único,no. Y para reafirmarme una vez más en esta idea, y terminar este ensayo, expongo la siguiente fabula relativista y bien conocida:

"En el camino el padre se sentó encima del burro, mientras el hijo tiraba de él. Cuando se cruzaron con una señora y viendo esta la estampa, dijo "¿ Pero como un padre puede obligar a su hijo a tirar del burro, mientras el va cómodo a lomos de este ?¡Es vergonzoso que un padre consienta tal cosa!". Entonces, ellos dos se miraron avergonzados, y se cambiaron los puestos.

Siguiendo el camino, estando el hijo sobre la bestia y el padre tirando de él, se cruzaron con un arriero que viendo la estampa dijo, "¿ Pero como un padre puede ir a pie tirando de un burro, teniendo un hijo tan fuerte y joven ? ¡ Es vergonzoso que un hijo consienta tal cosa ! Ellos, entonces, se volvieron a mirar avergonzados, encontrando como única solución a las criticas ir los dos a pie.

Continuando el sendero, se les cruzó un peregrino que les dijo "¡ Me parece increíble que teniendo un animal de tan buen porte, tengan los amos que ir a pie pudiendo ir a lomos de este !". El padre y el hijo, oyendo esto, se volvieron a mirar, sin saber una vez más el que decir al respecto, y creyendo que ir los dos en los lomos del burro seria una buena idea.

Ya a mitad de camino, estando los dos a lomos del animal, se cruzó un cura, que viendo la estampa les dijo "¿ No les da vergüenza ? ¡ Que un pobre animal, ya mayor, tenga que soportar el maltrato de sus amos, teniéndolos que llevar a lomos, desde vaya usted a saber donde !"

MORALEJA: Haz lo que creas que es correcto, (porque la moral ha muerto y se ha disgregado), y como sigas haciendo caso a los demás, podrás acabar llevando el burro a hombros."

NOTA: existe una exposición conocida a nivel internacional, "Assume nothing"(pueden descargar el dossier de prensa en el link), que considero interesante recordar y recomendar tras tratar este tema. Sin embargo, quiero reprocharle que más que negar la identidad de genero como entidad propia, simplemente pone de manifiesto su pluralidad, que traspasa el sistema binario convencional de hombre-mujer. Esto, sin duda, es un avance. Pero este reconocimiento de la pluralidad, que simplemente quiere añadir más etiquetas al catalogo del genero, que tiende hacia infinito en su concepción y que por tanto es absurdo, no me termina de convencer: toda etiqueta es performativa y limitadora, y por ende, digna de evitar (acostumbra a llamar malo a un niño[edad en la que se es especialmente sugestionable], y terminara siéndolo simplemente porque así cree el niño que es [no hacen falta ver muchos programas de la pedagógica "supernnany" para darse cuenta de este interesante fenómeno, ni leer a su teórico J.L. Austin, si bien puede ser muy interesante ]. Tal vez es por esta razón por la cual, aquellos con mayor personalidad que no se dejan avasallar por estas definiciones ajenas de su ser, perciben con mayor facilidad el choque entre como ellos se sienten y como la sociedad les trata o les hace sentir. Explica, digo, porque algunos transexuales declaran que se han sentido diferentes, descolocados, desde edades muy precoces, alrededor de los cinco años: si la sociedad fuera neutral en estos temas, esta clase de problemas identitarios desaparecerían).

A propósito de la critica de Preciado a la psiquiatría y a las etiquetas, resulta interesante recordar el experimento de Rosenhan (que versa sobre los conceptos cuerdo y loco).  En el vídeo linkado se puede apreciar en varios momentos la performación de la psiquiatría (tanto en lo que se refiere a la experiencia de Rosenhan y el resto de pseudopacientes, que tuvieron que asumir su rol de enfermos para poder fingir una mejora y así poder salir del psiquiátrico; como en el panorama expuesto al final, en el que se toman los tests como modelos ideales a seguir).

Por otra parte, sobre lo inevitable del acto performativo, de modelar la realidad que se pretendía describir sin influir en ella, es interesante recordar el "efecto Clever Hans", por el cual, el que pregunta, al conocer la respuesta, da inconscientemente pistas sobre la solución (o lo que es quizás más interesante para casos más generales, lo que él cree que es la solución).

Añadir
vídeo de HaploFSchaffer

Beatriz Preciado en Breve (entrevista)
Beatriz Preciado entrevistada por Alejandro Jodorowsky
Conferencia de Beatriz Preciado en el Festival SOS 4.8 de Murcia 2009
http://www.youtube.com/watch?v=CCoLgdqiokw(11-15). En particular:
http://www.youtube.com/watch?v=A8c_CL0lsps&feature=relmfu#t=180

