NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 11 de septiembre de 2011

La hiperrealidad se va de fiesta



Me sentí igualmente muy impresionado por el testamento de Sade, en el que pide que sus cenizas sean arrojadas en cualquier parte y que la Humanidad olvide sus obras y hasta su nombre. Desearía poder decir lo mismo de mí. Encuentro falaces y peligrosas todas las ceremonias conmemorativas, todas las estatuas de grandes hombres. ¿Para qué sirven?. Viva el olvido. Yo solamente veo dignidad en la nada. 
Luis Buñuel, Mi último suspiro


Ring...Ring...Ring...

El fastidioso teléfono no paraba de sonar. Y sabia que, si no lo cogía, volvería a llamar: ¡Tan importante era el asunto a tratar! O eso creía, al menos, quien llamaba, ingenuo, convencido además de cuanto yo agradecer le iba tal acto; nada más próximo a una irrealidad posible bajo el plano quimérico de alguna mente a la mía diferente, es evidente -tanto, como el carácter artificioso de la frase en un intento ¿fallido? de evitar “nada más lejos de la realidad”, típica, tópica y tépica (un té que te pica y vive una épica aventura en la consumación de ese propósito, así como la de mi frase)-. Tan grande es la evidencia, que hollar puede la olla que tengo por lumbrera, y dejar solo en ella la locura de esta vacía verborrea.
    Era ya, sin exageraciones ni alteraciones en mi pulso que pudieran delatar falsedad, la k-ésima interrupción del día; con 'k' de kabrón, krispación, kriptonita,... una 'k' abrupta y tajante, ajena a los clamores de las mentes puristas y correctivas que creerán más propia la expresión “c-ésima”; pero no, no es tan feísima.
    Crispación, digo, que pensé poder evitar cortando los cables que me unían con el mundo; mas me abstuve: no hubiese servido de nada -los cables, reitero, no de mi ventilación asistida, no como símbolo de mis venas, sino en referencia a la interconexión telemática planetaria-. A lo sumo, seria otro timbre el que llamaría a mi hogar, con una interrupción, entonces, más dilatada y molesta, que habría de obligarme a marchar de mi propia casa al modo de Hilbert1. Ventajas de parecer anormal, supongo; cualquier cosa les parece normal, al vulgo.
    Sea como fuere, y fuere como sea, y confluyan todos ellos en una orgía de tiempos, lo que creo y vengo a mostrar -no seré yo quien, osado, diré demostrar fuera de logicomatemáticos contextos- es cuan absurda es esa llamada -o tweet, mensaje, postal, carta,.. que se agolpan en manada y abruman más que alagan y/o alaban- , y todo lo que la rodea.
    Con esa firme intención decidime empezar por ella misma, alzando junto a la altiva musica que me acompañaba el auricular al que habría de hablarle, evitando así sentirme como si me estuviesen contando un cuento que no le hubiesen contado a nadie; mas no me pude adelantar a sus exaltaciones de jubilo... Aun así, no desistí; en cuanto encontré entre sus palabras un hueco de silencio por la necesidad de inspirar -o simplemente termino, lo ignoro- me subleve:
    “respóndeme sin titubeos: ¿que sentido tiene celebrar el nacimiento de un presunto santo con el cual ni siquiera comparto idiosincrasia ni aficiones, sino solamente nombre? -amparándome su silencio, continué- ¿Estas insinuando acaso que el nombre de una persona determina su existencia? ¿Eres esencialista, y además estúpida? -esto ultimo no recuerdo si lo pensé o lo dije- ¿Como te crees que le sienta a un ateo, y aún peor, a un librepensador y transgresor de costumbres -mayor enemigo concebible-, ver como se celebra el sometimiento implícito de la sociedad a tradiciones que carecen ya completamente de sentido, pero que persisten por haber sido absorbidas por un capitalismo no menos disgustoso? -tras una pausa tan retorica como mi pregunta, y escaseando ya argumentos por el frenesí en el que se hallaba embebida mi mente, quise concluir- Si yo entiendo y tolero que a ti te pueda agradar y lo practiques; y lo hago en la misma medida que el nazismo lo hizo con Mengele, alabándolo, pues digna es la persecución de lo grato, y variados son los gustos de los comensales. Pero por favor, si no es mucha molestia, o olvida a Kant o aprende a bien interpretarlo, pero no actúes con los demás como quieras que actúen contigo; no seas tan reduccionista. Al menos no conmigo. Solo eso te pido -y tras colgar, añadí mentalmente: 'y no te ofendas si yo, llegado el día, no te felicito'”
    Tras escapar de aquel torbellino dialéctico apresuradamente -si bien hay quien prefiere nombrarlo monologo-, e ignorando su contestación a mi discurso tanto como las preguntas previas a él-¿como lo has celebrado? y ¿que te han regalado?-, me dispuse a explorar aquel valle, armando primero mi mochila con la definición de “felicitar”, tras una breve discusión que reproduzco: “se, Borges, 'que las palabras hay que conquistarlas viviéndolas, y que la aparente publicidad que el diccionario les regala es una falsía'. Sin embargo, el diccionario es el único nexo en común con todos mis interlocutores respecto a nuestra manera de usar el lenguaje. Tal vez ellos y yo no utilicemos las palabras con el mismo sentido, pero siempre nos podremos entender a partir de este nexo; o como mínimo, deberíamos, cual si se tratase de la axiomática de una lengua”.
