NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
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miércoles, 6 de febrero de 2013

Superposición

https://docs.google.com/file/d/0BwmSXKjYnL20RnE1V1kwUTFyMnc/edit


Esto no es una patafora; ni tan siquiera una sucesión de las mismas. No se trata, digo, de una traslación (un explicar la realidad A mediante la B), sino más bien de una superposición (explicar A y B al mismo tiempo, pues son esencialmente una y la misma entidad). En la practica puede no haber ninguna diferencia, pero ambas interpretaciones son sustancialmente distintas, por no decir que la segunda permite mayor libertad en el orden y la confluencia de los elementos, puesto que, reitero, esto no es ninguna matrioska.

Jo! no es justo! siempre me la cargo yo! yo y solo yo y nadie mas que yo! Pepito muy bien. Juan mejor. Gloria gloriosa y Victoria victoriosa. pero maria. maria que? maria mal. otra ves? si. otra ves. maria mal otra vez. ves? mal. esta mal. yo estoy mal? esta mal. estoy mal yo? esta mal. tan mala soy? esta mal. Jo! que rollo! no es juzto! estoy mal! Jo! Porque maria? porque no Juan? porque esto? porque lo otro? porque asi? y asa? y alli? y alla? Jo! yo que se! no es gusto! yo querer hacer bien! pero. Jo! es muy dificil. es una conflusion. garragatos locos girando en la pizara. aora arriba. haora baja. rallas y mas rallas sin sentido. Jo! esto solo me pasa a mi! soy la niña mas desgraciada del mundo!...
...En efecto, alguna mente más ingenua que la mía afirmaría con toda efusión la existencia de alguna clase de atractor que me llevaría irremediablemente a converger en un cluster terrible llamado desgracia. Sí, lo puedo intuir. Establecería primero un sistema axiomático que coincidiese con aquello que venimos llamando realidad a través del estudio de la física, y acto seguido me mostraría ejemplos de sistemas dinámicos deterministas en contextos macroscópicos. Un tal sujeto obviaría, por supuesto, toda consideración contraría, en un falaz cherry picking. Sin embargo, cualquier queja al respecto sera vana: ya se ha demostrado que ambas posibilidades son factibles. Y sembrada la duda...
...la eterna duda. En eso consiste esencialmente el escepticismo, y no en la negación acondicional y acrítica, sistemática y persistente, de toda clase de juicios, sin importar la cantidad de sombras y luces que los cubran; en admitir que éstos pueden darse y ser ciertos e, incluso —quién sabe...—, resultar cognoscibles y demostrables, mas que la consecución de esta consciencia de conocimiento es un imposible, y que nuestras respuestas nunca serán necesariamente suficientes, y que las preguntas que las motivan permanecerán por siempre abiertas, pues, ¿aquello que juzgo autoevidente o que considero riguroso, lo es en verdad? ¿En base a qué, y por qué, se acepta tal como base a esto, y, aún peor, por qué podemos considerar a ese tal como punto de partida hacia ningún otro?, i.e., ¿Qué nos garantiza su veracidad?... ¡Y vuelta a empezar! ¿Pues acaso el rigor no nos exige preguntarnos si no se estará precipitando en sus conclusiones aquello que gusta de llamarse «mente», sea lo que ello fuere? Oh, sí, entiendo; esto no lleva a ninguna parte, ¿verdad? Si ya lo describía maravillosamente Poincaré, lo problemático de esta autofelación posmoderna: «Dudar de todo o creerlo todo son dos opciones igualmente cómodas, pues tanto una como otra nos eximen de reflexionar» y nos liberan de toda responsabilidad, añadiría yo. No obstante, no es posible aseverar categóricamente que «el más allá», de existir, no sea más que un nido de arañas a lo Svidrigailof; o que «Dios», si me permiten los ignosticos utilizar el termino para que cada cual adhiera y ancle en él su propia concepción, castigue a los que creen en Él en esta realidad porque así esté programado en la Matriz en la que tal vez vivamos, dispuesta de tal modo por un grupo de sociólogos muy cachondos y anti-penrosianos (o pro-minsky, si se prefiere [i.e., que apoyen la simulabilidad del cerebro humano, si tal cuestión todavía se debate en el tal imaginado universo]); o, incluso, que esta tal entidad trascendente se aplique con esmero en mi continua y reiterada tortura. Diatribas, todas ellas, sobre las que nadie debería pronunciarse sin temor a equivocarse... Aunque, a pesar de todo...
...¡admítelo, idiota! Por favor, ni tú te crees esa sarta de estupideces. ¿Que tu jefe, doctorado en no sé que mierda perfumada de univerdad estrangera abandonada en el sexto pino de la galaxia se ha equivocado en una «mera trivialidad rutinaria»? ¡Absurdo! No merece la pena ni planteárselo. ¿Que hay un boicot universal contra tu persona, susceptible como ninguna otra? ¡Ja! Más fácil sería que mi mujer me pusiese los cuernos conmigo mismo; y no precisamente porque tenga múltiple personalidad. ¿Que es el resultado de una suma de casualidades, el destino, o vete tu a saber que ulterior invención piojosa creada con el único propósito de delegar toda responsabilidad propia en él? ¡Claro! Y ahora, tira millas. ¡Venga, sin miedo! Por favor, me ofendes. Ni el juez, ¡lee los malditos periódicos!, se cree eso de que a uno le toca la lotería 20 veces seguidas por su cara bonita, o que no pueden encerrar a uno simplemente porque aquel hombre, la victima, debía morir tarde o temprano, y daba realmente igual en manos de quien fuese. No, tío, no. Esto no va así, así que para de inventar. Joder, es que das asco, tío; cuando te pones en ese plan das puto asco. En serio. Te lo digo muy en serio. Escudándote en mil y una excusas de mercadillo cutre como un repugnante cobarde espiritualmente tísico. Eres un mierdas. Eso es lo que eres. Y punto. Ni los otros son mejores, ni tienes problemas irremediables, ni nada de todo eso. Simplemente eres un mierdas. Y ya esta. Admítelo. No es para tanto. Seguro que los hay a montones. O no, que más da. La cuestión es que tú lo eres, así que dilo, dilo sin miedo. ¡Venga! ¿No eras tan valiente hace un momento, cuando te imaginabas descuartizando e inmolando a toda la raza humana? Sí, dilo; dilo, gallito, dilo. Adelante... hmmm... hmmm... hmmm... ¡soy un mierdas, y es solamente culpa mía que lo sea!...
...Después de todo, el paro no debería justificar este abatimiento, y mucho menos infundirmelo; pero el hecho es que lo hace, lo cual demuestra mi fragilidad. Triste, pero cierto. Supongo que uno termina por desarrollar alguna clase de drogodependencia, con el habito, hacia el trabajo, la rutina, las relaciones sociales y demás engranajes de la sociedad. Quizá por ello me ensoñase a veces con aislarme de todo, encerrarme en una torre de marfil, huir al campo de Walden, desaparecer, escapar de todo. Quizá, digo, fuese consciente en ciertos momentos de que esta clase de vida de rebaño me resultaba perniciosa y, para colmo, me generaba alguna especie de mono y ansiedad terrible. No sé. Quizá sea algo idealista, pero en verdad he creído siempre que la felicidad e integridad de ningún individuo debería depender de su sustento material: uno tendría que poder morir de inanición con una sonrisa en los labios. Tampoco parece tan imposible. Vivirá menos, claro; pero enajenado. Esa debería ser la clave: la evasión. Si, al fin y al cabo, no hay nada por lo que luchar... o de haberlo, no quiere que lo hagamos... o no como lo hacemos... ¿para qué insistir? ¿O es que a caso...
...Jo! Si encima tendran razon! No es juzto! Si me sale mal me sale mal. Jo! Yo no tengo la culpa! Yo intento! Mucho! Pero. Jo! Que rollo!

