NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 30 de julio de 2011

Sobre el arte de atemorizar (HR del miedo)


Cuando lees un relato de terror (o mejor dicho, que lo produce) , tus sentidos permanecen intactos, inalcanzables para el desgraciado descriptor1 que se aveza a creer (porque otra opción no tiene), como y desde Virgilio, que “la mente mueve la materia” y, tocada esta, la psique se encargara por si sola de turbar al soma...pero que en el fondo sabe que él solo puede alcanzar parte de la conciencia que habrá, con suerte, de perderse entre los afilados alfileres de la perturbación más macabra.

Por tanto, si mientras te recreas en esa lectura te encuentras en una terraza luminosa, a pleno día, frente un jardín colorido, embriagado por el olor de las flores pletoricamente abiertas ante y para ti, mientras se resbala por entre tus labios hasta morir bajo su comisura derecha los efluvios de un pequeño afluente de un lago cuyo nacimiento se debe al olor a salsa barbacoa que vuela en el ambiente (o sea cual fuere la más apetitosa fragancia que a tu gula invite), acompañado de personas que conversan afables y ríen cordiales junto a sus tazas de aromático te o café sobre un suave mantel de terciopelo azul cielo, al tiempo que el trinar de los pájaros acompasan las tonadas harmónicas de algún compositor excelsior... si, a fin de cuentas, empapas tus sentidos y parte de la conciencia en sensaciones gratas y opuestas al abatimiento que pretendes que te aplaque, no culpes luego de poco atroces los ingenios de la cortante daga que intenta apuñalarte el alma; nada podrá quebrarte, con tal coraza.

Si por el contrario te encuentras sentado sobre una lapida firmada bajo el epitafio “fui lo que sois, seréis lo que soy” en un cementerio aislado, rodeado por una arboleda alta y espesa por entre cuyas ramas susurran tenebrosamente los vientos... o las sombras de los muertos... Si la noche lo embarga todo con su agreste y desharrapado uniforme mil veces perforado por las balas plateadas de un revolver en manos extrañas, así como las grises ballenas obsesivas se burlan del rostro que porta tan agujereado e infinito vestido zafándose de no poderlas apartar para contemplar su agresor mientras se desangra, pintando con claros las oscuras tumbas que rezuman a muerte...
Entonces, así desnudo ante mi tinta, la sola mención de su levantar te hará temblar y alzar tu mirar de mis letras para comprobar, te ampare el azar para poder leyéndome continuar, que todo permanece quieto...atronadoramente quieto...Que aquella cadencia lejana, ese susurro en la nuca o esta caricia invisible que ha erguido tu bello vello...no pertenecen a otro mundo que el de tu mente... perturbada. Y vano sera entonces querer tranquilizar bajo la mampara presuntamente irrompible de la razón a tus ojos, que se desplazan como sonámbulos, inducidos en un frenético estado REM que desvirtúa y desvirga la realidad en pro del delirio más lírico que brota de mis letras cual espigas de rosales que trepan por entre los botones de tu pecho y anhelan con empeño asir, comprimir y oprimir los restos quebradizos de la integridad de tu corazón al son de sus espasmódicos latidos y tus conturbados gemidos. Vano sera, reitero, que por cada palabra leída intentes reprimir tus ojos: ellos, locos, escudriñaran temblorosos toda la zona antes de continuar, dilatando más aún la lectura y, con ella, tu tortura.

Y es por ello que el cine, que anega nuestros ojos con sus inquietantes imágenes, y nuestros oídos con sus estridentes sonidos y sinfonías, así como del tacto, los olores y el ambiente en general gracias a las nuevas tecnologías 4D2 (cuya efectividad tuve el placer de comprobar en el turbio rostro de mi hermana), además, por supuesto, de nuestro pensamiento mediante su escabrosa trama, tiene un gran poder de convicción a la hora de acongojar al espectador, siempre y cuando, claro, se sepa orquestar dignamente todas estas herramientas, para lo que aún falta mucho, me temo3. Sino lo creen así, solo han de unir los sustos enlatados (o sobresaltos espontáneos comerciales) de Insidious (o cualquier otra semejante) con un resoplido de aire comprimido acariciándole el sensible cuello en el momento justo, después de un in crescendo de tensión y volumen: saltaran como saltamontes. O imagínese, si lo prefiere, sentir la hoja de una espada (o un péndulo, Poe) en su yugular (o abdomen), igual que el protagonista, mediante un leve y continuo bufido que sigue el mismo recorrido y que se dispara al brotar sangre. O los mordiscos de los murciélagos extrayéndole la sangre del tobillo a intervalos discretos que suenan cortantes...las posibilidades rebosan en esta pequeña olla.

