NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 23 de junio de 2012

Algunas consideraciones sobre a qué llamar amor (o apología a la soledad)

Nam sine doctrina vita est quasi mortis imago
(Sin la ciencia, la vida es casi una imagen de la muerte)

La gente suele cometer el error de creer que el amor sólo puede ser sentido entre humanos. Este error unido al tópico “¿que placer tiene la vida sin amor?” les lleva a despreciar -o, a lo sumo, intentar “evangelizar”, llevar al “buen” bando- a aquellos que rehuyen todo contacto interpersonal o social, convencerles de su error. Una sociedad así necesariamente desprecia las torres de marfil y los en ella recluidos, llamándoles “enajenados” y acusándoles de huir de la “autentica”-agraciado pueblo, conocedor de todas las verdades y ajeno a todas las dudas- realidad, cuando la vida cotidiana acostumbra, ellos mismos lo afirman hasta la saciedad-desde Marx hasta la posmodernidad pasando por una mediatizado sentimiento de rebelión, catalizado con productos como “el club de la lucha” o "V de vendetta", que muestra que, en efecto, rebelarse vende ¡estúpidas protestas vacías! “El activista se moviliza contra la catástrofe, pero en el fondo no hace más que prolongarla, porque no se detiene a pensar cómo hacer mundos habitables”-, a ser mucho más alienante, más dispersa y rutinaria, menos concentrada y focalizada. Esta peyorativa y masiva actitud frente al evadido puede llevarle a autoinculparse1, más allá de que este fuera o no el efecto deseado o buscado por esa sociedad mediante su desprecio.
     Pero... ¿es realmente legitima esa critica del pueblo al solitario, al “enemigo del pueblo”, o es producto del rencor, (del rencor tal y como lo entendía Nietzsche, expresado por ejemplo en su genealogía de la moral)?: el pueblo; la gente que es incapaz de prescindir de la gente; la gente que vive de y con y para la gente; la gente que precisa, cual adicta, sentirse útil y necesitada para con la otra gente, que actúa sólo buscando el elogio y el reconocimiento en los demás2; la gente que sufre por amar a otra gente, gente que ha de morir o que no ha de responder ni corresponder a ese amor; la gente-erizo que no puede acercarse demasiado, aun queriendo, a la otra gente, para no hacerles daño;... esa gente que aclama que no hay amor sin dolor, que todo amor sera acompañado posteriormente de dolor y, por ende, rencorosa, considera que un amor cuyo objeto de deseo no produce -o no puede producir, creen- dolor, no es amor; gente que considera por ello mismo que un amor no interactivo -ellos dicen muerto- o no concreto -ellos dicen banal- no merece, no es digno de, calificarse de amor; gente que no conoce la etimología de la palabra filo-sofía. Asquerosa sociedad esta, que rinde culto al dolor3 y al sacrificio, al esfuerzo de la hormiga contra la genialidad de la cigarra4, y que no quiere ceder ante esta, ni admitir tales paraísos, inocuos pero plácidos.
     ¿Que es el amor? Una pasión o un sentimiento obsesivo, algo irracional por lo que no te importaría vivir y morir, y que aunque no te impida apreciar el resto de entidades no amadas, ciertamente crea una cierta “diglosia” y preponderancia entre los objetos por esta beneficiados (en los defectos ve virtudes: tozudo->constante, iracundo->vehemente,...) y los que no. De este modo, no dejare de comer -o incluso de apreciar una buena comida- por el hecho de estar prendido y pendiente de alguna otra cosa, aunque es probable que en ese trance me olvide de comer por más horas de las que debería -¡un momento! ¿Eso no es lo que le sucede a todo gamer o escritor o, en fin, toda persona concentrada y ensimismada en alguna actividad? ¡sacrilegio!-. Pero pongamos un ejemplo más clásico, recordando el banquete de Platón: no te confundas: no dejare de serte infiel en carne si lo que amo es tu alma.
     ¿Y qué ama, entonces, el solitario? ¡Ja! Sera que no hay actividades posibles, etnocéntrico... Pongamos, pues, uno de mil ejemplos. Yo amo -lo que no excluye poligamia: Chejov estaba casado con la medicina y se lo hacia a escondidas con la literatura, nos comenta- el pensamiento y la razón, el análisis detallado. En consecuencia, odio a la falacia y el misticismo barato, la aseveración categórica y sin dudas -aun encima, apasionada- que ni tan siquiera existe en la matemática (de otro modo no habría tantos problemas y posturas a la hora de fundamentarla, o no habría un continuo avance en esta ciencia que parece crecer sin fin -un ejemplo bastante actual de nacimiento de una nueva e importante teoría es la de topos, que reconciliaría a Hilbert con el intuicionismo si aún estuviese vivo-, revisitandose continuamente sus conceptos, estrechándose su relación), odio, digo, los símbolos gregarios y los lugares comunes y repetidos una y otra vez sin tino ni juicio ni análisis ni nada bajo los cuales algunos se esconden para no tener que pensar por sí mismos, sólo perpetuados por el puro y estúpido automatismo -olvidando así el concepto en el logo-, como si fueran, los humanos, maquinas ensambladoras (manuales o automáticas) o marionetas atadas a sus pasadas experiencias, incapaces de distanciarse de ellas y actuar sin influencias (algo ciertamente imposible, después de todo; pero tampoco es necesario irse a esos extremos para captar la atroz realidad, el exceso de consensos arbitrarios y preconcepciones varias). Me repugna el reduccionismo: puedo comprender -y, de hecho, exijo- el uso -correcto/estándar5- de las etiquetas, para facilitar la navegación en un mundo rebosante de información, pero siempre yendo estas seguidas del discurso correspondiente y particular, de la opinión personal y diferencial al respecto o, si más no, anclándose en la exposición de un tercero, el cual le ha llevado a consolidar y cristalizar su pensamiento en esa palabra/etiqueta; no en vano, no por ser reduccionistas se deja de titular una obra6. Me crispa la ambigüedad ajena cuando esta no se toma como un juego, o cuando se cree precisa. Me enloquece que dos personas digan lo mismo y se consideren diferentes.
     Por todo ello, defenderé con vehemencia ese amor7 y lo preferiré a lo que tú juzgues mejor; lo pongo aprueba, queda esto manifiesto, en cada discusión enfermiza que tengo. Déjame hacer a mi manera, entonces, puesto que lo que tú deseas en el fondo para mi, es justamente lo que tú no deseas en la forma para mi.
     ¿Que es el amor, en fin? Una bomba química que produce nuestro cerebro para instarnos inconsciente, freaticamente, a perpetuar la especie, ya que la razón por sí sola no lo hará. Ahora bien, ¿esa bomba química es producida solo, y únicamente solo, mediante el contacto humano? Negada esa biyección, nada ampara vuestro discurso, pueblo. Dejadme solo, pues.

