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sábado, 16 de abril de 2011

Sobre el arte II: forma y contenido


[el texto que enlaza la primera parte con la segunda, es el comentario de Luz Mar Orozco Márquez que pueden leer en la primera parte]

Aunque creo que nuestras ideas son más o menos coincidentes, y voy a converger en ellas, quisiera puntualizar sobre ese gran misterio que envuelve a la forma y al contenido:

Los humanos, seamos o no sociales por naturaleza, estamos avezados a aprender a interactuar con la sociedad por vivir entre sus muros. Y a esta interacción la hemos llamado comunicación, sea verbal o no (no creo obviar otro tipo de interacción porque todos nuestros actos comunican algo de nosotros, incluso nuestra ausencia de comunicación) . La finalidad primera del lenguaje fue esa necesidad practica,creo. Y es por ello que no resulta extraño que busquemos en toda forma de expresión una idea subyacente.

Sin embargo, esta ultima sentencia utiliza una “falacia” común: equiparar comunicación con transmisión de ideas. Una palabra, que es una forma de comunicación, solo por su sonoridad, puede comunicar sensaciones al oyente/lector/receptor (esta base “sinestesica” del lenguaje se deja patente con experimentos como el de Wolfgang Köhler y su “efecto bouba/kiki”).

No sabría decir, por tanto, que tuvo preponderancia en un inicio: si explicar que no debía tocar el fuego porque se haría daño, o mitificar al fuego para temerlo y no tocarlo, atribuyéndole toda clase de disonantes sonidos. Nuestros actos son menos racionales de lo que creemos (como pusieron de manifiesto los filósofos de la sospecha o los actuales estudios psicológicos y/o neurocientificos) , por lo que la segunda sentencia tendría más éxito, aunque también implica indirectamente la primera. Pero ¿podemos inferir de ahí que todo forma tiene contenido?¿y que entendemos por contenido: las ideas, las ideas y las sensaciones, las ideas, sensaciones y sentimientos,....?

A medida que la sociedad humana avanzo, con el nacimiento de la ciencia se busco la mínima expresión en la forma (que no por ello es nula) en pro del contenido (y sus ideas) . Y los divulgadores explicitan esa forma intrínseca, por lo que creo que todo contenido esta preso en alguna expresión material de él, por más que la ciencia se invente un lenguaje propio con la única finalidad de transmitir ideas de manera efectiva, eficiencia que resulta a su vez bella(esto [la materialidad de las ideas] lo creo así al menos en nuestra sociedad, que aprende desde la niñez un lenguaje, tanto verbal como corporal, que limita su capacidad de expresión: no quiero negar[ni tampoco afirmar] con esto la existencia de un mundo puro y trascendente de ideas y universales al estilo Platon, Leibniz o Russell. Sino poner de manifiesto que el lenguaje, aquello que nos permite expresarnos con amplia libertad, es también una cárcel (Wittgenstein lo expresa así: “Allí donde están las fronteras de mi lengua, están los límites de mi mundo”). Oh, paradoja: somos más presos sin cárceles que con ellas: la autolimitación es la mejor solución de entre nuestras opciones, del mismo modo que un juego sin reglas (o violadas estas) no tiene gracia (o la pierde progresivamente). El caos y la anarquía nos abruma y angustia demasiado y le quita el sentido a todo acto: es necesaria una cárcel, unos limites, unas reglas, un dogma, para poder disfrutar del juego de la vida. Incluso Nietzsche, el gran nihilista destructor de dogmas, así lo reconoce cuando propone su vitalismo y su transmutación de los valores o cuando dice : “Yo no niego, como es natural -si admitimos que no soy un insensato- que sea preciso evitar y combatir muchas acciones que se denominan inmorales: del mismo modo que es necesario realizar y fomentar muchas de aquéllas que se denominan morales; pero creo que hay que hacer ambas cosas, por otras razones que las antiguas y tradicionales. Es necesario que cambiemos nuestra manera de ver, para llegar por fin, quizá demasiado tarde, a renovar nuestra manera de sentir.”("Aurora", aforismo 103).  Análogamente, Voltaire dice “si Dios no existiera habría que crearlo (apelando así, en su caso, a la divinización de la razón y, en general, a la necesidad de algún criterio por el cual comportarse y dar sentido a nuestros actos). No quiero decir tampoco con esto, ni mucho menos, que abrace al dogma y repudie el caos: “si dios existiera habría que matarlo”, complementa y completa Bakunin a Voltaire; y no hay más que leer mi incompleto “manifiesto escéptico” para darse cuenta de ello: es necesaria la unión de ambas contradictorias ideas para tener una visión amplia y completa: esta locura esquizofrénica es lo más cercano a la cordura que puede existir, considero.

