NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 19 de mayo de 2012

¡Plagiame!

El ultimo post me ha dado que pensar; o, mejor dicho, repensar, pues es un tema ya recurrente... al menos en mi mente. Y si tuviese que explicarlo de algún modo, diría que la idea de causalidad está tan arraigada en el pensamiento humano que siente que todo acto debe ser seguido de un efecto (algo ciertamente cuestionable), y que este, ademas, ha de perpetuar ciertas leyes de proporcionalidad acordes a sus deseos (¡Por sentir y desear que no quede! Perder la objetividad del ser en el deber o querer -que quedan asimilados por el primero, en el habla, otorgándoles una impropia propiedad, fuerza- para satisfacerse, es algo coherente con el instinto de supervivencia, incluso a costa de deformar la mismísima realidad, puesto que el peligro del suicidio es mayor que el del autoengaño, vanagloriandonos así en principios como el antrópico), pues, ¿para que querría pensar, en igualdad de condiciones, en la cara podrida de la manzana, cuando podemos obviarla y vivir de la sana sin necesidad de fruncir, de asco, el ceño? A excepción, claro, de aquel que goza de ella; Paraneos, Masochs y Artauds autodestructivos. Porque, como apunta Cardano, el masoquismo no es más que una forma de hedonismo (del mismo modo que el altruismo lo es de egoísmo [Ecuación de Priceno hay altruismo en la naturaleza, sólo son genes cuidando de sí mismos] y etc.), ie, It was my custom — and a habit which amazed many — when I had no other excuse for a malady, to seek one, as I have said, from my gout. And for this reason I frequently put myself in the way of conditions likely to induce a certain distress — excepting only that I shunned insomnia as much as I could [solía contar hasta 1000 para evitar el insomnio, cap. 8]- because I considered that pleasure consisted in relief following severe pain(de vita propia, capitulo 6). Al fin y al cabo, a alguien que sólo espera lo peor de ti, ie, un pesimista (a no ser que tenga poca imaginación), sólo puedes sorprenderlo positivamente, de modo que su visión sesgada de la realidad (que diré, pretencioso y ávido de reducionistas y falsas generalizaciones, predomina) es un mecanismo de defensa que le ofrece placer, se equivoque o no; ¡cuan astuta posición!

Por supuesto -dicho así, en abstracto, y yéndome por la tangente- esto no pasa de metafísica barata (con la que ni siquiera estoy de acuerdo -ni, obvio, con sus opuestos-), así que concretemos... ¡por el amor de Bergson!