Sin embargo, el cine (cuando no es al aire libre), potencialmente más perturbador (por usar más estímulos físicos además de los psicológicos, siendo más cercano y wagneriano) que la llana escritura, tiene un gran defecto que bien podría ser su mayor virtud: el escenario. En cualquier momento el espectador, tu mismo, puedes alzarte, salir por la puerta y encontrarte en un espacio similar al primeramente descrito. Evadirse es así de sencillo gracias a la existencia de una clara delimitación entre realidad y ficción, entre la sala de proyección que te embebe y el centro comercial que la rodea y que busca precisamente el efecto contrario: agradarte para captarte (indiferentemente de lo terrorífico y feroz que pueda ser el capitalismo y el consumismo).

Es por este motivo que perviven irreemplazables los parques temáticos adornados para la ocasión (habitualmente Halloween), así como sus atracciones4 y festivales. Y es por ello que debiera o pudiera trasladarse y fusionarse con el cine esta especie de espectáculo-atracción con tintes teatrales: por el bien del cliente y la consumación del deseado estado de pavor. Sino lo cree así, imagínese entrando en la sala de modo tal que las puertas que abre escondieran tras de si a unos extraños personajes armados con escobas (habitualmente llamados por los políticos correctos como empleados de la limpieza) que le saludaran con un peculiar tono al unisono antes de torcer usted hacia las butacas, volviendo un instante su rostro en derredor y sorprendiéndose de su extraña disposición. Imagínese que tras esta pequeña inquietud se sobreviene una mayor cuando la película se inicia directamente, sin anuncios... o cortando abruptamente por la mitad a uno de estos condenados subproductos de nuestra sociedad. E imagine más aún: una voz que emerge del estudio de proyección declara que el film se ha cambiado...y en este se declama que las puertas han sido ya cerradas para que nadie pueda escapar.... Alguien (quizá un infiltrado para asegurarse que se toman la molestia de dudar de las palabras de la pantalla... o de la creencia que estas no puedan sino pertenecer solo a la pantalla) lo comprueba y se lo confirma al resto de los crecientemente crispados consumidores que apelan a sus derechos inalienables. Mientras tanto, se explica por parte del film, en primera persona, que el perturbado que ha movido así los hilos pretende hacer entender con su película sus motivaciones y sus futuras intenciones para con el publico, nada halagüeñas5. Imagine, ya puestos y tan expertos en ello, que al terminar la función un cumulo de personas, algunas de ellas infiltradas, otras recién entradas, se abalanzan sobre usted y el resto de usuarios de tal manera que acaban convergiendo todos en una misma salida, pasillo que lleva a una especie de “casa encantada”, de “atracción de feria”, sin el publico apenas sospecharlo, minado su pensamiento critico mediante la grabación reproducida. O que han llegado a esta, diseminados y separados, después de liberarse por toda la sala cual cámara de gas un somnífero, siendo transportados, sin sospecharlo, por los dependientes.

