NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

domingo, 24 de febrero de 2013

Diario onírico 14/5/2011: hasta el infinito y más allá

...He revisado, al cabo de un año, estas paginas. Me consta que se ajustan a la verdad, pero en los primeros capítulos, y aun en ciertos párrafos de los otros, creo percibir algo falso. Ello es obra, tal vez, del abuso de rasgos circunstanciales, procedimiento que aprendí de los poetas y que todo lo contamina de falsedad, ya que esos rasgos pueden abundar en los hechos, pero no en su memoria... 
J. L. Borges, El inmortal (cf. elaboración secundaria)

Keywords: metro (primo), carrera, supermercado (Diana), campo (Naty), bosque (Endika), piraña-cocodrilo-araña, «cárcel» de locos (nos arrastramos, nos acosan), casa (atrapo un gnomo, Víctor) y consciencia.

Estoy en la entrada del metro con mi primo. Al pasar la tarjeta por la maquina me indica que me quedan 0 viajes. Esto me sorprende («¿sólo me quedaba un viaje?», me pregunto) ya que no me salen las cuentas, así que reviso la «cartera» y me percato de que tengo una tarjeta de más, que venía con un solo viaje y que regalaban o venia de regalo (una especie de «muestra» gratuita, 2x1 o yo que sé). Le pregunto extrañado sobre ella a mi primo, pero entonces, no sé porque, comenzamos una carrera.
     Al acabar el corto pasillo del metro estamos como en un supermercado o grandes almacenes enormes y tenemos que ir hacía abajo. Yo hago varios trucos sucios para adelantarle: por ejemplo, mientras él corre recto, gira hacia la derecha y toma las escaleras que bajan (las segundas de dos), yo planeo saltar la valla que rodea las escaleras y cortar por la diagonal (pues sé que no le ganare ni en velocidad ni en resistencia). Sin embargo, observo mientras corro a la par que él que estas escaleras (las primeras, las de subida, las del lado por donde corremos y por las que quiero saltar y atajar) están abarrotadas de personas que me impedirían el paso y, por ende, me veo obligado a abortar la idea. Frustrado, me dirijo hacia las escaleras «normales» (o sea, sigo el mismo recorrido que mi primo), pero en cuanto veo que él me adelanta y que quienes obstruían el paso en la cinta con un cochecito de bebes han salido ya, hago un amago y atajo como lo había planteado al principio.
     En el siguiente nivel, un piso inferior, hay como un «circuito» de campo, circular. Gracias a los amagos he obtenido cierta ventaja, pero como voy medio caminando medio corriendo (¿por el cansancio? ¿por las aglomeraciones?), cuasi me atrapa. A mitad del camino (del circular) el persecutor, que se convierte en Diana, toma «prestada» una bici. Pero para entonces el camino se vuelve demasiado «escarpado» y arbolado para pasar con ella. Cuando finalmente alcanzo la cima, veo, en panorámico, mientras salgo de detrás del ultimo árbol y giro a la izquierda, un paisaje cuasi infinito plantado regularmente con pequeños arboles morados sobre las montañas (tipo dibujos Shin Chan).
     Allí me encuentro con Naty (¿y Jose?). Ella me hace notar que en mis pies también tengo de esos arbolitos, y en él canta un pequeño pájaro de alas azuladas y pecho blanco. Le pregunto como terminar el circulo del circuito y me dicen que es inviable, que es mejor ir por donde se ha venido, como si en ese punto el espacio se hubiese dilatado. [1] 
     Entonces, mientras pienso que hacer, Endika me llama y me invita a acompañarle, llevándome por un (¿más o menos estrecho?) camino de tierra vallado con alambres por una lado (para evitar caídas hacia vete tú a saber donde) cual pasamanos y desde el que se ve un enorme paisaje de espigas. «Es realmente hermoso, ¿verdad?». Yo afirmo. Inspiramos hondo y continuamos caminando.
     Al girar la curva, entramos en un bosque o selva salvaje. Me desplazo lentamente. Veo una araña enorme, sin pelo, de patas de palo, pero gruesas, y con un gran abdomen en forma de gran botella de pera (menor que mi cabeza, mayor que mi puño). Busco entonces con la mirada a Endika y veo que está entrando en una especie de pantano, así que decido desviarme (me daba muy mala impresión), topandome con un hombre extraño que parece vivir allí (una suerte de indígena) y que me avisa de la existencia de un enorme cocodrilo en el pantano. Entonces veo a Endika huyendo de él. Le sigo y me hace de guía. Pero su camino resulta ser el cuerpo de una serpiente que se eleva, impulsándolo hacia el cielo y tragandoselo en la caída (¿a quien? ¿a él o a un tercero que con su muerte nos ha salvado la vida no intencionadamente?). Acto seguido, como si fuese una trampa (una especie de planta carnívora o similar), se vuelve a colocar en su posición inicial, como si nada hubiese pasado. Decido escapar de allí por donde lo hace Endika:
