NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 7 de agosto de 2011

Inspiraciones kafkiano-marxistas


A Raban le pareció entonces que conseguiría soportar los largos y penosos próximos catorce días. No son más que catorce días, es decir, un tiempo limitado, y si bien los disgustos son cada vez mayores, el tiempo durante el cual hay que aguantarlos se reduce. Sin duda alguna su ánimo crece. Todos los que me quieren torturar y que ahora han ocupado el espacio a mi alrededor, serán rechazados paulatinamente por el benévolo transcurso de estos días, sin que tuviera que ayudarlos siquiera en lo más mínimo. Y yo puedo, como resultará natural, permanecer débil y estar callado y dejar que se haga todo conmigo y a pesar de esto todo tiene que salir bien, sólo por los días que van transcurriendo.
    "¿Y además no puedo hacerlo como lo hacía de niño en asuntos peligrosos? Ni siquiera una vez necesito ir yo mismo al campo, no es necesario. Envío mi cuerpo vestido. Si se tambalea hacia afuera por la puerta de mi cuarto, el tambaleo no demuestra miedo, sino nulidad. Tampoco es excitación cuando tropieza en las escaleras, cuando se va gimoteando y llorando come allí su cena. Pues mientras tanto yo estoy tumbado en la cama, tapado con una manta marrón clara, expuesto al aire que circula por la cerrada habitación. Los coches y la gente del callejón transitan titubeantes por un reluciente suelo, pues aún estoy soñando. Los cocheros y los peatones son tímidos y cada paso que quieren avanzar lo solicitan de mí, observándome. Yo les animo; no encuentran ningún obstáculo. Acostado en la cama creo que tengo la figura de un gran escarabajo, de un gusano o de un abejorro."

Se paró delante de una exposición de sombreros de caballeros, colgados de ganchitos observó detrás de un húmedo cristal, y los observó con los labios fruncidos. "Bueno, mi sombrero aguantará para estas vacaciones –pensó y siguió andando-, y si nadie me puede aguantar por culpa de mi sombrero, tanto mejor.”
    "Sí, la gran figura de un escarabajo. Me coloco las patitas contra mi panzudo cuerpo. Y cuchicheo un pequeño número de palabras, que son órdenes para mi triste cuerpo encorvado que apenas si está conmigo. Pronto habrá terminado; se inclina, se va fugazmente y todo lo hará perfectamente mientras yo descanso."

Kafka, preparativos para una boda en el campo (1907)

***

Hoy he enviado mi cuerpo a trabajar; me siento demasiado cansado como para acompañarle...No lo suficiente como para continuar durmiendo, pese haberlo intentado reiteradamente, internándome en la mutua antesala de la imaginación y del sueño; pero sí lo bastante como para resultarme imposible levantarme.
    Exhausto por los frustrados intentos de retornar al limbo, siendo estos contraproducentes al reportarme inquietas e inquietantes visiones de movimientos rápidos, voraginosos e indefinidos de trazos oscuros sobre fondos claros al tiempo que me revuelco sobre mis sabanas, decido dejar que el sueño se disuelva en el templo de la imaginación, domandolas: tales figuras y figuraciones no son ya más que vanos recuerdos oníricos que perviven en sus bailes erráticos y tan hilarantes como absurdos gracias a los hilos que los unen a la peana de mi fabulación y mi ser; justo al contrario del estado de adormecimiento y ensoñación previo a alcanzar la morada de Hipnos, el titiritero del momento, en el cual con espontáneas, breves e intermitentes convulsiones cual calambres que me hacían temblar por entero sobre mi lecho ya sudoroso, los fantasmas más intensos de aquel día revivía, atándome ellos, libres, sus grilletes, mis nuevos traumas forjados sobre mi subconsciente como un hierro candente.
    Finalmente, apaciguados mis títeres -declarándose alguno derrengado- daba por alcanzada la mutua antesala entre ficción y realidad mientras yo me recostaba sobre la pared y me entretenía leyendo las etiquetas que cubrían los frascos con las mayores criaturas, mundos y pensamientos jamas concebidos por la contingencia del lugar; cuando en uno de ellos leí “El banquete”, no pude sino imaginármelo literalmente, abriendo mi apetito.
   Así pues, ya plenamente en la realidad que me aprisionaba y que no controlaba ni apenas conocía o entendía ni abarcaba, salte de la cama y me dirigí a la cocina no sin antes mirar tras la ventana: un día horrible se divisaba en aquel horizonte; por el contrario, ironías, en este pequeño reducto del mundo en el que me hallaba y me encerraba, si bien los poderes que poseía en mis estados no conscientes no tenía, tampoco era presa de las inquietudes y debilidades mundanas. Mis dominios solo por mi -y mi cuerpo- eran poblados; y solo por mi subyugados: Yo era su amo.
 
