NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

martes, 16 de agosto de 2011

Gris sobre gris sobre gris


(Imitando a Velázquez,
un rostro que poco envidiar puede al del diablo)

Tres espejos deformes -o deformantes-, extendidos en el tiempo y acoplados en sus intersecciones, reflejan un mismo día de la vida de un ser igualmente perturbado/r:

I

La primera vez que lo vi fue en el gran convite del tío Joe, quien, bajo el poder de su mágico y extensible brazo, que solía llamar “mi acaudalado río de oro”, me había encontrado muy lejos de la civilización. “/nadaescapalosojosdeloro/” fue la respuesta que obtuve de los quiméricos dedos de aquella extensión suya a mi “¿como es posible?”. Se hacia llamar Detective de Joe, y sus extrañas palabras me hicieron desconfiar de mis amigos los loros, traidores sin redención posible: ¿tanto les pedía yo con su silencio, con mi aislamiento? Un loro de oro lloro ante mis acusaciones.
     Tras algunos días de absurda resistencia, aquellas pegajosas y persuasivas yemas-cual gekko- bien supieron como ceñirse a mi cuerpo y llevarme consigo. Absurda porque, desde el principio, ambos sabíamos que yo terminaría cediendo: no se debe huir de un poder tan grande, que es capaz de atravesar la Tierra para hallarte, sin antes escucharle; volvería fácilmente a alcanzarte.
     Así pues, me deje arrollar por su áureo y caudaloso río y vi como este me arrastraba hacia él mientras me embutía en seriados y serios trajes. Antes de darme cuenta ya estaba en un gran salón rodeado de personas con los mismos ropajes, posturas y gestos, incluso palabras, paseando copas-con el postrimer vino de Alarcón- como quien pasea candelabros que han de permitirles, junto a su luz y destellos, la buena ventura de atravesar la niebla que entela sus ojos; más habrán de querer, si aún más bajo quieren caer.
     Y allí, envuelto en aquella especie de manta moteada simétricamente, monotematica, serializada, idéntica en todas sus partes y con aromas de fractal, vi, con un leve asombro, un punto discordante, una anomalía que me recordaba que no acelerara tanto mis disquisiciones generalizadoras, precipitadas y falaces...un hombre que odiaba con la misma intensidad irracional que me hacia amarlo: su ausencia me hubiese permitido sintetizar sutilmente la escena, modelizarla y matematizarla; pero entonces hubiese sido demasiado sencillo...y el problema resultaría ya aburrido. Por ello era tan enigmática y fascinante su existencia, si bien dificultaba mis elucubraciones. ¿Tendría esta estampa dos puntos de fuga, dos observadores de este esperpento al que somos ajeno, siendo yo uno y él mi simétrico? ¿Estaría él pensando lo mismo mientras nos mirábamos con tal vehemencia? Quise acercarme a él para preguntárselo y comprobarlo, pero entonces Joe me sorprendió por la espalda. Aun por el rabillo del ojo, mientras me giraba, vi como él hacia lo propio para marcharse en dirección a la salida.
     Preguntarle por él a Joe desee, pero cuando describirle intente...no puede. Todos los adjetivos que le atribuía eran perfectamente validos para la gran mayoría de los visitantes; tan personales todos ellos... era como si fueran extranjeros de una misma zona, indistinguibles para aquel no acostumbrado a verlos, que antes evidenciaba sus similitudes que sus diferencias. Razón por la cual, quizás -si no por la asimilación de razas-, un mismo autor dibuja normalmente indistinguibles a los diferentes individuos de una colonia alienígena: solo la extravagancia se salva de esa ofensa:¿quien no distinguiría a alguien que por peluquero a manos tijeras tenido hubiese? ¿O a quien como Yoda-¿o los alemanes? Clara su gramática no tengo – hablase? Sea como fuere, finalmente desistí para dejarme embriagar una vez más por la serpenteante lengua de Joe.
     Cuando la celebración-o espectáculo, quizá debería decir - termino, me dirigí a la estación para poder olvidar al fin, en mis alejadas tierras, los insoportables ajetreos de la ciudad y la vida en sociedad. Sin embargo, una ubicua presencia me indujo a una inquietud que acrecentó mi ya errático caminar por entre aquellas laberínticas calles. Unos ojos desasidos de todo cuerpo me escudriñaban tras los escaparates de todos los locales mientras yo doblemente me acuciaba, en mi paulatinamente acelerado paso. Y siendo mi mirada confrontada con la suya, a mi espalda, y no con el camino que recorría, no vi venir una barandilla sobre la que volqué. Caí de cabeza y a usted, San Pedro, con el relato proferido por mis labios de nubes blancas, puras y ciertas, le pido clemencia para que entrar se me permita al Reino de los Cielos: yo solamente, cual misantropo, en mi paraíso natural quise vivir, ajeno a la enajenación del pueblo. Mas, apresado por el poder, no pude en él permanecer, aun siendo esta mi única voluntad. Os ruego, pues, que cedáis ante mi, misericordioso, así como yo me postro echado ante vos.

