NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 25 de diciembre de 2010

Decide tu propia historia: reinterpretando y ampliando el mito de la cueva de Platón



I
Era una persona joven, muy joven, demasiado joven como para poder ser presa de la costumbre, su ignorancia y sus cadenas. Las esposas le iban grandes, muy grandes, demasiado grandes como para poder encerrarla en ningún lugar y cohibir así su curiosidad infinita. Llevaba muchos días, muchísimos días, demasiados días observando la misma lóbrega e ininteligible pared como para no repudiarla. Sus padres l@ consolaban diciendo que era natural, que con los años se acostumbraría y entendiera entonces el complejo mundo de los adultos. Pero a aquel cándido personaje le sabían a muy poco esas palabras; le resultaban completamente insulsas y vacías. No podía esperar eternamente retumbada sobre aquella pared inerte mientras no observaba nada en frente. Era frustrante y aburrido, terriblemente aburrido.1


Por ello, pese a las represalias de sus padres, ella nunca estaba quieta. No había mucho que hacer por aquel lugar, es cierto, pero cualquier cosa era mejor que estar quieta mirando la nada. Eso, a la larga y forzosamente, había de enajenarlos. Tanto es así, que luego creían ver "cosas" y "entidades" de todo tipo en donde la niña nada veía: era como si le dieran más importancia de la que realmente tenían a los “detalles” de esa uniformidad vacía ; como si a base de mirar y mirar la misma pared, se proyectasen en ella; como si vieran allí sus deseos más íntimos, lo que ellos deseaban ver con todas sus ansias, creándose de este modo una hiperrealidad2 propia, una realidad alternativa y personal pero inexistente más allá de sus mentes, pues nadie veía lo mismo. Y como no se ponían de acuerdo, (lógicamente, por interpretar su cerebro de manera diferente aquel lienzo en negro), podían estar discutiendo indefinidamente sobre las formas de los objetos, invisibles para la jovencísima protagonista, sin llegar a ninguna conclusión. Era como cuando tú y yo discutimos sobre las formas de las nubes, fijándonos en sus sutiles y quiméricos y cambiantes rasgos, con la diferencia de que ellos no tenían nubes sobre las que discutir, sino que se las inventaban inconscientemente por aburrimiento3 y por sugestión social4, ya que de jóvenes sus padres les encaraban hacia la pared repetidas veces alegando siempre a que era "lo normal", que era "lo que hacían todos", que era "lo correcto", que era "lo que una persona de provecho debía hacer", la “razón por la cual existía”, aquello que “yo deseaba aunque todavía no lo supiese”. Cuestiones, todas ellas, muy dispares y diferentes, que por alguna extraña razón solían unir como si fueran una sola, la cual, además, parecía que, según ellos, justificaba sobradamente su automatismo. Y nuestra bisoña protagonista siempre tenia que escuchar comparaciones absurdas:


- Tienes que madurar, hija, que ya tienes una edad... y, si sigues así, nunca llegaras a nada; mira a tu hermano: tan pequeño que es... ¡ y ya ha distinguido un ciervo! - exclamaba emocionado, mientras su hija suspiraba agobiada y harta de oír tantas sandeces.
-¡Calla, hombre! - Le reprochaba su mujer, intentando defenderla- ¿Como quieres que haya distinguido un ciervo en la pared?-dijo ella, haciendo pensar por un misero instante a su hija que le daría la razón sobre la inexistencia de esas supuestas sombras que todos decían ver (y veían en una performación inaudita de la realidad) menos ella- ¡si es solo un niño! Lo habrá dicho para impresionarte... ¿No ves que te admira mucho?


Esa discusión termino aquí; todas, tarde o temprano, morían...¡cuanta envidia les tenían a las cuestiones filosóficas! Inmortales y eternamente sugerentes, jóvenes...Sin embargo, las cuestiones triviales volvían a renacer, a veces en formas diferentes, en cíclicas batallas que se repetían constantemente y que la confrontaban cada vez más arduamente con su familia, si bien a menudo terminaba cediendo ante la sordera de su entorno diciendo:“si menos es más, sea mi silencio mi palabra, ya que mi palabra es como un silencio para vosotros” o “es inútil hablar, es más fácil callar”; puntos de inflexión que no eran más que una breve tregua y que reconocían, en el fondo, comprender a aquellos esclavos que terminaban por acatar las arbitrarias leyes impuestas por pura comodidad, vagancia, cansancio y frustración. Pero aquella ocasión se diferencio del resto debido a que, más tarde, en privado, susurrándole, la madre le explico a la hija que esto no podía continuar así y que debía cambiar, hacer un esfuerzo. Entonces la hija respondió:


1.De acuerdo, mama, no te preocupes. De hecho, ayer creo que distinguí algo como un cocodrilo-fingió-. Así que no llores, anda... abrázame. Sabes que te quiero- “y que todo lo que digo, aunque no lo comprendáis, no es más que una muestra de mi afecto; solo pretendía con ello lo mejor para vosotros: que aprendieseis a hablar sin cometer falacias y creeroslas, que viéseis más allá del horizonte que os estanca, que no os dejarais engañar por la mentira que os abruma, que.... pese a ello, he acabado viendo que cada uno de mis argumentos lógicos es provisto por vosotros de una frialdad emotiva que no se correspondía con al realidad y que no llevaba a ninguna parte. Sois mayoría; no se si eso lo justifica, pero cederé: por mi bien y el de todos.” pensó-. (véase 1.1)


2.Lo siento, mama: soy quien soy y no pienso cambiar; no puedo cambiar...no según la voluntad ajena. No voy a someterme a vuestro absurdo criterio por simple capricho. Sintiéndolo mucho,hay personas que no podemos llevar la vida que los demás pretenden que llevemos -”por mucho que lo intentes no lo consigues; y es duro saber que amas a alguien y no puedes hacerle feliz, sino más bien al contrario: les quieres, pero no puedes quererles como ellos quieren ser queridos...”5 pensaba-.(véase 2.1)


1.1.Con el tiempo, la familia se acostumbro (esto es, se insensibilizo) a ella y ella se acostumbro a su familia, a su entorno social y a sus hábitos. No obstante, nunca ella acepto ni entendió, aunque acato, estas practicas; ni su entorno llego a realmente integrarla, por temor a su pasado, impidiendo así que realmente cambiara. Si más no, se puede decir que consiguió pasar inadvertida desde entonces, mirando, que no observando como hacia el resto, aquella pared insondable para ella. Logro de esta manera construirse una falsa felicidad a base de hipocresía, que era lo único que su familia le pidió, sus amigos le pedían y su pareja le pediría. (fin)


2.1.Finalmente, harta de forzar la vista para fijarse en los detalles de la indefinida, homogénea y espesa negrura de la cueva, así como de la masa que la observaba atónita, decidió hacer lo único que creyó que podía "luchar" contra esa quietud: moverse. Se puso en pie y comenzó a andar al azar, en contra de las innumerables criticas de sus padres, que ya la habían advertido una infinitud de veces sobre lo mal que estaba no obedecerlos y no mirar a la pared quietecita. Por suerte o por desgracia para ella, aquel sentimiento de incomprensión la había forzado a huir. Ella entendía que el concepto de familia era una ficción social definida como innata y que tal vez en el pasado tuvo un significado simbólico relevante o una razón pragmática de peso para su existencia, pero que hoy quedaba obsoleta. Ella concebía que los lazos familiares solo implicaban lazos familiares, y no una serie de atributos como " similitud, amistad, confianza, aprecio, respeto, obediencia,...", atributos que había que ganarse a pulso día tras día y que la sola genética,presuntamente determinista, no daba, siendo ella consciente de la importancia del entorno6 y en como se interpretaba y se reaccionaba ante este; de la relevancia de la toma personal de decisiones.



Ella defendía que el concepto de familia se debía eliminar en pro de los conceptos de “convivientes”, de aquellas personas con las se tenia un trato asiduo físicamente(fueran familia o no, y que no implicaba de por si nada, más allá de una mínima interacción necesaria para la buena y estable convivencia), y los “vivientes”, con los cuales se tenia un trato, bueno o malo, a nivel intelectual, psicológico, no automático o propio de un autómata asiduo; "... y, ciertamente, no todos los convivientes son vivientes", solía decir. Y concedía entonces que, en el ranking de convivientes, la familia (no necesariamente biológica) solía estar en las primeras posiciones, al menos durante la vida previa a la madurez, lo cual creaba ciertos vínculos importantes debidos sobretodo a la costumbre. Y admitía también que esta convivencia prolongada podía intensificar las vivencias y que, por lo general, cada componente ayudaría a fundamentar con una cierta estabilidad al sistema para su propia comodidad (suponiendo que uno desea evitar la confrontación inútil [que ha de diferenciarse de la útil cuando esta genera propuestas, sugerencias, mejoras,...] por traducirse esta en malestar personal) e incluso procuraría su mejora en tanto en cuanto el individuo forma parte del conjunto, propiciando la constitución de buenas relaciones entre estos. Sin embargo, hacia hincapié en que la familia no era el único sistema de convivencia, en que no era necesariamente el más relevante en vivencias e interacciones importantes (a nivel emocional, intelectual, espiritual, estético, sensitivo,...[según jerarquías de valores]), en que existía una confrontación constante entre los diferentes sistemas (incitando a la perdida de estabilidad antes citada), y en que existía un sistema formado solamente por el propio individuo (el ego), quien podía decidir si deseaba aislarse o no en él y quien podía observar con distancia el resto de sistemas, evaluándolos en su conjunto.


Por todo ello consideraba que se sobrevaloraba el concepto de familia y que este no era innato. Y solía ilustrarlo de la siguiente manera: "el primer día que conozca a mi abuelo será como el primer día que conozca a un desconocido, o aún peor, pues no solo no sabré por mi misma nada de él, sino que además tendré la cabeza repleta de prejuicios y anécdotas sobre él que, aunque realmente no le definan, mucho menos en lo referente a su trato conmigo, yo así lo creeré. Es más, el hecho de ser mi abuelo me obligara, en esta extraña sociedad que idolatra el parentesco como algo divino, a adorarle sea quien sea, sea lo monstruoso que sea, si lo fuera; de lo contrario, seré tachada de insensible, sin corazón ni alma".


Y con todas estas ideas cargadas en la mochila de la mente, ella empezó a andar y a andar, explorando cada rincón. No solo combatía la quietud a la que la querían someter mediante el movimiento físico, sino también mental, discurriendo y discurriendo como de aquel laberinto podría escapar. Pero por más que caminaba, no encontraba nada que no pudiera ver desde donde con su familia estaba: era como un pasillo infinito y más o menos ancho; en uno de los lados del pasillo había hileras interminables de personas observando atentamente la pared; en el otro, nada... Y pese a ello, turbados por el sutil ruido de los ligeros pies de nuestra inquieta viajera, la gente vociferaba rabiosa para que apartase, fuese quien fuese, de la pared, pues decían que les impedía ver correctamente las imágenes sombrías que en ella se proyectaban, aseguraban. Mas ella, insegura, miraba y remiraba, de cerca y de más cerca, y no veía nada.


Entonces, una de las personas de la inacabable hilera humana la llamo por su nombre y ella acudió. "¿Que haces?" le pregunto aquella voz, que resulto ser de alguien a quien solían llamar "amig@ tuya", fuera lo que fuera que significara eso. "Estoy explorando-afirmo ufana, ella-pero todavía no he encontrado nada- dijo mientras se entristecía". "Si tanto te gusta explorar, ¿Porque no te quedas con nosotras explorando con la vista la pared?" Ella vacilo un momento, debido a que con su familia mucho había mirado ya la pared y esto la aburría tremendamente, pero pensó que con aquel grupo de personas llamadas "amigas" seria diferente, que ellas le enseñarían en que consistía realmente aquellas locuras que pronunciaban los adultos sobre la pared negra, como blanco es un lienzo, y que ellas "explorarían" la pared con una perspectiva más innovadora.


