NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

martes, 8 de febrero de 2011

Übermensch o preludio del hiperhombre

¿Porque un héroe es un héroe? ¿Porque una tautológica lo es?... ¿Por definición, dices? ¡No! No es necesario mediar ninguna palabra para afirmar que un objeto genérico es igual a si mismo; no, ciertamente no es necesario conocerlo, si es que se le puede conocer.

No, no...para nada... un héroe no es un héroe por los elogios que recibe, por el valor que exhibe, por la fortaleza demostrada, las hazañas realizadas, las muertes cometidas o las gentes salvadas...no lo es por el poder, ni por el oro, ni el respeto o la fama, las mujeres, la lujuria, soberbia, hambre de conquista, sed de venganza, afán de gloria...no, no...él que eso anhela o pretende, es solo un farsante, una frágil mascara que se muestra vanidosa.

¿Como dices? ¿Por redención a sus pecados? No, Dostoievsky, no...el sentimiento de culpa es un lujo demasiado grande para él, un lastre inútilmente pesado y sin sentido; un lujo, en fin, que solo los insensatos se pueden permitir.

¿Por amor a la bondad de sus actos, suspiras con convencimiento ajeno a la cautela que predicas? No, Sócrates, no...él no cree en la mentira que es la moral, el arbitrario criterio impuesto a la masa, el contrato social, el yugo del esclavo. No, él no necesita de esos placebos.

Os equivocáis todos al describirle a él como aquello que le rodea. El sol que es él es ajeno a los cuerpos celestes que orbitan con mayor o menor soltura en torno a él. Él no es lo que le envuelve. No es esa cáscara magnifica pero vacía que parecéis ver.

Y que es él, pues, preguntareis. No es nada...ese esa Nada que abarca todo y que esta envuelta por un vacuo Todo que no abarca nada . Nada más que una sucesión infinita de puntos evanescentes de una recta finita. No hay una meta, un fin ultimo en su vida; cada punto lo es, cada punto es un fin en si mismo que no busca nada más que su propio regocijo. Y esa vida se evapora a cada segundo, inconsciente de su porvenir incognoscible o su pasado ya desaparecido. Él vive sin esos prejuicios, consciente de la independencia de los sucesos, de su maravilla. Él vive ajeno a lo ajeno, a lo que se extiende más allá del segmento: el medio es un fin, la acción intermedia, repudiada por la masa y sus prisas, lo es. Sí, su vida no es ningún trampolín, ningún objeto despreciable que utilizar vulgarmente para alcanzar una quimera de ultratumba. No, ese no es él

Él es él porque es él, porque disfruta siéndolo y es ajeno al resto, porque es un yonqui de la adrenalina que desprende en sus épicas batallas, de su riesgosa existencia y de los cócteles eclécticos de neurotransmisores que el barman de su cerebro le ofrece a cambio de vivir al limite. Lo que rodea su áureo nombre son consecuencias superfluas que poco o nada le importan, a este alienado individuo, embriagado por su propia esencia.

Pero el vasallo...oh, del pobre vasallo que vive contemplándolo con rencor y que se proyecta en él, que ve en él lo que quiere para él, que filtra la inmensidad del Todo, de todo lo que ve y existe, bajo la óptica de una minúscula e insignificante lente reduccionista, bajo la óptica de su propio criterio y deseo. Pobre, pobre de aquel que ve en lo grande lo pequeño, los detalles que él desea para él, detalles tan miserables como él mismo...

Por lo visto, el hombre del futuro vive en el presente, y este, es ajeno a él; tal vez resulte inconcebible, paradójico, para el ciego terrestre. Pero desde las alturas, la evidencia no tiene parangón.