No, realmente no. Eso no fue lo que ocurrió... ni tan siquiera fue lo que soñé -y si así fuere, lo negare- cuando contra el cristal de una de estas tiendas choque y rebote, en mi huida exasperada, sobre el suelo desmayándome. Aunque, sinceramente, no me hubiese importado poder contarle a mi psiquiatra lo que ha San Pedro, para que me empastillase: que desde entonces, paranoico, creo verlo en todas partes; que padezco de manía persecutoria. Ojala... seria como mitificar mi vida cual thiller, de esos tan leídos y vistos y soñados y deseados haber vivido como propios. Ya me lo imagino: huyendo in eternum por todo el mundo de una sombra que no era más que mi reflejo, como observé al recobrar la compostura y mirarlo fijamente halla donde abruptamente me había estampado, y del que jamas podría escapar.



II

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.
Darío

No se porque estoy grabando esto: nada puede sustituir el recuerdo mental, en el que se conglomeran o aglomeran -mi metafísica no alcanza a distinguir cual la idónea metáfora es- no solo vista y oído, sino olores, dolores, fríos y calores, prisiones de presiones y depresiones, sudores, pensamientos y reflexiones, inquietudes, estados anímicos y hormonales,.... . Encima- que no enzima, por más que la oralidad de quien lo recita distinguir no le permita al que lo oye-, la imagen, el sonido, la posición,...la grabación en general es pésima, más que pauperrima; no se como me convenció Joe para salir de mi edén y llevar a cabo tal inutilidad: ¿sera una indirecta?
     Sí, en realidad sí se porque lo hago-o eso pienso, ingenuo, ajeno a la omnisciencia-; como me convenció. Tal es mi comportamiento y sumisión porque ellos lo creen importante, y aun yo no creyéndolo y de acuerdo estando, valoro su estima y cuidarla quiero, no atacarla, ya que persuadirles no puedo sin herirles antes-sí, soy de los que acataría las ordenes del democrático y tozudo pueblo aun cuando estas, ellos ignorándolo y yo advirtiéndolo, fueran sinónimo de su condena, por verles felices, pese a tener que ser en su lecho-.Porque aunque tal vez no lo vuelvan a ver en su vida, lo creen necesario, pues estas imágenes que registro serán en un futuro un enlace directo con su memoria, un estimulo suficiente para suscitar recuerdos; el néctar del viejo sin potencia para poder seguir generándolos, viviendo. No tiene mayor-ni menor- valor que ese, me supongo. Pero aun así... ¿Que sentido tiene grabar algo para ser un futuro estimulo de nuestra memoria, si el recuerdo no es haberlo vivido sino haberlo grabado?; sin duda por ello en mi ha delegado. Es tan absurdo, concluyo, como un turista que pasa más tiempo describiendo-en verbos o en fotos- sus vivencias, que no aprovechando su estancia para vivir otras nuevas. “Que somos sino nuestros recuerdos, nuestra vida y biografía -defenderán ellos-; como podemos sino combatir el terrible argumento de la “Tierra de cinco minutos” de Russell -como si acaso así lo venciesen-”
     Y uno pensar puede, falsamente, como burda, mi queja; que mientras grabo el teatrillo de su hija mismamente lo estoy viendo y viviendo: ¡mentira! Que aún siendo la calidad del vídeo indignante, peor es el recuerdo borroso y difuso: ¡falso! Tal vez las caras cámaras puedan, como el cerebro, focalizar la atención y optimizar la percepción; la mía no. Y siendo yo quien procuro mejorar la grabación manualmente, distrayéndome; quien dirige -y dolorido el brazo alza-su foco, zoom y memeces, no puedo seguir la simple ristra de palabras del esperpento que contemplo que se lleva a cabo en el tablado: hay ruido en la sala, no preparada acusticamente para este y otros problemas, como las mal vocalizadas actuaciones -que vacilan, según el ponente (pues así de aislado se halla respecto al resto, con inclusive, en ocasiones, dilatadas pausas que les privan de la espontaneidad que pretenden emular), entre el histrionismo y la timidez- , que no bien oídas por mi, la cámara ni las capta; la iluminación y el montaje son nefastos, y una hilera de cabezas enmarcan toda la pantalla-¿toda? ¡Toda! Tal es su malicia, que hasta del techo parecen colgar- .
     Así pues, reitero. No escucho la obra. A veces, ni la veo. Para colmo, al estar grabando, yo tampoco me entero. No se cual es el sentido -o en mis ojos no lo veo-, en verdad, de todo esto... Mas más grave me parecen estas reflexiones que estos hechos: ¿Me esta contagiando Kafka su debilidad? ¿Debería leer a los teletubies? ¿Tal es mi madurez y mi inutilidad? ¿Me estoy autoengañando al pretender ser lo que no soy, un intelectual que conoce-o se afana en conocer- a los clásicos, y aún imitarlos y mejorarlos y su fama alcanzar y alzar? ¿Soy preso de una ficción que distingue absurdamente entre entre académicos y no? Lo ignoro, aun no queriendo, no pudiendo hallar solución que alivie mi desazón.

