NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

viernes, 1 de octubre de 2010

PROLOGO A MI DIASPORA

viajando en bibliometrotecas

Ruido. De fondo, más ruido. En mis auriculares, más y más ruido. En el periódico, muchísimo más ruido. En sus palabras, inacabable ruido. En derredor, ríos de ruido. Ruin ruido. Perturbador ruido. Ronco ruido. Rechinante ruido.

Y, sorprendentemente, pese a confluir tanta cantidad de enervante ruido, veía ante mis ojos, con pasmosa inquietud, la ultima gran y escalofriante plaga de nuestra Historia: libros apoderándose de los metros a punta no de pistola, sino de manos de extraños lectores. Extraños porque, tras mis intentos frustrados de intentar leer, y sobretodo, comprender, y además, analizar y sopesar (porque en todo eso consiste una buena lectura), a Carroll y su delirante, en forma y contenido, "Matemática demente"; después, digo, de haber intentado inútilmente leerle rodeado de tanto estrepitoso ruido, me doy cuenta de que la gente que lee en el metro, o leen telegramas, o tiene una capacidad de concentración anonadante, o su lectura es devastadoramente absorbente, o, simplemente, es como sino leyesen. Y es por ello que no puedo sino considerarles extraños lectores: porque o sus lecturas son más insípidas que las sopas de un soltero empedernido (lo cual le hace a uno preguntarse la absurda motivación que les incita a leer), o son fascinantemente bien escogidas (lo cual indica un gran olfato literario por parte del lector que querría para mi), o son ellos mismos fascinantes, poseedores de una abstracción sin precedentes, o, simplemente, son lectores que no son lectores; paradójico, pero desgraciadamente cierto.

Pero, sea como fuere, aquí usted esta, leyéndome. Y, sea como fuere, aquí estoy yo, escribiéndole. E incluso peor: el mundo entero esta aquí, adoptando a estos monstruos de metal como a sus propias bibliotecas diarias, como "Biblioteca Oficial del Siglo XXI". Y no me digan, apelando a Kant, que solo intentarlo basta, que la intención es lo que cuenta, pues el infierno esta repleto de buenas intenciones. Y no me digan que es loable que la gente se interese por la lectura y busque el tiempo de debajo de las piedras para llevarla a cabo. No, eso nunca; no me digan que es respetable que la sociedad y el mundo se alcen sobre sus intereses e instintos primarios, hipócritamente y sumergidos en una esquizofrenia partitiva y autodestructiva, por un supuesto interés por la lectura y la cultura, enfrentándose a la terrible búsqueda del tiempo necesario para ella. Porque, admitámoslo, nadie tiene tiempo. Pero, no por ello, hemos de tener prisa. Porque la prisa solo existe para aquellos enajenados que viven constantemente en el futuro inexistente y perfectamente planificado sobre papel, para aquellos que sacrifican eternamente su presente por un futuro que nunca llega si no nos abalanzamos sobre él, sino lo convertimos en presente a base de luchar en tiempo presente y por el presente. Porque, como dijo Borges, "el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente". Solo hay presente, eterno e indefinido presente.

Pero el gran problema de la negación de ese presente, de la prisa, son sus consecuencias nefastas; porque, repito, la intención no basta, querido Kant. Vísteme despacio que tengo prisa, dicta el refrán. Léeme despacio, querida hermana Elisabeth Förster-Nietzsche, porque mis textos no abogan por el nazismo ni ninguna clase de mesianismo, gregarismo, nacionalismo, dogma, o criterio unificador; más bien, apresurada y, en consecuencia, ignorante hermana, todo lo contrario.

No basta, por lo tanto, con leer con la única finalidad de leer; por el puro, y tal vez estético, placer de leer. Porque, aunque el mundo lo quiera ver así, lo importante, la finalidad real de la literatura y de la mayoría de las cosas importantes, sino todas, no es llevarlas a cabo, leerla, sino como se llevan a cabo, sentirla y reflexionarla. Les recuerdo, en esto estando, que los valores de "medio" y de "fin" se han invertido, y la finalidad de esta nueva afición por la literatura no ha de ser poder decir "pues yo he leído tal o cual o peual libro", o "yo también lo he leído (como todos, claro)", o hacer competiciones sobre quien lee más libros. No, porque la cantidad nunca vencerá a la calidad. Porque un fragmento bien leído de Dostoievsky es mejor que toda la colección de un escritor mediocre (como yo, quizás); y aun esto es mejor que leer a un genio rápida y malamente: porque hasta de la mierda y sus errores se aprende si se miran con suficiente detenimiento; porque la ciencia, como la biología, lo estudia todo critica y amoralmente, desde el presuntamente asqueroso proceso digestivo, hasta el presuntamente fascinante funcionamiento cerebral. Porque, indiferentemente de los resultados del mediocre artista, si el ejercicio artístico es hecho con vehemencia, merece la pena. Porque cualquier cosa, cualquier idea o sensación o sentimiento, anécdota o ocurrencia es digna de ser contemplada con la misma rigurosidad indiferentemente de su origen. Porque cada expresión artística es un pedazo de lo más intimo del alma de ese artista, de esa persona; y ese artista es a su vez un pedazo del Arte mismo, y el Arte, evidentemente, es un pedazo de la esencia fundamental del Ser Humano. Por ello, si somos críticos y tenemos una buena vista, podemos aprender Todo sobre Todo en Todos. Pero para ello hemos de asesinar, repito, todo prejuicio y criterio y sumirnos al escepticismo. Debemos aniquilar tanto el principio, el origen, el creador ("oye, no los llames garabatos, que son de Picasso" "pues mi hermana pequeña hizo uno igual ayer") como el fin ("dices que has leído este libro, pero ¿podrías hacerme un análisis hermenéutico exhaustivo sobre un pequeño fragmento significativo de la obra? ¿No puedes? ¿Es que solo lees para pasar el tiempo, para matar el tiempo, para matar tu tiempo, para matar tu vida, para suicidarte lenta y masocamente?").

