NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 29 de enero de 2011

Fumando pipa con René Magritte


Ener estaba tomando una copa plácidamente en la terraza de su bar favorito, lejos de su hogar: tenia las mejores vistas de todo el planeta ante sus reflectantes ojos. Y, conmocionado por esa visión, alzo el vaso y se refresco los labios.


Después, reflexiono momentáneamente sobre el motivo que le había traído hasta allí. Y, ciertamente, fue un pensamiento muy breve, casi inexistente; una idea que germino en su mente y fue expandiéndose vorazmente como un virus, un virus que lo aniquilaba todo en pro de un vacío atroz: ninguna respuesta vino a su mente.


Angustiado por el no saber, temiéndose lo peor que se podía imaginar, Alzheimer, alzo de nuevo la copa, con mayor ímpetu; y tanta fue la energía que desperdicio en el proceso, que alzo, junto al vaso, la mesa, que parecía estar unida indivisiblemente con el vaso.


Esto lo sobresalto más cuando se percato de la uniformidad inquietante del firmamento, un mosaico de nubes blancas sobre cielo azul perfectamente colocadas. Y aquella percepción, aquella observación, pareció ser determinante para la bóveda celeste que limitaba su visión y le impedía ver más allá de ella, pues comenzó a ponerse el sol bajo las montañas tiñéndose paulatinamente el cielo de infernales colores que parecían reflejar y aumentar su pavor.


Quiso entonces nuevamente humedecer sus labios con aquel dulce néctar: mas ya no pudo. Junto al vaso, la mesa; junto a la mesa, el mundo. Tal era así, que cuando alzaba la copa con ella alzaba la mesa, y, esta, a su vez, fuertemente unida al suelo, hacia rotar todo el planeta bajo sus patas: planeta en el que se hallaba Ener. De esta manera, parecía imposible que el vaso pudiera alcanzar sus labios, pues cuanto más fuerte empujaba hacia arriba, más vueltas daba la Tierra en torno a ella y más se alejaba él de la copa, produciendo una estática escena giratoria, como si alguien hubiese dibujado aquella situación desde algún lejano planeta ajeno a ese vicioso movimiento mientras Ener empuñaba la copa entre sus dedos, y, una vez terminada la pintura, se divirtiera aquel estrafalario artista haciendo girar en torno a un eje, eternamente, esa imagen, esa vida.


***


Fue entonces cuando despertó Ener, medio nauseabundo, al mundo de los vivos; al mundo de los cuerdos y las cuerdas. Y fue entonces cuando Regreb asalto su visión: ella le había prometido que hoy le llevaría a un lugar fantástico. Y a si fue: en poco más de una hora, estaba frente a un inquietante cuadro de un pintor de vanguardia: René Magritte.


La firma "ceci n'est pas une pipe"(esto no es una pipa) bajo pipas pintadas fue lo primero que vio, de la serie "la traición de las imágenes". Esto le recordó que una imagen no es más que una representación de la realidad y no la realidad misma, de modo que el mundo que conocía a través de las figuraciones de sus sentidos no era más que una simple recreación personal de la realidad, que no tenia porque corresponderse con otras o con la realidad material misma. En esto estando, vio momentánea pero nítidamente como su hermana pequeña intentaba (como solía) asir las imágenes que se proyectaban de la pantalla de 3D; hologramas que parecían invitarla a palparlos, a apresar en la mano el aire inmaterial y quimérico creyendo ciegamente en su férrea estructura. Simples ilusiones y engaños de los sentidos, que ya alertaban a pensadores tan pretéritos como Platón; “sin embargo, nunca antes que Magritte tan sutil y sintéticamente tal duda había sido expuesta”,pensaba Ener.


Y, ciertamente, el paso que daba Ener no era gratuito. Parecía justificarlo el dibujo hiperrealista, recursivo o fotográfico de la pipa en otros cuadros con el mismo lema, insinuando que la propia realidad era engañosa y susceptible de duda, o, si más no, que cualquier intento de encerrar la realidad en una imagen, palabra o representación cualquiera y que toda forma de arte o ciencia que quisiera describir la realidad, era, en verdad, una falsedad, necesariamente distinta de la realidad objetiva, si la había. Pero esta falsedad no le preocupaba porque entendía, como Picasso, que "el arte es una mentira que nos acerca a la verdad" y que la ciencia era una “falsedad útil”. Ener concedía que nuestras impresiones y sentidos no eran fiables, pero que eso no negaba el hecho de cuan sumo es el placer que nos conceden. No obstante, lo que no se atrevía a afirmar es si debía entender esta critica a la empírica como una apología a la razón pura.