La posición -física y mental- me agarrota. Me duele el cuello y el cóccix-que creo luxado-. Tengo espasmos cual pinchazos en el brazo, que lleva largo rato sosteniendo erecto una cámara que al principio juzgaba de ligera; me sorprendo de mi irrisoria resistencia y fuerza: aún tendré agujetas, y todo... que ridículo soy; más que un bufón... mas con orgullo-si aún de él dispongo- acepto mi autoimpuesta condición.
     Me aburro. Hace calor. Me agobio. Deseo irme. Permanezco inmovil. Quieto. Impasible. Muerto. No aplaudo: estoy grabando. No sonrío. Estoy grabando. No disfruto, no vivo, no siento; soy una mera extensión de la cámara -que a su vez lo es de su amo, Joe-, un ser bionico, robotico, insensible. No pienso; no con cordura. Estoy demasiado ocupado -hay quien diría alienado- acometiendo una tarea inútil en la que ni tan siquiera creo. Soy un misero títere, ciertamente...¿Y esto es lo que querré recordar?:¡Condenado el inventor amoral sea, y no quien a este uso a hecho degenerar tal maravilla! ¡Y sean todas las ironías, desgraciadas verdades literales!
     ¿Por qué no protesto? ¿Por qué no me abstengo? ¿Por qué no huyo? “Eres tu contra el sistema; no puedes vencerles”...me respondo mientras me siento como el Socrates de Platón en su apología, como Thomas en “un enemigo del pueblo” de Ibsern, como Samsa en “la metamorfosis” de Kafka, como... como tantos otros que han explotado un tópico eterno, cristalizado tanto, y tanto en la ficción como en la biografía de ilustres personajes.... que tan descarado me resulta, que me parece inverosímil, ridículo, mediocre, absurdo, infantil,... tanto el tópico, como la reducción de las citadas obras al mismo, o el querer yo equipararme a estas o a aquel. Todo, absolutamente todo, al tacto me hace comprender que recubiertos están de un hedor insufrible.
     A ellos les gusta, a ellos les parece importante...sacrificarse absurdamente vale entonces la pena, espero. Ese ha de ser tu porqué, Yo. No importa el acto, es algo simbólico. Es solo mental. Solo ella le da valor. Dejalo correr. Es su problema. No pienses más. No vale la pena. Y no cuesta tanto. Luego ya vivirás. No hay prisa. Esto es temporal. Todo lo es. No te preocupes. No eres de aquellos que creen en esto. Solo eres un títere momentáneo. Pasara. No tienes responsabilidad para con tus actos. Delegaste en ellos. No hagas caso a Milgram. No le des más vueltas. Mantente impasible. Muerto. Nadie notara la diferencia. Muy bien. Contén tu odio. Luego ya lo liberaras. Ya te desahogaras. Ya exorcizaras tus males mediante la escrituras. Ya te ampararas en ella. Pero más tarde. Ahora, concentrate. Concetrate y espera. Solo espera. Todo llegara. Ha de llegar. Debe llegar. Sino... Llegara. No pases ansias. No inútilmente.
     Sí...¿que he de hacer? Grabar ¿Que he de grabar? No lo se... al no entender su finalidad, no puedo saberlo. No importa. Tranquilo. Grabalo todo. Sí... así no habrá problemas. Total, que más da...