    Allí, en el controvertido lugar, encontré dos resultados -si bien la rae concebía un tercero ciertamente desconcertante por estar en pleno desuso-: el primero implicaba que aquel día me debía suponer un hecho favorable, como si el santo homónimo a mi y a otros miles nos amparase y protegiese. El segundo, por contra, era sinónimo de “te deseo felicidad”, como si aquel día fuese menos propicio a ello y por eso hubiera que manifestar tal ansia con más fuerza. Para colmo, en esta segunda acepción se ponía como ejemplo el matrimonio, el cual yo, cándido, siempre había considerado del primer tipo, aunque esto fuese absurdo, pues se ignoraban las consecuencias posteriores de tal acto, siendo tan amoral como la ciencia misma, tanto destructiva como constructiva, tanto generadora de guerras como la de Troya como motivación suficiente para levantar monumentos como el Taj Mahal.
    No obstante, reconsiderándolo, la primera acepción caía por su propio peso -no encontrando nada de favorable en ello-, a no ser que la gente así lo considerase y a ello se sometiera, performando la realidad, por ejemplo, acordándose de ti cuando no te hablaban durante el resto del año, tratándote mejor, invitándote o regalándote algo, haciéndote fiestas sorpresa,... como si quisieran participar de esa dicha o festejar un hecho favorable que ellos mismos están creando, reivindicando sin saberlo el tercer significado de felicitar: hacer feliz. En el segundo caso, si bien podía aceptarlo -pues yo también me deseo felicidad- solo era capaz de entenderlo bienintencionadamente si se hiciese cada día, como si siempre se me desease lo mejor, no solo algunos días; de otro modo parecería que temieran que me volviese adicto a tanta bonanza y luego más necesitara, como diciendo: “la felicidad sea contigo...pero solo hoy. No querría que te acostumbrases y ya nunca más la valorases”. Y en ese caso, siendo diario, la primera acepción también cobraba pleno uso de sus facultades mentales, pues implicaría que se celebra mi supervivencia.
    Así discurriendo me veo obligado a concluir que no veo otra salida que vociferar con ira -cuando no con lira, si es que no delira con excesos la sátira, siendo más dolorida que la reacción primera- que: “no encuentro nada que justifique la celebración de los santos por cuanto en tanto el día me resulta plenamente arbitrario y vacío de significado”. Ya puestos, ¿por qué no me felicitas el día en el nació alguno de mis ídolos o de sus obras, o alguien que comparta mi idiosincrasia-¡si lo hubiere!-, o haya dedicado la vida a lo mismo que yo quisiera, o tenga intereses en común, o...? Una fecha de un hecho que me motive y estimule, que me traiga recuerdos, reflexiones, sensaciones; que me atraiga. ¡No el nacimiento -en espíritu, no en carne; esto es, la muerte- de un hombre “santo” del que no se nada más que su nombre, que es el mio -pues ni la fecha recuerdo si no es el día mismo y así me lo hacen saber-!