Por el contrario, no supo ni pudo mantener el hilo de la conversación, pues permanecía siendo igualmente inaccesible. Es más, parecía como si ellas hablaran imitando la conversación de los adultos pero sin entender verdaderamente nada de lo que decían, si es que algo había que entender, de todo aquel vacuo discurso. Y esto lo dedujo porque cuando les pregunto de que hablaban, si se lo podían explicar de manera más pausada y sencilla, al principio no supieron que responder, como si hubiesen estado copiando palabra a palabra un texto en un idioma incomprensible, como si las hubiesen metido junto a Searle en una habitación china. Luego, una de ellas, la más autoritaria, apostó por atacar a nuestra protagonista apelando a su supuesta estupidez en una feroz falacia ad hominem, por no saber de que "obviedades tan grandes" estaban hablando, en vez de explicárselo y poderse así todas juntas reír.


2.1.1. Llegados hasta aquí, y viendo que poco a poco la iban distanciando, decidió fingir para poderse integrar y recobrar la amistad con su antigua buena amiga, amistad que se veía distorsionada siempre con la compañía de otras personas, haciéndola reflexionar sobre la influencia de la masa en el individuo y sobre la maravillosa luz y autenticidad del individuo que se veía ofuscada tras aquella opaca mampara llamada sociedad . "Ah, sí-exclamo-ya lo entiendo; que estupida he sido". Desde entonces, pasaba mucho tiempo entre ellas y termino reconciliándose con su familia. (véase 1.1)


2.1.2. Llegados hasta aquí, y viendo inútil continuar con la conversación, ella se elevo sobre sus amigas y marcho con vigor hacia el horizonte pensando que aquello no era amistad; pensando que la amistad es circunstancial e instantánea, efímera. Sino, no se explicaba que aquella buena y pretérita amiga suya la había despreciado de aquel modo, solo, seguramente, para caer bien a aquel grupo de hipócritas. Si su amiga no estuviese con ellas, no se hubiese comportado así, pensaba. Es como cuando tú y yo jugamos a cartas: mientras jugamos nosotros solos es muy divertido, porque a ambos nos gusta mucho, estamos acostumbrados a ello, propiciando como alicientes autoreferencias y retos constantes, y además amenizamos la velada hablando sobre todo y sobre nada. Pero cuando viene un tercero, resulta que no sabe jugar a nuestro juego y se lo tenemos que explicar, que siempre es muy engorroso, y difícilmente lo entienda a la primera. Y es más: a partir de entonces resulta más difícil encontrar un tema de conversación en común entre todos y sobre el cual se tenga la misma base (ya que de lo contrario no se podrá establecer una conversación fluida, amena e interesante), de manera que el grupo se disgrega y su sentido se pierde. Sea como fuere, todavía encontrando el tema, es complicado mediar todas las opiniones en una conversación informal, en un gran coloquio con sentido, y habitualmente alguien asume un monopolio que no siempre puede ser del agrado de todos (sobre todo si son muchos y dispares, creándose en ocasiones pequeños grupos de conversaciones ajenos a esta) y que puede enfrascarse de tal manera en su pronunciación que no ceda la palabra para oír sus contraargumentos; y el propio juego enajenante es susceptible de asumir ese monopolio, perdiendo su valor de nexo entre individuos y, con ello, la perdida de relevancia del grupo (ya que “el juego por el juego” ya es accesible de manera individual gracias a la digitalización de muchos de ellos). Pero el gran problema de esta situación, quizás, es que el nexo de unión (en este caso, un juego de cartas) no es el adecuado: la adherencia de los nuevos individuos no se debe al nexo entre los dos primeros (el juego) sino a la relación preexistente entre los individuos; sin embargo, el nexo, el juego, se mantiene vigente. Lo lógico seria renovar el juego cada vez que se introduce un nuevo individuo, decidirlo democráticamente, aunque vuelva a salir el mismo. Porque si uno quiere jugar al ajedrez, parece natural juntarse con personas con las mismas aficiones y capacidades (para que el handicap no resulte aburrido o frustrante según el lado del tablero), formando un circulo de amistades especifico. O que si uno quiere quedar con un circulo de amistades genérico, el nexo es irrelevante o innecesario porque la propia amistad hace de nexo. Sin embargo, parece que la mayor parte de la gente se aferra a un solo grupo con el cual practicar todos sus hobbys, lo cual puede precipitar de dos maneras: o el individuo se limita, por no poder practicarlos con su grupo y, por ende, no practicarlos; o el individuo lo impone, lo cual le limita a él (debido a que el resto no son aptos para su favorable practica) y al resto (porque les priva de hacer otras actividades más de su agrado). Y aunque para evitar esto se formasen diferentes grupos, estos entrarían en competencia, minándolos, como ya se dijo a propósito de los vivientes y convivientes.


Por todo ello y mucho más, ella consideraba que la amistad, o mejor dicho, los amigos, no existen: “...porque depende de un cúmulo de circunstancias cambiantes e inestables como los puntos en común, los gustos, las costumbres, las necesidades individuales, la predisposición, la situación,... La amistad es algo momentáneo que puede surgir con cualquier persona en cualquier momento, pero que resulta imposible mantener intacta, aun regando el jardín cada día, porque es difícil acertar con las cantidades, los periodos o los tipos de abono y agua (si lo sabes todo de tu amigo, es porque le has atosigado demasiado tiempo y se ahoga en tu agua; si le dejas su espacio y libertad, parece que se marchite), por no decir que el jardinero puede cambiar de gustos florales o la planta puede crecer y variar lo suficiente como para perder las posibles afinidades... En definitiva, parece ser que la flor un día florecida y conocida nunca más haya de ser vista, si no se es un erudito botánico capaz de clasificar lo inclasificable, reeclasificarlo constantemente a medida que la planta evoluciona y saber que posición se ha de adoptar tras cada clasificación. Demasiado complejo, sin duda...mejor solo sentirla y apartar este absurdo bisturí que empuño” pensaba, “sentirla cuando la halle y no etiquetar a personas cambiantes con estas palabras”.


Y mientras ella marchaba con todos estos pensamientos en la cabeza, la amiga que la había invitado les decía al resto ahora: "¿lo veis? Os dije que lo mejor para que se apartara de las sombras era llamarla. Y de esta forma, además, nos lo hemos pasado genial riéndonos de ella".


Pero ella, habiendo emprendido de nuevo su búsqueda, ya no sabia que hacer: aquel pasillo parecía no tener fin. ¿Y si no llevaba a ninguna parte?¿Y si al final la paraba una pared?¿Y si fuera circular? Si así fuere, encontrar la meta solo la frustraría más. ¿Y si se hubiese equivocado de sentido? En ese caso, cada paso que daba la alejaba más aún de su búsqueda.


Embebida en estos pensamientos, sintiéndose desamparada y viendo que así no conseguía nada, decidió volver con su familia para ampararse en el halo protector del hogar (o al menos a aquello más cercano que tenía a ese concepto) y poder así meditar detenidamente su próxima jugada. Y mientras caminaba ciega, muda y sorda a los abucheos y al camino incierto, arrojo una lágrima de frustración por creer o saber que no pertenecía a este mundo y que no lo podría comprender nunca, ni cambiarlo, ni escapar de él.


Pero al llegar a casa el ambiente era muy distinto, mucho más frío con ella; nadie le dirigió la palabra. Solo hubo un "te lo dije, mujer" que ni tan siquiera iba dirigido a ella, sino a su preocupada pero estoica madre. Y esta tensa e incomoda situación continuo así durante algún tiempo, hasta que finalmente ella, desolada, decidió tomar la iniciativa, tomar una decisión:


2.1.2.1. Mientras estaban comiendo y hablando sobre las supuestas imágenes proyectadas en la pared, ella, no vislumbrando siquiera otra opción, entre sollozos, musito: "cambiare, os prometo que cambiare... pero no me ignoréis más, por favor". Entonces su madre la abrazo con todo su amor y le dijo: "bien dicho, hija; ya veras lo bien que va a ir todo a partir de ahora".(véase 1.1)


2.1.2.2. Se marcharía definitivamente. Era evidente que su familia ya nunca la aceptaría; podría fingirlo, pero su escapada les había hecho demasiado daño: lo mejor era huir para siempre. Pero, ¿huir a donde? Ya lo había intentado, mas no parecía haber escapatoria. Recostada donde estaba, le bastaba girar la cabeza para ver lo que había visto durante todo su viaje: un camino que se perdía en el horizonte. Pero no importaba: sabia que allí sentada seguro que no conseguiría nada, y se consoló pensando que el movimiento corporal suscitaría algún movimiento mental que le permitiera solucionar su encrucijada. Y con esta idea en mente, se alzo sobre su familia y salio corriendo como alma que lleva la resignación misma consigo cristalizada durante una eternidad: corrió y corrió sin fin aparente, sin rumbo ni metas, nublado el juicio y los sentimientos; una vez desahogada, desacelero el ritmo y continuo por la senda de la bruma con un tenue albor de esperanza...



Por el camino, un ser humano se vio atraído por su figura envuelta en un halo de misterio, y conmovido por su soledad y su distanciamiento respecto de la sociedad, que no paraba de abuchearla para que apartase de en medio de las sombras, él la llamo, y ella, medio dudando, acudió. Se produjo entonces un silencio extraño entre los dos: él no sabia que decir, y ella no sabia que quería él ni que buscaba ella acudiendo; tal vez solo fueran las ganas de descansar o desahogarse con otro...o la curiosidad o sorpresa de saber que querían de ella cuando algo bueno de ella querían. Al fin, sus voces se alzaron y se entrecruzaron y se estamparon en el espacio, por lo cual se disculparon modosamente, se dieron la palabra cordialmente y se rieron mímicamente. Él le ofreció sentarse y la intento impresionar hablando de sus "descubrimientos" acerca del mundo de los adultos y las sombras que veían en la pared, pero pronto se dio cuenta del poco interés que esto le suscitaba, ya fuera porque mucho del tema sabia o porque de él todo desconocía. Tras una nueva pausa, incomoda tal vez, él le pregunto directamente y sin tapujos, inmerso en un frenesí palpitante, una ristra inacabable de preguntas: "¿quien eres, fuiste o serás? ¿De donde vienes y a donde vas? ¿Que buscas? ¿Porque la gente te ha de abuchear? ¿Que o quien te condena? ¿Que hiciste? ¿Porque?..." Ella, convulsionada con tantas preguntas, y tras pensarlo un instante, respondió, insegura: "creo que desconozco las respuestas a todas esas preguntas".


Se volvió a producir un silencio mortífero; él la miraba embelesado. Esta vez lo rompió ella, tras un indefinido y dilatado lapso de tiempo: "¿sabes? No se porque, pero estoy muy a gusto aquí, en silencio, sin decir ni hacer nada. Es como si me relajara compartir un silencio con alguien, después de haber oído tantas sandeces durante toda mi vida". Él no supo que decir, y cuando abrió la boca, ella se la tapo con un dedo, rogándole que permanecieran en aquel encantador estado de catarsis. Era evidente que no tenían nada en común, que pertenecían a mundos muy diferentes. Él estaba en el mismo pasto que el resto: el mundo de la pasividad, el mundo de las preguntas. Ella, en cambio, estaba aparte, no quería formar parte7 de aquella primitiva sociedad moribunda y muerta que no se dignaba a responder, o, si más no, a buscar las respuestas a sus preguntas: crecían de la imitación absurda, como sus amigas, siguiendo siempre el rebaño que se perdía en el horizonte sin ni tan siquiera ver al pastor que supuestamente las conducía, sin llegar a ver nunca por donde pisarían o pisaban, inmersas en un mar insondable de ovejas, que impedían ver el árido suelo que pisaban, los infinitos sequíos desolados ocultados tras la ciega masa, o si este, el camino, terminaba y las arrojaba al vacío, inconscientes8.


