NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
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viernes, 6 de julio de 2012

Ideas que se quedaron en el tintero II (y que quizá rescate incidentalmente en el futuro)

5. Narradores múltiples
Hasta donde yo sé, el estado de la cuestión vendría a ser este:
-Historia vertical: marco dentro de un marco dentro de... estructura de muñecas rusas.
Las historias pueden relacionarse entre ellas, pero no es estrictamente necesario.
Ejemplo popular y rápido de ver: Los Simpsons, La historia aparentemente interminable.
-Historia horizontal:
a)Discontinua: cada capitulo contiene una narración en primera persona de un personaje diferente.
Ejemplos: Mientras agonizo, Rosaura a las diezsaga “Canción de Hielo y Fuego”,... Crash(2005), Trilogía del error,...
b) Continua: se intercalan las historias a través del dialogo, no haciendo necesaria la separación por capítulos.
Ejemplos: Los cuentos de Canterbury, Decamerón, Las mil y una noches (el único lugar en donde uno puede salvar la vida contando un cuento), Manuscrito encontrado en Zaragoza,...

La comedia humana de Balzac, tomando como vértices de interconexión no ya capítulos, sino novelas, podría entenderse dentro de esta clasificación como una narración horizontal discontinua, si bien su narración en tercera persona (¿de todas las novelas?) da pie a llamar uno y el mismo al narrador de estas. Lo mismo se puede decir de "La soledad de los números primos": aunque se alternan dos historias, el narrador es, de facto, el mismo. Idem para "Las flores del mal". Así, encontramos que, a pesar de la fuerte interrelación entre la metaficción y la narración multiple, estas no tienen porque venir de la mano.

Sin embargo, aunque es ciertamente tentador economizar así el numero de narradores, esto puede llevar a la equivoca conclusión de que no puede existir más de un narrador omnisciente dentro de una misma narración (o metanarración). ¿Por qué?(¿en base a qué llegaría a esta conclusión el lector?) Porque Occidente carga a sus espaldas (desde Parménides y Sócrates hasta Kant y Hegel) con una tradición platónico-cristina-racionalista que concibe la verdad como un absoluto, como el Uno a ser alcanzado, algo que el nihilismo-existencialismo sea afanado a cuestionar desde Kierkegaard: "subjetividad es verdad y verdad es subjetividad" V.S. "Todo lo racional es real y todo lo real es racional". La pluralidad reivindicada por los sofistas y (un sesgado) Heráclito renace así en el ocaso del XIX, y se extiende a lo largo del XX.

Pensémoslo un momento desde esa perspectiva obsoleta para entender bien ese porqué. Cuando uno piensa en un narrador omnisciente, conocedor de todas las verdades dentro de esa ficción que nos ofrece la literatura, no está pensando en otra cosa que una suerte de pequeño Dios, pues aquello que ese narrador nos dice que existe, existe, simplemente por el hecho de ser descrito: esse est percipi (aut percipere), ser es ser percibido (o percibir), Berkeley. Y resulta evidente que, una entidad tal, no puede entrar en contradicción, simplemente por definición; ella misma es la Verdad, siendo esencialmente una (dentro, insisto, de la ficción creada por el autor, por más verosímil -o no- que pueda resultar. Así, si deviene incongruente es que trasciende [cf. antinomia, oxímoron] o ironiza, pero nunca engaña, miente o yerra, ni se presenta esquizofrénica, actos para los que se reserva a narradores más mundanos).

No obstante, se está asumiendo en esa (¿cristalizada y muy asentada?) manera de razonar un error imperdonable: sólo Dios es digno de la omnisciencia (narrativa)[cf. omnividencia en Planilandia]; por eso no existen, o no me constan, tales obras, en las que discutan los dioses sobre como debiera narrarse una historia sin sesgo alguno, problemática muy cercana a la de Flaubert y la búsqueda de le mot juste (el termino exacto)[tema, por cierto, que se prestaría muy bien a un relato metalingüístico con fuertes dosis de semiotica, para quien pueda darlas]. De hecho, y dada la ambigüedad inherente al palabro "Dios" que tanto enfatizan los ignosticos, sería más preciso afirmar que el problema subyace en la falta de un narrador intermedio entre el omnisciente (problemático desde un punto de vista conjuntista, y que habría que delimitar) y el contingente, ya sea una cámara, un personaje,...