    El “nacimiento” de un hombre santo...esto es su cumpleaños. Ciertamente no queramos estanquemos en los santos, y extrapolemos; igual de absurdos son los cumpleaños. ¿Por qué celebrarlo cada año y no cada cuatro, para no complicarles la vida a los del 29 febrero? ¿Demasiado complicado porque se debería saber de antemano su edad, o al menos si esta es múltiple de 4? ¡Sea entonces cada mes! Del mismo modo que la celebración del cumple-años se basa en la coincidencia del día y mes del nacimiento, el cumple-meses se basaría en la coincidencia del día; claro que no todos los meses sería posible si se nace el 29, 30 ó 31...¡Que problema este! Pero yo aún concibo una celebración diaria (cumple-días) si se conociera la hora del nacimiento, y una celebración horaria (cumple-horas) si se conociese el minuto, y una minutaría (cumple-minutos) si se sabe el segundo,... y ahí ya no habría problemas. Es más, la celebración de los cumple-segundos implicaría la celebración continua de la existencia.
    Por lo tanto, a efectos prácticos, un cumple-años se diferenciaría de un cumple-X en que a partir de entonces, cuando se nos pregunte nuestra edad, la respuesta diferirá respecto de la anterior -como si necesitásemos celebrarlo para de ello acordarnos (cual fin de año), como si eso pudiese borrar al instante la costumbre de una respuesta unánime durante tan prolongado periodo-. No importa que nos faltase solo un día para el cambio, no importa que en ese caso despreciemos el error y nos consideremos un año mayor antes de tiempo, no importa que en consecuencia los 20 años comprendan en la practica el periodo de 19,5-20,5 años o de 19,75-20,75 años. Nada de eso importa realmente, pues hemos aprendido que la fecha es lo de menos, aun siendo la presunta causa de la celebración, como muestra con descaro la Nochevieja universitaria o la Navidad cristiana, conversión conveniente de muchas fiestas paganas ahí fechadas “casualmente” y de las que bebe, así como celebración convencional declarada del nacimiento de Cristo, dato polémico. Admitamoslo, pues, con orgullo: causa y efecto son uno, siendo no más que una mera excusa como otra cualquiera para el festejo y la evasión de las obligaciones y los pesares; ¡como si tal día redimiese de algo al cumpleañeros!
    Y llegados, allegados mios, hasta aquí, en verdad no me cabe duda que es un invención de lo más quimérica y volátil, una convención de lo más rara, la del cumpleaños. ¿Por qué, pues? ¿Como nació, por qué existe, dejando aún lado las influencias astrológicas tan importantes tiempo ha, así como sus esperanzas de espantar a los malos espíritus para ¡todo! el año entrante -ya puestos, podría ser para toda la vida...-, lo cual ya se pretende y se solapa con las tradiciones igualmente supersticiosas de Nochevieja o Año Nuevo ? ¿Qué relevancia prepondera al año frente al lustro o el mes? Sencillo es: es la unidad más adecuada para medir nuestra edad, pues muchos son 1200 meses y pocos 20 lustros; el margen de error es muy pequeño en el primer caso, y muy grande en el segundo. Sin embargo, si viviésemos 1200 años de media, es probable que utilizásemos el lustro o la década para medir nuestra edad, o que los combinásemos, del mismo modo que durante los primeros años de vida se usan los días o los meses como referencia, ya que las variaciones físicas respecto del tiempo son más notables, asumiendo una suerte de función logarítmica.
    Pero viéndoos poco convencidos de mis palabras, que parecen pretender asesinar una por una a todas las festividades -así como Nietzsche con la moral, cuando simplemente quería cambiarla, dotar a nuestros actos de un motivo más autentico2 -, yo os diré que aún admitiendo que la burla por antonomasia a la celebración de los cumpleaños, el no-cumpleaños, sea pretenciosa; que aún considerando que, de por si o buscándolo, a priori o a posteriori, innato o performado, el cumpleaños es un día por encima del resto; que aún siendo certera esta premisa, digo, todavía me siento con fuerzas como para haceros constatar, esclavos de la tradición, que existe otro muro que atravesar: “El destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices”. También esto gime agónico Nietzsche -porque este es su párrafo-: no hay un día feliz ni tan siquiera a posteriori. No hay una sucesión continua y bien delimitada de tiempo en la cual rebose felicidad, sino que, predicando a su filosofo fetiche, concibe como Schopenhauer un péndulo que vacila entre el dolor y el sufrimiento, entre el “no pasa nada interesante” y el “me estreso ante tantos acontecimientos”, entre “esto que estoy estudiando es muy fácil” y el “no entiendo nada”, “este párrafo o escena o momento es muy soso” frente al “es demasiado reflexivo o discursivo o complejo”,... y solo cuando el péndulo se halla durante un instante en equilibrio, se halla la felicidad, siendo esta no solo discreta, sino también una variable discreta. Y un día o un año, ni aún haciéndolos converger ilícitamente en un punto aplicando la delta de Dirac, no son instantes uniformes, al ser arbitrariamente grandes como para poder asignarles un adjetivo unánime a todos los infinitos instantes que comprenden en su interior.
