NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 31 de octubre de 2010

¿ficciones?

-¡Cuidado! No alargues el brazo,-le advirtió John- puede arrancártelo de cuajo un coche.
-¿Un coche?-pregunto sorprendido su amigo, mirando a todos lados- ¡Si esta en rojo! La carretera esta desierta.

John, al oírlo, la observo más atentamente. Sabia perfectamente que era lo que veía: un estruendoso trafico agresivo barriendo por completo todo el carril. Por suerte, era consciente de su demencia,  y sabia que parte del mundo que creía percibir no era más que un producto de su imaginación. Por ello, trato de enmendarlo diciendo:

-¿Pero no lo ves?-intento ironizar- Es una horda infinita de coches fantasmas que han arrasado con el brazo de tu alma espectral-rieron ambos condescendientemente. ¿Ves?-dijo acercándose al borde de la acera y alzando el brazo hacia ella con aparente convencimiento, aunque interiormente le embargara el pavor.

Tan pronto alzo el brazo, noto un dolor intenso y cortante en él. Tan agudo fue el dolor, que cayo arrodillado al suelo y, aprovechando el movimiento, lo beso y cito al Cesar: "beso la tierra que voy a conquistar". De esta manera pudo disimular lo sucedido y cambiar de tema, contextualizando la susodicha cita.

Y, en esto estando, llegaron al semáforo. Sus amigos cruzaron sin miramientos, ajenos a  las visiones ensombrecidas de John, mientras él permaneció quieto y apabullado por la dantesca escena: diabólicas imágenes  veloces surcaban la calzada entre gemidos y mofas que le invitaban a ser arrancado de esta Tierra inmunda en pro de un lugar presumidamente mejor, mejor para las criaturas de ultratumba que vivían en él .

Mientras sus pupilas se dilataban y su corazón se aceleraba, acorde al frenesí de la sensación que le embargaba y la situación que le entornaba, John respiro hondo y se froto su dolorido brazo, que sentía como adormecido, muerto, inexistente. En esto estando, miro  a sus amigos a lo lejos, y no vio en ellos más que meros objetos sin alma, masacrados por la estampida satánica que había atropellado sus esencias más intimas.

Llegados hasta aquí, pensó que si la perdida de un brazo tanto dolor le reportaba, desangrándose por dentro a cada segundo, como no, cruzar, seria la consumación misma del suicidio. Al fin y al cabo, era consciente de que la percepción de dolor, fuera real o no, físico o mental, podía matarle. Sabia perfectamente que la realidad objetiva era trivial, indiferente a su percepción; y que esta, podía matarle, de un infarto mismo. Y es que nunca había entendido esa absurda distinción partitiva platónica entre interior y exterior de la caverna, ya que no solucionaba nada, pues ambos mundos estimulaban su mente; y, después de todo, él no era más que su mente. O ni tan siquiera eso: no más que la intersección entre cuerpo y mente.

Viéndole así sus compañeros de viaje, indeciso, le hicieron señas para que apresurara el paso, o, si más no, lo iniciara. Instado por ellos, resolvió en avanzar, tras una ultima reflexión: "si tan cierto es que la percepción es indiferente de la realidad, y que la percepción es algo individual, reinterpretare y filtrare todos los estímulos de mi entorno. Anulare toda percepción de dolor, real o ficticio; eliminare de mi mente todas las quimeras monstruosas que la pueblan y las vestiré ufanas y bondadosas. Si el Mundo externo a mi no percibe las fantasías que yo siento, estas han de emerger de mi; estas han de poder ser controladas por mi".

Sin embargo, hay algo que John no tenia en cuenta: puedes evitar e ignorar el dolor, cualquier percepción; puedes incluso reinterpretarlas, volverte masoquista y considerarla puro gozo. Pero no debes olvidarte de que si tu cuerpo muere, tu mente también.

Así es que, tan pronto dio dos pasos, cayo desplumado al suelo. Yo, mero testigo telépata de la acción, novato como era en estas artes por aquel entonces, no llegue a dilucidar si lo mato el dolor ficticio o la fantasía real. Lo que si se, o lo que si vi, o lo que si creí sentir, es que sus colegas quisieron ayudarle, pero el ciego mundo cambio entonces acuciantemente sus binarios colores, de manera que no solo sus quimeras le atropellaron. Cuerpo y mente se hallaron destrozados bajo el caluroso sol de mayo.

NOTA: inspirado vagamente en hechos reales(¿no crees, Batiste?)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.