En la genial "la llamada" de F. Brown (genial como todos los relatos suyos que devore) se puede leer... "Ahora ya no tenía objeto seguir escribiendo libros", puesto que no había para quien. Y esta es una idea frecuente: el arte esta incompleto sin un observador; el arte, inclusive se ha dicho en ocasiones, sólo existe gracias a ese espectador (¿acaso no es ya tópico el agradecimiento a este cuando se recoge algún premio? ¡Líbreme el estrambótico de tener que oír  por siempre, repetitivas, esas palabras! Que aunque fueren verdad, no las quiero -sino muertas-: antes prefiero la variedad de la mentira y el fingimiento, de la ficción y la fantasía, de las construcciones ajenas a juicios de verdad; porque la verdad me aburre, prefiero la controversia (¿seré intuicionista o tlönista? Corrompido por el lado oscuro de la fuerza soy...). Antepongo, digo, el río caudaloso y colorido a la verdad monolítica y monocromática, que, de existir -y ser conocida-, seria aburrida en tanto que mil veces repetida por cuanto seria única, ya que al no admitir contradicción, de haber varias, no serian más que restricciones y contextualizaciones de una mayor, y todo estaría por tanto fijado y muerto bajo esas leyes absolutas, esas cárceles irrompibles, imposibles, esos castigos de pesadilla,... no habría -o no se propiciaría la- creatividad, no habría pensamiento divergente posible, distinción, diferencia, estimulo, crecimiento, disfrute (“No es el conocimiento, sino el acto de aprendizaje; y no la posesión, sino el acto de llegar a ella, lo que concede el mayor disfrute.” C. F. Gauss),... y es que "en todo la uniformidad es indeseable. Dejar algo incompleto lo hace interesante, y le da a uno la impresión de que hay espacio para el crecimiento"[Tsurezuregusa, o ensayos en ociosidad]. Sea, pues, si ha de haberla, un pozo sin fondo de conocimientos, la ciencia).
     Pero no nos ensimismemos en tales quimeras cuando ya sabemos que, efectivamente, su antítesis también es amplia y ardientemente defendida: las apologías al artista, genio, creador,... son la base filosófica de algunas teorías (movimientos) artísticos (p.e., el poeta vidente de Rimbaud) y poemas (¡oh! obvie el manifiesto poético de rigor de la otra postura. ¡Ah! E igualmente interesante al respecto es la visión dada en Ferdydurke, IV: fascinante; me esta sorprendiendo muy gratamente, el libro); así mismo, las leyes sobre derechos de autor se amparan en esa idea mistificada del artista, quimera que dícese propietaria y creadora (cf. Una visión científica de los derechos de autor, que coincide en algunos puntos con Ferdydurke. Recomendadísima saga: mejora mientras avanza), y que debe ser protegida con sumo celo-¡antes la muerte, que ser representado y amamantado por pezones de esparto!-; leyes, además, que nacidas por cuestiones puramente comerciales -bendita SGAE, alimentadora de buckowskis, cléberts y patchs-, ha llegado a enraizar en la consciencia colectiva, en los cerebros de los creadores (a día de hoy creo que en mi vida (salvo una excepción, Jonathan Lethem, y quizá José Antonio Marina) he leído una entrevista a un escritor que roce siquiera de puntillas estos enfoque rigurosos, propio de las ciencias duras. Los escritores acostumbran a hablar de su trabajo de forma abstracta, visceral, intuitiva, casi mágica, como si lo que hicieran fuera un misterio o una actividad que queda fuera de los límites del conocimiento empírico. Xatakaciencia), que, exaltando el así excitado sentimiento de propiedad (como si fuesen las naciones del romanticismo, pletóricas reafirmando su identidad), vuelven usuales advertencias del tipo: "todos los textos que se muestran en este blog son originales, y creados por X, administrador y creador del blog. Si ves cualquiera de estos relatos o textos en otra página que no sea esta, NO pertenecen a esa persona, y significa que han sido copiados. Si te enteras de que alguien está usando los textos de este blog como si fueran de su propiedad, te ruego que me lo notifiques para tomar las medidas oportunas. ¡Gracias!" (pues ya saben, notifiquenselo, si encuentran quien, de miles posibles candidatos que usando van el casi estandarizado mensaje, fue victima de tal usurpación); y no olvidemos a los bohemios, poetas malditos, incomprendidos, eremitas (añadanse algunos periodos de Thoreau, Unabomber, Wittgenstein, Descartes, Viète, Weyl,... no hay disciplina que se escape, a la más sociable compañera, la soledad) que refuerzan la idea del genio como personaje distinto al resto, cuando no recluido ("creo que recluso es una palabra desfigurada por los periodistas; significa que no quiere hablar con los periodistas" Pynchon), ajeno a todo-¡siendo sólo una parte, y en parte!-; ¿y que hay de la pasión del vulgo (y también los intelectuales, como muestran los detournaments de Debord, así como otros artistas del llamado apropiacionismo típico de la intertextualidad tan amada por la posmodernidad, por no hablar de los matemáticos y franceses según Goethe: "cuando se les dice algo, lo traducen a su lengua y al punto pasa a ser otra cosa.") por las citas/escenas/cuadros/... partes, en fin, celebres, de otros autores? Todo un monumento a la persona creadora, consolidando social/cultural/histórica/...-mente (a veces) su autoridad, y asumiendo así una cierta esclavitud para con el pasado, cuyo conocimiento para su comprensión es requerida por aquellos a esta ajenos; recuérdense, digo, los derechos de facto del arte (y esa divina coletilla jurídica "no se admite Z excepto bajo propósitos artísticos, pedagógicos,...") y el horror a la censura, promulgando ciclicamente exaltaciones sobre la independencia del arte respecto cualquier responsabilidad moral o política (de hecho, declarándose de buen principio como algo ajeno a ello, a pesar de la influencia que puedan tener en estos aspectos. Por poner algún ejemplo -escojo de entre un mar insondable- como pone de manifiesto el prefacio del retrato de Dorian Gray, o las palabras de Proust "Una obra de arte que encierre teorías es como un objeto sobre el que se ha dejado la etiqueta del precio");....