    Pero todavía se comete aquí una atrocidad mayor: asumir que algo llamado tiempo existe y es absoluto. Cierto que en las condiciones en las que vivimos es despreciable, pero si los viajes intergalácticos son posibles algún día, y tomando como ejemplo la historieta de la paradoja de los gemelos de Einstein, y según la teoría de la relatividad especial -y si no me equivoco (¡cuantas matizaciones! ¡Quien en su sano juicio no sospecharía de mi!)-, mientras el peregrino espacial vive 1 año a velocidades próximas a la de la luz, en la Tierra han transcurrido cosh(rapidez=arctanh(v/c)), recibiendo una cantidad arbitraria de felicitaciones de cumpleaños en dependencia a su rapidez3.
    No obstante, presos en el presente y ajenos a esas maravillas, puede parecer un argumento débil. Pero me sirve de símil: ¿que es el tiempo para un ermitaño autosuficiente y solitario? Alguien ajeno a las fechas, que desconoce por completo en que día vive. Alguien como yo mismo en vacaciones, o un autónomo (o autodidacta, o auto-...) que las desconoce. Alguien que no se rige por los ciclos convencionales de la sociedad, y le da igual que en agosto la ciudad este desierta y muchos locales resten cerrados o que en enero el frío hiele las carreteras, porque a ellas no sale y el ubicuo calor del radiador lo desmiente. Para él, digo, todo el año es indiferenciable en potencia -o al menos no predecible4-: él es quien decide perturbar sus ciclos, horarios y costumbres; él y su estado anímico son los que determinan cuando desean desinhibirse, no la arbitrariedad de unas fechas impuestas por terceros, quienes sí convencen, en el otro extremo, a personas tan esclavizadas a estas tradiciones que se esperan al inicio de año nuevo, y no de curso, para prometerse estudiar más, por ejemplo.
    Y sin pretender ser exhaustivo, vuelvo a concluir que la causa ha perdido su significado, y que solo perduran sus efectos. ¿Por qué o como, pues, se mantienen estos, si son incausados? Porque el efecto se ha convertido en su propia causa. Porque, queriendo sus efectos, nosotros los proporcionamos, siendo su causa. La cuestión es, por tanto: ¿Queremos sus efectos, o es una mera cuestión de inercia social? ¿Nos son útiles y necesarios, o merecen una reconsideración y redistribución?