Sin duda es aquí, cuando la realidad pierde pie en la ficción, donde podemos alcanzar una verdadera experiencia de terror (si bien la temática es arbitraria; simplemente habría que reformular la propuesta). Si quieres sentir el miedo has de poseerlo, hacerlo tuyo: vano es temblar por la vida de un personaje interpretado por un actor y que fue imaginado previamente por un guionista, cuya historia, a más a más, a menudo conocemos de antemano, ya sea por pecar de arquetípica (pues el cine, como la más mediática y, por ende, comercial de las artes, tiende a serlo), ya sea porque razonemos: “es película, ficción...todo vale, y se pretende sorprender: luego es evidente que la vuelta de tuerca es...”6, ya sea por la acción de inevitables spoilers en los trailers (o otros lugares) cuya existencia es necesaria para la difusión que da sentido a la vida del film pero que le cuesta una buena paliza. Estas consideraciones, digo, no pueden sino minar el objetivo y las pretensiones de tales creaciones. En cambio, cuando es tu vida la que esta en juego, la mente se nubla y cualquier minucia se agranda... porque no puedes bajar el volumen, darle al pausa o repetir la jugada, predecir el futuro o salir de la sala. Nada puede sustituir o escapar de la realidad (exceptuando estados esquizoides y disociativos7). La vida es, pues, la experiencia artística mayor, en potencia... el exponente máximo al que Wagner podría aspirar, en la cual todos los sentidos son estimulados mediante toda clase de experiencias, métodos y artes, abriendo un amplio abanico de sensaciones, sentimientos y pesnamientos. Pero potencia no es acto... por ello se la ha de ayudar, a la vida; a tu vida, amo y señor, espectador. Del modo expuesto lograríamos una fusión eficiente entre realidad y ficción en pro de sus deseos8.

No obstante, un dilema ético me detiene: la base para difuminar así las fronteras entre realidad y ficción es no reportar al cliente lo que pide en concreto, sino lo que pretende conseguir con ello; lo que exige en abstracto, pero de otra manera... una que no espera... y tal vez no quiera. Lo inesperado...,esa es la clave: lo espontáneo y natural, lo que no se busca, aquello por lo que no ha pagado y que forma, por tanto, parte de la realidad, no enmarcada en ficciones falsas... encarnar e interpretar la realidad como a un juego, engaño del que el espectador es ajeno, creyéndolo cierto y no siendolo, no pudiendo sufrir por ello aunque no lo sospeche (no a modo irreversible o duradero, al menos).
Sin embargo, así razonando, me siento como a un monarca ilustrado (“todo para el pueblo pero sin el pueblo”) o un dictador sin escrúpulos(“el pueblo no sabe lo quiere ni lo que le conviene, pero yo sí. El pueblo no me cree y no me obedece, pero yo se que tengo razón. Por su bien, pues, les obligare. Me lo agradecerán...”); gentes a las que nunca tuve en buena consideración...Siento, pues, que aunque tentador, hay algo incorrecto en mis razonamientos, que traspasan la fina linea de la voluntad propia, la intimidad o la libertad. Siento que ese dictador, aún siendo un Platón santo y bienintencionado, debe dejar morir a su pueblo: que este cometa sus propios errores. Siento que solo así serán felices hasta el día de su muerte y arrepentimiento, mientras que de otro modo engendraran en sus entrañas un odio profundo y creciente hacia su titiritero y se lamentaran eternamente por no haber intentado las alternativas que más dulces concebía su ingenua mente.

Es por este conflicto moral, digo, que me veo obligado a no engañarle con descaro, sino con sutileza: la idea de un parque temático invisible asoma mi lumbrera; parques que lo son pero no lo parecen, haciendo olvidar su carácter quimérico a quien los visita para luego arrebatarle el aliento con facilidad... o que niegan su calidad de ficticio y proclaman un real peligro. Incluso me atrevería con sus simétricos: hacer firmar un extenso (y por ende rubricado sin ser leído, mayoritariamente) contrato en el que se detalla y destripa el contenido del espectáculo (avisando de ello en el primer párrafo para recomendar indirectamente su no lectura para no insensibilizarse al show) y se declara (hacia el final) que sus responsables no se hacen cargo de las posibles secuelas psicológicas o físicas que este pueda producir... o sino, declamar oralmente por uno de los actores que: “una vez dentro, ni yo, su creador, puedo predecir las desdichas que les aguardan. Pero no pierdan la calma y recuerden: todo es un juego. Aunque tampoco olviden que ustedes no lo son: si son coherentes con la ficción que van a interpretar, saldrán ilesos; de otro modo, si se burlan o ignoran las amenazas que les sobrevendrán, pueden resultar ligeramente aturdidos...y heridos. No obstante, no muerden muy fuerte. Ahora, aquel todavía dispuesto a adentrarse por las macabras grutas de esta atracción, sigame” y que este desaparezca recién entrado al tiempo que se inician unas persecuciones que disgregan al grupo, conduciendo a cada uno a una pequeña habitación claustrofóbica y oscura como el más típico de los armarios de película, en la cual les sorprenderá otra persona que, delirando, recitara cual maleficio:

“Estoy harta de fingir,
de amenazar sin cumplir.
Reclamo la sangre que pedí
y aclamo al metal vil
que tus entrañas ha de abrir.
Sea así y solo así.”

