NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

martes, 5 de julio de 2011

Pequeñas conversaciones anecdóticas II: ventriloquia lunática


-¿Te has fijado? Parece que el Sr. J lleve una falda-dijo como si se tratase de una confidencia, en voz baja.

-¡¿Que?!-pregunte extrañado, con el rostro deformado.

-Sí, fíjate-dijo, acompasandolo con un ademán discreto en el sentido del objetivo-: ¿no ves que los pantalones son mucho más anchos de lo normal?-se intento justificar.

-No... -le respondí, con la frente contraída como un acordeón, la boca apenas abierta y la mandíbula inferior bajada-. Lo siento, pero yo estoy estudiando matemáticas, no estética, diseño o moda, así que no se cual es la anchura “normal” de unos pantalones, ni tampoco se a que viene el comentario, ni la importancia que pudiera tener que llevara falda o no; los irlandeses la llevan con orgullo y talante, y nadie se queja de ello. Por no decir que no suelo prestar demasiada atención a estos detalles insignificantes. Y es más, personalmente, por mucho que mi imaginación lo intente, yo no le veo ninguna falda puesta- mentía, mientras mi imaginación se entretenía, aburrida ella, y lo concebía con mil brazos y una pierna (de modo que pantalón y falda eran indistinguibles, materializando mis disquisiciones sobre la hiperrealidad de genero), sin nexo que las uniese, a las extremas y extremistas extremidades, y una cafetera estridente y volante por cabeza de la que germinaban enredaderas de humo verde cuyos frutos colgantes y anaranjados eran rechonchos bebes de cuyos gemidos emergían como ríos cantares poéticos que se representaban en el mar en que desembocaban cual wagneriana escena circense, mientras sus ojos iluminaban el fondo de tan profunda agua y de sus pies llovían montañas que adornaban tan llano paisaje- . ¡Sí tu mismo lo ves y me lo describes como un pantalón! Es más, puestos a imaginar, diriate, siendo muy exagerado, que antes me parecen unos pantalones de Aikido que una falda. Así que si quieres iniciar una conversación, se más ingenioso y verosímil, por favor; sino, dejame disfrutar del plácido silencio.

Él, tal vez queriendo simplemente ser cordial y dejar patente sus dotes de observación y una amena curiosidad con la finalidad de romper el hielo, siendo él finalmente el roto, se quedo mirándome con ojos desorbitados y cara de idiota (más de la habitual) ante tal brusquedad y contraste; sus labios se abrieron un momento como musitando mentalmente un “perdón” para volverse a cerrar al instante siguiente, antes de volver la cabeza hacia el otro lado y perder su mirada en el suelo, buscándola momentáneamente con el leve zozobrar de sus ojos inertes. Finalmente decidí recoger y recomponer los pedazos antes de que se derritieran y me cercaran el paso con la formación de un mar bravío y feroz, ayudado por los místicos hijos de la tetera y sus personalísimas oraciones :

-Y ahora tu deberías decirme-le dije mientras se giraba medio animado por responderle, medio extrañado por usarle cual muñeco de titiritero-:“tus palabras están repletas de falacias y lo sabes. No quieras ampararte en argumentos racionales si los motivos primeros nunca lo son. Si quieres que me calle para que puedas pensar en tus memeces, idiota descortés y arrogante- enfatice con tanta rabia que mi interlocutor se asusto tenuemente, dudando sobre a quien estas palabras iban dirigidas, como en buena parte de la conversación siguiente-, dilo y ya esta”. A lo que yo, impresionado, te diría: “no, por favor, continua. Esto se pone interesante”.