Aplauden de nuevo. ¿Por qué son tan ruidosos? ¿A ellos no les duelen los oídos como a mi o como aquellos a los que aplauden, como mi sobrina me confeso? ¿Acaso creen que por aplaudir más fuerte muestran o demuestran -o quien sabe que pretenden- más admiración? ¿Y de verdad lo admiran? ¿No aplaudirán tan fuerte para así engañarnos a todos, incluidos ellos; pata hacernos creer que tal es su valía, no teniendo de este modo que argüir con argumentos la supuesta excelencia de lo que se muestra? Y sí de verdad lo admiran, ¿Que admiran? ¿La obra? ¿Los personajes? ¿La interpretación? ¿Que seria de esos aplausos sin esos lazos sentimentales, amistosos o familiares...? ¿Realmente pretenden que me crea que unos preescolares se merecen el mismo entusiasmo objetivo que, por ejemplo, el circo Soleil, cuando no más? ¿Se duplicara, pues, el gozo, cuando el hijo sea realmente bueno, o siendo este un actor reputado y adinerado, mediático? ¿Se triplicara cuando se sea -que no sesea, oyente- consciente de su valía, no por ajenos sino por el conocimiento propio en la materia, no siendo un mero espectador inexperto en lo que esas actuaciones implican? O por el contrario, ¿permanecerá el sentimiento inmutable, siendo cualquier acto admirable, aunque fuese reprochado como malévolo por la sociedad? ¿Es posible que por contra, estas personas, odien el teatro, la obra y los personajes a nivel individual, y solo lo aplaudan porque es su hijo y porque es algo que la sociedad, por consenso, considera loable, mereciendo el nombre de arte cuando se alcanza la excelencia en su practica, muy alejada de sus inicios, pero los cuales son indispensables del mismo modo que toda cima tiene su falda y valle? ¿Es esto solo así a edades tan tempranas? ¿Por qué?
     Ahora la gente ríe, no se oye nada que del escenario provenga, y los hilarantes continúan actuando. Es una situación extraña, difícil. La intención de la obra es hacerte reír. Ellos, por una vez, lo consiguen. Ríes, pero...oh, ellos continúan y pierdes el hilo y otras posibles risas, además de molestar-o contagiar, según humores- al resto de la platea. Sin embargo, si dejas de reír, si no ríes, la obra pierde el sentido. Si inhibes la risa, si la disimulas o aflojas, pierdes el sentido no solo de la obra sino de todo el genero de la comedia y su capacidad enajenativa y de evasión; la niegas. Para solucionarlo, a veces los actores pausan la escena. Pero entonces el clímax -decir tensión me parecería impropio fuera del thiller, el porno, la electrodinámica,...en fin, fuera de cualquier contexto menos este- disminuye, y los que tienen risa menos fácil pierden toda posibilidad. Pero si avanzan sin pausas, las risas no permiten oír la obra, y esta resulta igualmente banal. Se puede ralentizar la escena, se puede repetir o insistir en la frase o el contenido de tal exitoso gag antes de continuar, una vez calmado el publico y sin perder el hilo; pero es difícil encontrar un equilibrio entre mantener el clímax y dejar al espectador desfogarse. A veces, incluso, los más hábiles, apelan al propio publico en un metalenguaje de sutileza muy variable. Pero la única salvación factible a este atroz dilema -cuando no interpretar para un solo asistente, en cuya soledad no suelen prodigar risas, pues es la comedia un genero social por naturaleza, a causa de las neuronas espejo, me temo, en base a mi propia experiencia- es la prevención por parte guionista, de manera que tras un gag se sucedan escenas silenciosas, gestuales o superfluas que lo refuercen y cuya perdida no sea relevante pero que no aminore el clímax, ni aburra, pudiendo ser de uso opcional según el éxito. Pero por seguro que estoy pidiendo demasiado...¿como saber cuando un gag va a tener éxito? ¿Y cuanto éxito? No lo se. Es todo muy complejo. La comedia...es un genero complicado. Tal vez el que más, si bien es posible que sea yo quien todo lo complique con mi excesivo discurrir. La gente es muy sensible a dramas y tragedias, a tramas existenciales o universales, a grandes temas tratados con trascendencia y seriedad. Quizá no lloren o no le den más vuelta a los asuntos tratados al salir de la sala; pero no les aburre. En cambio, una comedia que no hace reír, aburre tremendamente. Por eso esta nunca ha de ser la única finalidad, sino un fin encubierto. Porque la gente no ríe con facilidad. Yo no río con facilidad. Yo no río...