Para comprender mejor esto basta alejarnos de las religiones monoteísta en pos de las visiones mitológicas, en las que la pluralidad es la norma. Después de todo, a un narrador omnisciente no se le pide realmente la omnisciencia del mismo modo que no se le pide al átomo la indivisibilidad, por extraño que resulte desde un punto de vista etimológico: el narrador omnisciente es llanamente aquel que tiene un conocimiento superior al de los personajes involucrados en la historia, y no requiere conocer, por tanto, la totalidad de los mundos posibles, ni siquiera mantenerse consistente o verídico en su descripción, como si de un Dios garante-cartesiano se tratase.

Rehuyendo ahora estas cada vez más recargadas comparaciones (que me llevarían a concebir una escala [¿infinita?] de niveles sucesivamente superiores que ven omniscientemente todo lo que tienen bajo sí y en los que existirían sociedades [con sus polémicas y controversias, incluso al respecto de esos submundos] enteras equiparables a la nuestra [cf. Planilandia, y mézclese con Matrix o nivel 13]), no comprendo porque, si un libro es escrito por diversas personas, se deba simular la expresión de una, homogeneizar la escritura; esto es, porque se esconden las concepciones/creaciones policefálicas en narraciones monocefálicas, porque no pueden confrontarse varias interpretaciones de unos hechos objetivos en medio de una novela. Siendo tiquismiquis en el uso de las palabras, sí, lo comprendo; todo lo anterior pretendía explicármelo. Lo que yo no hago, en cambio, es aceptarlo, del mismo modo que tampoco acepto que no exista una policefália surgida de la monocefália (o, a lo sumo, sea lo suficientemente impopular como para que un intento de polímata como yo no la conozca a día de hoy)... no, espera, eso sí que existe: los heterónimos.

¿No lo sienten todavía? Sí, las piezas de este tablero empiezan a cercarme muy estrechamente, intimas y susurrantes; presiento un jaque mate; mi jaque mate. La respuesta que busco es en verdad muy sencilla, y se obtiene de la simple puesta en practica (cf. enigma 6) de mi idea, sin necesidad de toda esta barroca e innecesaria teorización, pues, si tal choque de consciencias se produjese, no tendría más que un dialogo en un plano eidético, superior al de la narración. Volvemos, así pues, sobre las muñecas rusas y la metaficción. Game over.


Nota1: Como comento en algún ensayo aún inédito, me gusta conocer la historia y el origen de las cosas. Así, hago notar que la idea de interrumpir abruptamente al narrador omnisciente la tuve cuando mi profesor de lengua comentaba con un ejemplo bastante bestia que este narrador podía estar ideologicamente (muy) sesgado; hasta donde recuerdo, en el ejemplo que puso el narrador era completamente neutral durante toda la historia a excepción de ciertas y muy concretas escenas, en donde aparecía una descripción sumamente peyorativa de algún colectivo (homosexuales, negros, indígenas americanos,... recuerdo que era un odio arcaico como esos, pero no alcanzo a recordar cual en concreto). Me impacto tanto (supongo que bajo la equivoca premisa del narrador como Dios cartesiano, como daba a entender la neutralidad y objetividad general de la crónica, lo que ayudaba en cierta manera a ceder ante su opinión [bajo la misma lógica de: un académico reputado tiene más posibilidades de ser escuchado/publicado que no uno desconocido, por muy barbaras que sean sus palabras]) que se me antojo que un comité que regulaba la neutralidad, objetividad y calidad de narradores omniscientes en/de ese mundo eidético antes comentado cortaba su descripción y la sustituía por otra más justa. Luego (cuando se me paso el cabreo que me provoco, similar al que me induce "El amigo fiel" de Oscar Wilde o "Danzad, danzad, malditos" de Pollack) pensé que esto, pese a las buenas intenciones, no dejaba de ser una forma de fuerza bruta y de censura, por lo que considere más interesante que este comité entablase discusión con el disidente para intentar convencerle, atrayendo así conmigo a los posibles lectores. Con el tiempo, esto se me antojo doctrinal, por lo que termine abandonando la idea, aunque en cierto modo dejo huella, creo, en mis "diálogos esquizofrenicos" (que, de todos modos, no solían ser convergentes, ideologicamente hablando), entre los que puedo citar el debate ético-político con mi cerebro en el metro.

