NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
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domingo, 3 de julio de 2011

Pequeñas conversaciones anecdóticas I: apatriado


…haber, los ferrocarriles catalanes no son lo mismo que los españoles-intervine, con todo el fuego de la lógica ahumando mis palabras, en una discusión absurda, que se extendía indefinidamente sin esclarecerse por no tomar esta precaución, confundiéndolos.

-¡Al...la...!-exclamo sobrecogido derrapando en su marcada autopista cuasi infinita llamada “ele”- ¡lo que ha dicho!

-A ver, no me malinterpretes-quise calmarle-, pero “FGC $\neq$ RENFE”. Al menos las siglas son diferentes. Incluso se toman en sitios diferentes y tienen mapas diferentes-me explique, mientras me miraba con suspicacia-. Yo, personalmente, no se exactamente cual es la relación entre ambos. No se si es la misma entidad que ha visto duplicada innecesariamente sus nombres y estamos tratando, por tanto, con el problema epistemológico de la mascara..., o si uno agrupa al otro..., o que leches con galletas esta sucediendo -exclame al fin, con seriedad, a lo que el rostro ajeno se contrajo con un suspiro que casi esbozaba una ligera y burda imitación de sonrisa-. Ahora bien, a priori, no es lo mismo.

-¿Y tu que lengua hablas?-pregunto con un tono malicioso, como si quisiese probar la tesis subyacente que creyó ver en mi primera intervención y que yo negaba argumentandola racionalmente.

-El lenguaje de la lógica y la matemática, pero también el de:
la irracionalidad hilarante
que lame áspera y cortante,
entre campos de líricos lirios,
tu fino tímpano, sobrecogido,
en escalofríos embebido.

Mientras improvisaba, me miraba fijamente, con gesto demasiado atento e inexpresivo, como no entendiendo nada; al acabar, su desconcierto exploto en carcajadas insaciables que querían más y más tiempo en el que revolverse. Yo, por mi parte, tras contagiarme puntualmente de ese frenesí, cuando el volumen de su voz estridente se suavizo lo suficiente, continué:

-A preguntas idiotas respuestas absurdas. El castellano llano, esta claro; por favor...- respondí fingiendo un sutil enfado, por la obviedad.

-Ah, menos mal-respiro aliviado, mientras recuperaba el aliento y calmaba el caballo desbocado de su risa, que aún resoplaba a ratos -, porque si llegas a decir el español...-dijo con extraño tono, como persistiendo en su idea de demostrarme facha.

-El español no es una lengua -respondí, a lo que su rostro reacciono con extrañeza a pesar de sus comentarios anteriores, y serenándose ya completamente-, es un dialecto del castellano, como el argentino, mejicano,... del mismo modo que el valenciano, algueres, mallorquino,...son dialectos del catalán-a lo que me miro con un cierto recelo- el catalán entendido como la lengua catalana y no la lengua que se habla en Cataluña, claro, de modo que lo que se habla en Cataluña es un dialecto de ese catalán entendido como conjunto, como entidad abstracta y general. Es por eso que las reivindicaciones del presidente valenciano por su dialecto son absurdas, llegando a establecer títulos formativos diferentes; se trata de un simple pseudoproblema lingüístico: llamar de la misma manera a dos entidades diferentes, la lengua de Cataluña y el conjunto de dialectos del cual forma parte esta. Confusión que se ve agravada por la preponderancia, diglosia si se quiere, de una frente a la otra. A su diferente importancia socioeconomicocultural, debido especialmente a la proyección internacional de Barcelona, digamos-remate sin demasiada confianza en cuanto a cuales eran exactamente las causas.

Por su parte, él todavía tenia una expresión de entre rechazo y duda, no sabiendo muy bien si responder, mucho menos que decir, cuando pause la exposición de mis elucubraciones, que no parecía llevar a ninguna parte. Viéndole tan indeciso y aproximándose el profesor por el lateral, decidí quedarme con el privilegio de finalizar la conversación, de que mis palabras fueran las esporas que se posarían en su cabeza y que, podrían o no, recarcomerle durante toda la clase si arraigaban lo suficiente:

-De hecho, y en cierto sentido, todas ellas son dialectos muy degradados del latín. Las distinciones entre dialecto y lengua no son evidentes; más bien controvertidas-reí.

En ese momento no le di mayor importancia al asunto. Pero recordando esta y otras situaciones, me di cuenta que cuando hablaba de Valencia me consideraban un antivalenciano; cuando lo hacia sobre Cataluña, un anticatalan; sobre España, como no he conocido a muchos europeistas, simplemente me miraban con cara rara. Pero ciertamente podría haber seguido ascendiendo en esta estructura de matrioska hasta salir finalmente de ese cascaron de sucesivas ficciones tan arraigadas y poder declarar al fin que mi patria no es otra que el cosmos; y que allí, el concepto de patria, carece de sentido.

Aun así, por más justificaciones que diera, parece que la gente no entendía (o no quería hacerlo) que yo no era “anti-nada”, que no atacaba a un conjunto concreto sino al concepto en si; tan hondo era el degradante sentimiento de patria, que les empapaba de una extraña subjetividad, a veces contraria a sus propios intereses. Yo, simplemente, me creyeran o no (si es que llegaban a concebirlo), no era partidario de nada: todo sistema es imperfecto... y por ello prefería mantenerme indefinido, sin cadenas que pudieran privarme de mi convulso y excitante cambio continuo y provocador.

¿Y porque sucedía esto?¿Porque se interpretaban tales absurdas funciones? Porque uno interpreta que siempre que se ataca A, se esta alagando a “no A”. Que siempre que ataco a lo ajeno (o a lo propio) estoy alagando lo propio (o lo ajeno). Porque la gente es reduccionista por naturaleza, parece ser, y cree el cosmos se rige por leyes binarias. Y tal vez, aunque tengo mis dudas, esto fuera así haciendo las preguntas adecuadas...pero no con aquellas sandeces que espetaban...sin ni siquiera avergonzarse de su arbitrariedad o estupidez.

Un ejemplo, me piden, en el show que recrea mi mente: “no juegues con los conjuntos, si eres neonato- te susurrara Russell- sino quieres lamentarte como Frege: 'Un científico no puede encontrar nada menos deseable que hallar que todo el fundamento de su obra cae precisamente en el momento que le da fin'. Ten cuidado- reitera- o tu cerebro binario colapsara ante la paradoja más breve: la frase independiente 'MIENTO' ”.

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.