     Un espectador me habla y me despierta de mi limbo de pensamientos. No se si el siguiente acto comenzara en 5 segundos o en 30 minutos. No se si puedo hablarle extensamente o si es mejor que me calle. Tampoco se que decirle. Para colmo, estamos sentados de tal manera que para hablarnos he de girar el cuello. La posición es incomoda. Me sabe mal, pero me vuelvo a girar a mi posición natural tras responderle; de otro modo, no dirigiéndole la palabra, podría resultarle intimidatoria, mi postura, aunque reconozco que mi gesto es igualmente ofensivo, pues corta abruptamente la conversación, no le permite seguir preguntando y muestra mi desinterés por ella. Me insiste. Vuelvo a girarme, contesto, y retorno. Me tomara por un borde... En consecuencia, logicamente -coloquialmente hablando, ya que las personas y el mundo a menudo resultan ajenos a esas abstracciones formales de la lógica-, no vuelve a dirigirme la palabra. Hemos hablado más que nada; pero solo un infinitesimo más. Presiento, en un escalofrío, que sera la única persona del día con la que podría haber mantenido una conversación diáfana y autentica; tal vez así lo creo porque la brevedad del inciso no le haya permitido decir alguna estupidez, no porque no fuera decirlas. En verdad, ni lo se ni me importa. No la he visto en años y quizá no la vuelva a ver nunca. Y tampoco tengo buenos recueros -ni malos- suyos como para molestarme en entablar mayores discursos.
     En un momento dado, llega otro miembro del centro; este nunca me impartió clases, apenas lo conozco de vista. Quien antes me hablo le habla de mi. Me describe a partir de terceros, de mi sobrina. Estamos tan próximos que puedo oírles. Pero no lo suficiente como para saber si ellos saben que les oigo, y si debería presentarme yo mismo. No tome la iniciativa antes y no la tomare ahora. La función puede continuar en cualquier instante. Me pregunto porque tardaran tanto. Una nítida imagen-siempre y cuando sea impresionista- de un sueño me responde: estamos vestidos, yo y Kadine, con ropajes antiguos y rústicos, marrones y blancos, en una especie de taberna de madera, sentados uno en la diagonal del otro para dejar ver a los espectadores, interpretando una obra de teatro. Cuando termina sus frases, yo permanezco callado. Cuando me doy cuenta que ha terminado su intervención y que he de continuar yo ahora cargando con el pesado carruaje del espectáculo, me quedo mudo. No sabría decir si porque tal responsabilidad me ha sobrecargado o porque, evidentemente, yo no lo había estudiado aquel texto -no en vano, era un iniciado en aquella vida que me ofrecía mi sueño-. El publico comenzaba a impacientarse, no siendo creíble ya una pausa retorica. Le pido ayuda a Kadine, que continué explicando en sus palabras las mías con algo así como “seguro que estas pensando tal, pero te aseguro que...”, si no insinuando las mías para que yo pueda sobreentenderlas e improvisarlas. Pero me ignora; entiende que la culpa ha de caer sobre mi y él no lo va a evitar. Pido al tabernero el guión, sutil, creo recordar. Busco en él desesperada y rápidamente mi dialogo, pero no lo encuentro: es la carta de menús. Frustrado e impotente, ante un publico airado, me levanto. Kadine me pregunta a donde voy, que no me atreva a abandonar el barco ahora. Atravieso la puerta por la que vino la tabernera y desaparezco de escena. Me disuelvo en la nada. No se siente como un fracaso, sino como un suicidio; apaciguador.