Pese a todo, pese a pertenecer a dos concepciones de la realidad diametralmente opuestas, a ella le gustaba a aquello: el silencio era lo único que la acercaba al mundo de su familia y sus amigos, a la humanidad y toda su incomprensión, tozudez, crueldad y demencia. Pero había de tomar una decisión: no podía permanecer eternamente en aquel punto a medio camino entre los dos mundos:


2.1.2.2.1. Le gustaba tanto estar con él, disfrutando del momento y sin hacer mucho caso al cerebro, que creyó que aquello podría ser eterno e irrepetible y que merecía la pena intentarlo, pues si marchaba, no volvería a tener la oportunidad de probarlo. Con el tiempo, se reconcilio con su familia y volvió a hacer nuevas amigas, creyendo que así podría comenzar de nuevo su vida, como si nada hubiese sucedido, como si su cerebro funcionara igual que el resto. Nada más lejos de la realidad...(véase 1.1)


2.1.2.2.2. Era evidente que su vida con cualquier individuo de aquel mundo la condenaría al sometimiento o a la humillación, y que haría sufrir a todas las personas queridas vergüenza ajena, el mayor de los estigmas sociales, por ser incapaces de cambiar a voluntad. Aquello no podía durar. El amor es efímero por definición: no se basa en los puntos en común, sino en las reacciones espontáneas y psicobiofisicas del cerebro. No era algo racional; seria como drogarse hasta que se acabaran las subsistencias. ¿Y luego que? ¿Moriría de mono? ¿Sufriría eternamente de mono? ¿Fingiría que no tenia mono y que todavía consumía esa droga? No, no quería condenar su futuro por un capricho presente. Ella era libre y necesitaba ser libre. No podía permitirlo.


Así que, cuando llego el momento, se elevo sobre su amor, y sin mediar palabra, desapareció entre la espesa sombra. Ciertamente, no era necesario mediar ninguna palabra. Él, desde su incomprensión, comprendía que aquel no era su lugar y que estaba destinada a marchar. Que nada la cambiaría; que el río que era todo lo arrasaría.


Y decidida, a paso lento pero sin pausa, como embriagada por aquella oscuridad infinita, fue recorriendo pie a pie aquella gruta indistinguible. Era como pretender llegar a donde convergen dos paralelas.... Pero no le importaba: ella solo iba a donde sus pies le llevaban. Sin embargo, la frustración aumentaba con cada paso inútil, si bien cada nuevo paso la curtía más en el arte de caminar, pero no de explorar: era como intentar resolver un enigma irresoluble. Cada intento estimulaba el cerebro y lo mejoraba, obteniendo nuevas herramientas; pero nunca este enigma se resolvería, aportando nuevo conocimiento: era un enigma solo pensado para estimular y autocomplacerse con esa estimulación. Era una pregunta que no quería respuestas, sino búsquedas9. Era un principio al que no le interesaba el fin, sino el medio. Se habían invertido los valores de Maquiavelo e ignorado las buenas intenciones de Kant, y ahora ella gritaba sin tapujos: "el medio justifica los fines" por terribles que sean...El proceso, el camino, lo abarcaba todo.


Y en esto estando, tras tanta meditación lógico-lineal, acudió a su mente una idea: pensamiento lateral. Dejo de banda el camino, y se aferro a uno de los lados, apartando a las personas allí recostadas, anonadadas ante la iniciativa de la abucheada protagonista. Comenzó, bajo el asombro de los espectadores, una escalada ardua y difícil. Cayo varias veces, se hirió varias veces, renegó de todo y de nada varias veces... pero su empeño no la detendría, y el ingenio quiso ampararla. Construyo con las cadenas de la costumbre una cuerda de liviano pero resistente material con la que jugar. Transgredió todas y cada una de las costumbres, los tópicos y las ficciones irreales e hiperreales de aquella sociedad arbitraria, y hizo con ellas una cadena resistente con la que trepar la escarpada pared vertical. La lanzo con toda su longitud inabarcable y toda su fuerza hacia arriba, y, sorprendida, comprobó que se había aferrado a algo, que había un mundo superior al suyo. Comenzó así a elevarse por encima de toda su sociedad.



II
Al llegar a la cima, se arrojo exhausta sobre su suelo e intento descansar mientras hiperventilaba. Miro abajo, y no vio nada. Tiro una piedra abajo, y no oyó nada. Fuera lo que fuera lo que hubiera allí, en este segundo nivel, nunca habría conocido al nivel inferior. Con suerte, únicamente hubiese interactuado unidireccionalmente y sin tener conciencia de sus actos, como había hecho ella al lanzar la piedra.

Tras estas pesquisas, giro su cuerpo para dejar de mirar el abismo inferior y ver el superior. No obstante, algo la sobresalto. Al girar, algo la sobrecogió. Entremedio, algo sucedió. Algo vio. Algo sintió. Sintió un escalofrío recorriendo todas y cada una de las membranas plasmáticas de sus células. "¿Que fue?", se pregunto. Giro rápidamente. Miro. Observo. Se asusto. Se emociono. "No...No puede ser...", suspiro. Se comenzó a nublar su vista. Sollozo. "No puede ser", se repitió.

Allí, ante su negativa, se observaban nítidamente las sombras que con tanta fuerza su existencia había tratado de negar. Retorciéndose de placer, riéndose burlonamente de ella, insultándola entre sarcasmos e ironías con su sola existencia. Ante sus ojos, observaba como unas figuras estrafalarias se contorsionaban y palpitaban amorfa, indefinida, caótica, caleidoscópica e indistintamente, como si de un producto de su demente mente se tratase.


Entonces, un extraño sentimiento de angustia la embargo paulatinamente hasta estallar: se volteo, no queriendo continuar contemplándolas. Observo. Se quedo atónita... anonada.... incrédula. Estaba completamente conmocionada: ante ella se postraba una hilera sin principio ni fin, para su mediocre vista, de personas recostadas en la pared observando las sombras del lado opuesto. Era tal y como abajo, con la diferencia de que este mundo poseía verdaderas sombras, o eso creía ella. Tal vez se hubiese vuelto loca. Tal vez hubiese ido a parar al mismo sitio de siempre. Tal vez no se hubiese movido del sitio. O tal vez no. Tenia que comprobarlo; lo necesitaba.

Y con esta idea bien focalizada, se alzo sobre sus miedos e incertidumbres y fue a hablar con el desconcertado pueblo. Ellos, también encadenados, le indicaron el camino hacia quienes podían ayudarla. Con paso pausado pero firme, fue siguiendo toda la hilera de personas que rumoreaban toda clase de disparates y afirmaciones dispares. Finalmente llego hasta un grupo de ancianos de frondosas barbas blancas y cuyas manos eran frágiles y escuetas; tanto, que las cadenas no podían contenerlas, siendo libres de escapar. Sin embargo, ya eran demasiado viejos para ello: carecían de las fuerzas necesarias para llevar a cabo tal huida.

Al enterarse de lo sucedido, los presuntos sabios la llamaron a su encuentro, y ella, dispuesta a llegar hasta el final de este asunto, asintió y se acerco. Al instante, los presuntos sabios la escudriñaron con la vista: era joven, muy joven, "demasiado joven para ser presa de las cadenas de los Dioses", dijeron, "del mismo modo que nosotros somos demasiado viejos y débiles para aferrarnos ni tan siquiera a sus anillos de arcos dobles". Sin duda, debían pensar que la vejez era un precedente para la niñez, una preparación para la reencarnación, para la cual era necesario vaciar la mente de costumbres, prejuicios y del control de lo divino.

Después de las primeras impresiones, los presuntos sabios de aquella sociedad extraña le hicieron muchas preguntas sobre su llegada y sobre su mundo, pero ella era incapaz de responder a muchas de ellas. Al final, explico: "mi mundo es idéntico a este en todo menos en una cosa: las sombras-dijo mientras las observaba pasmosa- en mi mundo todos creían en su existencia, todos decían verlas y hablaban de sus formas, aun cuando yo no las veía. Pero comprobando que las susodichas sombras parece ser que existen, he de decir que la costumbre de mi pueblo de observar, o, mejor dicho, imaginar inconscientemente unas sombras que no existen, probablemente venga de este mundo. No os culpo por haberlos trastornado, pero si por no haberles retornado el juicio, pues no siempre es lógico utilizar el mismo criterio en diferentes circunstancias; la verdad es contextual y no podéis expandirla indiscriminadamente como a un dogma que acatar acondicionalmente. Porque mientras las discusiones que se tienen aquí sobre la naturaleza de las sombras puede ser que tengan sentido, es obvio que en mi pueblo no lo tienen. Y aún no me atrevería, viendo lo que he visto, a elucubrar demasiado sobre estas hipotéticas figuras quiméricas, no fuera que, por algún extraño o casual factor desconocido, estas no sean, como en mi pueblo, no más que ficciones de los humanos."

Ante esto, habituados ellos a venerarlas durante toda su vida, siendo este el sentido de ella por ellos concebido, y pese a estar desposeídos de sus cadenas materiales, todos los viejos se estremecieron y aclamaron el perdón divino, nombrándola blasfema y hereje, "abominable monstruo de las profundidades del abismo oscuro". Todo el conservadurismo de su sociedad hervía en su sangre, y aun habiendo comprobado con la experiencia cuan frágiles eran sus cadenas, la negación de las creencias que habían profesado durante toda su existencia fue demasiado traumática. Comenzaron a hablar de aplacar la ira de Dios mediante el sacrificio del Diablo, y uno de los viejos se agazapo para agazapar agazapadamente un cuchillo. Ella, poco a poco, temerosa, arrastrando los pies y manteniendo su mirada al frente para sopesar todos los sospechosos actos de los viejos, fue desplazándose hacia atrás, hasta notar que perdía pie al borde del abismo, momento en el cual se sobresalto y cual acto reflejo giro el rostro desfigurado de terror hacia el precipicio; momento en el cual el sigiloso viejo la intento atacar, abalanzándose sobre ella. Y en un acto reflejo innato, se aparto del agarrotado viejo, dejándole caer a través del acantilado.

Ella, que no le deseaba la muerte a nadie, que amaba la vida por encima de todo, lamento profundamente la muerte de su enemigo, más aún teniendo en cuenta las absurdas razones de su sacrificio. Pero no había tiempo para reflexiones ni compasiones si deseaba sobrevivir: el resto la miraba ahora con cara más maliciosa y perturbada. Lamentaba no poder contrastar la impagable experiencia de aquellos viejos, pero era evidente que hablaban idiomas demasiado diferentes como para entenderse; que su impagable experiencia se les había vuelto en su contra, obcecándoles en su pasado, en sus recuerdos, arraigados muy y muy dentro. Visto esto, no tuvo (o no vio) otra opción que huir, que huir por enésima vez por el túnel de la desesperación y la duda, de la incomprensión y la incertidumbre, de la búsqueda.

Pese a la debilidad de los viejos, ella no tardo en descubrir que su astucia les había permitido construir vehículos veloces que la atraparían tarde o temprano. Ambos lo sabían. Tenia que contraatacar ella también con alguna argucia, pero parecía ser que solo sus piernas estaban dispuestas a ayudarla en aquel momento. Y cuando parecía que la fueran a atrapar, y cuando sus armas arrojadizas la cercaban cada vez más y más, de repente, bruscamente, sintió una fuerza que la absorbía tierra adentro, que enganchaba su pierna y la atraía para ella hacia un pequeño e irreconocible hueco del subsuelo. Los sádicos viejos pasaron por delante sin percatarse. Estaba a salvo...¿o no?