Llegados hasta aquí pensé que él sabría continuar, que solo era necesario animarlo como había hecho para que se desahogara conmigo, criticando, machacando y desollando los términos mal agrupados por mi lengua de labia libidinosa e insaciable, que se regocija con sumo placer en cada movimiento que al son del aire lo materializa en conceptos, en magnifico y sublime proceso. Sin embargo, tras una breve, y a juzgar por su rostro, embarazosa y tensa espera silenciosa, lo vi incapaz de tan “gran” hazaña, como esperando, valgame mi arrogancia a la hora de interpretar los actos incomprensibles e incomprendidos de la gente, la continuación de mi show particular, por lo que quise “ayudarle” a proseguir aquella farsa que quizás le divirtiera dictándole las palabras, pronunciándolas bajo mi propio mando alegando a su voluntad de esgrimirlas, no sabiendo muy bien si en realidad no seria un ataque o mofa a su astucia y al poder y responsabilidad que él tenia para con su voz:

-Sin duda, lo que tu cerebro quiere expresar y tu sed no te lo permite es lo siguiente: “no estudias filosofía y mas sabes de ella, que no paras de vomitarla en nuestras escaleras”-ante cuya verdad no pudo sino esbozar un resoplido alegre inspirado por un inconsciente y rápido rememorar-, a lo que yo te respondería: “cierto, porque la filosofía me interesa; lo que quería decir antes, por tanto, es que no me interesa la estética. No estudiar algo no me exime de ignorarlo, claro esta- exponía, mientras, como durante toda la conversación, su rostro iba zumbando como una pelota de tenis que se veía golpeada por mis reveses y giros, cambiando rápidamente entre los campos de la comprensión y la incomprensión, y recordando, en este súbito smash, aquella afirmación que tanto repudió: 'puedo aprobar sin entender; la hiperrealidad de las notas me lo permite'-: bien se que el sol ciega al mirarlo por probarlo cada día sin haber estudiado la retina; la costumbre, no siempre certera...-pause dudoso, reflexionando, no queriendo que mi palabra se adelantara a mi pensamiento. Duda que se propago hasta el final de esta intervención- o aguda... o bien interpretada, que es el termino que buscaba, necesariamente se rige por las leyes del cosmos..., si existieran..., sean deterministas o probabilistas..., si bien este siglo pertenece a las segundas..., quiero decir, que se interpreta el cosmos según ellas por parte de la comunidad científica predominante”.

Creí que aquí ya daba suficiente material para empalarme y dejarme violar la mente innumerables veces. Pero persistiendo él en su silencio aséptico y agradándome a mi este monologo bipolar en el que curiosamente me sentía muy a gusto, decidí continuar:

-¿No dices nada? Ya contesto yo por ti: “oh,no, nueva contradicción por tu parte, Marcos-dije, ya cambiando la voz y moviendo la mano como si de un espectáculo de ventriloquia se tratase, hallándome en un local de variedades con, caso extraño, incómodos asientos-. Más allá de tus elucubraciones banales sobre metafísica, ciencia y aprendizaje ¿A caso no es la estética una rama de la filosofía?” A lo que yo te respondería: “¿A caso no puede gustarte la pizza, pero no la de 4 quesos? Que me interese el conjunto 'filosofía' no significa que me tengan que interesar todos sus subconjuntos. Ten más cuidado cuando juegues con estos conceptos, neonato matemático-dije, ya casi dirijiendome más a mi mano, que le simbolizaba a él pero que era una parte de mi, que no a él mismo o a mi”.

Pensé en frenar entonces, aún viéndome cuerdo; pero ya estaba tan inmerso en el frenesí hilarante del espectáculo que no pude ni intentarlo:

