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viernes, 24 de septiembre de 2010

La teta y la luna, de Bigas Luna

Tras la apariencia de una nimia caja, la caja de sorpresas que es la vida vista desde fuera, se nos muestra su fascinante y caótico interior desde la óptica de un niño, del niño que se atreve a adentrarse sin pudores ni reparos en ese mundo, conservando siempre un irónico candor. Y es precisamente esa lente a través de la cual vemos la historia[1] que Bigas Luna pierde su clásica dosis de sexualidad en pro de una sensualidad y sensibilidad entrañables, tragicómicas, bizarras, extravagantes, vanguardistas, únicas (sin perder su seño de identidad: su pasión por la comida, que esta vez se extiende hasta el tema escatológico, como si de una verdadera digestión se tratase, en tres fases).

Y del mismo modo que un libro se termina cerrándolo y observando con mágica nostalgia la portada, recordando todas las aventuras y tramas acontecidas en su interior, todas las emociones y sentimientos, las ideas y pensamientos que ha suscitado, así, cerrando la caja de su historia, la caja de la vida en la que se halla nuestra musa ilegitima, la perfección inalcanzable pero esperanzadora, Bigas Luna se despide.

¿Y que hay en el medio de este prologo y epilogo? ¿Que yace en el fondo de esta caja en apariencia pequeña, de la cual emergen las mayores grandezas, como el Amor, materializado en Estrellita, que emerge sorprendentemente de la caja?

Uno de los puntos clave es el nacimiento de la sexualidad en la niñez, que se nos revela constantemente en el film mediante la persecución del amor de Estrellita por parte de Tete, a razón de sus celos por el monopolio que tiene su recién nacido hermano de las tetas de su madre. Y es con estas palabras que Tete se marcara su propósito: "Yo no entendía por qué tenía que tomar leche de vaca mientras el monstruo mamaba de sus tetas ( y acto seguido se ve a los padres de Teté sobre la cama ['Dame tu leche', gime la mamá]) mi papá la llenaba de noche, y él la vaciaba de día. Estaba decidido: me buscaría una teta para mí ".

Pero no es esta la única referencia a Freud: mientras el hermano de Tete representa la fase oral (de la lactancia que Tete envidia), el gabacho y marido de Estrellita representa la fase anal (con el total dominio de su esfínter en su show de pedos), Miguel y la fase genital( quien "luchara" con insistencia por su amor), y Tete la fase fálica, no solo por su envidia a su hermano, sino por el magnifico final, repleto de aforismos varios, en el que se nos revela que prefiere la teta de su madre que la de su amor, porque como diría Freud, "no hay ninguna como la original; el resto no son más que copias que encontramos durante nuestra vida".

Otra idea clave de esta recta final repleta de ideas interesantes es el hecho de que sea el amor (¿o el sexo?) y no la familia, la que nos empuja a tirar adelante: el niño no sube porque su padre le este animando, sino porque cree ver a su amada aguardándole. Y esto desemboca en dos ideas magistrales: la primera, la falacia causal que tanto criticara Hume: seguramente el padre creerá que sus gritos y su frenesí presumidamente alentadores fueron determinantes para que el niño lograra la meta; pero nada más lejos: de hecho, si partimos del monologo interior del niño al inicio del film, más bien seria al contrario, pues teme a su padre. Visto lo visto, y aun creyéndonos muy listos, nunca debemos olvidar que no sabemos de la misa la mitad, y que tendemos a creer lo que queremos creer, ajenos a la realidad, creando cada cual su propia visión del mundo, su propia hiperrealidad.

En segundo lugar: ¡Nietzsche mentía! Tampoco es de extrañar: él no niega que su teoría sea incoherente; de hecho, en base al anárquico "Panta rei" y su perspectivismo, defiende sus contradicciones como algo lógico y necesario que en realidad reafirman el fondo de sus verdades: que no hay verdades (ni tan siquiera esta presunta verdad es verdad, tal vez; quien sabe). Concretamente, entre todas sus muchas paradojas, me estoy refiriendo a la igualdad "niño=superhombre= extremamente fiel a la tierra". El niño, como se comprueba durante todo el film (y como al menos comprobé yo asiduamente de primera mano en mis años mozos, y aun persisten los síntomas), vive constantemente sumergido en una hiperrealidad, en una ficción que le agrada (y que no es precisamente "fiel a la Tierra" y la vida real). La gran diferencia, sin embargo, entre el niño y el adulto, es que el niño vive sumergido en una ficción deseada, mientras que el adulto tiende a amargar sus ideas con estrés, ansiedad, depresión,...que no hacen más que entrar en un circulo vicioso retroalimentado hasta el infinito que le aniquila. Por su contra, la hiperrealidad positiva del niño le eleva a la máxima de las glorias. Simple cuestión de simetría.