Nace, digo, de una, la otra, y de esta, la anterior; y de tal modo sucede esto, que ya no se sabe bien quien engendra a quien, o, si en verdad, no es mutua la concepción, de la tesis y la antítesis:
     Observé que en otras ocasiones, con Piorkowski por ejemplo, no estaba ni la mitad tan viejo y tampoco tenía anticuados principios; y yo no podía comprender si eran los Juventones los que provocaban en él el anacronismo, o si, al contrario, era él quien despertaba el modernismo en los Juventones, o si por fin, mutuamente se complementaban en pro de la suprema razón de la rima. ¿Quién creaba aquí a quién, la moderna colegiala al viejito o el viejito a la moderna colegiala? Pregunta bastante estéril e innecesaria. Hay que ver, sin embargo, cómo se cristalizan mundos enteros entre los muslos de dos personas. (Ferdydurke, VIII)

Y efectivamente, galaxias enteras hay más allá de esos dos muslos, aunque parezca ilegitimo ver las cosas  fuera de estos, en perspectiva y lejanía -como si esta te privase del derecho a opinar al respecto (p.e., "entre padres y hermanos, no metas las manos" o simplemente "métete en tu vida")... ¡siendo este ser ajeno, exterior, el mejor observador posible, objetivo a la par que imparcial, puesto que la total autoobsevación critica es imposible!-. Es decir, que para opinar no se puede evitar -parece ser- zambullirse en uno de los  dos simétricos pantanos putrefactos de la razón (cf. Daria 501), tesis y antítesis, exigiéndose a veces por parte del oyente definirse desde buen principio (para aclarar de qué modo han tenido lugar propiamente las afirmaciones metafísicas más remotas de un filósofo es bueno (e inteligente [y malicioso]) comenzar siempre preguntándose: ¿a qué moral quiere esto (quiere él -) llegar? Yo no creo, por lo tanto, que un “instinto de conocimiento” sea el padre de la filosofía, sino que, aquí como en otras partes, un instinto diferente se ha servido del conocimiento (¡y del desconocimiento!) nada más que como de un instrumento. Nietzsche, más allá del bien y el mal, I, 6. Nótese el carácter performativo de proceder de la filosofía, según Nietzsche, ya comentado alguna vez). "¡Mójate!", dicen, como si creyesen ese baño una conquista a su higiene... nada más lejos de la realidad, puesto que pueden caer así en juegos de roles atroces
      Por todo ello, y siguiendo los primeros enlaces (insuficiencia del principio de razón suficiente [a propósito de la indecidibilidad de ciertas proposiciones lógico-matemáticas] y el asno de Buridán), así como empalmando ahora con el problema del bar del farol y otros cientos de ejemplos similares que ya no citare, en parte, por desconocimiento, yo apuesto por la arbitrariedad como base a esa elección, resultando innecesaria. Así, lo interesante no recaería, pues, en el hub, en los centros atractores de masa, si no en toda la cosmogonía que los rodea. El artista, como ser concreto, con nombre y obra, es despreciable, negligible (lo que hace bastante irónico mi insistencia con citarlo; como algún día explicare: A->¬A): lo interesante radica en su contorno, en las ideas que este expresa ya por n-esima vez, pretendidamente en formato innovador o mejorado bajo algún criterio que, restringiendo la totalidad de las posibilidades, permite alcanzar una nueva creatividad (cf. escritura limitada, oulipo, cambios de paradigma [movimiento] artísticos); o, en otras ocasiones, el uso de un mismo método/forma bajo diferentes contextos (¿acaso no hay al menos mil chistes iguales entre sí, isomorfos, que proceden del mismo modo, cambiando solamente sus protagonistas?);o, también,...  