Agotada por la carrera, y asustada por la oscuridad que la envolvía, su respiración se acelero más y más. Se encendió un pequeño fuego entre ella y un extraño rostro. Noto entonces que sus pupilas se contraían y se contraían cada vez más. Acostumbrada a la absoluta oscuridad y, por lo tanto, a tener continuamente sus pupilas dilatadas, como en un eterno estado de excitación y enajenación, noto una cierta crispación en los ojos: era como si la costumbre de tenerlos dilatados le impidiera contraerlos ahora con soltura; era como pretender mover un músculo que había permanecido inmóvil toda su vida, degenerando su estado día tras día. Era doloroso y placentero al mismo tiempo. Como si estuviese perdiendo la virginidad de sus ojos, del espejo de su alma; la virginidad de su intelecto, llegándole a llorar los ojos de gozo y dolor por su primera penetración lumínica a través de su hasta entonces intacto cristalino.

El fuego que la desvirgaba y liberaba se contorsionaba sensualmente, de manera vagamente similar a las sombras, pero de forma mucho más hipnótica y regular. Se sintió profundamente atraída por esa llama y levanto su trémula mano con pavor y cautela, sin poderse resistir al misterio. La mano se acerco más y más a la llama y experimento su calor cada vez más y más. Cernió entonces su palma sobre ella y gimió de dolor.

"Cuídate, niña, de la fascinación de lo desconocido; no vaya a ser que tras la atrayente apariencia no se esconda una terrible esencia", dijo el hombre misterioso encendiendo un nuevo fuego. "Gracias por salvarme, siempre y cuando no me procuréis un estado peor ¿Quien sois y donde estoy?", pregunto la sorprendida niña. "Son muchos mis nombres, y solo una mi Esencia; es solo uno mi Nombre, y muchas son mis esencias; quien quiera comprender, que comprenda", respondió.

La joven, conmocionada por su misticismo, su aparente profundidad, acostumbrada a escuchar trivialidades, pregunto: "¿y el que quiera y no pueda?". Entonces, él respondió: "querer es poder. Creemos lo que queremos, luego tenemos el poder de entender lo que queremos, de entender el mundo como queremos, de crearnos un mundo propio y único a nuestra medida, de vivir en una hiperrealidad, en una ficción creada por nosotros y para nosotros. Así que sea lo que sea que quieras que signifique la frase, eso será lo que signifique; yo no tengo responsabilidad alguna sobre ella. Ahora, si quieres ahorrarte unas neuronas, siempre le puedes preguntar al creador cual era su intención. Tal vez él te sepa dar un dogma más reconfortante pero menos estimulante, más seguro, pero menos interesante... Tu dirás".

La joven, tras meditar un momento, asintió con la cabeza y musito: "creo que lo entiendo... y creo que quiero pensármelo un poco más antes de oír su versión, sino le importa, señor...ummm..... ¿como hemos dicho entonces que le debo llamar? ¿Porque de alguna manera le tendré que llamar, no?". Y él contesto condescendiente: "lo ideal seria no llamarme de ninguna manera, pues ninguna palabra puede encerrar mi esencia; pero supongo que eso no seria demasiado practico. La gente de este mundo me llama el oscuro, el misántropo, el solitario, el pirómano, el bicéfalo mudo, ciego y sordo a la razón, el loco10,...también se me conoce en otras tierras como Heraclito, Socrates, Marx, Sartre..., según menesteres, pues fueron muchos mis nombres y es extenso mi legado; pero tu puedes llamarme Sekioz, que ha todos ha de englobarles, o Heracrates11, para no confundirme con mis sucesores. Y has de saber que ahora estas en mi guarida y no pretendo reportarte ningún mal".

La conversación se dilataba indefinidamente, pero no aburridamente; era el dialogo más estimulante e interesante que ella había tenido nunca, más aún que sus monólogos interiores, pues él les daba continuidad con sus contrastes, produciendo un incesante vaivén de opiniones y discrepancias, llegando al punto de contrariarse así mismo para hacer pervivir la discusión con la vana esperanza de ver cumplido el idealismo-dialogo hegeliano que hiciese converger nuestra concepción de verdad a base sucesivas síntesis nacidas del dialogo inmortal entre tesis y antítesis, citando siempre en tal acto esquizofrénico a uno de sus maestros, Wittgenstein: “Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo”. Y estas férreas discusiones les permitieron a ambos cuestionar muchos asuntos que habían considerado de gran obviedad sin percatarse que ellos mismos caían a menudo ciegamente en nuevos dogmas al repudiar a los ajenos e intentar modelar en su sola soledad el mundo, faltos de una cierta pluralidad de visiones: de esta forma asumieron una visión de la realidad más amplia, más incierta y ambigua, incluso contradictoria, absurda; más serena, savia y trascendente. Llegaron a afirmar, si bien no se abstuvieron a negarse, que no había un sentido vital objetivo porque estos eran imprecisos, desposeídos de una definición clara, acontextual y contundente o simplemente inexistentes fuera de aquel que los concebía, ensimismado en su propia hiperrealidad. Ni tan siquiera el arte o la belleza, recordando a las flores del mal de Baudelaire, tan alta cima podían ostentar. Y esto lo concebían no como una maldición que desembocara en una esplín, angustia o vacío existencial que hubiera de torturarles su existencia, sino como una especie de suerte que les concedía una libertad infinita en sus actos y les permitía buscar y encontrar su camino personal, aquel que diese sentido a sus vidas y les resultase más grato, la única cuestión filosófica relevante, a ojos de Camus12. Nadie, por tanto, en contra de lo que a veces habían pensado, estaba equivocado, aunque sus posiciones fueran contrapuestas. Esa diversidad era la única verdad necesaria, sin la cual, apelando y llevando a sus ultimas consecuencias el problema del bar “El Farol”, todo se desmoronaría; el absurdo como base y sustento a la coherencia, si la hubiera, de los individuos, del mismo modo que la lógica difusa e imprecisa es la generalización de la lógica clásica y precisa.

Verdaderamente, nuestra emprendedora protagonista notaba que había encontrado un alma gemela, otro ser incomprendido como ella, alguien afín, en estas disquisiciones que la embebían. Y por lo que fue descubriendo durante su vivida convivencia con Heracrates, él también había viajado a un mundo superior al suyo de joven, del cual trajo consigo innumerables anécdotas y saberes, como el fuego y el movimiento. Sin embargo, decidió retornar a su mundo para sacar de su error a su antiguo pueblo, obcecado en ancestrales teorías que interpretaban las sombras como señales divinas: "¡nada más lejos!exclamo- pero eso lo has de averiguar por ti misma. De nada serviría que yo te lo explicara: has de experimentarlo en tu propia carne. Además, no puedes permanecer aquí eternamente; nada me agradaría más, pero tu destino es superarme en donde yo erre: estancarme. Has de retomar mi relevo: la inacabable...o inacabada historia de Sekioz debe perdurar mientras Heracrates perece en el camino. Recuerda, no mires atrás nunca más: has llegado hasta aquí buscando respuestas, pero yo no te las puedo dar; deberás continuar hasta el final, si lo hubiere, en un eterno devenir."

2.1.2.2.2.1. Convivieron juntos los últimos tiempos que le restaban a Heracrates de vida, aprendiendo mucho mutuamente, y revelándole él a ella todos los secretos que había ido acumulando durante su vida pasada, no sin un cierto recelo y lastima por no poder convencerla para que los descubriese por si sola, al subir al nuevo mundo. Pero ella siempre le decía: "me iré cuando nada de ti me quede por aprender o discutir afablemente, cuando te alcance la muerte".

Y así fue: cuando sus párpados no se volvieron a abrir para contemplar la luz del fuego que tanto le fascinaba, ella recogió las cadenas preparadas para la ocasión y las lanzo rápidamente hacia el abismo indistinguible de la pared antes de que nadie pudiese percatarse de su presencia, apartando a los autómatas y muñecos, que poco se diferenciaban del resto, que recubrían esa parcela y que camuflaban la guarida de Heracrates. Inició así la escalada celericamente; sin embargo, pronto acudieron a su encuentro los asesinos de la razón, cuando todavía se hallaba a medio camino: los dogmáticos. Procuraron estos su muerte de todas las formas posibles, siendo sus estrategias a cada nuevo intento más efectivas y cercanas a su objetivo.

Finalmente la hirieron en el brazo, y no pudo continuar escalando. Solo sostenerse en la pared le suponía un gran esfuerzo. Nadie había ya para ayudarla. Pensó que quizás cada cosa tenia su tiempo, y que tal vez si se hubiese marchado cuando le decía Heracrates, antes de su muerte, él la hubiera podido ayudar. Y mientras todo esto pensaba, una piedra le golpeo fuertemente la espalda, sangrando, perdiendo la respiración, soltando la cadena, perdiendo pie, cayendo, perdiendo la vista, acelerando, perdiendo la vida chocando violentamente contra el suelo, muriendo. La historia de Sekioz jamas vería la luz. (fin)

2.1.2.2.2.2. Residió allí por un tiempo, aprendiendo del primer individuo, del primer verdadero ser humano que conocía. Ambos aprendieron mucho recíprocamente de sus discusiones cordiales y apasionadas, estimulantes y sobrecogedoras, entrañables y bizarras. Pero aunque sentía que podría aprender eternamente de su maestro, este no quería hablar demasiado ni ser muy concreto para no llenarle la cabeza de prejuicios antes de alcanzar el tercer nivel, superior al pueblo llano que imagina y al pueblo dogmático que interpreta y cree. No quería robarle la primera impresión, y ella lo comprendía. Por ello, cada vez las conversaciones eran más ambiguas y tensas, no pudiendo entablar una conversación coherente, provechosa y comprensible entre ambos: era el momento de marchar, muy a su pesar.

Recogió las cadenas utilizadas un día por Heracrates y las lanzo rápidamente hacia el abismo indistinguible de la pared antes de que nadie pudiese percatarse de su presencia, apartando a los autómatas y muñecos, que poco se diferenciaban del resto, que recubrían esa parcela y que camuflaban su guarida. Inició así la escalada, celericamente; sin embargo, pronto acudieron a su encuentro los asesinos de la razón, cuando todavía no divisaba la cima: los dogmáticos. Procuraron su muerte de todas las formas posibles, siendo sus estrategias a cada nuevo intento más efectivas y cercanas a su objetivo. Tanto es así, que ya fuera para asegurarse la ascensión de su alumna y sucesora, o para que esta no volviera atrás nunca más, o para desahogarse contra el pueblo que tanto le había maltratado, o para concederles el placer de su muerte, Heracrates emergió de su particular cueva y les distrajo el tiempo suficiente con sus artilugios y fuegos voraginosos para que la niña alcanzara aquel nuevo mundo prácticamente ilesa. Había vuelto a nacer: ella era ahora el nuevo Sekioz que debía proseguir con su búsqueda.


III
Llegada arriba, se volcó hacia el lado opuesto del abismo que había escalado; algo la atormento. Tal fue el dolor que no pudo sino rodar de nuevo hacia el abismo para evitar la intensa visión, resbalando sobre él y quedando sostenida por una sola mano. Gimió entonces en busca de ayuda, pero nadie respondió. Y pese al cansancio acumulado por la escalada, se vio obligada a hacer un esfuerzo más para lograr de nuevo la ansiada cima, con la ayuda de la cadena que aún colgaba. Eso si, esta vez mantuvo los ojos cerrados y se alejo tanto del abismo como de la fuente de crispación.

Al cabo de un rato de arrastrarse como si de la peor de las inmundicias se tratase , alguien la recogió y la escondió en una pequeña guarida. Aún medio inconsciente, antes de desmayarse completamente, pero sin entender demasiado, escucho algunos confusos balbuceos que correspondían a: "ha venido del mismo lugar que Sekioz; ha de ser la elegida: protégela con tu vida si es necesario y explícale la nueva situación antes que...".