    Hacer un regalo en un día señalado e impuesto, por ejemplo, es una estúpida tortura para el que ha de hacerlo -y a veces también para el que ha de recibirlo, desilusionado por el resultado-, puesto que en ese momento puede no necesitar nada el supuesto afortunado, recibiendo sandeces que pondrán de manifiesto el generalmente nulo conocimiento mutuo de los gustos o de las pertenencias, siendo aún más insulso, impersonal, cobarde y ridículo la entrega de dinero,cuando no de objetos tópicos (ropa, cosas siempre necesarias o pedidas in eternum como a mera ironía,...) de coste equivalente a un regalo recibido anteriormente (regalo: lo que se da sin requerir algo a cambio. ¡Ja! ¿De que siglo es esta idealista enciclopedia?), si es que no preguntan directamente; y mucho más arriesgado -para bien o para mal- cuando se adentra uno en temas de los que es completamente ajeno, comprando gadgets que se vuelven obsoletos al día siguiente o eligiendo libros desconcertantes para el que los recibe (con cierto esfuerzo podía entender que fuese Ivanhoe, pero...¿un libro de carácter enciclopédico sobre los templarios?¡¿En que estabas pensando?! No menos perturbador fue para un ser de ciencias como yo cuando saliste con...¡Osho!¿Un místico? ¡¿Que estabas insinuando?! Aunque tu afición por las antologías basura no tiene precio: enigmas estúpidos, citas a menudo tópicas, poesía española - “deleitosamente” cristiana en buena parte-...¡Ordenada alfabéticamente! -ni te imaginas el suplicio que es pasar del siglo XV al XIX-XX y vuelta otra vez al XV, o que dos autores coetáneos muy similares estén separados por abismos como ese-. Y lo peor de todo: para una vez que aciertas, luego me dices que compraste “la soledad de los números primos” pensando que sería de divulgación matemática -¡¿para que, si ya las estoy estudiando?!- , de esos enciclopédicos tan “amados” por mi, al estilo de “la musica de los números primos”); por suerte, siempre aparece un dadaista que te regala, por ejemplo, una bombilla fundida hecha en Francia y venida de Galicia.
    Sin embargo, en una relación estrecha -o en mentes obcecadas-, obviar este ritual es igualmente un gesto de desprecio -o así lo creen, al menos-, mostrando de este modo el carácter fatal y absurdo del ser humano, condenado a errar haga lo que haga como en la fabula de “el padre, el hijo, y el burro”. Mismamente, es un sinsentido esperar a esa fecha concreta y lejana para regalar algo de máxima urgencia o de necesidad, o que tal vez no vuelva a ser posible adquirir, o que se haya de esconder -a menudo inútilmente- hasta entonces.
    En estos casos, digo, podría ser más racional e interesante obviar el obsoleto concepto de cumpleaños -o cualquier otra festividad que implique un regalo por costumbre, como st. Jordi, Navidad, ¿...? (me informan por la otra linea: st. Valentin, pre-nacimientos, nacimientos y bautizos, bodas y sus aniversarios, ¿Chockopartys?, día del(a) m/padre, niño y espíritu friki,... ¿habrán suficientes días en el calendario, a medida que se añadan nuevas festividades?) - para definir en su lugar un numero dado o variable de regalos en un periodo de tiempo ha determinar -o indefinido, enfatizando el elemento sorpresa-; o mejor, que este nazca no por costumbre sino por pura caridad y espontaneidad, sin imposiciones absurdas; o por lo menos hacerlo de manera más conveniente, ¿pues no es acaso cruel que sea a finales de vacaciones de invierno cuando se reciben “montañas” de regalos -dentro de la ficción del cine americano, claro- y no a inicios de las veraniegas, más extensas?
    Regalos... regalos no necesariamente materiales. Pudiendo descargar por internet toda clase de entretenimientos gratuitamente, valoro mucho más una buena recomendación, siendo luego posible invertir dinero en ella5 , si es que no es mejor su versión digital, pues comparando mis ambas versiones de “así hablo Zaratustra”, mientras una tiene un académico prologo y...¡carece de una parte!, la otra rebosa de notas a pie de pagina muy enriquecedoras. Y quien dice recomendaciones dice ideas, conceptos, teorías, temas, artistas, obras, … que ignoraba por alguna extraña razón pese a su trascendencia o parecido para con las mías, o que puedan serme de interés; una reflexión o discusión o dialogo socrático, unas reglas de juego por ti inventadas cual creativo Carroll,...y aunque con cierto recelo lo susurro, hasta que apliques conmigo “el arte de atemorizar” concibo, en una odiosa broma.
    En verdad, reitero, no tengo nada en contra de los festivos y las celebraciones; simplemente me gustaría dotarlas de un significado menos falso, ya que las razones históricas están destinadas al fracaso, por el carácter cambiante de las sociedades. Y para reafirmarme en este punto, quiero manifestar mi aversión a aquellos que no siguen las tradiciones por no gastar, por ejemplo, pero luego acaban gastando por no querer seguirlas, malinterpretando la transvaloración nietzscheana y permaneciendo en el león negador y tan estúpido como el camello. En el desden del niño hallaras la libertad... aunque la pueda hacer vacua:

<< Fin de año. Jail abre el cajón. Rebosa de calzones rojos, sus favoritos, y exclama: "mierda. Tengo que salir a comprar". Entonces su amigo le oye y clama: “¿te crees que un judío no se iba a vestir de nazi si se estuviese muriendo de frío? La ropa antes es ropa que atributo.”