Terminada la obra, espero a Joe en la salida de la sala. Me dice que no me vaya. Que harán una merienda. En pocos minutos, el estrecho pasillo que es la antesala esta a rebosar. El ruido es casi tan insoportable como las estúpidas palabras que lo generan. Salgo a la salida del centro y espero. Sin nada que hacer, mi mente recuerda la conversación con el espectador y me rió: “-¿no me habías visto?-Sí-¿y no me has reconocido?-Sí-¡¿y no me saludas?!”
     Tras esperar demasiado tiempo y viendo deambular a las personas de un lado para otro, siendo yo él único inmovile recostado sobre la pared del edificio, entro de nuevo en él: ya no queda nadie exceptuando algunos profesores que me miran con extrañeza. Me siento perdido. Nadie me dijo donde debía ir.
     Finalmente, guiado o atraído por el repelente ruido y el azar, termino en el patio trasero. Joe me presenta allí a una ex-profesora mía, tutora de su hija. Ya nos conocíamos, aunque Joe lo ignorara. Primero nos recordamos mutuamente un breve instante, y nos concienciamos con lo cambiados que estamos. Luego me pregunta si se que quiero hacer. Le digo que estoy en matemáticas. Me pregunta que tal. No me apetece hablar, no tengo nada que contarle, así que le digo simplemente “bien”. Pero ella no parece entender “bien”. Me dice que he de esforzarme. Que he de esforzarme...Estoy becado y pertenezco a un elitista porcentaje de aprobados y me dice que he de esforzarme... ¡Que se esfuerce el resto! Joe, como si me viese alterado, me dice que otra profesora me estaba buscando. La idea no me atrae: más banalidades. Pero me sirve para excusarme e irme. Más exactamente, he de reconocer que no se muy bien como me he escapado de la conversación. Creo que simplemente ellos han continuado hablando sobre temas que me son ajenos; sobre sus cosas. No me han echado, pero tampoco iba conmigo. Así que me voy sin mediar más palabras. En el fondo lo entiendo. Es una frase comodín...uno siempre puede esforzarse más...¿pero uno debe siempre esforzarse más?¿No hay más cosas en la vida?
     La conversación con la nueva ex-profesora se repite de manera similar. Es lo que tiene hablar con gente que ya no conoces de nada. Es un sin sentido. Personalmente, las reuniones de ex-conocidos nunca las he entendido; creo que se basan en la nostalgia, pero es una absurdidez: allí conoces a personas completamente diferentes...reunión de ex-alumnos de primaria al cabo de 10-20 años, ¿que similitudes pueden haber? Si los niños apenas tienen personalidad... Si ni tan siquiera yo se si me he forjado como persona, todavía... Pero ahora no te vayas por las ramas de la selva calurosa y angustiante de tu pensamiento, Yo. Te están hablando. Ella se esta lamentando de no haber podido hacer las pantomimas de hoy con nuestra promoción. Llamenme seco: yo me alegro; aunque le recuerdo que si que hicimos cosas más o menos similares. Me recuerda lo malo que era en estas actuaciones; en su materia. Recuerdo que en su día me dijo que no tenía vena artística; ¡y yo escribiendo estas crónicas y fabulaciones, así como otras, con tales pretensiones! ¡Que soberbia, la mía! ¿Habré yo de retirarme de este mundo y del de mis sueños? Le replico con la relevancia de la matemática en la musica. Me reafirma. Ahora yo la niego. Me gusta llevar la contraria; es uno de mis pequeños placeres diarios. Le digo que la matemática es importante en todas las artes -y doy ejemplos múltiples (pues una misma idea matemática es usada en diferentes disciplinas artísticas)- porque ella ha enfatizado que la musica es en la que más. No lo hace, pero se insinúan las bases de la musica en la matemática con Pitagoras y Bach y las escalas y los ritmos. Le quiero hablar de Aschero y Xenakis, de los dados de Mozart, los fractales y algoritmos, los...La gente lo suele reducir todo a Pitagoras y la escala, pero hay mucho más, en realidad... Y me gustaría hablar de ello con alguien que sepa de musica. Me gusta la musica. Pero se va. Dice que va a saludar al resto.
