NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 2 de junio de 2012

Epifanía saliendo del metro

Al girar la esquina, doña Sorpresa vino a mi encuentro, haciéndome parar en seco y obstaculizando el paso, por ende, al resto de individuos, que fueron agolpándose paulatinamente a mi espalda. Ante mi, otra pequeña multitud fluía grácil como un río de modo inversamente proporcional a la anterior, de modo que por cada ser que escapaba de aquella gruta, uno más se unía a la cola que se estaba formando tras de mi, cual si se tratase, en efecto, de una extensión de mi columna vertebral, orgánica y retráctil, subyugada a la voluntad de mi coxis, siendo yo, así razonando, el coxis desprendido de un ahora adelantado humano, que renegaba de esta manera, tal vez, de sus orígenes, de sus vestigios primitivos y arcaizantes.

Aprovechando esa separación propiciada por mi demora, ladee ligeramente la cabeza para intentar ver el final del pasillo: en el horizonte, alguien abandonaba su sombrero antes de emerger a la superficie, e, instintivamente, cual acto reflejo, me pase la mano por la cabeza, no hallando en ella nada; ni tan siquiera un solo cabello o brizna del mismo. A continuación, el siguiente de la fila se desprendió de sus gafas, y miméticamente baje mis manos hasta mis ojos, dos cuencas limpiamente vaciadas. Y estas prosiguieron bajando e inútilmente buscando a medida que la gente iba pasando, mas parecía que yo me hallaba desprendido de todo objeto inerte y/o susceptible de ser despojado, que sobre mi cuerpo no colgaban, no se aferraban a él, cadáveres o partes; como si no fuera por ellos deseado, como si no quisieran sujetarme cual sujeto, como si me hiciesen el vacío, como si no existiese más allá de mi propia consciencia. Y a medida que iba palpando mi cuerpo desnudo y desamparado a la intemperie diaria, broto de mi seno el deseo angustiante de la autobservación, esto es, quise, aunque no pude ni supe como, verme desde afuera; mas ningún espejo del mundo, ninguna pupila reflectante, hubiese dado una imagen fiel de mi persona... una persona que se sentía figura de barro... no, de frágil, moldeable y quebradizo barro no, de acero: frío, inmóvil, inmutable, compacto, homogéneo, liso, continuo, uniforme, uno, conexo, indesprendible...

Y mientras tanto, aquel hilo de vida fluctuante y opuesto a esa descripción seguía desapareciendo al final del camino, ascendiendo como el humo, siempre disminuidos, diluidos, diseminados, fragmentados, ausentes, incompletos,... tras ellos quedaban en el olvido una orgía de recuerdos: ora una camisa, ora un pitillo juguetón entre los dedos, ora un libro con las letras “Hesse”, ora unos zapatos de pies descalzos, ora un escupitajo...¡un escupitajo! El corazón me golpeo con fuerza, empujándome a probarlo... y sí, lo probé... nada más, sólo lo probé... probé ha abrir mi reseca y sedienta boca, mas mis labios se hallaban fuertemente sellados por la sed y la calor, al no haberlos abierto ya por demasiado tiempo, adheridos, restando pesadamente uno sobre otro, pálidos, muertos.

Finalmente, y como era previsible de un tumulto precipitado con rutinas vertiginosas, mi cola se retrajo sobre sí misma, cual si se tratase del aguijón de un escorpión, apuntando a su propio abdomen, yo, y comenzó ha protestar por mi quietud, y tuve entonces que avanzar mientras observaba como el tiempo se acortaba sin saber muy bien que haría al llegar frente al rebosante, cual pozo infinito, basurero-papelera. Los granos de arena caían del gran reloj central, y la gravedad no se invertía, y no retrocedían los minutos de arena hacia arriba, y no se iniciaba mi vuelo salvador. A medida que avanzaba bajo el peso de una muchedumbre que, en su conjunto, se me antojaba tan homogénea como yo mismo, me pregunte si no estarían ellos en la misma situación que yo, y quise, pues, interrogarles, pero... ya era tarde. Me sentí atrapado en una parábola kafkiana.

Al punto, noté una fuerte presión que me obligo a detenerme; casi cedo ante su brusquedad. Era como si la constante gravitacional aumentara en el exterior, de modo que debía desprenderme de algún peso muerto si pretendía sobrevivir allá afuera. Tras unos momento de indecisión, intente en vano arrancarme un dedo, un brazo, una parte cualquiera de mi cuerpo... mas no pude...mis atributos propios del arjé incorruptible de Parménides no me lo permitían. Así, desesperado, no se me ocurrió otra cosa que conjurar ingenua, sucinta y calladamente a mi alma colocando sobre mi pecho descubierto mi palma abierta, cerrándola luego repentinamente, y arrancándola entonces de mi cuerpo, arrojándola sobre el resto de inmunice. Mi cuerpo se desplomo en el acto, liberado de mi alma... o quizá debería decir que mi alma se libero de mi cuerpo cual mariposa que nace de su capullo. Lo ignoro. Yo no he vuelto a saber de ninguna de las dos. Supongo que esta era una de esas muchas falsas dicotomías humanas. Cosas que pasan.


PS: mientras lo escribía me ha venido a la mente ¿ficciones? A veces pienso que debo de estar verdaderamente chiflado para tener semejantes “revelaciones” a partir de hechos más o menos cotidianos, concretos y breves. Aunque en el fondo, en estos casos, me limito a describir una imagen que se me ha presentado nítida en mi mente, una secuencia (¿sera por la influencia del cine y su carácter eminentemente visual? Personalmente, nunca me han gustado esos textos costumbristas descriptivos hasta la extenuación; se me antojan un tanto vacuos) densa de significados y de apenas unos pocos segundos que me dedico a explicitar y contextualizar (con sus consecuentes y no esperados añadidos) con tal de hacerlos comprensibles, alargándose notablemente respecto a esos susodichos pocos segundos. Para los onironautas, es un poco como bucear en un sueño, cuando estas procurando recordarlo.

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