    -¿Y me lo dice alguien que viste, de los pies a la cabeza, de Hermès?-le responde.
    -¿Te refieres al Hermes homérico “de multiforme ingenio, de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueños, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses”? -expone ante la mirada expectante de su oyente- No te pongas así, era broma. ¿Que quieres que le haga yo? A caballo regalado no le mires el dentado. Evidentemente que, en condiciones normales, nunca, bajo ningún concepto ni pretexto, calzaría tales vestiduras, pero, aún no fraternizando con su fachada, no deja de ser ropa. Y, ante todo, son un objeto; la ideología es implícita y posterior. Es más, ¿te crees que me siento cómodo yendo con esto por las calles? Tengo la continua impresión de que me van a robar en cualquier momento. Te aseguro que, si por mi fuera, vestiría como un mendigo, o lo peor posible que se me permita para acceder a donde sea que quiera ir. >>

NOTA MENTAL
cambiando el tono/estilo/formato/extensión, esto bien da para un monologo humorístico, si no lo es ya, encubierta.

NOTAS AL PIE
1“Sus despistes eran legendarios. Un día recibió en su casa a un profesor recién llegado a la universidad de Gotinga. Después de presentarse, el joven profesor se quitó el sombrero y se sentó. Al cabo de unos minutos de conversación, Hilbert, distraído probablemente con algún problema matemático, decidió que la visita ya había durado lo suficiente, poniéndose el sombrero de su invitado, se despidió cortésmente y se fue. (¿Qué cara se le quedaría al invitado?)” fragmento de historias de la ciencia
2“Negar la moralidad eso puede querer decir ante todo: negar que los motivos éticos que pretextan los hombres sean los que realmente les han impulsado a sus actos; esto equivale, pues, a decir que la moralidad es una cuestión de palabras y que forma parte de esos groseros engaños, groseros o sutiles (las más veces, autoengaños), propios del hombre, sobre todo del hombre célebre por sus virtudes.[...] Yo no niego, como es natural -si admitimos que no soy un insensato- que sea preciso evitar y combatir muchas acciones que se denominan inmorales: del mismo modo que es necesario realizar y fomentar muchas de aquéllas que se denominan morales; pero creo que hay que hacer ambas cosas, por otras razones que las antiguas y tradicionales. Es necesario que cambiemos nuestra manera de ver, para llegar por fin, quizá demasiado tarde, a renovar nuestra manera de sentir.” Nietzsche, Aurora,103
3A los suspicaces para con mi autoridad sobre el tema y ajenos a la ciencia, cito al humor de Penrose: “Pero creo que la luz no se aburrirá, porque no experimenta el paso del tiempo. Si me permite utilizar una expresión un poco americana, 'la eternidad tampoco es para tanto'. ¿Qué es la eternidad para un fotón?”, extraído de la entrevista El universo según Penrose. Ahora el único problema sería alcanzar una tecnología que nos permitiera acercarnos arbitrariamente a la velocidad de la luz. Para hacernos una idea, la rapidez del LHC del CERN ronda los 10 (la rapidez es adimensional, no tiene unidades), siendo el más potente actualmente, lo que equivaldría a una dilatación temporal del orden de 1:11000. Claro que es más fácil acelerar hadrones que naves espaciales.
4Llevando al extremo el asunto, y como se mostrara en el inédito e increado aún “la hiperrealidad del tiempo” (inspirado en parte por los juegos de Carroll, como el “un problema hemisférico”), ni tan siquiera se podrá predecir los estadios de noche o día, debido a la existencia de hoteles voladores como el aeroscraft que permitirían perseguir al sol o la luna situándonos en un paralelo conveniente con la velocidad del vehículo (ya que 1666km/h en el ecuador parece excesivo para los actuales aeroplanos).
5Musica, series, cine, literatura (Coelho, Gaiman,...),... que ponen de manifiesto lo absurdo, despótico, aberrante, falaz, inútil de la ley sinde, un horror legislativo donde los haya. ¡#ComparteCultura!

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