Momento en el cual clava un cuchillo próximo a tu mano recostada sobre el suelo del cual ahora se entretiene en intentar sacarlo mientras tu deberías huir: el show debe continuar.

Pero mi mente, incansable, aún concibe otras posibilidades susceptibles de helarte el alma antes de ni tan siquiera terminar las expuestas: imagina ahora un local tal y como lo pudiera ser una agencia de viajes. Un local que prometiera atemorizar a cualquiera y que se basase en la premisa anterior, mezclar realidad y ficción, pero tomando como cemento el tiempo. Un local cuyo lema fuese: “te asustaremos, pero...¿cuando?”, dejando al cliente en un continuo estado de duda en el cual todo es susceptible de ser provocado por ellos, convirtiéndose así en una materialización notable del genio maligno cartesiano, de modo que el pensamiento racional y critico iría dando paso al paranoico, paulatinamente. Tanto es así que, en su cúspide y con suerte, la compañía no habría de hacer nada: la sola sugestión e histeria habría de ser suficiente, así como lo fue en el experimento de Rosenhan y los pacientes inexistentes. La fuerza de la palabra como única arma. Y recayendo tanta importancia en esta, el primer y único contacto entre las partes seria determinante:

-Mientras va firmando los papeles, quiero recordarle que la postergación es indefinida. Pueden transcurrir años, incluso morir en el proceso. Esto garantiza la eterna duda.
-Menuda gracia tener que pagar para que luego no hagan nada, ¿no me estará timando, verdad?
-No se preocupe por eso: el servicio es gratuito.
-¿Gratuito? ¿Quien da algo por nada, hoy día?
-¿Nosotros?Piense que nos hace un favor: aún estamos en fase de prueba para regular la intensidad.
-¡¿Que?! ¿Regular la intensidad? No querrán matar, ¿verdad?
-No sea paranoico, hombre. Eso dependerá de usted. ¿Es que no ha leído el contrato? Ya decía yo que firmaba muy rápido...
-¿Que dice en el contrato?
-Que no nos hacemos responsables de daños permanentes en la conciencia. Tuvimos que enviar al manicomio a un chaval el año pasado; desde entonces, hemos tomado algunas precauciones legales. Pero no se preocupe, hemos mejorado mucho desde entonces...

Pero volviendo al cine y sus inconvenientes, dejando a un lado estas atracciones teatrales que reivindico9, examinemos ahora otra de las consecuencias del escenario típico en el que se desarrolla: estar rodeado de gente (si bien es verdad que esto no es imperioso desde que existe el televisor o incluso los portátiles, que nos permitirían ver una de zombies solos y en el cementerio) . La ausencia de soledad impedirá siempre, exceptuando que creamos que quienes nos rodean nos son peligrosos, hundirnos en una verdadera sensación de temor, y no de mero espanto por grotesco o susto por espontáneo10.

Por otra parte, si bien antes he enfatizado y elogiado el carácter wagneriano del cine, este puede ser también uno de sus mayores defectos: embebida la vista, los oídos y la consciencia en acto tan pasivo, que nos toma como a meros receptores, la imaginación y sus alucinaciones11 o sobreinterpretaciones de la realidad que la envuelve se anulan, ya que la sala, para más inri, esta aislada a estas interferencias. Por el contrario, mientras se acomete en la intimidad del hogar (o quizás un lugar más propicio como el del principio) una lectura inquietante, los movimientos de las sombras y las luces así como los sonidos del entorno penetran en la dimensión de la lectura y acrecientan su desasosiego.

Sin duda que el cine es una manzana tentadora, brillante y esperanzadora... pero no creo que nada pueda sustituir a la realidad junto a un pensamiento enfermizo suscitado por una obra macabra, por un simple relato leído en el ambiente más adecuado. Y en esto consiste la hiperrealidad del miedo: en como guía el arte (el ambiente y los estímulos de la realidad) la mente para que esta cree y en ella se recree un mundo de monstruos y quimeras amenazantes.

Ha de perderse, pues, la razón que nos cohíbe: parafraseando a Stuart Mill12, tenia miedo hasta que me preguntaste porque.