-Aunque aquí parezca que se estanca la conversación, si me conocieras bien, o al menos tan bien como yo me conozco, me rebatirías con estas palabras, menos o más, si el lenguaje conmutara-le aclare tras su extrañeza, siempre con una fina sonrisa casi burlona, riendo él exánime-: “¿y porque cuidas, pues, tanto las palabras de tu blog?-a lo que sorprendido parecía querer preguntar aquello que acababa de afirmar, tener un blog, si bien tan enfrascado debió de verme que no se atrevió a tal, por no decir que resultaría absurdo: él era quien tenia la palabra en ese momento;¿como podría interrumpirse a si mismo, entonces? - El estudio de la estética, en filosofía, involucra el estudio del arte, y es obvio que este te apasiona, tanto por activa como por pasiva”. Y habría yo entonces de volver a reformular la premisa inicial que, por culpa de la ambigüedad del lenguaje, no reflejaba claramente mi pensamiento, diciendo: “me refería a la estética en el sentido coloquial, en el sentido que siempre usa mi madre y del cual me considera ajeno, performando y modificando con la simple palabra que trasciende a acto, visto lo visto y como afirma Austin, la realidad y mi uso sobre estas, y entendida como vestimenta e imagen personal”.

>>Y tu deberías decirme, sin duda-aclame, ya sin pausas, ni pensamientos, ni fingimientos que me alejasen de mi show, ajeno a mis espectadores, si los hubiese; frente a frente con mi mano charlatana, fiel a y querida de mi labia, ensimismados -: “ a caso no es la moda una forma de arte. A caso no te gusta contemplar mujeres hermosas con trajes sugerentes. No me digas que este subconjunto no te interesa, pues muy bien hablaste de 'futurotextiles3:suprising textiles, a design and art' ”. Y yo, alabando tu agudeza y tu memoria, te diría que:

-No puedes comparar la originalidad de una exposición o una pasarela vanguardista y transgresora con las aburridas y monótonas prendas que suelen llevar las masas. Por no decir que, salvo excepciones, me parece inviable cumplir el ideal de lucir cada día un disfraz diferente para mantenerme indefinido, así como no repetir nunca un plato de comida o un temario de estudio: lamentaría profundamente no poder saborear de nuevo mis menús favoritos y no profundizar ni amar nada concreto. El dogma es tan peligroso como necesario, me temo.

-Pero la masa lo compensa con su cantidad que deriva necesariamente en variedad, ¿no crees?-aplaude mi mano ya sin interludios innecesarios.

-Posiblemente... sera que es un tipo de arte que solo me agrada contemplar, pues no participo en su creación, y por ello lo infravaloro-reconocía algo desanimado, admitiendo mi falta de juicio, mis prejuicios.

- Acaso al exhibirlo tú, no lo contemplas y creas-palmoteo mi mano, como airada.

-No tengo un espejo por puerta- gemía yo, ensamblando de tal manera mis palabras y las de mi mano que comenzaban a confundirse y a hacerse innecesaria la distinción, en esquizofrénico monologo.

-¿Ni baño con él por el cual al pasar a mear contemplarte?-ironizaba mi mano en sus últimos resoplidos de vida.-¿Y que hay de tus aberrantes peinados...o despeinados?Creo que te interesa el tema más de lo que crees, hermano.

-Las palabras de mi madre a esa falsedad me han inducido a pensar, supongo, junto a la masificación convergente y superflua que reduce estos conceptos a basura en boca de la gente- confesé, culpando a mi negligente capacidad interpretativa, cada vez con menos fuerza-. Tanta adjetivación ajena y pretenciosa que desea definirme, por más que lo intentara evitar, o precisamente por ello, debió acabar por convencerme de tales arbitrariedades, mermándome hasta la sola palabra que se cohíbe al plantearse indagar más allá de los limites autoimpuestos a partir de los ajenos, acometiendo tan absurda separación partitiva y destructiva- gemía cada vez más destrozado por dentro, con los ojos ya levemente humedecidos-. Gracias; gracias por recordármelo y despertarme de nuevo de mi sueño, hijo-remate, siendo consciente del ficticio conflicto que esto suponía.

-¿Entonces como puedes gritar con desden que no te interesa lo que J lleve?-dije yo mismo ya sin fuerzas para alzar el brazo e imitar la voz de la demencia; tan solo su consciencia.