No, no, no..., señores, el como importa más que el que. Mientras los filósofos griegos, ensimismados, elucubraban encerrados en el Agora sobre el que, sobre la metafísica, los científicos de la revolución del siglo XV, como Copérnico, experimentaban fuera para averiguar el como, el método, el proceso. Sin duda que el dilema sobre la preponderancia de estos términos permanecerá intacta al correr de los años y los pensadores; por su puesto que una cantidad insignificante de comida, por mucha calidad que tenga, ni nos saciara, ni tan siquiera nos permitirá saborearla. Pero por seguro que infinitas toneladas de mierda putrefacta y maloliente tampoco estoy dispuesto a comer, ni aun siendo coprofilico, por cuestión de salud mental, física y espiritual; aunque no niego, repito, probarla alguna vez. Se trata, pues, de intentar encontrar el inexistente equilibrio entre cantidad y calidad, entre fin y medio, entre que y como.

Pero, sin duda, este es el dilema del lector, no del escritor. Me abstengo, pues, de toda responsabilidad. Si malinterpretan mi lectura, será solo culpa suya. Luego no se amparen en mis palabras para defender sus tesis; porque por seguro que su interpretación no será la misma que la mía, pues cada persona es única, y porque, por seguro, que una vez el arte es concebido, del mismo modo que se concibe a un hijo, este deja de depender de su padre. Y es por ello que el Arte tiene tantas interpretaciones como lecturas se hagan de él, inclusive una misma persona en diferentes momentos. Evádanse, pues, de toda absurda introducción "destripa argumentos y explica interpretaciones". En todo caso, lean, comprendan, reflexionen, busquen pros y contras, sopesen y analicen la propuesta-obra, critíquenla, disecciónenla después de degustarla, y, una vez exprimida, si lo desean, pueden leer todas las interpretaciones alternativas que quieran para completar el puzzle que es.

¿Que no tienen tiempo? Yo tampoco, y aquí estoy, batallando en este eterno y bravío mar presente intentando hacerme un triple hueco, intentado superar a C.P. Snow y su nuevo humanismo, sin esquizofrenias partitivas, sin etiquetas de "es de ciencias o letras". Porque, ante todo, soy un ser humano. Todo lo que se le añada a esta lacónica descripción de mi, es pura basura superflua y falsa.

Así que, si me disculpan, tengo que irme a vivir, antes de que el concepto mate la vida. Pero no antes de que yo les deje una breve cita, la guinda de este pastel especialmente preparado para usted. Es de Maquiavelo. Y del mismo modo que he invertido su "el fin justifica los medios" por mi "el medio justifica los fines", es decir, el proceso importa más que su meta, la vida importa más que la muerte. Del mismo modo, digo, les muestro su cita, y, a continuación, su inversión, mi versión, tu perversión.

Yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla. Maquiavelo.

Yo digo siempre lo que creo, y creo siempre lo que digo, (y si me contradigo, es porque continuamente evoluciono, porque no recuerdo el pasado ni el futuro planifico, sino que solo el presente vivo)  y si se me escapa alguna paradoja de vez en cuando (tachada falsamente de mentira traicionera), la escondo entre tantas verdades, que es fácil reconocerla. Sekioz.


Fdo.:
un Nietzsche por mi resucitado


PS: reafirmación de mi sentencia


NOTA: este prologo fue confeccionado para una serie de recopilatorios que "autopublique"(léase imprimí en "masa"[léase más de dos ejemplares]) y deje en el metro (en unos estantes en donde precisamente se colocaban extractos de libros actuales para su difusión como método de marketing) para el regocijo de los que no tienen nada mejor que hacer entre trayecto y trayecto.

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