Al volver ha abrir los ojos después de un reparador sueño, los tuvo que cerrar rápidamente. Acostumbrada a la oscuridad, la lumínica estancia parecía que la estuviera violando agresivamente por todos los flancos posibles. Sentía su piel irritada, inflamada, ardiente, dolorida... Habiendo encendido la luz hace apenas un instante, la señora tuvo que volverla apagar tras ver como convulsionaba. Ella le explico que debía acostumbrarse a aquello, al menos lo suficiente como para poder convivir con ellos y aprender de su cultura y sabiduría, si quería seguir los pasos de su maestro.

Ella asintió con la cabeza y se recostó sobre la pared. "Dígame que he de hacer y lo haré; no deseo otra cosa en esta vida que conocer la verdad, y más que ello, buscarla". "En ese caso, sígueme", le contesto la señora. Ambas se alzaron sobre su miedo en pro de la esperanza, y comenzaron su entrenamiento, su educación, su renacimiento.

La señora la expuso a toda clase de luces con intensidad progresiva,con el correr del tiempo. Y mientras lo hacia, le explicaba la historia de su mundo: "nosotros, la mayoría de nosotros, somos esclavos del rey. Impone su fuerza y sus cadenas mediante una pequeña guardia que le protege. Pero nosotros, indefensos, atados y desarmados, hemos de someternos si apreciamos nuestra vida. Nos obliga a cargar con los restos de unas antiguas ruinas que hay en estas minas para reconstruir su imperio.

Esta era nuestra situación hasta que llego Sekioz igual que llegaste tu, y lo escondimos acuciantemente, antes que el rey supiese de su existencia y lo esclavizara como nosotros. Él pronto comprendió que la luz que desprendía nuestro fuego, especialmente el Gran Fuego Sagrado que se encuentra en el centro de nuestro mundo, era el causante de todas las sombras que ellos veían en su mundo y que interpretaban como mensajes divinos, cuando no era así; ni tan siquiera eramos conscientes de ellas. Sin embargo, al descubrirlo, estallo en un ataque de ira, nos insulto y nos acuso de manipuladores, de títeres. Dijo que nos aprovechábamos de su mundo por un fin desconocido pero por seguro que perverso.

Fue entonces cuando le explicamos que no manipulábamos, sino que éramos manipulados, que no eramos más que unos simples "mandados"; que nosotros solo éramos esclavos de un despótico rey y no teníamos responsabilidad alguna sobre nuestros actos. Le intentamos hacer entender que el gobierno del rey nos sustentaba, y que sin él, pereceríamos. Sin embargo, él no lo entendió, no lo quiso entender: nos acuso de cobardes, de esclavos a voluntad. Dijo que era mucho más fácil para nosotros callar y obedecer a cambio de la falsa seguridad de su régimen que arriesgarse a luchar por nuestros derechos inalienables. Dijo que el régimen se apoyaba en nosotros como base, y que si todos cooperábamos, podríamos destruir ese tejado opaco, esa superestructura inútil que nos dominaba, que nos ocultaba la verdad, y dejar así pasar la luz de la libertad. Dijo que el gobierno era tan culpable como el pueblo: que el pueblo abastecía al gobierno para recibir de él sus descarados engaños. Dijo que estábamos condenados a ser libres y que cada acto era responsabilidad nuestra, completa y totalmente. Dijo que no nos escondiéramos en la masa anónima o culpáramos al pastor que nos guiaba, porque éramos tan culpable como él. Y finalmente gimió: 'muera el intermediario, muera el autócrata dictador que se opone a vuestra libertad. Sea el principio y el fin una misma cosa, sin depender de ningún molesto y superfluo mediador. Y sea el medio para lograrlo un fin en si mismo'.

De esta manera, paulatinamente, fue surgiendo un espíritu revolucionario en nuestros corazones y una fulgente esperanza de libertad. Fuimos preparándonos clandestinamente para el gran ataque, acumulando toda clase de utensilios rudimentarios con los cuales el ingenio hizo maravillas. Y llegado el gran momento, nos revelamos contra la autoridad. Ellos no se lo esperaban, por lo que vencimos con facilidad.

Con Sekioz de nuestro bando, no teníamos nada que temer. Él se encargo del reestablecimiento de la sociedad: una sociedad sin esclavitud ni jerarquías; una sociedad utópica donde las haya. Ideo toda clase de artefactos que paulatinamente fueron haciendo el trabajo de los hombres: sencillos autómatas que recopilaban la comida de las minas, el único bien imprescindible para la vida. También "creo" una academia, o, mejor dicho, hizo confluir a los intelectuales en una plaza en donde podían filosofar largamente, estudiar, investigar, soñar, desarrollar su cultura y creatividad artística,...era un lugar mágico...pero todo lo que nace, desgraciadamente, parece estar destinado a morir.

Sekioz, aun poniendo su cuerpo y su cerebro a nuestra disposición, parecía tener su espíritu en otra parte: pronto comprendimos que añoraba su tierra, que quería hacerles comprender cuan grande era su error. Sin embargo, sabia que si bajaba, si retornaba a su tierra para explicarles la verdad sobre las sombras, lo tacharían de traidor y mentiroso.

Fue entonces cuando se le ocurrió la brillante idea que desencadenaría el eterno retorno en el que tengo la sensación de haber caído, y más ahora, con tu llegada: como te dije, al percatarse de nuestra situación social, nos acuso de manipuladores, porque, ciertamente, conscientes o no de ello, teníamos el potencial para serlo, aunque acto y potencia no sean lo mismo. Y fue por ello que quiso valerse de ese hecho para manipularles: porque mientras los políticos nos engañan para ocultar la verdad, los artistas nos mienten para enseñárnosla13.

Así pues, nos rogó silencio y que avivásemos el Gran Fuego Sagrado. Se acerco al eje central de nuestro pueblo y proyecto su sombra y su voz hacia el suyo. Les hablo como un Dios dirigiéndose a su pueblo. Y tal vez el hecho que la forma de su discurso, divinizado, no fuera muy acorde con el contenido de su discurso, sobre la inexistencia de Dios, creo cierta confusión y esquizofrenia en su pueblo.

Pero convencido de la brillantez de su idea, regreso rápidamente a él, queriendo comprobar su "trabajo bien hecho", queriendo sentir la felicidad de comprobar que había liberado a su pueblo de los absurdos dogmas preestablecidos. Sin embargo, al llegar, vio como todos estaban celebrando la "manifestación divina". Parecía que nadie hubiese escuchado las palabras, como si nadie hubiese prestado atención al contenido, sino solo al continente, a la superficie del discurso. Intento entonces explicárselo, pero tras la "manifestación", nadie quiso creerle: les parecía absurdo tratar de negar lo evidente. Ellos entendían que ahora debían interpretar con paciencia sus palabras paradójicas pero por seguro de un significado trascendente y no correspondido con las afirmaciones de Sekioz. Sin quererlo, y por lo visto, les había dado lo único que necesitaban para tener una fe ciega en las sombras: una confirmación. Y ponerlos en duda, más aún si se afanaba con ello la autoría de las palabras divinas, significaba ofender al Ser Supremo, de manera que se encararon hacia él en tono progresivamente más agresivo, hasta estallar en una persecución multitudinaria.

Fue entonces cuando tuvo que refugiarse en su guarida, en la que cayo por accidente. Y fue entonces cuando escribió: 'El pueblo es incapaz de entender la verdad. El pueblo solo quiere creer su verdad. El pueblo entero vive en una hiperrealidad común, esclavizados no por su ego o su visión parcial, sino por una invención superior a todos ellos que los reúne bajo el mismo rebaño. Desconozco si todos los mundos tienen un denominador común, desconozco cual es el equivalente a nuestro Dios en su sociedad: ¿la nobleza? ¿el dinero? ¿el trabajo? ¿el sexo? ¿el amor? ¿la amistad? ¿la familia?... No lo se... tal vez viva usted en una sociedad sin Dios ni criterio, querido lector. Lo único que se, y me reitero en mi tesis, es que más allá de mi buena voluntad y su buena voluntad, ellos siempre tergiversaran la verdad y la entenderán como quieran entenderla.' Todo esto nos dijo en una carta que envío a través de una jabalina que sobrevoló todo el abismo hasta nosotros.

Pero supongo que ahora te preguntaras como es posible que el rey nos vuelva a gobernar, ¿verdad? Pues muy sencillo: mientras Sekioz permaneció con nosotros, nos aviso del peligro que suponía mantenerlo con vida y contraataco todos los argumentos para que nadie se repensara su ascensión; ni la suya ni la de nadie. No obstante, una vez que Sekioz salio de la ecuación, el persuasivo rey comenzó a convencer a la gente con promesas de poder, a sus antiguos amigos y guardias, y preparo un antirrevolución. Y del mismo modo que él no pudo preveer nuestra revolución, nosotros no supimos hacer lo propio con la suya.

Y aquí estamos, pagando el precio de nuestra falta de precaución. Ahora que ya conoces toda nuestra historia, creo que es el momento de callar para escuchar; te toca a ti decidir: ¿estas con nosotros o contra nosotros?"

2.1.2.2.2.2.1."Estoy lista-dijo decidida-. Yo perpetuare la obra de mi maestro, retomare su relevo, seré vuestro nuevo Sekioz. Enseñémosle a esa mal construida superestructura de lo que es capaz la base que la sostiene; enseñemos a la nobleza que nos gobierna quien manda realmente", exclamo nuestra protagonista eufórica, tras haber superado su ultima prueba: la contemplación del lumínico y caluroso Gran Fuego Sagrado, ayudada por las curas de su nueva amiga.

Pero pese a la buena voluntad del nuevo liberador, el rey había aprendido a desconfiar, y la batalla resultaría ahora más difícil que nunca. Y, ciertamente, la buena voluntad no bastaba, Kant: el infierno esta lleno de ella. Se necesitaba al mando de la operación una persona con talento, algo material, y no un símbolo. Cierto que ella ayudaba a renovar la esperanza en los corazones del pueblo. Pero eso no bastaba.

Todos los militantes, estrategas y revolucionarios relegaron sus cargos en ella, que carecía del saber necesario para llevar a cabo tan importante y compleja tarea. Y pese a las buenas intenciones, la revolución resulto un fracaso y el símbolo cayo malherido de muerte en batalla, muriendo con ella toda esperanza. El pueblo que antaño malvivía por someterse a un símbolo impuesto, a una figura autoritaria, ahora fracasaba estrepitosamente por alzar ellos su propio símbolo al que subyugarse, y no dejando que este siguiese su camino natural sin sugestionarle antes. (fin)

2.1.2.2.2.2.2."Lo que me cuenta me parece fascinante, pero esta no es mi lucha. Si queréis una revolución, tienen ustedes más experiencia que yo. No me malinterpreten: les agradezco infinitamente su ayuda y su educación, pero se necesita algo más que agradecimiento, fe y buena voluntad para alcanzar su objetivo. Entre ustedes restan varios veteranos con consabidos en estas artes y con buenas ideas para el contraataque, estoy segura. Y estoy dispuesta a convencerles de su valía y de que un nuevo gobierno es posible. Pero no seré yo quien libre esta batalla: han de aprender a ser autónomos, a no depender de ningún Mesías, sino desean recaer en el susodicho 'eterno retorno'. Y mis predecesores no esperan de mi repetir sus mismos sacrificios, no es esa mi tarea y no sera ese mi legado. Ya se os enseño a abrir la puerta en su momento: resultaría ofensivo para el Sekioz que vosotros conocisteis, saber que de nada sirvieron sus palabras. Yo, como prolongación suya, he de extender mi camino hacia nuevos horizontes "


Con estas palabras dejo clara su posición, y pese a la primera decepción, el pueblo a cabo comprendiendo que tenia razón: si querían independizarse y retomar su utopía, debían operar al margen de sus ídolos, tanto opresores como liberadores.