Al tiempo que desayunaba, me pregunte por las andanzas de mi cuerpo: la ultima vez que le deje a su suerte...casi lo pierdo para siempre. Sin embargo, ya era tarde para lamentaciones. Y saboreando con el dedo los lomos de mi librería, pare en uno: Marx...podía oler en él la enajenación del obrero en largas hileras de autómatas desengrasados y ortopédicos, extenuados, en una palpitante, y difusa ya en mi mente, imagen de Metropolis...Metropolis...¡Que un ideal tan noble haya degenerado así!...¿Pero que ideal no lo es, verdad?...¡Y más cuando es el propio ideólogo quien lo pinta hermoso sobre su lienzo puro, escondiendo los trapos sucios!...
    Esto me lleva a pensar que solo la critica es valida en todos los sistemas; jamas la afirmación. Que solo los principios son nobles, sobre papel escritos y no en acciones, y que estos se vuelven decrépitos rápidamente cuando pretenden paliar los males que describen. Que el nacionalsocialismo-nazismo, en un inicio, bebía de la critica al sistema capitalista -sistema aún hoy apuñalado, no por malo, pues lo son todos, sino por predominante- del marxismo-comunismo -cual bistecs: rojos por dentro, pardos por fuera- y solo de este se diferenciaba en proponer la concordia entre las partes en vez de la disolución de estas en una igualdad sin parangón impuesta mediante la violencia de la revolución y la dictadura del proletariado, que habría de disolverse posteriormente...al menos, sobre papel. Que locura, no obstante, ambas partes, luego, en sus propuestas y métodos...
    Y veo en todo sistema político y filosófico y científico y de cualquier tipo el mismo problema... dialéctica hegeliana, estructura de las revoluciones científicas de Kuhn,... llamalo J...todo funciona igual; hermosa es siempre la critica... con esas gratas y agridulces gotas -o litros, según el ponente- de sadismo-arranca-mascaras-con-garras-de-acero. Mas, librame de las afirmaciones y los nuevos paradigmas y dogmas autoalabados. Librame de subyugarme a mi oponente definiéndome por antítesis. Librame, Yo, personalidad mía, ser interior, claustrofóbica habitación, reducto del mundo...apartado del mismo, de caer en tales aseveraciones. No las quiero para mi, ninguna de ellas...o todas ellas quiero, tal vez...pues si la ausencia de etiquetas ya es una de ellas... solo su flujo continuo y caótico habrá de mantenerme indefinido y ajeno a este despropósito...no exaltándome nunca, claro, en exceso, con tales disparates...manteniéndome escéptico y cambiante...como si de un Socrates que todo busca y nada encuentra se tratase... y aún ingenuo, no pierde la fe en una verdad que desconoce... porque ha de ser, él lo sabe, el más estúpido de los mortales, el más falto de opiniones, el espejo más pulido, plano y desnudo que pueda y haya de reflejar las mentiras, falto de juicios que no son más que prejuicios... quien, en un estado impasible de ataraxia y catarsis, alcance el súmmum de la felicidad eterna... sostenida esta bajo el caos y la personalidad impersonal que ¿arbitrariamente? limita y dirige tan caudaloso y agresivo río de lava...forjándose como ser único e irrepetible; ironías, la base más solida y personal... estas que no lo son por definición... del mismo modo que Socrates, teniendo como dogma la verdad, no hallándola, se comporta como un sofista, contra todo arremetiendo, mientras estos, cambiantes según el postor, morir sus palabras han por una razón fija, cual dogma cegador. Ironías...sabrosas ironías desayuno yo...
 
Pero volviendo en sí de mis elucubraciones tangenciales y aún con el dedo en el grasiento lomo, recordé nuevamente la enajenación del obrero...que ingenuidad. “Un hombre disociado de sí, fuera de sí, ajeno a su vida, pues es embebida por un trabajo que no le pertenecía...”, solía decir. Pero yo todavía me pregunto:¿Que tiene eso de malo? ¿No es astuto, acaso, abandonar el cuerpo, enajenarse, para huir de una realidad sufrida? ¿No es la comedia hiperreal en la que yo soy el amo de un mundo por mi creado una mejor propuesta a la tragedia de la razón o a la tragicomedia de la vida?
    Vano es preguntárselo...como buen alimento que es, no ha de responderme. Y aún así...¿Quien en su seno y sino tiene por derecho dictar mi cometido y la verdad que haya yo de profesar sino yo mismo? No hay más autoridad que la mía sobre estas lineas corredizas...
    Y más absurdo es preguntárselo a aquel que no solo muerto esta, sino que culpaba, pueril, a la maquina; ella ha de ser la clave que nos libere: nuestra esclava. No es el motivo de nuestra enajenación; esta se la debemos a la repetición, aún vigente...A la memorización sin criterio, a la limitación y reducción de nuestro potencial a un mero algoritmo, estático, aburrido y frustrante por cíclico. ¿Que maquina hay, sino, Karl, en el barrendero que la misma calle barre cual autómata cada día?