-He dicho que me rindo, persuasivo amigo, me rindo-musitaba agotado, con voz quebrada, para mi mismo-. ¿Me oyes? Abandono: no lo se, lo desconozco. No puedo negar mi carácter contradictorio y lo equivoco del principio de identidad. Dime sino que jerarquía de valores universal hay que sea racional y realista, que se use día a día por alguien sin contradicciones y con buenos resultados ¿O es que acaso opinas como Leibniz, al afirmar que no hay conocimiento en la contradicción, o como Wittgenstein, y que no merece la pena afilar el estoque de la palabra si no hay conocimiento de causa ni rival contra el que enfrentarla, y que por tanto debemos enmudecer todos in eternum? ¿Pretendes privar al mundo de su libertad de expresión y pensamiento simplemente porque estos degeneran irremediablemente en lo absurdo? No, yo no lo creo. Hay belleza en ello, y no tienes derecho a negarlo...pero... no, basta. No quieras excederte. Como producto de mi mente, te imploro...te exijo que calles. Y siendo ambos uno, y uno, ambos, no puedo sino resolver: 'sea, pues, nuestro silencio'-susurre en ultima instancia mientras terminaba de cerrar mis párpados exhaustos, dejaba caer mis brazos y me espatarraba sobre el asiento como a un muerto.

Sin embargo, fue bien breve mi siesta ya que el publico comenzó a agitar sus palmas ruidosa y acaloradamente, ante el asombro del profesor entrante, creyéndose en un primer instante la razón de tal honor. Luego, entre molesto por no poder dormir y adulado por tal ovación me alce y salude. Y con un ultimo grito el telón se cerro:

“Quiero permanecer indefinido;
quiero del cambio ser padre e hijo.

Por ello yo no tolero
arbitrario comentario
que asume distinciones
sin mediar disquisiciones.”

***

-Y así fue como, instigado por una absurda cuestión, mi mente recreo este monologo que la entrada del profesor no permitió;cierto, no preste mucha atención. Pero es increíble lo mucho que puede uno comerse la cabeza, ¿verdad, Sekioz?

-Solo si uno quiere, Marcos, solo si uno quiere...

-Quizás por esto, por esta exaltación creciente del juicio ornamentada de arrogancia que podría enemistarme con la gente, suela evitar estas conversaciones hilarantes e incongruentes e imaginarlas y escribirlas . Y creo que así es como debería discutirse cuando la situación es tensa, excitada o violenta: mediante la reflexiva pluma. Se evitarían muchos conflictos.

-Aunque tal vez nos volviéramos demasiado fríos, ¿no? ¿Que hay de la espontaneidad de la oralidad? ¿No es un valor?

-Agudo como siempre, Sekioz... pero la misma espontaneidad que inspira bellos versos puede también conducir a los más cruentos asesinatos. Supongo que es un valor neutro y amoral, que se ha de utilizar con la debida cautela.

-Sí, una de esas ambivalentes características que os condenan y alaban como seres humanos, seguramente.

-Por otra parte, mirándolo con perspectiva, resulta increíble toda esta pantomima: desposeído de un interlocutor “digno”, hablante al menos, acababa yo siendo su ventrílocuo, y después mi propio interlocutor. Tal era mi necesidad de contradicción.

-¿Y para que me creaste a mi, entonces?

-Oh, Sekioz, no pretendía ofenderte. Por aquel entonces tu todavía no habías nacido. De hecho, creo que fue aquí cuando sentí en mi seno uno de tus primeros pataleos.

-¿Aquí? En una situación recreada e inventada a posteriori...Marcos, eres incorregible...

-Pero Sekioz, disimula. Que te están leyendo...mmm... creo que sera mejor que lo dejemos por hoy.

-Si, pon punto y final a esta aberración. Y atrevete a interpretarla en la vida real, sea cual sea, cobarde enajenado.

-Que así sea, y se acreciente con ello más mi ya consumada fama de loco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.