     Me encuentro con otras personas, inmerso en un bullicio de ruidos, tropezones y caos. Todas las conversaciones son breves, absurdas, estériles,...al menos para mi. No le encuentro ningún sentido a la fiesta. A penas hace media hora que estoy allí, necesito irme. Y me voy. Nadie me replica. Y me alegro. Antisocial. La palabra antisocial viene a mi mente. Tal vez. ¿Es grave? Aristoteles así lo cree..., pero no he visto morir a nadie por misantropía, y si por filantropía. Aristoteles...Me pregunto porque la gente tiene la desvergüenza de citar a alguien que decía que "aunque existan muchas excepciones al orden de la naturaleza, el macho es por naturaleza más apropiado para el mando que la hembra, de la misma manera que el viejo y totalmente desarrollado es superior al joven y más inmaduro... La relación del macho con la hembra es de esta clase, si bien en su caso la desigualdad es permanente". Es irrisorio... ¿a esto lo llaman filosofar? ¿Esto es el logos que trasciende al mito? En verdad, no veo ni un solo argumento razonado que lo distinga del mito y las narraciones imaginadas. Veo, sin duda, la descripción de un hecho que las generalizaciones precipitadas podrían asumir como contraargumento, no siendolo, hasta la primera coma, y un símil que no le justifica sino que nos facilita a nosotros entender que es lo que esta proponiendo. Símil, además, el viejo es mejor que el joven, que muchos han negado...-desde genios precoces, hasta el Jim de “la isla del tesoro”, pasando por los problemas y paradojas que no dejan decidir al viejo por el rebosar de la experiencia,...- todo un despropósito. Y aseguro que puedo despotricar contra todo y todos así como “el hombre loco” de Flaubert, y continuar leyendo su Política a medida que la acribillo.
     ¿Y cual era uno de sus múltiples argumentos en favor del carácter social del ser humano, allí expuesto? Que “el todo es necesariamente anterior a la parte”. Un hombre que distingue entre precedencia ontológica y precedencia temporal dice que “el todo es necesariamente anterior a la parte”, basándose, por supuesto, en que el todo engloba a las partes y que por ende, “la ciudad es anterior a la casa y cada uno de nosotros”, esto es, que el todo es más importante que la parte y que esta ha de sacrificarse por el todo. Antes mana para machistas, ahora para dictadores. Pero se que puede vencerte y desacreditar tu mal uso de la matemática:
     Primero. Sin individuos, no hay casas. Sin casas, no hay ciudad. La parte es necesaria para el todo. Sin partes, no hay todo. Y la primera parte nace con el todo, sin precedencias temporales ni ontologicas.
     Segundo. Entiendo que una parte, que un individuo, Aristoteles, pueda -o deba- sacrificarse por el estado y no viceversa, ya que el todo incluye al individuo y por tanto su propio sacrificio, de manera que de ambas maneras se sacrifica; puestos a perder, perdamos lo mínimo. Sin embargo, Aristoteles, asumes como todo, sucesivamente, a kóme (aldea-casa), démos(distrito) y polis(ciudad). ¿Acaso no hay otras ciudades, otros estados, otros lugares a los que emigrar? ¿No puede sacrificarse el todo no sacrificándose ninguna de las partes -¡cuan quimerico “todo”, no más que la (super)estructuración de las partes- repartiéndose estas por otros “todos”, otras ciudades? Falaz amigo eres, Aristoteles, mancillando el nombre de la matemática.
     Tercero. Ni aún admitiendo tu hipótesis en el sentido que la esgrimes, que “el todo es necesariamente anterior a la parte”, podrías decir que el ser humano es sociable; no por naturaleza, como afirmas, sino por obligación, no hallando otra solución, encadenado a lo que se viene llamando “contrato social”.
     Pero estas puntuales criticas no sirven para nada, me temo, pues tras la linea negada, le siga otra que ignoro y que bien pudiera más astutamente razonar-y que igualmente creo poder negar; nada más faltaría, teniendo yo más de 2000 años de ventaja frente a él, si admitimos, como es su parecer, que el viejo sabe más que el joven. Aunque no me molestare en comprobarlo; intuyo que otros lo han hecho antes que yo y que sería absurdo-. Pero aún así, sea como fuere, no me desquito ni llego a comprender porque la gente tiene la desvergüenza de citar a quienes con el titulo de ilustres la sociedad ha alzado, ¿que hay del resto, por ejemplo? No son pocos los que tarde han sido reivindicados, ¡que arbitrario! Ni se tampoco porque yo, viviendo en este mundo, a esta practica me he de resignar. Todos dijeron estupideces: pues quien tiene boca, se equivoca. Tire sino el que este libre de pecado la primera piedra: cometerá así el de la soberbia; hábil trampa. ¿Porque la gente los cita, pues? ¿Que les aporta? No lo entenderé nunca. ¿Es por cobardía? ¿No se atreven a afirmarse a sí mismos, que han de ampararse tras otros que la sociedad, por convenio, a considerado mejores? Entiendo que los lean, que los conozcan, que los piensen, los nieguen, los refinen o actualicen; pero no que los copien literalmente ¡Que insensatez! Tal vez Aristoteles sea importante históricamente, pero actualmente, buena parte de sus afirmaciones, que no todas, están más que superadas. Por favor, ¡si es el referente de la escolástica! ¿Que mayor insulto que ese puede haber?