Así que calla, y disfruta.


NOTAS
1La demencia no se escribe, se describe y vive (enlazar relato)
2Cuyos antecedentes en el ámbito del ocio hay que buscarlos en los simuladores virtuales de feria y en los parques de atracciones (p.e., Sea Odyssey 4D de PortAventura o Dididado de Tibidabo).
3Lamentablemente, es fácil comprobar que los llamados cine 4D, 5D, 6D, 7D, 8D,...(términos meramente comerciales y no estandarizados) son solo forma sin contenido ni apenas trama debido, en parte, a su corta duración (así como lo fueron las 3D cuando solo se emitían en centros especializados como IMAX, antes de incorporarse de manera natural en el cine[proceso en el que aún nos hallamos, viendo su aberrante/catastrófico uso en films como piratas del Caribe 4]); meras atracciones de feria supradesarrolladas, por el momento.
4Quizás uno de los pocos casos en los que podamos hablar de una demarcación entre 4D y 5D: la interacción (acercando así más aún los videojuegos y el cine y prediciendo la superación del arte total de Wagner basado en la sobreestimulación [mediante el uso de todas las artes] a través del feedback entre obra y espectador). Otras atracciones famosas y semejantes son el Hotel Kruger(Barcelona) o el Horrorwood (Taiwan)
5Algo así como en “no mire atrás”, de Frederic Brown, pero intentando cometer realmente las amenazas; solo intentandolo...
6Si bien hay excepciones notables: after.life(2009), de la prometedora Wojtowicz-Vosloo, asume que la mejor mascara es la que se muestra, aún con amagos: aunque puede preponderar la racionalidad, sus sutilezas y el razonamiento antes descrito (nada es imposible en la ficción) me hicieron vacilar entre las dos caras de la moneda hasta el final. No en vano, no sabemos nada de los muertos y la posible vida ulterior como para juzgar si esto o aquello es factible. Y aunque reconozco que prepondera una cara, embebe y perturba.
7Un buen ejemplo de ello es Sucker Punch
8En “letras escritas en sangre” reivindico algo similar con los documentales 3.0
9Solo existe un sentido eterno y ubicuo (que irónicamente ha sido el más marginados, teniendo sus hermanos por buenos compañeros las artes plásticas, la musica, la gastronomía o la perfumería): el tacto. Nuestros ojos en la oscuridad son inútiles, e incluso pueden cerrarse. En el silencio (o en frecuencias inaudibles) sordos son nuestros oídos, que también pueden ser taponados. Cuando no comemos, poco hace el gusto. Y vano es nuestro olfato , poco fino, que requiere de olores intensos. Sin embargo, reitero, el tacto es eterno, intimo y personal. Y como tal, hemos de alcanzarlo: acceder a él, sin olvidar, claro, que el arte también ha de conducir, bajo hilos invisibles, a abrir estos otros sentidos, guiados por una mente bien perturbada, con una precisión y modo equiparable a la acupuntura. Porque la realidad, de un modo u otro, ha de perder pie en la ficción.
10En el banquete de Platón, por ejemplo, al poco de iniciarse el discurso de Fedro se habla de un “ejercito de amantes y amados”. Creo que es una de las menciones más antiguas al fenómeno por el cual la valentía de uno acrecienta a la del otro, haciendo incrementar así la del primero, creando un feedback continuo y sucesivo: la retroalimentación. En esto se basa el razonamiento típico “voy si tu vas”. Por tanto, si asumimos que el resto de espectadores no solo no nos van a atacar, sino que más bien preponderaría la fraternidad (no digo que sea así, si no que se piense inconscientemente así) las posibilidades de atemorizar se reducen de manera importante. No en vano, las películas de esta índole son vistas frecuentemente , entre otros sectores, por parejas.
11Más comunes de lo que la mayoría de la gente piensa, como muestra Seashore
12“Era feliz hasta que me lo preguntaste”. Cuando se examina racionalmente un sentimiento o sensación irracional y abstracto como este y se intenta justificar, pierde el sentido, porque estos no necesitan ser justificados. El mundo puede ser una mierda y yo vivir la peor de las pesadillas, que podre seguir pensando: “hoy es un día hermoso”.   

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