Pronto se inicio así un sutil efecto en cadena que desemboco en una revolución sin precedentes, que subsanaba los errores pasados y superaba los presentes. Y en todo aquel supuestamente controlado caos, nuestra intrépida viajera continuo su viaje por la única vía de escape: una larga, inclinada y escarpada cuesta bloqueada por una enorme piedra que la revolución se encargo de destruir, pese a que nunca nadie se atrevió ni atrevería a emerger por ella.

Y finalmente, tras aferrarse con fuerza por aquella resbaladiza superficie y arrastrarse con gran esfuerzo sobre ella, toco suelo húmedo y no áspero, y se vio bañada por una tenue y pálida luz celeste que la embelesaba y reestablecía de todos los sobresaltos del camino: de la inventiva demagogia del pueblo llano inicial, de la oligarquía religiosa e interpretativa posterior y de la nobleza tiránica y el gobierno civil y represor. Ninguno de estos tres sistemas y entidades parecía yacer en este nuevo estado, vacío de todo elemento superfluo o represivo. Sola ante la inmensidad de la nada. Sola, ante todo un mundo nuevo que descubrir.



IV
Se alzo con ímpetu nueva, observo las estrellas palpitantes como ella en el firmamento y empezó a dibujar con ellas todas y cada una de las recreaciones de su mente que su largo viaje había cohibido y estimulado a un mismo tiempo. Después, sin dejar de mirar el espacio infinito, hipnotizada por su belleza, deambulo sin rumbo por aquel valle igualmente inmenso y desconocido para ella, por ahora...

No podía dejar de mirar el cielo, acostumbrada a no ver más que una pared rocosa que se perdía en la oscuridad de la nada y que la encerraba y limitaba. Se preguntaba si en cada una de esas lucecitas, aisladas como monadas, como islas de un archipiélago inconexo, como un ecosistema cuyas especies rehuían cualquier interacción voluntaria, no pudiendo eludir dones o daños colaterales, se preguntaba,digo, si no habría alguien como ella observando aquel insondable vacío emulsionado. "Cada persona es un mundo, un mundo completamente distinto, con seres vivos diferentes, con ideas y criterios diferentes; si los hay, claro. Y pese a las diferencias, todos los planetas giraban en torno a alguna estrella (a veces coincidente), como si de la única costumbre en común se tratase: la existencia. Mundos considerablemente aislados, y que solo una gran tecnología aeroespacial puede conectar: cohetes cargados de combustible, pasión, solemnidad e ideas que se van fragmentando por el camino, en la palabra (en su elección14, en su vocalización o escritura o transmisión material, en su recepción, en su interpretación)15, llegando al planeta deseado(o a otro), con suerte, una irrisoria nave, nave que ha de ser bien interpretada si se quiere saber que traía consigo. Y dentro de cada mundo, para dificultar todavía más estas conexiones, todos yacemos encerrados en una profunda cueva que nos distancia e inhibe: una cueva repleta de cadenas forjadas a golpe de costumbre y prejuicios, de elementos enajenantes y represivos que ejercen presión sobre nuestra psique consciente desde la profundidad del inconsciente; y es nuestra tarea, creo, salir de ella antes de que la brutal fuerza del mundo, con su lluvia, inunde nuestra ideas, asfixie nuestros pensamientos y asesine al diamante en bruto que es el individuo. Antes de que esa lluvia ácida y contaminada que cae en masa lo erosione, y quiebre", pensó el narrador de esta historieta, porque narrar no es lo mismo que pensar.

2.1.2.2.2.2.2.1.Nuestra ensimismada protagonista, protagonista de su historia vital, como todos y cada uno de nosotros, tan abrumada y repleta de curiosidad estaba por aquellos lejanos mundos, que obvio que el lugar que ahora pisaba era igualmente desconocido e inhóspito. Y la quietud que en un primer momento la habría condenado a permanecer en la cueva, pudriendo todo su potencial, ahora podría haberla salvado. "Ya no estas en Kansas City"16, susurro el nostálgico narrador antes de explicar que, como Tales17, su vehemencia por las cosas intangibles y alejadas de sus posibilidades la habían condenado a muerte: obcecada, con la cabeza altiva, no podía vigilar el suelo que pisaba; su infidelidad a la Tierra fue pagada cara: el suelo que ignoraba termino dejando paso a un helado lago. Le volcó el corazón cuando se percato que perdía pie y caía de frente ante una superficie cristalina que la tragaba sin mayor esfuerzo, como invitándola al presunto mundo que hay tras el espejo de la vida. Quiso respirar normalmente, pero vio que nuevamente los viejos criterios no se podían aplicar en esta nueva estancia. Quiso caminar, quiso emerger de aquel lugar. Pero el frío de aquel agua mortífera, la taquicardia, el golpe y el agua que ya había "respirado", ya la habían condenado. (fin)

2.1.2.2.2.2.2.2. Nuestra ensimismada protagonista, protagonista de su historia vital, como todos y cada uno de nosotros, despertó al fin de su ensueño y pensó que antes de imaginar como transcurriría su ascensión debía conocer aquel misterioso lugar, al menos antes de que él la conociera a ella.

Vago por aquel paisaje sorprendente vigilando cada paso, cada ruido, cada imagen. Una de las cosas que más la sorprendieron es que la fractalidad del conjunto se había perdido: mientras en la cueva todo era igual a si mismo, y por mucho que se acercara a la pared, no observaba nada nuevo en ella, aquí, solo con acercarse a los objetos, observaba en ellos nuevos detalles antes ignorados: tras la verde hierba que pisaba, se alzaba todo un mundo de insectos dispares que se relacionaban como una autentica y estructurada sociedad de masas; y en los árboles, rocambolescos animales alados vigilaban con desden la noche, en sus 360º; nuestra cándida protagonista les quiso imitar, pero comprobó que ella no podía hacer tal con su cabeza, que los criterios y métodos a seguir y sus posibilidades no eran universales.


Se dedico entonces a explorar centímetro a centímetro aquel lugar y al poco se percato que nunca todo lo acapararía su entendimiento: que tras el centímetro había el milímetro, y tras él, el micrómetro y el nanometro; una lista interminable de "-metros" obstaculizaban la observación de los detalles más intrínsecos de la materia. Entonces, un escalofrío recorrió cada quark de su piel: alzo la mano y la miro con detenimiento: "¿que habrá tras esta fina capa de piel?¿Que la formara?"

2.1.2.2.2.2.2.2.1.Podía ignorar de que estaban hechos el resto de objetos y seres, pero no de ella misma. Sentía una irrefrenable necesidad de saber que era lo que la mantenía con vida, lo que le había impulsado a ser como es. Creía que si comprendía los mecanismos por los cuales se regia, podría modificar los de la gente de la cueva y convencerles de que un mundo mejor les aguardaba en la superficie de su ser, donde serian libres por siempre, y contemplarían el Cielo y la Tierra con asombro y misterio.

Decidida a mejorar la existencia de su gente, recogió un objeto punzante que encontró en las cercanías y comenzó a desquebrajar su piel con inmenso dolor, pero con intensa esperanza. Observo con fascinación como brotaba de su cuerpo una esencia de bermellón lóbrego que parecía ilimitada, mientras su conciencia disminuía. Cuando se dio cuenta de que aquel mágico mana que brotaba no era ilimitado y era necesario para su subsistencia, quiso refrenarlo, quiso conservarlo en su interior: pero ya era demasiado tarde; su curiosidad la había matado.(fin)

2.1.2.2.2.2.2.2.2. Decidida a averiguar que había tras la dinámica de los cuerpos, tras la magia de la vida y el movimiento, recogió del suelo una pesada piedra y la lanzo con fuerza sobre el blando cráneo de un ciervo. Desquebrajo su piel e inspecciono su interior. Hizo lo propio con otros animales, pero pronto se dio por vencida: aquel conjunto de vísceras y jugos no le descubrían nada sobre la esencia de la vida. Pudo ver como se autorregulaban diferentes organismos, pero ello no decía nada sobre su comportamiento. Abrió diversos cerebros, pero no vio ningún pensamiento18. Y no sabia si la respuesta se hallaba en los detalles ajenos a su débil vista y entendimiento o si por el contrario yacía en el conjunto y la interrelación de los diferentes elementos. Incluso, en un afán de creatividad experimental, quiso intercambiar las partes que hería en la caza para intentar resucitar a los muertos animales: corto las cabezas de dos conejos y las intercambio y cosió. Procuro unir bien las partes, que fueran de tamaños y formas similares y que no perdieran muchos líquidos en el proceso. Sin embargo, una vez muerto, parecía que nada se le podía hacer. La materia que les componía era la misma; los átomos eternos permanecían formando aquel pedazo de carne y huesos, pero parecía que ya no había vida que contener. Esto la sobresalto profundamente.

Pero finalmente decidió que dejaría ese asunto para otro momento, si bien resulto un tema recurrente en su pensamiento, y considero entonces explorar aquello que sus ojos si que podían ver. Viajo grandes distancias y descubrió paisajes y especies variadas e impresionantes. Con el tiempo, llego a la costa sosegada por los dulces vaivenes de la mar, y tras pasear por ella largo rato, se percato de que nunca alcanzaría a explorar aquel inabarcable territorio. Se agazapo entre la fría arena con ese pensamiento de horror y encanto, con esa idea de saber que moriría sin saberlo todo, pero descubriendo cada día algo nuevo, si así se lo proponía... y se durmió.



V
En contraste con la plácida luz de lo que se quiso llamar noche, el día emergía de las profundidades del quimérico horizonte para despertar a nuestra fotofobica viajera envuelta en un halo de fantasmagóricos vapores. Irascible como un vampiro que se consumía ante la magnánima y verdadera luz del sol, corrió desconcertada y con la vista nublada y llorosa en busca de algún refugio, tropezando así con una inmensa y oportuna roca tras la que se escondió. Sus ojos estaban húmedos e irritados, parpadeaba frenéticamente, y se rascaba rabiosa la piel excoriada, brotando de toda ella lágrimas de sangre mientras sus uñas arrancaban y almacenaban entre sus dedos su carne viva. Poco a poco fue cobrando la compostura, mientras recordaba que les pasaba a los animales que había cazado cuando les desquebrajaba la piel y se desangraban. Permaneció todo el día tras la sombra, contemplando desde allí, en gran angular, buena parte del camino recorrido con gran asombro: nada era igual, todo era diferente. Los objetos antes solo distinguibles por las formas y los olores, ahora estaban teñidos de colores que los diferenciaban. Colores vivos que herían su vista, no acostumbrada a semejante choc psicodélico, que a su vez anestesiaba su terrible dolor. Las formas perfectamente definidas antes, con sus dilatadas pupilas, se habían difuminado con sus variopintos tintes, tal y como en un cuadro fauvista en el que el trazo deja paso al color, como si la lluvia hubiese emborronado un pintura ya terminada.

No dejaba de asombrarla que el mismo mundo pudiese ser visto de dos maneras tan diferentes. Pero con la progresiva ascensión y descenso del sol, se dio cuenta de que en realidad había una infinidad de estados intermedios, que podían teñir la realidad con diferentes tonos de una gama inagotable, dependiendo también de la perspectiva.

Al anochecer, limpio y desinfecto entre gemidos de horror su desnudo cuerpo, casi desprovisto de piel, en el agua salada. Su sensibilidad al entorno se había multiplicado considerablemente, tras la visión de aquel magnánimo pero inalcanzable astro. Nunca podría comprenderlo en su totalidad, pero lo cierto es que le había cambiado la vida.

Tras la dolorosa "purificación", intento reestablecer su mermada visión para disponerse a cazar para proveerse de comida y, sobretodo, de pieles con las que cubrir su sensible cuerpo, con tal de no ser nuevamente malherida por la luz ardiente e iracunda, que nada tenia que ver con la actual: plácida y fría.