Pero ¡cuidado!:la edad no nos divide en 2, sino en cuatro, según el convenio clásico, claro(¡Como si la edad nos definiese!), y también según la película. Así pues, nos encontramos con el niño (o el hiperhombre positivo), el adolescente vitalista "Stalone" (o superhombre nietzscheano, que soluciona los problemas amorosos de Miguel con "lo que necesitas son unos polvos", matando todo idealismo en pro del pragmatismo y la vida real), el adulto, padre de Teté (o el hiperhombre negativo, que cree que tocar una piedra bajo la intempestiva lluvia le reportara algo más que agonía y un buen resfriado) y el viejo loco, el abuelo de Teté[2].

Y Bigas Luna nos recuerda que esa sabia madre experiencia que da la edad ha de ser escuchada por precaución, aun pudiendo sonar absurda, con su "mis padres tenían razón (refiriéndose a que le habían salido las muelas, después de una infinidad de insistentes y molestas revisiones bucales sin resultados)"; una sabiduría, una experiencia que puede equivocarse, porque el futuro no se escribe en base al pasado, pero que siempre es una buena guía; al fin y al cabo, los personajes del teatro del mundo cambian, pero los actores que las interpretan son las mismas. Tanto es así, que Nietzsche predicaba el eterno retorno y que Alexandre Deulofeu Torres con su "Matemática de la historia"  encumbro una teoría cíclica sobre la evolución de las civilizaciones, que predijo la ascensión de Alemania y la caída de la URSS, entre otros hechos, si bien es cierto que admite con esperanza que el conocimiento de estos ciclos permita modificarlos y salvaguardarnos así de los periodos de declive y guerras, proclamando una de las máximas de la física quántica: la observación de un fenómeno altera el fenómeno, como hace patente el razonamiento falaz de quien lleva una bomba en sus viajes de avión porque la probabilidad de que haya una segunda bomba en el avión es nula: y evidentemente, esto no es así, porque el mundo abstracto procura definir la realidad y no al revés, de manera que ideas como probabilidad o Dios no son más que ideas que pretenden suplir nuestro miedo al azar y la incertidumbre, pero que son completamente ajenas a la realidad, inexistentes en el mundo físico.

Volviendo a las ideas del final de la película, nos encontramos con un  "he pasado de no tenerlos a tenerlos como un toro (refiriéndose a los cojones)". Se deja patente así lo absurdo de la lógica clásica y la categorización de las palabras, que no nos definen. Me explico: el niño había tenido el valor para subir por el casteller anteriormente;  la diferencia respecto a esas veces estaba en que nunca había alcanzado la cima, aun estando muy cerca de ella. Pero por lo visto, según  su padre, un solo paso hacia arriba parece marcar la diferencia entre tener o no los cojones como un toro. Es como si el simple hecho de apretar un botón pudiese cambiar tu manera de ser. Como si todo el procedimiento previo, todo lo acontecido para llegar a ese punto, fuese superfluo y solo importase el hecho de apretar o no ese botón.

En contra de esta idea encontramos a Russell, que critica esa lógica bipartidista del verdadero o falso, del lo haces o no lo haces, del eres A o no A, con su propuesta de la lógica difusa y las verdades graduales, de manera que el simple hecho de atreverse a subir al casteller ya implica que un cierto valor, y que cada paso que da hacia la cima suma a este valor inicial un poquito más, y así sucesivamente, hasta llegar a la cima, hasta tener los cojones como un toro, después de haber tenido cojones de grillo, rana, conejo, cabra,... Sin embargo, según el criterio del padre y la mayor parte de la sociedad, no es hasta lograr la cumbre, la meta, el fin propuesto, que se le otorga el rango de valeroso, de triunfador, de éxito. Es decir, "el fin justifica los medios", y lo único que importa es la consecución de ese fin: sino lo consigues, todos los esfuerzos que hayas hecho no habrán servido de nada. Sin embargo, la inversión de valores o transvaloración de Nietzsche pone de manifiesto que el solo proceso te transforma, y que el medio, el proceso, tiene mayor importancia que la de conducirnos hasta el fin, es decir, que el medio es un fin en si mismo y que no existe esa esquizofrenia absolutista y partidista de ser blanco o negro, sino que existe toda una infinita escala de grises, de verdades graduales.

