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martes, 14 de diciembre de 2010

Carta a Julio Cortazar


Admirado Cortazar,


le envío esta carta a propósito de sus no muy bien logradas "instrucciones para subir una escalera". No muy bien logradas porque, según me informa el diccionario (ese gran chivato, amigo y enemigo nuestro), las instrucciones para subir una escalera deben ser un conjunto de reglas o advertencias para subir una escalera. Se entiende, entonces, que unas instrucciones para subir una escalera que no permiten subir una escalera concreta, no son muy buenas instrucciones para subir una escalera.

Le juro y perjuro que cumplo todos los requisitos que usted exige para subirla: lo hago siempre de frente, de pie(hasta que me caigo, claro, impotente ante la fuerza de la gravedad[entiéndase la gravedad del asunto, no de la Tierra]), con los brazos colgando sin esfuerzo(hasta que me arrastro con ellos tensados, debido a mi susodicha caída, y con la ultima esperanza de conseguir subir la escalera mediante métodos alternativos no homologados por expertos de su talla que, logrando unas instrucciones, obvian a veces la existencia de otras posibilidades) y la cabeza erguida, pero siempre atenta a los peldaños inminentes(en donde he de remarcar el plural, pues soy incapaz de delimitar claramente donde termina y comienza un escalón utilizando su rudimentario método explicado en su definición de escalón ["Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón"]; me acerque a él tanto como fui capaz, pero me resulto ciertamente imposible, ni tan siquiera con la ayuda de un microscopio, ver los peldaños individualmente),respirando lenta y regularmente (hasta que el estrés producido por la frustración y el agotamiento inducido por el exhausto uso de mis facultades físicas me embargan, conturbando mi respiración).

Contrariamente a lo que uno pudiera pensar llegados hasta aquí, he de decir que también dispongo de dos entes que se corresponden a lo que usted a querido llamar pies(aunque mi estrepitoso intento de subir la Escalera los deteriore tanto que a veces me atreva a negar su existencia, por carecer de sensibilidad en esa parte, esto es, por no poder comprobar al tacto que ciertamente forman parte de mi al no sentirlos como míos).

Ah, y despeje ya esa duda que esta floreciendo ahora mismo a propósito de mis pies: no los he confundido, como usted bien me advertía, ni he caído en consecuencia de esa confusión (no en mis últimos intentos, al menos). Es más, le puedo asegurar que, tras largas temporadas practicando y teorizando el problema en cuestión, soy capaz de distinguir lo que usted ha venido llamando pie, del pie, sin apenas apreciar en mi mente un negligible ápice de indecisión, asignando por convenio el nombre "pie izquierdo" a lo que usted describe como "esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón". La cuestión sobre cual es el derecho y cual el izquierdo se la dejo a usted, puesto que usted ya hace uso de este concepto en sus instrucciones. En cualquier caso, como yo he podido comprobar en diversas ocasiones (y espero que usted también, este donde este, se rijan las leyes físicas que se rijan) en escaleras más convencionales en las que practique previamente, antes de toparme con el presente impedimento, las instrucciones se siguen de manera equivalente en ambos casos, ya sea iniciando la marcha con el pie izquierdo o con el derecho, indiferentemente.

Reitero, pues, que, al comienzo de mi estrepitosa subida, cumplo los requisitos que exigen sus instrucciones para poder llevar a cabo la ardua tarea de subir una escalera. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, parece imposible que pueda yo, con sus instrucciones, alcanzar el final de la escalera.

He de añadir, además, que la escalera también cumple la imprescindible hipótesis que usted formula de la manera siguiente: "Cada uno de estos peldaños se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso."

Cabe destacar que el cumplimiento de esta hipótesis no exime a la escalera de ser más bella o pintoresca, como usted parece insinuar, pues le hago saber que la escalera en cuestión es finita, pero tiene infinitos peldaños.

Le he pedido a un amigo mío, llamado Cantor, que me dibuje un esquema aproximado de la escalera en cuestión; imagen que le adjunto.

He intentado contactar con otros especialistas sobre la temática, tales como Escher, Mandelbrot o el Sr. Caracol. Misteriosamente, no he obtenido respuesta de ninguno de ellos. Le ruego de todo corazón, por todo lo expuesto anteriormente, que, siendo usted un pionero no donde los haya, sino donde los habrá (entiéndase, pues, un pionero de pioneros), y, siendo a su vez un especialista en la temática escalerista, reelabore sus instrucciones, desde la tumba a lo sumo (lo asumo), con el fin de poder lograr alcanzar al fin el final de la finita (aunque no lo parezca) Escalera del Diablo.

Cordialmente,
Marcos

PS: Tras largas revisiones de sus instrucciones y tras innumerables experiencias, creo que he encontrado el problema de la cuestión. Usted presupone que, aquello que hemos venido llamando pie, cabe en el escalón. Sin embargo, considero necesario un anexo que explique el caso en que esto no suceda, ya sea porque el pie sea muy grande, o porque el escalón sea muy pequeño. He de remarcar la importancia de este anexo, pues le recuerdo que, aunque se nos olvide, el mundo no esta hecho a nuestra medida.





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