NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

sábado, 16 de febrero de 2013

Como en un espejo (Bergman, 1961)

─Usted debe ir al médico.

─No necesito que usted me lo diga para saber que estoy enfermo, aunque ignoro de qué enfermedad. Sin embargo, yo creo que mi conducta es cinco veces más normal que la de usted. Mi pregunta no ha sido si usted cree que pueden verse apariciones, sino si opina que las apariciones existen.

─No, de ningún modo puedo creer eso ─dijo Raskolnikof con cierta irritación.

─La gente ─murmuró Svidrigailof como si hablara consigo mismo, inclinando la cabeza y mirando de reojo─ suele decir: «Estás enfermo. Por lo tanto, todo eso que ves son alucinaciones.» Esto no es razonar con lógica rigurosa. Admito que las apariciones sólo las vean los enfermos; pero esto sólo demuestra que hay que estar enfermo para verlas,no que las apariciones no existan.

─Estoy seguro de que no existen ─exclamó Raskolnikof con energía.

─¿Usted cree?

Observó al joven largamente. Después siguió diciendo:

Bien, pero no me negará usted que se puede razonar como yo voy a hacerlo... Le ruego que me ayude... Las apariciones son algo así como fragmentos de otros mundos..., sus ambiciones. Un hombre sano no tiene motivo alguno para verlas, ya que es, ante todo, un hombre terrestre, es decir, material. Por lo tanto, sólo debe vivir para participar en el orden de la vida de aquí abajo. Pero, apenas se pone enfermo, apenas empieza a alterarse el orden normal, terrestre, de su organismo, la posible acción de otro mundo comienza a manifestarse en él, y a medida que se agrava su enfermedad, las relaciones con ese otro mundo se van estrechando, progresión que continúa hasta que la muerte le permite entrar de lleno en él. Si usted cree en una vida futura, nada le impide admitir este razonamiento.

─Yo no creo en la vida futura ─replicó Raskolnikof.

Svidrigailof estaba ensimismado.

─¿Y si no hubiera allí más que arañas y otras cosas parecidas? ─preguntó de pronto.

«Está loco», pensó Raskolnikof.

─Nos imaginamos la eternidad ─continuó Svidrigailof─ como algo inmenso e inconcebible. Pero ¿por qué ha de ser así necesariamente? ¿Y si, en vez de esto, fuera un cuchitril, uno de esos cuartos de baño lugareños, ennegrecidos por el humo y con telas de araña en todos los rincones? Le confieso que así me la imagino yo a veces.

Raskolnikof experimentó una sensación de malestar.

─¿Es posible que no haya sabido usted concebir una imagen más justa, más consoladora? ─preguntó.

─¿Más justa? ¡Quién sabe si mi punto de vista es el verdadero! Si dependiera de mí, ya me las compondría yo para que lo fuera ─respondió Svidrigailof con una vaga sonrisa.

Ante esta absurda respuesta, Raskolnikof se estremeció, Svidrigailof levantó la cabeza, le miró fijamente y se echó a reír.

Dostoyevski, Crimen y castigo, IV.1, fragmento.

La misma idea (quizá más implícita, menos desarrollada/verbalizada, más fabulada) se reencuentra en Los hermanos Karamazov, VI.2.a. En un momento dado se puede leer «─Es tu enfermedad, hijo mío, lo que te hace hablar de esta manera [ie, como a un "creyente" ─en el sentido hippie de la palabra─ tras una época de ateísmo/cinismo].» 

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.