Los días fueron pasando, y con sus nuevos ropajes podía continuar su viaje de exploración tanto de día como de noche, aunque solo al anochecer podía desprenderse de sus pieles y proceder a lo que se había convertido en un ritual diario de purificación: bañarse apaciguadamente en el mar, tras la mirada atenta de su pálida amiga Luna.

Pero este ritual, aunque termino por hacer cicatrizar sus heridas, también insensibilizo su cuerpo, debido a la sal que se incrustaba a su carne y que su ropaje, con calor del sol a través de él, interiorizaban aún más.

Esto hizo reflexionar a nuestro narrador, que gustaba de hablar de él en tercera (y tercera de tercera, y...) persona (jamas queriendo limitar el lenguaje ni dejar de experimentar), que "tal vez este sea uno de los grandes defectos del escepticismo, uno de los grandes y más frecuentes errores a la hora de interpretarlo: que su luz, sus argumentos, rebaten con tanta fuerza nuestra costumbre que insensibilizan o aterrorizan nuestra conciencia; en vez de animar a las gentes a preguntarse y buscar cual será la verdad que hay tras todas esas dudas irresolubles y estimular su imaginación, creatividad e ingenio deductivo, las hunde en la indiferencia o el pesimismo, en vez de considerar que se les concede la libertad infinita."

Por suerte, esta perdida de sus capacidades sensoriales, tanto visuales como táctiles, no la hizo completamente insensible, sino que la hizo desarrollo especialmente su oído, olfato y gusto, lo que le permitió enfocar de otra manera la realidad que percibía y continuar cazando con la misma o mayor soltura que antes, además de saborear mejor sus alimentos y disfrutar más de su existencia.

Y aunque esto pueda resultar irónico, un día, observando el hermoso ocaso a través de un trozo de piel conjuntiva, que era casi translúcida y la protegía, observo que la luna permanecía impasible en el cielo aun cuando el sol no se había puesto. Tras varias comprobaciones, resolvió que la luna, junto a las estrellas, permanecía eternamente en el cielo, y que si había momentos en que no la veía era porque la luz del sol era tan intensa que disimulaba la de la luna, ocultándola tras su fulgente manto ubicuo. Y pensó entonces que tal vez por eso había desarrollado tanto sus otros sentidos: porque eliminadas las impresiones sensibles más fuertes y omnipresentes, el resto podía emerger en armonía, sin competiciones, ni diglosias, ni esquizofrenias.

Y fue así como, entre viajes corpóreos y mentales, fue formándose física e intelectualmente en aquel esplendido lugar, recolectando anécdotas y experiencias que ningún libro abarcaría, hasta que un día se aconteció un gran diluvio. Y temiendo ser alcanzada por los truenos o enfermar por el efecto de la lluvia, corrió a guarecerse halla donde pudo: en una cueva cercana; pero pronto el agua anego completamente el habitáculo; esto la hizo pensar en su antiguo hogar. Mientras buscaba otro refugio, se pregunto: ¿se inundaría también aquella cueva que parecía infinita?¿Se apagaría el Gran Fuego Sagrado, en contra de las leyendas que sobre el se contaban?

En su absurda huida contra la borrasca, tan absurda como su deseo de retornar al lugar del que había escapado, vislumbro, a lo lejos, algo que la hizo parar en seco: tras recorrer incontables kilómetros de costa, había vuelto al principio.


VI
Decidió, aplacada por la nostalgia y la curiosidad, acercarse y, en ultima instancia, entrar, lanzándose por la pendiente lubricada por las precipitaciones como si se tratase de un tobogán. En cuestión de minutos, estuvo rodeada de nuevo por aquel clima caótico que la había impulsado a huir de aquel esperpéntico lugar: no habían aprendido la lección; se oía el crepitar de las armas y se olía el hedor de la sangre por todas partes, aunque sus contraídas pupilas ya no vieran nada, habiendo el agua apagado el Gran Fuego Sagrado.

La mujer que me tutelo durante mi primera visita, con su inconfundible voz, me reconoció, pese a parecer estar inmersa totalmente en aquel zozobrar social tempestuoso y voraginoso que se estaba aconteciendo; o tal vez simplemente creyó que solo yo podría provenir de donde provenía y que solo yo podía volver en momento tan oportuno.

Así que se acerco a mi disimuladamente y me aparto del campo de batalla para llevarme a un lugar seguro en el que contarme lo sucedido, aunque ciertamente no necesitaba oírla: carentes de un líder utópico, la revolución producida junto a mi huida había terminado en una especie de dictadura del proletariado que termino paulatina e indefectiblemente en una nueva tiranía. Al terminar su discurso, nuestra ciega visitante espeto: "estupidos humanos, ¿como pretendéis alcanzar la felicidad que reclamáis si cada vez que la tenéis tal aburrimiento os produce que preferís destruirla?"19

Tan duro fue el golpe psíquico que la pretérita tutora recibió, inmersa, obcecada y obnubilada completamente por su causa, de “dignidad incomparable”, que mando arrestarla a los guardias que protegían el campamento base. Y ella, ciega como era, se guío por el ruido del torrente entrante de agua para retornar a su tierra segura, evitando con su fino oído la torpe acción de los soldados que la seguía de cerca. Sin embargo, el agua volvió demasiado resbaladiza y quebradiza la seca y árida entrada, de modo que tuvo que continuar huyendo hacia el interior del pasadizo para evitar ser atrapada, hasta que fue flanqueada por una horda enemiga, momento en el cual giro rápidamente 90º en el sentido opuesto a la entrada, dejando chocar en encarnizada batalla a ambos grupos opuestos, y saltando finalmente por encima del precipicio hasta sumergirse en el agua que había inundado, arrasando con todo a su paso, el primer nivel y parte del segundo, pues estos no eran infinitos, como ella creyó en un primer momento, sino circulares, si bien ciertamente grandes.

A diferencia de ella, nadie sabia nadar ni bucear, pues era su primer contacto con semejante elemento, ni tampoco estaban despojados de sus cadenas como para poder intentarlo con soltura. Además, las armas de los inconscientes habían perforado por varios flancos la cueva, y el lago que había próximo a ella la inundaba con todavía mayor rapidez. Fue entonces cuando vio brotar un cúmulo de burbujas de una zona de la inundada cueva y se sumergió por aquella columna de esferas de aire con la esperanza que le condujera al lago colindante. En su descenso, pudo ver con cierto desden a multitud de cadáveres conocidos que, una vez muertos, cuando ya no necesitaban aire, emergían hacia la superficie.


Finalmente pudo alcanzar una gruta por la cual huir y pronto encontró una bolsa de aire entre los recovecos de las cuevas submarinas en la que respirar antes de escapar por el lago. Una vez fuera vio como se estaba derrumbado la cueva, sepultándolos en un gran sepelio; vio como aquel inestable sistema se había autodestruido.

Comenzaba a salir el sol mientras reflexionaba cuan mermada había quedado su vista, ya incapaz de distinguir nada en el interior de la oscura cueva, cuando alzo su jabalina y la lanzo con rabia contra aquel astro de fuego. Y contra todo pronostico, como si se tratase de no más que un vidrio que reflejaba la luz de algún foco indistinguible en el cielo de estrellas, se fragmento en infinidad de micropartículas que simulaban una bella lluvia de reflejos aleatorios y caleidoscópicos.

La oscuridad lo inundo todo de nuevo,inclusive su mente, restando solamente las estrellas y la luna en el firmamento.


VII
Estaba decidió: subió al barco que había construido tiempo atrás para seguir explorando más allá de aquella isla o continente, y tomo rumbo hacia el horizonte, su ultima meta. Guardaba la esperanza de que esta seria la frontera definitiva que traspasar antes de salir definitivamente a la realidad, harta ya de ficciones que parecían magnánimas y la habían atacado y cohibido siempre pero que eran tan frágiles como un cristal si uno se atrevía a hacerles frente.

Y así fue como llego a lo que parecía una cóncava pared pintada de cielo, con unas escaleras y una puerta. Salto del barco y emergió al fin, o eso creía, a la verdadera realidad: inmenso estudio con una torreta de control. Subió y comprobó que estaba vacía, operando en modo automático. La cantidad de variables manipulables era anonadante: la duración de los días y de las noches, la intensidad de la radiación solar, el tamaño y ciclos de los astros, el tiempo atmosférico, lo que llovía, el control de los individuos activa o pasivamente, mediante la regulación de sus constantes psicobiofisicoquimicas... todo lo imaginable, aquí inabarcable; se sentía Dios, Dios de la realidad que la había tenido presa. Y consternada por todo ello, por lo ridículo de su mundo y su existencia pasada, creyéndose un experimento o un error, un olvido de controlarla por parte del piloto automático, dio la espalda a los ordenadores ordenados, coherentes y deterministas y traspaso la puerta que llevaba a un largo pasillo. Salio nuevamente por la puerta de emergencia y se encontró en una pequeña sala con diversas puertas y un escritorio en medio, con dos sillas, una a cada lado del escritorio.

Cansada, decidió sentarse para reposar y pensar donde estaba y que es lo que debía hacer. Nada más sentarse, emergió al otro lado del escritorio un holograma que comenzó a hablarle delirante y rápidamente, con un sombrero de copa en la cabeza:

-Hola, querido espectador. O lector, si es el caso; o sea cual sea el termino apropiado que describa el formato en el que se reproduzca este, mi discurso. Sí, en cualquier caso, le hablo a usted, pero también a ella y a quien escribe estas sentencias. Le hablo a aquel que me escucha y a aquel que me ignora. Me hablo a mi porque no tengo cabeza y solo puedo pensar hablando locuazmente, para no perder el hilo inexistente de mi ponencia interminable; y hablo rápido porque mi lengua es el tiempo por el cual usted navega. Pero no se preocupe, es solo cuestión de palabras salivadas por mi profusa lengua que yo le acostumbre y le subyugue a cualquier falacia. Firme, firme, no se preocupe-dijo golpeando el lateral del escritorio, que se deslizo y atravesó una de las puertas laterales para emerger por su simétrica mientras un conejo caía de la puerta del techo hasta la puerta del suelo, que volvió a esconder el escritorio cuando retorno a su lugar, al cerrarse esta; todo perfectamente coordinado-. Firme y no hable más!

-¿Porque yo no he de hablar?¡Si ni tan siquiera he comenzado!-le recrimino ofendida.

-¿Y porque yo de escuchar? Firme, firme, no se preocupe- dijo golpeando el otro lateral, cayendo por la puerta del suelo y emergiendo de la puerta de detrás del holograma, atravesándolo-. Firme, firme, y se hablara más.

-Pero,¿que he de firmar?-pregunto más cordial.

-No se...cualquier cosa: pero usted firme, firme, no se preocupe- dijo golpeando la parte superior del escritorio, haciendo que este se desplazara por toda la diagonal de cubo que era la habitación hasta retomar su posición inicial-. Firme firmemente y con firme postura sobre este firme roble la firma que ha de firmar su firma, y afirmar su identidad.

-Pero, ¿Porque yo he de firmar?-pregunto ya, con un cierto nerviosismo.


- Y quien ha dicho que usted ha. Solo dije que firmase, no que debiese firmar. Pero, no calle más: firme, firme sin precaución- dijo mientras empujaba la mesa hacia ella, haciéndola girar sobre el eje horizontal que definía su superficie-.Firme, firme firme el firme firmamento que yace en el cielo y no ha de alcanzar.

-Y ¿Porque no las he de alcanzar? ¿Para que he de firmar?¿Que es este lugar?Pregunto acuciante e histéricamente, con voz creciente, alzándose en ultimo momento de la silla y desapareciendo el holograma, ante su cara de desesperación, y un eco que resonaba "yo no dije que firmase; eso fue lo queusted entendió: libre soy yo de culpa y de toda malinterpretación".