     [Dibujo: a la derecha, el cocodrilo gigante en el pantano. En el centro, un abismo considerable. A la izquierda, Endika. Bajo él, un túnel en plan desagüe (de él sale y/o entra cascadas de agua hacia/de el abismo; es como si fuera bidireccional, desagradablemente desconcertante y extraordinariamente fabuloso al mismo tiempo; casi puedo sentirlo aún). La idea es llegar hasta el extremo del tubo y colarse por él. El problema: que hay que acercarse demasiado al abismo, tentando al cocodrilo de saltar: el abismo es insalvable para un humano, no para él].
     Endika ya ha entrado por el túnel bidireccional, mientras yo todavía estoy arriba. Quiero bajar, pero el cocodrilo está del otro lado dispuesto a saltar y entrar por el túnel en cualquier momento (me lo imagino incrustado, atrapado en él; como si fuese un tapón que por la diferencia de presión se introduce dentro de una botella). Allí no tendría escapatoria. No llego a actuar. Estoy paralizado. El cocodrilo salta a pesar de no haberme movido. Aunque venia del espacioso bosque, ahora ya no puedo retroceder: tras de mi me retiene una infinita pared (aunque tampoco creo que hubiese sido capaz de reaccionar; es una pared retorica, una materialización de mi estado mental, de mi paralisis). El cocodrilo ha saltado y, cual si se tratase de un tiburón, parece quererme comer de un bocado en el aire, sin llegar a aterrizar en la superficie del tubo. No puedo mirar. Cierro los ojos. Fundido en negro. Noto movimiento. ¿Qué ha pasado? ¿Se ha abierto una trampilla del suelo y he entrado en el túnel gracias a Endika? ¿He sobrevivido dentro del cocodrilo gracias a haberme tragado en lugar de masticado? Se sucede un cambio de escena o escenario completamente ilógico y muy habitual en los sueños cuando cierras en ellos los ojos o en situaciones extremas.
     ¿Mi nueva situación? Yo y mi compañero nos estamos arrastrando por el suelo. Se trata de un edificio amplio y minimalista. Vemos algunas puertas pequeñas, con botones (ascensores) a nuestra altura (arrastrados, en el suelo; son diminutos). Le digo que es mejor que no le pique. Nos levantamos con esfuerzo y llegamos a una sala con gente y una barca [Dibujo: sala cuadrada sin una pared con la barca en medio y la gente del otro lado. De nuestro lado, el izquierdo, hay dos puestas. Los otros dos tienen ¿una?]. «¿Donde estamos?», pregunto. Me dan una respuesta mística-existencial (cual evasiva o ironía) y yo la rehusó. Nos miran con mala cara y nos rodean. Cierro los ojos.
     Estoy en mi cama. En mi escritorio está Victor. Estamos hablando. La situación no me parece coherente y comienzo a sospechar que estoy soñando, pero me hecho a dormir «de nuevo». [ →  sueño: conan-clon ¿?¿?]
     En un momento dado, siento un «gnomo» mordiéndome y le atrapo y le pido a Victor, escéptico (pero más yo, que quiero rehusar mi locura) que lo mire, pero no despierta (¿se había dormido? ¿se estaba durmiendo?). Al final se va «evaporando» o desvaneciendo y desaparece (el gnomo).
     Seguro ya de que es un sueño, recordando lo vivido y que Victor este ahí (con tantas confianzas xD), ademas de contar tropecientos dedos en un test de realidad (juntando mis manos en una sola), voy al balcón de la cocina en busca de luz (la del sol) para ver mi mano. Pero no lo consigo. Esta la persiana bajada y no logro subirla ni dejarlo en mis espaldas (casi me caigo) ¿?¿?.
     Entonces pasa mi mpadre por ahí y le pregunto si tengo poderes (otra de las preguntas típicas de los tests de realidad que te recomiendan hacer para alcanzar la lucidez). Me llama idiota y enciende la luz. Me miro la mano y veo un bulto enorme, pero no ninguna deformidad importante como la ultima vez. No tengo muy claro si es un sueño o no. No logro controlarlo, pero soy consciente de su carácter irreal. Frustrado y angustiado, decido que no quiero continuar, y me levanto de la cama (la no onírica). FIN

[1] Es decir: comienzo el circuito circular desde una posición que me permite verlo en su completitud, empiezo a correr por él y, tras recorrer medio circulo, el otro medio resulta haberse deformado y estirado como un chicle indefinidamente (de ahí la cuesta escarpada platónica o el paisaje infinito panorámico que no existían en un primer momento, cuando era sólo un más o menos pequeño circuito circular claramente acotado). 

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