NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

jueves, 1 de diciembre de 2011

ADELANTO

Para que lo quemes tú metafóricamente,
lo quemo yo literalmente.

Prendedlo, 
y quedareis prendados

Texto


Se hizo casi la hora del almuerzo antes de que Blackie hubiera terminado y fuera a buscar a T. El
caos había avanzado. La cocina era un revoltijo de vidrios y porcelanas rotas. En el comedor habían
quitado todo el parquet, los zócalos estaban levantados, habían quitado la puerta del marco, y los
destructores habían subido un piso. Entraban franjas de luz a través de los postigos cerrados donde
trabajaban con la seriedad de creadores; y la destrucción, después de todo, es un acto de creación.
Cierto tipo de imaginación había visto esta casa de la forma en que se había convertido ahora.
[...]
-¿Encontraste algo especial? -preguntó Blackie.
T. asintió.
-Ven aquí -dijo- y mira.
De ambos bolsillos sacó montones de billetes de una libra.
-Los ahorros del Viejo Miseria -dijo-. Mike cortó el colchón, pero no los vio.
-¿Qué vas a hacer con ellos? ¿Compartirlos?
-No somos ladrones -dijo T. -. Nadie va a robar nada de esta casa. Éstos los guardé para ti y para mí;
una celebración.
Se puso de rodillas en el piso y los contó: en total había setenta.
-Vamos a quemarlos -dijo- uno por uno.
Y, turnándose, levantaban un billete hacia arriba y encendían la punta, de manera que la llamarada
bajara lentamente hacia sus dedos. La ceniza gris flotaba por encima de ellos y caía sobre sus
cabezas como los años.
-Me gustaría ver la cara del Viejo Miseria cuando terminemos -dijo T.
-¿Lo odias mucho? -preguntó Blackie.
-Por supuesto que no lo odio -dijo T-. No sería divertido si lo odiara.
El último billete en llamas iluminó su cara meditativa.
-Todo eso del odio y el amor -dijo- es blando, es una tontería. Lo único que existe son las cosas,
Blackie -y miró a su alrededor la sala abarrotada con las sombras no familiares de cosas partidas por
la mitad, cosas rotas, ex cosas.
-Te juego una carrera a casa, Blackie -dijo.

Los destructores(1954), II, Graham Greene
Extraido de aquí.

Actualización (13/4/2013)


Paseando por los mercados atiborrados de mercancías, Sóc­ra­tes solía decir: "¡Hay que ver la cantidad de cosas… que no necesito!". Una mirada critica al actual sistema consumista nos debería devolver la misma replica. ¿Como es posible, pues, su existencia y persistencia en el tiempo? 

Se me antoja que una posible respuesta a ello sea la mezcla de clasismo y pudor: la única manera socialmente digna (o, quizá, simplemente practica) de demostrar a que clase social (o, de hecho, económica) pertenecemos, es mediante la adquisición y el cargar constantemente con la misma (marcas de ropa, coches, educación,...), de modo que ésta puede producirse como demostración del poder adquisitivo que se tiene, y no tanto por el valor o la necesidad que se de o se tenga de las mismas.

Estaría mal visto (tachado, seguramente, de frívolo y nazi), digo, que en lugar de esta parafernalia cada cual llevase visible en la frente un numero variable que representase su poder adquisitivo (como, p.e., en In Time). Tal vez porque entonces siempre habría una relación de inferioridad-superioridad, incluso entre aquellos que se consideren de la misma clase social. Esa falta de precisión, pues, sería lo que permitiría particionar el conjunto social (la paradoja sorites no haría legitimo que ésta se basara en unos números dados por arbitrio, p.e., eres de la clase A si tu poder adquisitivo esta comprendido entre $x$ e $y$).

Llegados hasta aquí, no puedo sino imaginarme a un Sóc­ra­tes contemporáneo y millonario que, por cuestiones personales, necesita acceder a una clase superior a la que sus adquisiciones le adhieren/adscriben. No quiere mudarse allá donde se celebran los actos más importantes relacionados con su particular leitmotiv pues casualmente alberga casas caras que, aunque se puede costear, le desagradan profundamente, pues en ellas se pierde y exaspera debido a su gran tamaño. No quiere tampoco vestir con las incomodas prendas de la clase alta de su época, ni un largo etcétera exigido para poder llevar acabo sus deseos.
Entonces se percata de lo antes explicado y se aferra a esa posible explicación de la realidad y decide ponerla a prueba. No debe mostrar que tiene el dinero suficiente para llevar a cabo sus propósitos (información que puede haber sido falseado, pues... ¿por qué, sino, no gasta como el resto de nosotros?), sino demostrarlo mediante su gasto, que concibe, dado su carácter innatamente austero, como despilfarro.  Entonces, digo, no puedo sino imaginarmelo quemando dinero.

Habrá quien diga que existen otras maneras de "deshacerse" de grandes cantidades dinero rápidamente sin necesidad de destruirlo, como por ejemplo, donandolo. Pero supongamos ahora que ese citado Sóc­ra­tes desea además el anonimato, o que es un misántropo empedernido, o simplemente que le es indiferente, o vete tu ha saber qué.

Creo, además, que en el acto de quemar dinero, cuando ésto se hace racionalmente y no por un súbito frenesí, hay, denota, un plus de poder. El gasto es siempre inversión. El dinero se transforma en patrimonio, bienes y diferentes formas de capital. Es cierto que esta transformación no es completamente reversible y que, p.e., un coche de segunda mano cuesta menos que uno nuevo, incluso cuando el primero no haya sido usado. Sin embargo, la destrucción de capital es simplemente irreversible y no da nada a cambio, es "un peor trato". El hecho de tomarlo a voluntad denota, a mi parecer, o un profundo nihilismo que considera el dinero superfluo (p.e., porque puede subsistir sin él al estilo de Walden), o una abundancia de capital tal que puede permitirse ese despilfarro. Y ambas posibles causas son sin duda signos de poder, en un sistema capitalista.    
Cierto día en que los habitantes de Co­rin­to andaban afanados ante el inminente ataque de las tropas de Filipo de Macedonia, Di­óge­nes hizo rodar su tinaja por las calles de la ciudad. Cuando alguien le preguntó por qué hacía eso, él respondió: "Porque, andando todos tan ajetreados, no quería ser yo el único que no hiciera nada."

1 comentario:

  1. Psicópata... xD

    Tengo 40 sobres encima del escritorio. Esto va a ser apocalíptico.

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.