Sea como fuere, y como punto final, comentare que durante todo el film se encuentran escenas con toda clase de parafilias por parte de Estrellita, que se excita con los pedos, las lagrimas, los pies,...Esto entra en sintonía con la propuesta de Beatriz Preciado de deslocalizar la sexualidad: no hemos de estancarnos en los convenios clásicos de "teta, culo, coño, poya", sino que hemos de expandir nuestros horizontes, pues el erotismo que se les atribuye a estas partes del cuerpo es producto de la hiperrealidad del porno y la sociedad, no más que una ficción construida por la costumbre y los criterios generalizados que niegan nuestra individualidad, nuestra personalidad, nuestros gustos particulares, negándonos en la masa anónima y en los convenios preestablecidos, cohibiendo toda nuestra originalidad e identidad.

Concluyo así esta aproximación a una de las mejores y más completas obras de Bigas Luna.






[1] pues si libros como "el niño del pijama de rallas" son best-seller es precisamente por la lente, por el medio[que se convierte en un fin en si mismo], por la forma en la que se cuenta, y no por la historia en si [el fin en un sentido clásico pero no necesario], pues todos conocemos la tragedia de Auswitch y, pese a ello, nos conmueve por enésima vez la historia

[2] Este momento de la vida es especialmente interesante y lo comento por separado, a modo de "apología a la vejez y su locura". Este estadio vital es completamente bijectivo con la edad, es decir, si bien pueden existir adultos (en el sentido clásico del termino, es decir, según el convenio de la edad) con mente de niños o viceversa, los viejos se hacen con la edad, año tras año.

Me explico: cuando uno es un niño no suele tener muy buena memoria y tiende a centrarse en el presente. Pero a medida que creces te ves más influenciado por los actos que has ido llevando a cabo, por tu pasado. Por esta razón, en primer lugar, el viejo es en potencia el individuo más verídico, es decir, el individuo más individual, más personal, más único y digno de ser llamado humano, pues si ha vivido plenamente, será la representación misma de la humanidad y la vida, además de que difícilmente existan dos personas con pasados iguales o similares, habiendo vivido tanto, de manera que cada individuo se hubiese creado así mismo a partir de unos estímulos muy diferentes. Y es más, es imposible que dos personas hayan vivido las mismas experiencias en ordenes idénticos, y si tenemos en cuenta que nuestro pasado influye en nuestra manera de concebir el mundo, el orden produciría sensaciones e ideas diferentes para un mismo estimulo. Por ejemplo, no es lo mismo leer al don Juan Tenorio antes y después de conocer las teorías de Freud o Nietzsche, o de haber tenido tus primeras relaciones carnales o platónicas.

Ahora bien, todo dependerá de como haya vivido su vida y de como la recuerde. Así pues, si no ha experimentado las tres etapas, o no las recuerda como tal, o las ha olvidado (consciente o inconscientemente, como producto del olvido progresivo y natural de las cosas o como el producto de un trauma), así pues, repito, si sucediese algo de esto, no se le podría considerar un verdadero viejo o individuo pleno.

Es por todo ello la vejez un estadio muy indefinido, porque depende tanto del pasado como de su relación con él. Es por ello que es especialmente recomendable la escritura de un diario; no tanto para describir el día a día rutinario, sino para describir los pensamientos e ideas, las sensaciones y sentimientos, las decisiones y los problemas, las anécdotas y curiosidades, lo intimo y personal. Porque todo ello pasara a través del filtro del momento y podremos comparar nuestra reacción a un mismo acto en diferentes y posteriores relecturas.

De esta manera, si definíamos la vida como una tragicomedia, el autor encontrara en sus relecturas toda clase de contradicciones, sabores y sinsabores, que pondrán de manifiesto lo caótico de la vida. Y de esta manera solo el esquizofrénico que niega su pasado será considerado cuerdo por la sociedad; y solo el cuerdo que contemple todo su pasado y todo su candor y maldad, y todas sus contradicciones pretéritas, todos sus errores y aciertos, sus incoherencias e incongruencias,...; solo ese que contemple el caos de la vida y su locura, será cuerdo, aun criticado como un loco por el mundo, ajeno a él.

Porque es posible que dos niños criados juntos piensen muy parecido; es posible que dos adolescentes o adultos se evadan de su pasado para vivir el presente o el futuro, respectivamente; pero la posibilidad de que existan dos personas viejas conscientes plena y objetiva y multisubjetivamente (según las diferentes relecturas del diario, cuyas nuevas interpretaciones seria interesante anotar) de sus vidas es imposible. Por ello estas personas son únicas e incomparables, expresándose tal y como son y se han creado, y escindiéndose de los convenios sociales actuales y pasados, convirtiéndose en auténticos individuos, que, al fin y al cabo, son completamente libres, pues nada les puede amenazar: no tienen un futuro en el que pensar, solo un eterno presente que disfrutar.

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