El estruendoso autobús interrumpe mis pensamiento. Busco entre mis bolsillos, rápido, la tarjeta. Me siento junto al cristal. Ya vuelvo a mi torre de marfil, el lugar del que nunca debí salir; quizá nadie debiera...no se si vale la pena. No se porque, un escalofrío me ha recorrido los dedos de mis pies, juguetones, al imaginarme tal mundo. Aun así, suspicaz a mis presentimientos, la próxima vez que Joe venga a recogerme de allí, me abstendré. No se si podría soportarlo una segunda vez.


Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o secundan mis asuntos,
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas, que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡OH gran don Josef!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.
Quevedo
III

Ya regresaba del cine mientras murmuraba unas rimas de Quevedo cuando vi mi reflejo en la ventanilla del taxi y comencé a pensar, al terminar sus versos con “...que en la lección y estudios nos mejora”... ¿para que nos mejora, Quevedo? No es ese el fin que yo persigo, por loable que sea, al menos.
     Y allí estaba yo, frente a mi, como un ángel de la guarda que siempre me ampara, pues yo siempre estoy conmigo mismo; vaya a donde vaya, nunca me abandono, siempre estoy ahí, escuchándome y hablándome, como fiel compañero de viaje. Sino eres un ególatra como yo, esto puede ser traumático; no pocos generan ansiedad con esta idea, y comienzan a huir de sus propias sombras, creyéndose perseguidos por su futuro asesino; huyen en vano, pero no van errados. Por ello soy un ególatra obligado; por cordura, por el deseo de vida. Además, tiene sus ventajas. Para empezar, siempre tienes una idiota sonrisa de “me sorprendo de mi propia genialidad”, aún cuando sirves en bandeja de oro bazofias y zafiedades que ni la inmundicia más denigrante genera. ¿Pero a quien le importa? ¿Quien sino yo soy el apoyo de mi cuerpo, el pensamiento de mi cerebro, el aliento que me inspira, el viento que me mueve y el fuego que me levanta? Ya se sabe: Todos somos unos desgraciados a ojos de alguien; pero nunca deberíamos serlo a nuestros propios ojos. Puede ser... peligroso.
     La egolatría...bien se merece una apología. Esta demasiado mal vista. ¿Que ha de importarle al Yo sino el Yo, verdad, Smith? Claro, Nash y Ortega y Gasset defenderán que el grupo y la circunstancia se han de tener en cuenta también, pero... sea cuales sean los complementos, siempre el yo permanece. Es un absoluto. Un invariante. No necesito del cogito, ergo sum para saberlo y afirmarlo. Querer...no, ¡necesitar!, cual perro ansioso y ruin, demostrar a priori, ontologicamente, la propia existencia, muestra un temor, un miedo, un abismo...mayor que los alcanzados por el más perturbado de los kafkianos.
     “La más perniciosa de las ilusiones que fomenta el lenguaje es la ilusión ontológica por excelencia, la de la identidad: el yo” llega a declarar Nietzsche, quien debió dormirse en los laureles, junto a quien lo inspiro y a los que le seguirían (vitalistas, individualistas, existencialistas,...) cuando la gran reunión se celebro. De otra manera no me explico que todos, hasta la llegada de la sospecha, hayan afirmado y alabado el sometimiento del individuo a la sociedad. Desde un Kant idealista que pretende, falsamente, otorgarnos el libre albedrío con su imperativo categórico que ha de trascender la mera “regla de oro” amparándose, encubierta, en las ideas de sociedad y Dios-¡que había negado!- para no convertir a los masocas en sádicos; hasta un Hobbes más pesimista, seguido de un Rossau igualmente temeroso, que reducen la justicia al contrato social y al "mis libertades terminan donde empiezan las tuyas"; no menos le es Sartre, falso existencialista, moralista encubierta, que declara que toda responsabilidad es solo nuestra: ¡que condena!, ¡que el mundo ahora poblado por Atlas sea...!; y la lista, la lista es tan larga como la eternidad lo quiera -no fuera que quisiera suicidarse por no dejarme terminar, debido a las rencillas personales que conmigo se trae, la muy...cordial. Lamento las molestias a los demás inmortales-.
     Sí, ciertamente parece que todos los filósofos -sino todos los humanos-, antes de nacer, se hubiesen reunido en alguna especie de gran conferencia universal al más puro estilo "las ruinas circulares" de Borges, y hubiesen decidido unánimemente, a modo de axioma en el cual basar sus doctrinas, que el individuo ha de ser reprimido por la masa social. Que ese lugar extraño sea el paraíso platónico del que las almas emergen, y que solo los futuros filósofos sean los que despiertos tal soponcio de conferencia escuchar hayan podido. Si Lope insulta a Mario apelando a Aristoteles, yo así insulto, con Platón de mi parte, en creatividad y originalidad a la innumerable estirpe de filósofos que fielmente acatan como esclavos las ordenes de su profesor, una suerte de Dios-o maligno genio (o escritor, que no soy más que yo, pues a él pertenezco y parte formo de su seno)- al cual se subyugan todos nuestros pensamientos y existencias.

Pero lanzando del abismo al que la tangente por la que mi pensamiento quejumbroso me ha llevado, yo me pregunto: ¿Porque he yo de hacer apología de nada, habiendo ya tanta bibliografía? ¿Y para quien? Abandonado sea mi proyecto como otros cientos; como mi vida misma, que fracasa en su acierto -o acierta en su fracaso- aún no sabiéndolo ni creyéndolo, solo así queriéndolo e imaginándolo.
     Convencerte que no hay nada más seguro que tu muerte y olvido, tarea de otros ha sido, y ellos serán quien afirmen: “Dale tiempo; hasta Platón caerá de su alto peldaño. Olvidate, pues, de alcanzarlos. La zanahoria que hace avanzar al burro es análoga a la trascendencia, que hace avanzar al humano. Y yo te pregunto,¿es eso lo que deseas? ¿Arar el campo ajeno por cuenta propia? No te lo discuto: así la felicidad logra el burro”
     En verdad, llegados hasta aquí, solo un deseo tengo: romper las letras que me han hecho.

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.