Y considero confirmada esta hipótesis cuando vio un cuadro análogo pero con un cubo. El tema resultaba más obvio porque, ciertamente, ninguna representación de un cubo es un cubo: la imposibilidad técnica de reproducir adecuada y fielmente imágenes tridimensionales sobre el plano era evidente. Pero es más: la construcción de aristas de igual medida y caras de igual área era una tarea, si cabe, más ardua; porque ni aunque la instrumentación técnica lo permitiera (del mismo modo que no permitía la construcción de esferas con errores de menos de un nanómetro, hasta la fecha), el grosor del trazo debería ser infinitesimal, invisible, para ser exacto. Y podremos, siempre y/e indudablemente, acercarnos tanto como queramos a esa perfección, pero jamás la tendremos entre nuestras fauces : pues la mejor representación es su ausencia, su recreación mental. Y en esto pensando, centelleo en su mente la imagen de una caja sobre la frase " El cordero que quieres está adentro" junto a un libro vestido de niño y con alma de filosofo: el principito.


Sin embargo, su hipótesis se tambaleo cuando vislumbro "los dos misterios", y cayo arrojada por completo al olvido cuando consiguió ver el cuadro con claridad y distinción. Magritte, como autor posterior al nihilismo, no parecía querer ceder la Verdad ante nadie, ni siquiera ante los conceptos. Ya no solo ponía en duda la representación, el objeto, o incluso, si me apuras, la interrelación entre ellos: la palabra "pipe", tan variable según el lenguaje que se emplea, según el punto de vista desde el que se observa. Sino que, con una volátil y minimalista representación de la pipa, de fondo, parecía cuestionar la propio idea platónica de pipa, la “cosa en si” de Kant, si la hubiere.


Se sentía, en resumen, que la pipa había perdido su identidad en todos sus niveles: pero lo más grave del asunto, lo que más le turbaba el animo a Ener, no fue que la pipa, que el conjunto de pipas, o que el conjunto de inertes objetos, el mundo, hubiese perdido su identidad: lo que le preocupaba es que la humanidad misma la había perdido.


Miro entonces un instante hacia atrás para ver como se tambaleaban los axiomas antaño innegables, preguntándose si no seria él más que un vulgar reflejo de algún escritor maldito y mal curtido incapaz de ahondar en la profundidad de su ser, de perfilarle en todas sus facetas y matices del mismo modo que Magritte era un pintor que hacia pipas menos o más definidas según el día. Acto seguido, un escalofrío recubrió sus meninges con un polvo ardiente que reblandeció su cerebro.


Abrumado, decidió continuar su visita cuando de pronto sus ojos se nublaron. Ante él, un cuadro con un hombre con bombín bebía de una copa soldada a la mesa, tal y como sucedía en su sueño. No podía creerlo: no había visto ese cuadro en su vida y, sin embargo, había soñado con él esa misma noche. Y aunque lo hubiese visto por casualidad en algún lugar en otro tiempo...hoy, concretamente hoy su subconsciente había decidido mostrarle aquella imagen...verdaderamente, era algo desconcertante para él, escéptico ante la posibilidad de tener sueños premonitorios, de conocer el futuro.




Derrengado, se sentó y observo de nuevo el museo mientras discurría: "solo la mente humana, tan ordenada mediante la reformulación y corrección constante, puede concebir una velada tan bien hilada, una estructura tan precisa, un ensayo tan coherente en una cabeza tan caótica como la mía, unas coincidencias tan harmónicas y casuales...solo su hipocresía puede...Aun será verdad, René, que estoy siendo soñado."


Teniendo esta idea fija en la cabeza como un parásito del cual ya no podía deshacerse igual que Otelo frente a la capciosa pero persistente duda, se echo las manos a la cabeza, comenzó a llorar como un niño, y antes que el telón matara a la función, se alzo ante los visitantes del museo y grito a pleno pulmón: "¡Gracias! Apenas viviré unos minutos más antes que el eterno retorno se apodere de mi e inicie de nuevo mi periplo a ojos de un nuevo espectador, pero...pero gracias por haberme hecho sentir y pensar. Aun así, oso suplicarte, de rodillas, que me concedas el Placer, el Sumo Placer Infinito, el sentir aquello que solo las quimeras, existentes en universos sin restricciones, pueden sentir: el Orgasmo Total, intelectual, físico, espiritual... y según todos los criterios que desconozco".


Y Yo, se lo concedí.

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