NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Profecía autocumplida


Sabia que desde el mismo momento que pusiera los pies en el suelo, se sucederían una serie de acontecimientos que convertirían al día de hoy en algo ingrato. Lo sabía y lo se porque el simple hecho de creerlo lo incita y, completamente ajeno a la fecha vigente, quería comprobarlo empíricamente en mis carnes.
    Por ello preferí exprimir cada segundo de “noche” para dormir aunque no tuviese sueño, permaneciendo en el lecho como resguardo a lo poco alentador de esa nueva jornada. Me revolvía así sobre el edredón con una cierta incomodidad, cual si fuese una serpientes gigante y constrictor. Incluso comenzaba a acalorarme en tan enzarzada batalla mientras me embebía en breves destellos oníricos que se entremezclaban con los retazos de mi imaginación.
    Aunque no era agradable, sino casi asfixiante y pesadillesco, me resistí por mucho de ese pantanoso tiempo a levantarme. Mas finalmente la luz encendí y el reloj mire, viendo en aquel desesperado intento de permanecer en el descanso una contrapartida evidente, un absurdo abrumador.
    Sabía que ya debía ser la hora porque a fuerza de costumbre solía despertarme algo antes de que sonara la radio. O eso creía que sabía, ya que debido a mi falta de resignación ante la idea de abrir los ojos a ese recién nacido día-por cuanto en tanto yo siempre he considerado que un día comienza y acaba cuando yo abro y cierro los ojos, creyendo demasiado arbitrario, influenciado por Carroll, otro criterio-, había perdido el tiempo enmarañadondome entre las agobiantes sabanas, desgastándome más que reconfortandome. Efectivamente, la alarma estaba desactivada... me había “dormido” esperando una alarma que no debía sonar...me sentí Kafka ante la ley; no dormí la “noche” sino el día.

De este modo, cuando llegase al aula, el examen habría terminado y yo tendría que cursar un quinto año de carrera solo por esa asignatura, solo por ese absurdo vasallaje a la causa-efecto, despertador-levantar, costumbre-alienante.
    Tampoco podría cumplir mi promesa: “hagamoslo más emotivo. Si no me ves el día del examen, es que habré tomado la decisión que temes”.Para colmo, había vuelto la espalda a mi familia al negarme a ir al funeral de su miembro más querido por este examen, y tendría que atender también a sus consecuencias.
    Pero, sin duda, esas trivialidades, y otras que ignoro por ser aún más intrascendentes para mi ya que ni siquiera hacían malgastar mi tiempo, no eran lo peor. Las cuento porque el habito las hace distinguidas y sonoriza la velada con tonos melancólicos y casi fatales, aunque lo atonal de mis gustos las desmerezca.
    En verdad, lo que realmente me parte el alma y me duele tener que recordar mientras lo escribo y hago con ello liberar en mi cerebro hormonas que reforzaran mi pesar, es que, después de muchos años, por pereza o sin quererlo, no distinguiendo cuales de mis visiones eran vigilia o sueño, he quebrado hoy la vieja costumbre de no mearme en la cama.


La diferencia entre mearse en sueños de joven y de viejo,
es que este ultimo no hace nada por evitarlo.
Sekioz

NOTA: Este relato se añade a "¿tú aún puedes dormir?", justo antes del epilogo. Inspirado en la estructura de "del enajenado y el cambio" (pronto estará listo, espero), los cuatro relatos del compendio se titularan: mea antes, acuéstate, duerme, despierta, lo que le da bastante más cohesión al conjunto, creo, y lo hace más irónico. Así, los títulos originales pasarán a ser subtitulos. Además, la nota del epilogo junto a este relato, opino, dan pie de manera más natural a la segunda parte de la saga: territorios kafkianos.     

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.