NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

viernes, 10 de diciembre de 2010

Discurso del paraninfo


Este discurso lo escribí hace 4 años, al día siguiente de ir a una entrega de diplomas como esta, en tan hermoso paraninfo; lo pueden comprobar entrando en mi blog: “sobre la bruma...”, si me permiten hacerme un poco de publicidad.

Había pensado en reescribirlo, pero como durante estos 4 años parece ser que he asesinado mi locura en, ojo, un nuevo altar en forma de cubo, cuyo volumen duplica el anterior...-pausa esperando la condescendiente risa matemática- ejem... duplicar el cubo, problema irresoluble, chiste matemático...¿ya no quedan matemáticos en la facultad de matemáticas? Ciertamente no, como demostrare después. Pero bueno... da igual. La cuestión es que he decidió retomar ahora mi demencia. Total, ya tenemos otros dos ponentes para hacer discursos más convencionales..., o no, no lo se. Pero lo que si que se, por experiencia propia, es que otros años suelen serlo, pues se repiten los mismos temas, con diferentes formas. Cosas del eterno retorno...y la falta de originalidad...el adormilamiento por la costumbre... el hecho de vivir una misma experiencia...la similitud entre aquellos que han decidido tenerla ...o vete tu a saber a que le podemos atribuir falsamente la causa de este hecho.

Así que, para empezar, quisiera que dieran un fuerte aplauso a ese hombrecillo de allí. ¿Lo ven? Yo no muy bien, ya que el Azar no me quiso dar el don de la buena vista, pero me imagino que estará allí. Un fuerte aplauso, por favor - inicio el aplauso para que la sala me siga solo si esta no lo hace por propia voluntad al proponérselo.

[sino aplaude nadie, decir: “recuerden este hecho porque lo utilizare como lema para demostrar la susodicha tesis”]

Bien, que levante la mano los que no hayan aplaudido-pedir cuando terminen de aplaudir-. Sin miedo, a estos les guardo un premio. Que la bajen quienes no hayan aplaudido simplemente por pura vagancia..., bien, bien. Les felicito. Al resto, ¿se puede saber porque han aplaudido? ¿Simplemente porque se lo he dicho yo? Imagínense que estoy haciendo una apología al nazismo, que él es un neonazi. O tal vez sea un santo. Yo no lo se, no le conozco. Ni tan siquiera se si hay alguien ahí...y si lo hubiese, supongo que la mayoría de ustedes tampoco lo conocerán. Entonces, ¿porque han aplaudido? ¿Simplemente porque se lo he pedido yo, sin ninguna justificación? ¿Si les pido que me den 10€ cada uno o que se maten entre ustedes, lo harían? Ojala-susurro-¿Entonces?-sobreentono y superpongo a lo anterior, por si alguien a creído escucharlo.

A esto se le denomina movimiento dogmático o gregario. En términos nietzscheanos, podríamos decir que estoy en el Sahara y, por ende, estoy rodeado de camellos. ¿La cura? No la tiene el cura, no. Todo lo contrario: estudiar matemáticas (o filosofía): eso os puede salvar. Aunque sus modos de juego son diferentes(el primero, ante un problema, diverge en los métodos de resolución, pero converge en el resultado, porque la matemática es una; en cambio, el segundo, diverge a partir de una misma pregunta a infinitas respuestas sin converger nunca), ambos dan un campo de visión muy amplio, una visión critica de la realidad. Digamos que asesinan al camello en pro de la curiosidad y escepticismo del niño. En pro de la búsqueda de una respuesta ultima a la infinita sucesión de incesantes porqués del niño. Una sucesión que, por desgracia, no parece converger.

Y como no quiero que esto quede como una mera anécdota, quiero dedicar un minuto en silencio a la reflexión mediante la contemplación de esta sala magnánima, que siempre me ha impresionado. Tampoco se trata de hacer uso de la hermenéutica para descifrar su belleza. Me conformo con que la contemplen. Así que, si me dispensan 1 minuto, me voy a pasear por la sala para contemplarla plácidamente- acto seguido, hacerlo.