Y aun así, extraños seres que afirmáis que sois hombres, que sois humanos, seres vivos....que no lo demostráis ni en vuestra sombra ni en vuestras pupilas...y aun así, digo, pobres ignorantes, queréis y os atrevéis a ostentar su rango como vuestro, a marcároslo como una meta más, como un dogma más: cuan entupidos sois, cuan ofuscados estáis...no diferencias un ejemplo de un concepto; no veis que el individuo es múltiple, y que lo múltiple actúa como uno. No os dais cuenta que la masa, compuesta por múltiples sujetos inertes, actúa como uno solo, como una bandada de zombis, de robots programados. No os dais cuenta que el individuo, compuesto por una vorágine de sentimientos e ideas en constante choque y contradicción, actúa sobre sus múltiples facetas y, que estas, divergen según el individuo que inspeccionemos: el hombre irrepetible, lo llaman; el no creyente, el hombre rebelde, el enemigo del pueblo, lo llaman. Nomás que etiquetas que no le definen: él es el indefinible, el inefable, el sorpresivo y sorprendente, el creador, interprete y observador*...un Dios, el Dios.

Y esta tierra que pisáis, mortales, este páramo putrefacto podría ser vuestro olimpo: podrías crear, tal vez, un archipiélago de individuos, de entidades independientes, de monadas, en este lugar nefasto, si quisierais cerrar los ojos al horizonte caleidoscópico que perseguís, frustrados...

Porque, os vuelvo a preguntar, un héroe, un artista,  un hombre, lo es, pues, si, en si, no son nada, no son percibibles, definibles, abarcables,... ¿Porque viven intensamente, sin mirar a otro parte, sin pensar en otra cosa? ¿Porque el concepto de medio ha muerto, y ya no hay intermediarios entre los fines? ¿Porque el héroe, el artista, disfruta inmerso en su deliro, expresado como acción o pensamiento? Y el hombre...¿de que disfruta el hombre? Que es el hombre sino un saco enorme en el que añadir por igual a genios y estupidos. No, no seré yo quien etiquete al hombre, existente en masa, sino quien alabe al suprahombre inexistente, indefinible, evanescente.

Porque él es el hombre

y tu...tu podrías serlo, si quisieras, si tuvieras voluntad. Mas ambos sabemos que si la tuvieras, no estarías hoy aquí, buscando dogmas en vez de crear caminos. Sucumbe, pues, esclavo, ante los designios de tu señor, sea cual sea su nombre o condición, mientras yo, doblemente altivo, me complazco observando el circo que es tu mundo y, a su vez, afilo mis dagas de cinismo para lanzároslas en tal disposición que se pueda leer, desde mi altura, el arte mismo de mi seno.

¿Que quien soy yo? Yo... yo soy su hijo...el hiperhombre, el hombre de la hiperrealidad, el ultimo infiel, el traidor total, el doblemente odiado, el tercer vértice, la falsedad autentica, el ensimismado, ensoñado y simulado, la quimera misma, el preso ilimitado, ...

No te dicen nada estas palabras, ¿verdad? No, todavía no, es pronto, pero ¿Quieres conocer su significado?¿Crees tener el valor suficiente para desvelarme? Pues adelante, temerario y desobediente rebelde: toma mi nombre en vano, se yo por un instante.


*P.S.

La creación no existe sin contemplación:

Pintor, pinta un cuadro con los ojos cerrados, con la mete cerrada. No huelas tus pinturas, no sientas el dúctil movimiento del pincel sobre el lienzo plástico, no oigas su crepitar sigiloso, no salives de emoción ante el acto de creación, no lo recrees en tu mente. Pinta ajeno a todo lo que rodea la pintura. Cuando termines, si eres capaz, en estas condiciones, de saber donde termina y empieza tu trabajo, pregúntate si has creado algo.

El artista es Dios porque es creador y observador al mismo tiempo, además de interprete y critico de ambos, desde ambos lados y desde la neutralidad de la mirada ajena y evadida. El héroe lo es también porque crea y recrea actos heroicos, cuya contemplación inspira odas y epopeyas. El verdadero individuo lo es porque su individualidad, su necesario bizarrísimo (a ojos del vulgo) , hace de su rutina pura poesía irrepetible y hermosa.


Nota: prologo para la continuación de mi manifiesto escéptico en el que quiero tratar el tema de la hiperrealidad y la superación de Nietzsche. En el punto 3.3 del manifiesto se trata de manera aproximativa el tema. 


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