Extraido de XKCD en español
Dedicado encarecidamente a mi madre

Notas al pie
1Hace poco vi Evangelion, sí. Como su propio creador comentaba, es sorprendente el éxito que ha tenido la serie, con tan enfermizos personajes.
2A propósito, sobre esta gente, ¿qué es más arrogante? ¿el débil prescindible que actúa bajo el arquetipo de la arrogancia e intenta/quiere siempre participar en todo para sentirse necesario, o el fuerte imprescindible que en lugar de ofrecerse directamente espera a que le pidan ayuda, simbolizando el arquetipo de la humildad? Sí, este ejemplo también se inspira en Evangelion. ¿Que no les gustan las referencias a la cultura popular y prefieren que apele a las cultas, al gentilhombre de Moliere? Pues vale, ¿acaso no es hipócrita hacer algo -encima pagando- sólo por ser elogiado, sin ser ese el gusto propio?
      De verdad, no entiendo porque el individuo se somete de esa manera, y aun encima voluntariamente, a la opinión ajena, ¿en serio puede ser tan placentera la dependencia masoquista? Entiendo que uno prefiera gustar, pero... ¿hasta el punto de actuar sólo para ello? ¿No nos basta reconocer por nosotros mismos nuestra valía? ¿Acaso creemos (más) objetiva la opinión ajena? Je, en verdad Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis bien de vosotros. (Nietzsche, Así hablo Zaratustra, I, del amor al prójimo)
3cf. Del enajenado y el cambio, epilogo, segundo párrafo
4En este sentido me parece muy reveladora la transvaloración que hizo Santigo Rusiñol de esa fabula. Por desgracia, no la he encontrado.
5Este es un punto importante y a la vez controvertido. Ya mantuve una acalorada “conversación” con HelenaHachechan (Ctrl+F: MSC9497) hace poco al respecto, por lo que no voy a repetirme. Añado ahora, eso sí, y apelando a Wittgenstein, que como el lenguaje privado es imposible, necesariamente, y con el tiempo, se ha ido forjando un significado asociado a las palabras mayoritario/consensuado (que podríamos considerar estándar y que, es cierto, va variando lenta pero progresivamente con el tiempo).
      Por supuesto, esto no debería impedirnos volver sobre la definición de algún termino, pero creo que, por cuestiones de eficiencia, eso debería hacerse solo si observamos alguna incongruencia, como por ejemplo llegar a conclusiones diferentes mediante un mismo razonamiento (motivo por el cual, cuando mis discusiones llegan a cierto punto, suelo exigir definiciones, ya que mi conceptología suele diferir de la habitual).
      Concretando aún más, imaginemos ahora que una madre dice que su hija no estudia apelando a las palabras de la propia niña. Pero es que resulta que la niña considera que atender a clase, hacer los deberes, o discutir cuestiones controvertidas relacionadas con lo explicado, no es estudiar (sino que reserva este termino para las relecturas, la elaboración de esquemas y resúmenes, etc.), cuando en realidad estos actos son importantes en la consolidación de información y aprendizaje. Seria el colmo, pues, que vistos ahora los cimientos, siguiésemos remitiéndonos a la palabra y obviásemos sus entrañas, y que el “no estudio” de la niña derivase en un “no estudia” de la madre. Aun así, cabría recordar o dar la razón al Nietzsche que grita: La consolidación de verdades y mentiras es fruto de la comodidad verbal, cuando nos cansamos de pensar colocamos una palabra.
6Quiero remarcar la importancia del discurso con un ejemplo. Decir, como se ha dicho, que esta, la mía, es la generación llavero, la generación yo, o la generación Einstein, es decir poco y confuso. En cambio, si nos remitimos a los argumentos que han llevado al sociólogo a sintetizar los hechos con ese lema más comercial, veremos que todas esas posturas concurren y se solapan, y que sólo en las interpretaciones posteriores y ¿personales? divergen.
7Esencialmente bien podría decirse que estoy hecho todo un Sócrates, puesto que a menudo discuto no porque tenga una verdad que ofrecer, sino porque considero horrendo hacer pasar por tal a algo que claramente no lo es, o que dista mucho de ser evidente.

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.