Nota2: Entre otras fuentes sobre teorética de la narración consultadas, quiero destacar esta

Nota3: para enfriar ideas antes de la revisión final del texto, decidí ver una película; en concreto, Glen or Glenda?, de Ed Wood. Casualmente, en ella encontré a un doble narrador o, mejor dicho, la presencia de dos narradores omniscientes (la voz en off y el científico interpretado por Lugosi). Y si bien la película tiene sobrados motivos para ser considerada una de las peores de la historia (dicen, yo no note nada especialmente mediocre en comparación con el panorama actual, sino más bien al contrario), este particular hecho suele contribuir a esa consideración juzgando la presencia de Lugosi de innecesaria, la cual, en lo personal, me parece interesante, ya que trasciende mis planteamientos, soluciona mis diatribas: dos narradores superpuestos y sin confrontación (más allá de que su armonía chirrié ligeramente, y de que podamos considerar a Lugosi como a un meta-personaje, o personaje perteneciente a una realidad superior en esta, por tanto, metanarración, volviendo de nuevo sobre nuestro Game Over).


6. Invisible e-ink o tinta invisible electrónica. Aplicaciones. 
Suena bastante pretencioso, pero es esencialmente simple. La idea me proviene de algún capitulo de Detective Conan, aunque presupongo que habrá antecedentes. Consiste en escribir el texto con el mismo color que el fondo (generalmente blanco), de manera que parezca que no se ha escrito nada. Para desvelarlo, basta con seleccionarlo con el ratón; como a priori no sabemos si tal mensaje oculto existe, o donde se encuentra, hemos de subrayar sistemática y paranoicamente todo documento para hallarlo (tentador, ¿no?).

En un primer momento se me antojo que podía emplear esta técnica en algún relato policíaco para añadir pistas extras de ayuda o incluso pistas esenciales, fundamentales y necesarias para la correcta resolución del caso. Así, concebía dos posibles finales: uno abierto, en el que se pedía al lector que lo cerrase, y uno concluso, sólo coherente mediante el descubrimiento de estas pistas secretas, que señalaban hacia la dirección menos pensada, contraria a la narración visible.
 (Actualización: cf. Examen de la obra de Herbert Quain: « "Todos creyeron que el encuentro de los dos jugadores de ajedrez había sido casual". Esa frase deja entender que la solución es errónea. El lector, inquieto, revisa los capítulos pertinentes y descubre otra solución, que es la verdadera. El lector de ese libro singular es más perspicaz que el detective. [...] Alguno —no el mejor— insinúa dos argumentos. El lector, distraído por la vanidad, cree haberlos inventado.»)


Por ultimo, considere también dos presentaciones diferentes de las pistas, en base a los lugares en blanco de un texto: el interlineado y los finales de capitulo (con saltos de pagina descarados). En el primer caso se podría entender como una narración paralela a los acontecimientos, si acaso la narración primigenia de los hechos que se pretenden descubrir, mientras que el segundo tipo serian pistas compactas y tal vez esquivas. En verdad el interlineado da mucho juego, y podría utilizarse también para describir los pensamientos del asesino a medida que la trama avanza y el detective lo cerca o se aleja de él.

Pese a todo, decidí abandonar la idea cuando, primero, me pareció un recurso un tanto pueril y, segundo, considere que ciertas clases de libros interactivos en papel o libros-objeto ya hacían uso de esta clase de artimañas. Por no decir cuan turbio y complicado me parece escribir un buen relato policíaco en el que encajen todas las piezas sin forzados artificios.

Sk. te observa,
Sk. te cerca,
Sk. te da
a Sk.

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