*"...el cálculo más generoso que pude conseguir de los profesionales fue que aun el mejor pescador significa como mucho un diez por ciento, más o menos, en un torneo, y que la mayoría constituían un obstáculo.
[...]
Pocos pescadores (y, sobre todo, los ganadores como Frank Oliver) aceptan esta proporción de 90-10 de que hablan los profesionales.
  —La relación es básicamente de trabajo de equipo  —dice Oliver—, es como una cadena sin eslabones débiles. El pescador, el capitán, la tripulación, el barco: todos son básicos, funcionan como un engranaje.
  Bueno... quizás. Oliver ganó el torneo con veintiocho peces vela en los tres días válidos. Pero pescaba solo en el Sun Dancer (una embarcación tan lujosamente pertrechada que podría haber pasado por el rincón náutico del apartamento que tiene Nelson Rockefeller en la Quinta Avenida) y con el Arnold Palmer de la pesca deportiva en el puente [North]. La mayoría de sus adversarios pescaban, en grupos de dos y tres, en embarcaciones alquiladas que les asignaron al azar, con capitanes gruñones y despectivos a quienes habían visto por primera vez en su vida el día anterior por la mañana.
  —El competir con Cliff North es ya un problema bastante grave —decía Jerry Haugen, capitán de un pobre cascarón llamado Lucky Striker—, pero si tienes que ir contra North y sólo un  pescador, con todo dispuesto exactamente tal como él quiere,  la cosa resulta prácticamente imposible.
  Pero las normas de la pesca deportiva en gran escala no se oponen a ello. Sí Bebe Rebozo decidiese coger prestados quinientos mil dólares del Pentágono sin intereses y participar en el torneo de pesca de Cozumel con el mejor barco que pudiera comprar y con una tripulación de infantes de marina del ejército de Estados Unidos especialmente adiestrada, competiría en mi misma base, aunque yo entrase en el asunto con un viejo barco fluvial y una tripulación de políticos enloquecidos por las drogas del Meat Possum Athletic Club. Según las reglas, estaríamos en igualdad de condiciones... Y mientras Bebe podría pescar solo en su barco, los organizadores del torneo podrían asignarme un trío de pescadores de pesadilla como San Brown, John Mitchell y Baby Huey."
   ¿Podríamos ganar? Imposible. Pero nadie relacionado con ese torneo olvidaría jamás la experiencia..."
Hunter S. Thompson, la gran caza del tiburón


PS: Aunque considero que la pansexualidad es la orientación sexual más indefinida, libre, tolerante y practica (ya que todo ser humano es una potencial pareja), también es verdad que vivo en este mundo, y que si quiero sobrevivir a él me tendré que adaptar a sus condiciones de juego, a su hiperrealidad, comportándome, a menudo, tal como si esta hiperrealidad fuera cierta. Y no quiero que se vea en esto un tipo de esquizofrenia o perdida de fe en mis palabras, al proponer unas ideas que parece ser que no practico (el tiempo lo dirá), sino como una simple cuestión de adaptabilidad al medio y pragmatismo, pues es evidente que no puedo experimentar todas las posibilidades sino se me ofrecen o si su consecución me procura más dificultades o problemas que beneficios.

Quiero recordar en esto a un fragmento de mi "Recuerdos de Diotima ensalzan la utopia de la universal orgía" (todavía inédita):

-->
"Obcecado al principio con la consumación del cuerpo perfecto, extendí mi lista a las expertas pirómanas de trémulos corazones , y después a toda mujer envuelta en un halo de misterio, a toda la humanidad, a todo ser existente, sin importar su edad, raza, apariencia, sexo, especie o condición, puesto que había comprendido que el cuerpo no era lo más importante y deseaba experimentar con toda la variedad posible de uniones. Evidentemente que aunque mi cerebro se complacía de disponer a su disposición tanta carne que degustar, y de tanta variedad, mi cuerpo no siempre se complacía y excitaba ante la contemplación de cualquier acto (obcecado aun en las ficciones sociales que le habían lavado el cerebro y privado de su libertad). Pero poco a poco, supo invertir los valores y probar todos y cada uno de los sabores de la infinita caja de bombones de la vida: viejas, o mejor dicho, mujeres con una granadísima experiencia impagable; extranjeras o exóticas mujeres de rasgos distintivos que ponían de manifiesto la variedad física buscada, pero también sus secretas y magnificas costumbres; feas o mujeres alejadas del arbitrario patrón social que había perdido completamente el rumbo al poner en riesgo la salud de las demacradas y nada sensuales, por ejemplo, anoréxicas y enfermas ajenas a la opulencia que anhelaba en la cama para así poder dulce y suavemente acariciarlas y saborearlas (recordando siempre aquel amargo recuerdo en el que queriendo probarlo todo, probé aquella sarta de muertos huesos, en cuyos afilados bordes de su cadera se clavaba mi carne dolorosamente en cada embestida); hombres, puesto que si Tiresias consideraba que la mujer nueve veces más gozaba, y el tópico exalta que quien lo prueba no regresa, alguna ventaja había de representar el recibir frente al dar, por no mencionar que además la sexología los amparaba ubicando el punto G masculino en el recto, y como enésima ventaja, la bisexualidad aumentaba el numero de presas al doble, considerando toda la humanidad; pero aun considerando esto insuficiente, como no podríamos considerar la zoofilia (más salvaje y pasional imposible, pues en los animales no hay ninguna clase de represión social sobre el sexo, convirtiéndose en puro instinto) que tanto fascinaba a Freud en referencia a las sirenas, símbolos eróticos desde la Iliada; inclusive la familia y el incesto, ya que según Freud durante toda nuestra vida buscaremos en el exterior lo que ya tenemos en casa, de manera que nuestras parejas serán similares a nuestras madres porque en el subconsciente, y desde la fase fálica propia de la niñez, las consideramos a ellas como un ideal a alcanzar ya que son la primera mujer que conocemos, imprescindible para nuestra vida (y pulsión vital o erótica) desde el momento en que nos alimentan (fase láctica). 

[...] Así fue como esa lista fue creciendo y creciendo hacia el infinito, pues todas las personas, instrumentos, productos y parafilias eran susceptibles de ser probados. Cualquier innovación en la unión erótica era bienvenida. Pero sobretodo, y desde entonces, soñaba con una cosa: una orgia universal que agrupara todas las variables en una única unión perfecta, plena y completa. La consumación de "lo primordial" de Nietzsche."

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.