Entonces, en los umbrales de las puertas se abrieron unos párpados que ocultaban unos mohosos ojos, y los dinteles se abrieron como orejas, mientras los cerrojos emitían palabras que pretendían convencerla para que las escogieran y sus aldabas respiraban el aire puro a la vez que exhalaban un olor fétido para acelerar su decisión, cual mortífera cámara de gas.

Viendo lo precipitado y aberrante de la situación, se dirigió hacia la puerta más cercana, pero una a una comprobó que todas estaban cerradas. Golpeo entonces como el loco holograma la mesa y, subida a ella, esta le permitió entrar por la puerta del techo como si de un ascensor se tratase.
Allí encontró a un señor con bata blanca, pelo alborotado y barba frondosa que le pregunto:

-¿Que tal, Joe?
-Yo no soy Joe- afirmo con contundencia.
-¿Y quien eres, pues?-pregunto asombrado.
-mmm...no lo se- reconoció frustrada, consciente de lo ficticio de su pasado.
-¿Y como sabes entonces que no eres Joe, Joe?-pregunto con la afabilidad de un amigo de toda la vida.
-¿Es que acaso me conoce usted de algo, como para llamarme Joe?-pregunto intrigada.
-Claro, Joe, yo te invente... -improviso.
-¿Como dice?-pregunto extrañada.
-Quiero decir, que te invite- resolvió.
-¿A que?
-Al jaque mate.
-De quien.
-Tuyo-espeto y río condescendiente, ante el espanto de su interlocutora, que echo a correr por aquel fondo blanco y estático que parecía no llevar a ninguna parte. Miro atrás un momento y vio como el loco doctor se acercaba a ella lentamente. Por más que corría no avanzaba, como si estuviese en una cinta estática, mientras él se acercaba más y más con un sedante en la mano. Giro entonces de nuevo la cabeza para ver hacia donde se dirigía, cuando de repente vio que tenia a un extraño ser quieto, en frente suyo, que no era capaz de alcanzar pese a correr veloz y agotadoramente, próxima a él. Tal fue el espanto, que cayo desmayada.

Cuando despertó súbitamente se pregunto: "¿Fue todo un sueño?" Pero no tardo en descubrir que no cuando vio al extraño ser vestido con bata de medico sentado frente al diván en el cual había dormido diciendo:

-Era broma, muchacha. En realidad te llame Joe por llamarte de alguna manera. Había una entre un millón de posibilidades de acertar, que no esta nada mal. He visto a gente hacer apuestas más arriesgadas y, pese a ello, más ilusionadas.

-¿Quien es usted y donde estoy? Estoy harta de tantos jueguecitos. Tantos viajes en busca de respuestas me están volviendo loca.

-¿Verdad que si, Sekioz? Tal vez hubiese sido mejor quedarse en la cueva, en paz con los tuyos, en vez de pretender buscar una respuesta inexistente. Pero ahora ya es demasiado tarde. No hay vuelta atrás para tu locura. Así que álzate y ve, ve donde otros no fueron, ve donde otros no vieron, ve donde otros perecieron. Yo ya se todo lo que de ti debía saber- y dicho esto, las luces de la sala se fundieron tras parpadear intermitentemente un instante, como si una sesión de electroshock estuviese consumiendo toda la electricidad del local.

Luego, tras volver las luces, no había nadie más que ella en la sala.

VIII
Un señor uniformado la esperaba a la salida del local, que bien pudiera ser un manicomio, y le comenzó a explicar una nueva versión o perversión de la verdad... eso nunca lo sabría, llegados hasta este punto del viaje. Le explico que lamentaba la mala actuación con el proyecto “el show de Truman”, sobretodo con su interrumpido desalojo. Le explico también que el mundo que percibía ahora mismo tampoco era real-y tras abrir una puerta, le mostró una cosmopolita y futurista ciudad encerrada en una inmensa cúpula generada por un campo electromagnético, tras la cual reinaba el caos y la destrucción. Le hizo entender que vivían en una simulación informatizada; que un día, el troyano Tron, creado por un activista en favor de los derechos metahumanos, les informo al respecto y les sugirió que creasen el campo que ahora les protegía para independizarse de las instrucciones de sus programadores, que llegaban a través de impulsos eléctricos que podrían refrenar con el susodicho método.

Por lo visto, los programadores guardaban información importante en esa franja de memoria, de modo que comenzó así una encarnizada guerra, que había ido reduciendo el tamaño de su "mundo", destruyendo todo a su paso: de ahí el mal estado de todo el extenso territorio colindante a la cúpula, la ultima que restaba activa, "...por poco tiempo, seguramente. Por ello, debes interrumpir tu viaje interminable hacia la verdad inexistente, y conformarte con una ficción hecha a tu medida. Te prometo que no habrá más represalias ni bugs, como en los ensayos anteriores. Es lo mejor que te puedo ofrecer. Tal vez hoy no lo comprendas. Tal vez nunca lo hagas. Pero te aseguro que es mucho mejor que morir en manos de estos frívolos programadores que nos gobiernan. No te preocupes, cuando ellos logren derrumbar nuestra ultima muralla tu ya estarás muerta: las simulaciones están programadas para dilatar indefinidamente el tiempo, con la única limitación, por ahora, que tienen nuestros cerebros de bytes. Vivirás una nueva vida plena. Deberías sentirte afortunada. Seguramente eres la persona que más niveles de realidad ha experimentado y, con un poco de suerte, podrás conectarte también dentro de tu simulación, prolongando indefinidamente tu existencia, algo que nuestros envidiosos programadores parecen no haber logrado todavía, ironías, debido a su composición carnal-fue explicándole a medida que la conducía a la sala y la conectaba al panel central.

-¿Y usted no viene?
-No... yo soy el troyano Tron. Fui concebido para gestionar la vanguardia de la resistencia que, ironías, ahora es la retaguardia. Así duerme tranquila, pequeña. No te preocupes más.
-¿Recordare algo de todo esto?

-Probablemente no; todos los recuerdos de tu larga vida serán tan difusos como el más opaco de tus sueños. Apenas lograrías, con terapias psicológicoarqueologicas y con algún fuerte estimulo de tus recuerdos, al más puro estilo proustiano, sino mayor, rememorar una vaga historia inconexa, sin esencias ni anécdotas, sin vida... solo un hilo argumental trivial que, digamos, describirás, a lo sumo, con unas 15.000 palabras, que escribirás medio dudando de su veracidad pero que jamás aceptaras, pese a redactarlo bajo un influjo hipnótico, como obligada a ello, en una especie de dictado extracorpóreo: una obsesión que sacrificaría el regocijo de inventar, de soñar una vida repleta de encanto en pro de intentar recordar objetivamente que fue lo que paso, que es lo que tu inconsciente cree que paso, secando su potencial artístico. Pero esto es solo producto de mi especulación. O de tu especulación; o de la suya...eso ya no lo se. Sea como fuere, dulces sueños, querida...


IX
Pip-pip-pip-pip...
Marcos..., es hora de levantarse.......


NOTAS
1Con este parágrafo se adelanta que no hay distinciones de genero relevantes en este relato. El femenino aludirá a “la persona” y el masculino a “el humano/personaje”, sea cual sea su genero.
2Concepto de la filosofía postmoderna y especialmente desarrollado por Baudrillard que trato en otros escritos.
3Referencia, desde casi el inicio del parágrafo, al fascinante “experimento de Seashore”(en este contexto, quiero
hacer énfasis en el ultimo parágrafo del enlace: ejemplo impagable de performación[concepto perteneciente a la
teoría pragmática de los actos de habla de Searle], que puede entenderse [y entiendo] como un comportamiento o
implicación en el sentido contrario del habitual [en este caso, el cerebro no describe la realidad, no es un observador,
sino que la crea, es parte de ella (o al menos, de su percepción, invirtiendo el sentido común del condicional); el
caso de Searle-Austin, que yo generalizo, es análogo pero sustituyendo cerebro por palabra: por ejemplo, al afirmar:
“el banco J va a quebrar porque tiene serios problemas económicos”, siendo esto falso, este quiebra realmente por la
desconfianza generada por la afirmación, trascendiendo la palabra en un acto, en una modificación de la realidad,
cuando,paradoja, la palabra nace, a priori, con la finalidad de describirla, de decir la verdad sobre ella] o una
preparación previa de las condiciones para que pueda llevarse a cabo la implicación natural, por ejemplo, solo por
disfrutar del proceso de esta [p.e., y basado en una anécdota real, alguien deja un objeto cualquiera en el suelo y se
tira para cogerlo imitando a Elvisa, en vez de utilizar su “tutorial” para cuando se caiga realmente, imitando, en
cierta manera, la anécdota de Julio Cesar al desembarcar en Egipto, tropezar y aclamar: "beso la tierra que voy a
conquistar", cambiando así la intención del acto] )... ¡que desconocía cuando escribí esto!
4 Como indican, por ejemplo, los experimentos de conformidad con el grupo de Asch. Más sobre el apasionante mundo de la psicología experimental, aquí
5 Cita de “mi vida sin mi”.
6Como parece indicar, por ejemplo, el efecto lucifer
7 SPOILER: Guiño a y cita de Emily the strange. Se lo debo, ya que la idea ultima, tras la que se encuentran muchas otras, y que sirvió de detonante o germen para iniciar este relato (y escribir algún fragmento concreto que le da continuidad y le aporta mis consabidos toques de irrealidad) se encuentra en este vídeo suyo: los 20 primeros segundos (0:05-0:25) no tienen parangón (incluso la letra de la canción es bastante apropiada). La muerte de Dios como nunca antes se había visto. El resto, es completamente prescindible (tal vez lo único el cierre entendido como la divinización del yo). Sí, lo se, no necesito mucho para empezar a escribir...
8Referencia a Séneca y su dialogo “de la felicidad”, capitulo 1: la opinión común y el acierto. La influencia (consciente o no, en su momento) de este es patente en otros fragmentos, como cuando escribo “¿Y si se hubiese equivocado de sentido? En ese caso, cada paso que daba la alejaba más aún de su búsqueda.”. Podríamos decir que del estoicismo de Séneca al existencialismo de Sartre, que se ilustra aquí en cierto sentido, hay solo un paso; poco hemos avanzado en casi 2000 años. ¿Sera cosa del eterno retorno?
9 Buenos ejemplos de esto son las grandes preguntas de la filosofía que han estimulado su crecimiento y parido nuevas concepciones de la realidad (que según Hegel, convergerán en ultima instancia), o problemas matemáticos irresolubles o largamente irresueltos que han propiciado nuevas teorías (p.e., los tres problemas clásicos de la geometría griega y la teoría de Galois o el ultimo teorema de Fermat y los avances en teoría de números).
10Todos atributos de Heraclito
11SPOILER: HeraCrates es en esencia un Socrates que, tras haber acometido su búsqueda de la verdad y haber pasado por diversos estadios (equiparables cada uno de ellos con un filosofo característico, como Marx o Sartre), termina reconociéndose como Heraclito.
12“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.”, primera sentencia de su ensayo “El mito de Sisifo”, paradigma de su filosofía del absurdo.
13Cita de “V de Vendetta” parafraseando a Picasso: “El arte es la mentira que nos ayuda a ver la verdad” (y añadiéndole tintes políticos mediante la antítesis; tan efectista y “original” como la película misma)
14 El dilema de Flaubert: la búsqueda de la palabra exacta que refleje el concepto que quiero expresar.
16 Guiño a “El Mago de Oz(1939)”
17La anécdota original se puede leer en “filosofía para bufones”( pg.3, “sin progenie, por compasión” )
18 Referencia a un cuento leído en “el mundo de Sofia”
19Véase Schopenhauer y su visión pendular de la existencia, que vacila entre la Escila del dolor y la Caribdis del tedio (esta se describe brevemente en un fragmento de “letras escritas en sangre”)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.