Y uno puede preguntar, como yo mismo hago, a que viene todo esto, y en que medida aclara y concretiza el primer parrafo: no espantarse; simplemente, ante la decisión de seguir el hilo o engrosar/justificar lo dicho, he tomado la segunda vía, degenerando el discurso hasta tal punto que debiera quemarse de tan estúpido y vacuo que resulta, siendo una suerte de basurero de enlaces y referencias, una fotografía momentánea al caos de mi mente, de mi taquipsiquia. Mas así como estaba de más su escritura (que no he podido evitar -argumentare desde una autoobservación imposible y falaz, no freática- en tanto que es la más efectiva herramienta que conozco para reflotar a la consciencia lo sepultado en las profundidades del inconsciente, así como sosegar mi alma, entretener mi espíritu, estimular [después de todo, el autor tambien es lector de su obra, ¿no?] mi intelecto, ordenar mis ideas, no olvidar/fijar el pasado, llenar el vacío,...), lo esta su eliminación. Y, siendo como soy, me temo, maximalista, dado que la dificultad de publicación en la era de la reproductibilidad técnicadigital es nula, ante ambas posibilidades, estas son, ante la idea de un mundo desbordado por la información, de modo que esta colapsa y resulta inútil, o un mundo excesivamente filtrado, con poca, insuficiente, y, quizá, por tanto, no totalmente cierta información (imagínese un curso de física interrumpido antes de llegar a las ideas relativistas o cuánticas o...¡Oh, Kuhn! ¿cuando piensas parar? ¡debes obedecer a Hegel, su dialéctica idealista, su convergencia a un punto, llamémoslo Espíritu Absoluto o Tú Puta Madre! ¡¿Quien quiere un pozo infinito y, por tanto, inútil y engañador, que me mantiene en angustiante vilo esperando un final que nunca llegara?!), prefiero sumirme en el primer universo, a pesar de adorar la gracia por la cual Gracián reza "Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y aun lo malo, si poco, no tan malo", así como amar con locura las Super-Shorts Stories de Brown. Lo prefiero por varias razones, todas ya discutidas (rialtodie, la filosofia del contraejemplo, libro abierto,...), por lo que no eternizare el discurso y lo encauzare de una vez, pues tarde es (eran las dos a.m. del 18/5/12 cuando escribía esto, tras ¿cuatro? horas de actividad, lo que no deberia sorprender a pesar de la brevedad y poca densidad del texto en el momento que afirmo que en ocasiones he perdido un dia entero buscando entre libros, webs,... alguna cita que sólo a través de la memoria vislumbraba, pero no suficientemente clara y evidente como para de ahí sustraerla -por no decir que, cuando la encuentro, a menudo releo la fuente para conocer su contexto, aunque lo vaya a cambiar sí o sí):