Por otra parte, (y volviendo de una tangente quizás demasiado enrevesada y poco relacionada con el tema), encontramos el lema “el arte por el arte”, “la forma por la forma”. ¿Pero es esta forma ajena al contenido? Si entendemos contenido como las sensaciones que transmite, no, porque la sola sonoridad de las palabras y la visualización de las imágenes que representan (si conocemos la relación entre palabra, definición y “objeto”[en sentido amplio] descrito) ya expresan y transmiten sensaciones. Y las sensaciones están íntimamente ligadas con nuestros sentimientos, relación que se intensifica mediante nuestra experiencia: si un lector nunca hubiese visto una puesta de sol, por ejemplo, su descripción seguramente le seria menos intensa (porque, al haberlo vivido, este podría relacionar el texto con un cumulo de experiencias pasadas que le sugirieron en su momento sentimientos e ideas varias[como en el emblemático caso de Proust y su magdalena]). Pero del mismo modo que cuando la sensación real desemboca en sentimientos, también lo hace la recreación de esa sensación, se haya vivido antes o no (al menos si el autor es suficientemente hábil para ponerle en situación y el lector tiene suficiente empatia y capacidad recreativa/imaginativa, o esta predispuesto a ello [si en la vida real no siente nada al contemplar una puesta de sol, difícilmente lo sienta al leer sobre su belleza, si bien la poesía trata precisamente (creo yo) de dotar o devolver o explicitar esa belleza de la realidad]). Y podría hacer un alegato análogo a las ideas (que emergirian de esas sensaciones y sentimientos), en donde, repito, la experiencia pasada juega un papel muy importante pero no imprescindible (de otro modo la literatura fantástica, ciencia-ficción, … o quimeras varias que describan vivencias imposibles y no comparables con las nuestras [si bien a menudo lo son,de una manera u otra, tal vez porque el autor es preso de su mundo y es difícilmente capaz de crear sentimientos no experimentables], solo añadiría sensaciones superfluas a la escritura, y yo no lo creo así).

Así pues, no creo que sea una obsesión por racionalizarlo todo, la búsqueda del significado (no digo que no influya, sino que no es el motor que acciona la maquina; en tal caso, lo explicado, nos insta a crear todo un estudio formal como el de la hermenéutica: pero esta es una consecuencia, no un origen). Sino que esta se sucede de manera natural, por pura inercia de la conciencia, de cada conciencia individual, lo que me lleva a repetir y a atacar frases como “encierra un significado”, mientras que según lo aquí expuesto, que no es más que mi humilde opinión, los significados posibles derivan del lector y por tanto son múltiples, lo que hace que resulte difícil su interpretación porque estas entran conflicto y se considera, no se porque, que solo ha de haber una interpretación valida (recuerdo que en una entrevista a Jane Campion ella declaro que “mi primer contacto con Keats fue en la universidad, y mi profesor tenia una actitud muy liberal a la hora de desentrañar el sentido de la poesía. 'Sea cual sea vuestra interpretación, esa es la buena ', nos decía [siempre que la puedas argumentar, añadiría yo ]. ¡Y yo lo que quería era que el tipo nos dijera que quería decir el poema!”. Y aunque no se mucho de hermenéutica, creo Paul Ricoeur defendía esta postura [la del profesor de Jane]).Sin embargo, creo que no es necesario seguir con esto porque por lo que dices a propósito del símil laberíntico, en esto estamos de acuerdo.

Pero entonces me encuentro con “el concepto que un poema dado está planteado” o “el poeta sabe cuál es la respuesta de su poema o cómo desatar el nudo”: ¿y que hay de la escritura automática o del inconsciente?¿esta planteada de antemano?¿nuestro cerebro es caótico o estructurado?¿todos los cerebros?¿es innato?¿el poeta entiende siempre lo que su inconsciente le dicta?¿es el único que se conoce a si mismo? Luego leo que no compartes esta idea. Pero en el parágrafo, en el símil, hay tantas ideas, que no se si niegas todas o solo algunas o su idea general. Así que por si acaso he querido poner de manifiesto que ni tan siquiera el propio autor es siempre consciente de la magnificencia de su obra (tengo entendido que son varios los casos en los que un autor ha destruido parte de su obra o ha repudiado alguna de las que se consideran sus obras maestras: sin duda, nunca nadie es tan critico como el propio autor).

A propósito de la caracterización de la poesía, supongo que tienes razón. No conocer (o poder describir) la idea general y amplia de poesía, sin obviar ni añadir nada, no es excusa para decir que esta es indefinible, indistinguible del resto de las cosas, y que por tanto, no la podemos identificar. Sin embargo, mirando con bueno ojos, ¿no es todo poesía? ¿no es el poeta, acaso, un hábil argumentador que embellece aquello que nuestra rutina hizo ruin y vacuo, que da sentido a la fría realidad?

Sea como fuere, me quedo con tu impagable frase:

“Los matices son interminables, por supuesto, pero los patrones subyacen siempre (de lo contrario cualquier nuevo texto sería inninteligible).”

Subyacen, eso si, en la mente del lector. El hecho de que no sea inninteligible, de que se cree un puente entre lector y texto (y escritor) que les permita comunicarse, la existencia de esos patrones, es debida a lo que Jung llamo el inconsciente colectivo o, menos esotérico por mi parte, la simple costumbre compartida de existir, de vivir, de sentir, soñar, pensar,...

PS: repito que esto no es más que mi opinión, completamente discutible y cambiante.

Nota: la entrevista citada a Jane Campion fue leída en "timeout barcelona" N.132: "A Jane Campion no li agrada Keats", por Marta Salicrú. No he encontrado existencias en la web.

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