Empachado, siendo pocas las necesidades al madrugar, no habiendo hecho ningún ejercicio que merezca y digno sea de tales goces para la gula, no puedo continuar y me decido a reposar en la contemplación pasiva y silenciosa de aquel arte que a esto más se presta, sea cual fuere, pues aquí no necesito yo saberlo para disfrutar de él.
    Después, tras dibujarme para mi la belleza, la sensualidad y el erotismo -tal es la maestría de la mano imaginada- y en ellas recrearme, el abatimiento vino de nuevo a mi, en forma de sueño feliz; calambres orgiásticos, esta vez fueron.
Al despertar... o mi viaje onírico iniciar...o finalizar; al recobrar la consciencia y las percepciones de mi entorno, a lo mínimo... la noche ya cubría mi paladar...pero mi cuerpo, problemático, no había regresado.
    Por ello es que salgo en su búsqueda: mas en ella, tropiezo con a un hombre que me espera, clandestino, tras las sombras, la escalera y una gabardina; pese a todo, no puede huir de mi ojo, quimérico como pocos. Se que me espera porque tiene un informe sobre mi: en él dice que mi comportamiento, hoy, ha sido especialmente extraño. Que me desplazaba -es decir, mi cuerpo- cual zombie o sonámbulo, desprendido de toda vitalidad, nulo, ausente, desasido de la realidad y moribundo. “Tanto es así que cruzo varias carreteras sin pestañear, sin importarle el color de los semáforos, cuando los hubo...no fueron pocas las ocasiones en las que le creí predije muerto podrían haber matado, si bien, como yo intuía de un alma tan perturbada, no se dejaría arrollar tan fácilmente. Para colmo, su ya excéntrico comportamiento respecto a días anteriores parecía concentrarse en su mano derecha, que se retorcía sobre si misma continuamente, como espasmódica, terminación de un brazo que, por el contrario, permanecía colgando erguido e inerte, agarrotado”, aseguraba el presunto detective.
    Pero mi cuerpo no se detuvo ahí, si de él hemos de fiarnos-¿hemos?...extrañas son de mi subconsciente las palabras que emergen-: luego, como consciente de mi empacho, no queriendo ser menos, comió sin hambre y bebió sin sed “en donde solía tomar un nimio té helado que calmara y prepara sus nervios para el purgatorio rutinario que le esperaba sus labores; la gula misma no lo hubiese interpretado mejor, aquella ansia absurda del adicto que ya ni disfruta de lo que se le es dado que disfruta debería disfrutar toma. Antes dañar le habría, el estomago.” Y ebrio, envidiando seguramente mis realizaciones, brusco y abrupto, se abalanzo sobre la primera mujer que creyó ver, la cual lo anestesio con un “limpio golpe”.
    “Al despertarse tras el altercado, viéndose desvalido sobre la acera inmunda, tomo el primer autobús que vio, en un descuido mio. Yo, recabando información, tarde en percatarme y no pude alcanzarle. Le he estado esperando en su portal...no ha habido suerte. Sabia que no vendría a su portal, pero... Era de noche Estaba oscuro y no pude ver bien la dirección del vehículo; sin embargo, intuí pareciome que a su hogar se dirigía, pese a mi extrañeza, debido a que todo anómalo fue en aquella jornada. Y ciertamente, aún no ha vuelto: he registrado su apartamento he reg registrado su apartamento. Creo que se dirige a _________¿?¿” Pobre detective... tanta inseguridad casi me hacía compadecerle.

Tome un autobús hacia la estación. Solo podía intentar una cosa, aquel desgraciado desagradecido: queriendo por enésima vez imitarme cual débil reflejo de mi ser, habría él de buscarse también a un esclavo. Y solo Aquel podría concedérselo...invirtiendo las cadenas que nos unían.
    Cuando el autobús llego, no moví ni un solo musculo. Costumbre mía era esperar a que el estruendoso y molesto tumulto desinflara la cabina antes de yo salir de ella tranquilamente, junto a mi espacio vital intacto. Mas nadie se alzo; todos parecían imitar mis atávicos hábitos...mi respiración comenzó a enturbiarse ligeramente hasta estallar en una carcajada nerviosa al tiempo que me lo imaginaba como un juego que imitaba el “problema del bar 'El Farol'”.
    Pero cuando realmente supe que había fracasado fue en el instante preciso en el que Indefinido, a mi diagonal, tomo su libreta y comenzó a leer mientras me miraba con fijeza: “Hoy he enviado mi cuerpo a trabajar; me siento demasiado cansado como para acompañarle...No lo suficiente como para continuar durmiendo [...]”

***

El más joven había sacado de pronto una agenda del bolsillo trasero del pantalón, y con el índice humedecido pasaba con rapidez las hojas y leía en una página, mientras que seguía la línea con su dedo. Al levantar la vista vio a Raban, y al hablar ahora de precios no desvió la mirada de él, como cuando se mira fijamente a un sitio como para no olvidar nada de lo que se quiere decir. Mientras tanto fruncía los ojos, mantenía la agenda medio cerrada en la mano izquierda, y el pulgar sobre la hoja leída, para poder mirar con facilidad cuando lo necesitase. La agenda temblaba. pues no apoyaba este brazo en ningún sitio y el coche en marcha golpeaba como un martillo sobre las vías.

Kafka, preparativos para una boda en el campo (1907)

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