¿Si, como he dicho, se da la circunstancia de escribir y publicar de modo completamente ajeno a la existencia de un posible lector, por qué, tras esto sucedido, siento aún una nueva inquietud, la de ser leído? Y no puedo sino contestar -y percatarme así al fin- que es mi maximalismo la unica respuesta sincera: que viendo como otros, haciendo la misma actividad -que no, es cierto, el mismo producto- obtienen otros estimulos y consecuencias, siento los mios incompletos (ahora sí, ya podemos comparar con la metafísica barata y bravata del primer párrafo). No es, por tanto, exactamente envidia o ambición -prueba de ello, creo, es que a esta lista de metas se añaden otras de caracter más marginal, puesto que la idea, por ejemplo, de genio incomprendido, me resulta ciertamente seductora-, sino la sensación (quizá arrogante, mas no me descarto un complejo de superioridad), de poder dar más de sí (por analogía con las que sí florecieron, pues... ¿por qué ellas sí y yo no?). Y, como más es más -sean atributos, por consenso, buenos o malos-, esto me resulta hiriente, frustrante, limitador; ser ignorado, el castigo peor.
      Así, no es tanto el deseo de la autosuficiencia economica, la fama mediática, el reconocimiento de la critica, las confrontaciones de opiniones y la polémica, la generación de expectación, la creación de situaciones (Tras el incidente del Corsario, Kierkegaard se interesó por «el público» y la interacción del individuo con él),  las nuevas amistades y colaboraciones,... sino el hecho de poder afirmarse a sí mismo, reafirmarse, que se es digno de ello sin resultar -socialmente y, por ende, mediante su presión, personalmente- ingenuo, apelando a hechos "objetivos" (Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis bien de vosotros. Nietzsche, Así hablo Zaratustra, I, del amor al prójimo). En cierto modo, todo ello, para "verificar" -o, si más no, consolarse con ello, con unos beneficios palpables y socialmente aceptados- que la tarea no ha sido una total perdida de tiempo (cf. ¿por qué existe el arte? Tengo un grato recuerdo de la saga)
      De todo ello se entiende que estos placeres posteriores a la sublime consumación del acto artístico o reflexivo son meros -aunque agradecidos- complementos, pero en absoluto resultan necesarios o suficientes para su existencia, aunque ayude a su consolidación/perpetuación. Y es por ello -¿por esta, en el fondo, no más que ambición, pese a la anterior negación de este termino?- que repudiare la autoria de mis obras una vez escritas si esto les reporta a ellas una nueva propiedad (ser leidas), ya que las dos primeras (ser escritas y publicadas) quedaron agotadas en su función. Y si, digo, plagiandome y difundiendome por la red gracias al copiar y pegar -como se acostumbra a hacer con creepypastas, wikipedia, noticias llamativas,... en lugares como taringa, redes sociales y similares- más se indexan mis palabras en Google, tanto mejor, pues más se discutiran... más las discutire. Porque, en verdad, no me importa si se me reconoce la autoría: yo sé que es mía, y eso me basta, puesto que, de todos modos, tampoco querría que mi persona interfiriese en la interpretación de la obra, o que la valía de uno avalase -¡error!- al otro. Y para ello, nada mejor que ser plagiado: ¡adelante, sin miedo!, olvídate de las absurdas licencias que me blindan: prometo no quejarme. Pero, a cambio, haz famosas a mis letras.
      Mas, sin embargo, os advierto, no lo niego, que si mi obra tuviese "todas" -las deseables- propiedades posibles excepto la de ganar dinero con ella, cambiaria entonces mi opinion: porque esta no es ontologica, sino contingente a las circunstancias. Y no seria hipocresía, sino una consecuencia logica a lo dicho: la ambicion, el maximalismo, la autosuficiencia que permita mi perpetuación.

Resumiendo, efectivamente, así razonando, y en respuesta a Brown, si no existiese la posibilidad de lectura, si no hubiesen humanos a los que llegar, probablemente los escribiria igual, mis textos, aunque, obvio, no me preocuparía por este ultimo asunto, su difusión, ya que no seria una posibilidad factible (ni, luego, un atributo acostumbrado a ver fuera de mi), sino una imposibilidad. La clave, pues, radica en la existencia de posibilidades no materializadas pero materializables. Y, en pro de esa obtención, aclamo que renuncio a una autoría de por sí diluida en la ajena: Dominio Publico, si me quieres, soy tuyo.


Adenda 
Reflexiones sobre... ¿por qué tanto link?