Bien, retomemos la ponencia. Quisiera terminar con una advertencia, para que no se asusten cuando suceda, y para obligarme a hacerlo, siempre que mis biceps me lo permitan, claro. Cuando me den el diploma lo voy a romper. Y voy a justificar ahora mi conducta:

primero, el diploma no me define. Solo es un trozo de papel con una concatenación de palabras sin significado real, sino simbólico. Ergo al romperlo, no me rompo a mi. Con diploma o sin él, yo seguiré siendo igual de matemático de lo que lo soy ahora.

Entonces, uno puede preguntarse, ¿sino me influye, porque molestarme en romperlo? Porque con este hecho pongo de manifiesto mi odio a aquellos que sacrifican su vida por algo material: ya sea un trozo de papel simbólico, como un diploma, una firma de un famoso al que idolatramos, una de esas famosas bulas religiosas medievales, ... o simplemente un trozo de papel más mundano y material, como lo es un billete de 500€. Todos ellos objetos dogmáticos, fetiches ante los que nos sometemos sin ni tan siquiera cuestionarnos nuestra actuación.
Soy tan matemático ahora como cuando hice mi ultimo examen; o es más, cuando hice mi ultima clase, o, incluso, más atrás, cuando interiorice el ultimo concepto o teoría. Fue en ese momento, sin saber siquiera si había aprobado o si realmente lo había entendido, cuando debía hacerse esta celebración. Sin embargo, parece que nadie recuerda las palabras de ese sabio que decía, más o menos, “no hay días gloriosos, sino momentos gloriosos”, donde gloriosos puede ser un termino cualquiera, en verdad. Parece,digo viéndoles tan conmovidos y emperifollados en esta reunión, que tenga más valor del que tiene, esta vacua celebración sin sentido; como si se hubiesen contenido la emoción para vomitarla hoy. Cuan macabro...

Pero hay otra razón para romper hoy y aquí mi diploma: porque yo no soy matemático. De hecho, no se lo digan al señor rector- digo susurrando al micrófono-, pero no existen los matemáticos. Tampoco existe la familia, a la que tanto parecen apelar aquí, ni los camareros, como gustaba decir a Sartre. Soy existencialista, no esencialista, y no creo en las etiquetas, aunque acabe de etiquetarme, falsamente, claro... yo creo en los individuos. Creo en aquellos individuos que me han apoyado, se llamen familia o se llamen como se llamen. Creo en el pensamiento matemático y en las matemáticas, pero no creo en los matemáticos. Porque exceptuando unos pocos elegidos, no existen matemáticos. No existen individuos con una conexión directa con las matemáticas, exceptuando a unos pocos genios, reitero.

Del mismo modo que Mozart, por ahí tienen su nombre- digo señalando a la pared de mi derecha- no era músico, sino música, porque cuando veía un piano no veía un piano, sino música; algunos matemáticos, algunos de ellos históricos, no todos ellos históricos, no veían símbolos, veían conceptos. No veían conceptos, veían teorías. No veían teorías, veían unicidad en el caos.

Pero reconozcámoslo: no hay matemáticos, no hay intermediarios materiales entre individuo y entidad abstracta. Entre los humanos, hay individuos y hay entidades abstractas que dicen ser individuos; pero no lo son: son dioses. Y entre todos ellos, recordar a Ramanujan, que me insto a creer en el comunismo, pues el capitalismo mata a estos genios, y a Euler, que dedico toda su vida a las matemáticas, muriendo octogenario y ciego, lo que para el fue una suerte, pues decía que le permitía ver mejor los conceptos matemáticos. ¿Irónico? No, porque él era matemática encerrada en un cuerpo humano que la estancaba. Y yo, al menos hoy, no se si soy matemática o soy solamente un individuo que sabe algo de matemáticas. Pero lo que si que se, es que no soy matemático.

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