Los enlaces citados, por lo general (y especialmente los de wikipedia), no pretenden usarse como sinónimo de información valida o de interés (susceptible de ser leída), sino como delimitación de aquello a lo que hago implícitamente referencia, este en lo cierto o no, (esto es, en lo que yo estoy pensando cuando digo tal o cual, dado el carácter hipertextual del cerebro), con tal de evitar la incomprensión, crispación, o errancia de quienes no lo conozcan/recuerden/relacionen, así como darles un primer punto de encuentro con la temática al que aplicar un muestreo de bola de nieve si tienen interés, eliminando posibles ambigüedades y haciendo énfasis en la existencia de amplia bibliografia al respecto (osea, que no es producto de mi ¿propia? imaginación). 
    Así, los enlaces pueden conducir a la fuente original de una cita/referencia, delegar la justificación* de una tesis en los infinitos enlaces sucesivos que se encontraran si se accede a ella, recordar textos anteriores en los que yo mismo ya he tratado el tema (ya fuera en forma de ensayo o relato), homenajear/recomendar ciertos escritos o webs,... o, en el peor de los casos, tomar a Wikipedia como anclaje estándar. 
    
*En cualquier caso, y bajo la salvedad que considere la exposición de la fuente muy bien lograda (ya sea desde un aspecto racional o estético), supongo que no es necesario su acceso en tanto que no la utilizo como autoridad: yo asumo esa responsabilidad, dado que, de hecho, a menudo las uso para confirmar un sesgo previo (prueba de ello es que algunas citas/referencias se añaden a posteriori, en actualizaciones/revisiones), de lo que alguien podría deducir que no suelo enlazar a quien me refuta, puesto que, desde mi egocentrismo, consideraría a este estúpido, a no ser que, instaría yo a agudizar el ingenio a ese detective, me hiciera cambiar de opinión y modificar/añadir/complementar lo dicho, como deja patente el hecho de que habitualmente defienda dos (o varias) posiciones opuestas (o complementarias), de manera que, en cierto modo, si no se añade una refutación a lo dicho es porque o no la hay (ie, por las leyes de Morgan, no he obviado ninguna opción [al menos, relevante] o es un falso dilema o pseudoproblema) o, más probable, no la conozco (o no la he considerado apropiada, fructífera); digamos, pues, que hay una cierta retroalimentación (como en la cita anterior de Ferdydurke, VIII) entre mi entorno/mundo/referencias y yo, no sabiéndose muy bien donde empieza uno y termina el otro. 
     Sin embargo, si se omitiesen los enlaces el discurso no quedaría completamente autocontenido, ya que para evitar perder el hilo suelo delegar en ellos no sólo la tesis sino también los argumentos (y ejemplos, como en el ultimo enlace) que la amparan en esas fuentes, ya que en menor o mayor medida concuerdo con estos (ya sea esta coincidencia de juicio posterior o anterior a su conocimiento, ie, ya sea que me hayan convencido o que vayan en la misma dirección que un propio y previo convencimiento).

Por supuesto, todo esto son generalidades absurdas que intentan momificar el vivaz caos de mi universo mental a través de su observación con tal de obtener un imposible y, en verdad, no querido autoconocimiento (símbolo eterno de orden y buen hacer,6), y que antes conducirán a equívocos que a aclaraciones, y para las que no debería ser difícil encontrar un contraejemplo, dada la gran cantidad de enlaces que tiendo a usar. 
     Pero como solamente yo puedo corroborar si este lo es o no, el ajeno no puede refutarme en este punto (del mismo modo que no puedes juzgar imperfecta a la imperfección, errónea al error [¿puedo equivocarme a propósito?], caótico al caos, incoherente al incoherente,... puesto que estos atributos son su definición misma, siendo, en realidad, los únicos sistemas tautologicos [luego, consistentes] no cerrados sobre sí mismo [monolíticos]... a pesar de contener antinomia. El caos no se equivoca [porque tampoco pretende a acierto]), y habrá de, si se tiene interés, creerme ciegamente.


PS: "Hay algo llamado palabra y pensamiento que es prácticamente ubicuo a toda expresión humana. Por si esto fuera poco, existe un proceso denominado recontextualización. Por todo ello, no veo inconveniente en mezclar citas de dibujos animados, filósofos ilustres o conceptos matematicos. Más allá de su origen, no dejan de ser ideas sugestivas para mi mente." Respuesta a él sabe quien.

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