Comentarios

  • Recuerdo que el texto quedó incompleto cuando lo abandoné hace ya algún tiempo, pero no recuerdo que planes tenía sobre él, y como éste debía continuar. Sé que las voces individuales debían unirse progresivamente, repetirse una por una un par de veces más hasta terminar en una suerte de respuesta unánime final; «un eco de mil realidades resonó, se solapó», anoté. También escribí un misterioso/místico/críptico/incomprensible: «No te ves: no hay espejo». Aunque la frase me inquieta, no tengo idea de en que estaba pensando. Me vienen a la mente, eso sí, ¡Adios! (1884) de Maupassant («[...] Como nos miramos al espejo todos los días, no advertimos los estragos de la edad, [...]. No podemos apreciarlos. Para que uno se diese cuenta de lo que pierde, seria necesario que pasara sin mirarse al espejo seis meses. ¡Oh! ¡Qué sorpresa tan desoladora recibiría!») y La historia del difunto míster Elvesham (1896) de H. G. Wells en el momento de la revelación. Es posible que se tratara de alguna «idea en síntesis» o «germen iniciador» para otro relato, aunque no descarto lo de «metáfora sobre la identidad» a desarrollar por alguno de los personajes a la vuelta; lo cierto es que soy incapaz de recordar.
  • Hay dos interpretaciones medio obvias de este texto «experimental»: la primera y menos arriesgada, que se ésta describiendo un trastorno de múltiple personalidad; la segunda y más ¿moralista? o cuestionable, que son realmente múltiples personas y que por tanto se ésta defendiendo una especie de «todos somos iguales y experimentamos esencialmente las mismas emociones, aunque éstas sean inducidas por diferentes causas y contextos» (debidos a la época, la clase social, el pensamiento o los estudios propios... según la victima, que se te rompa una uña puede desembocar en pensamientos más kafkianos que perder a toda tu familia y amigos o ser amputado).
  • Además de intentar diferenciar unos de otros y describir su psicología —desde un punto de vista formal, sin entrar en el contenido de sus manifestaciones, pensamiento, sentido del humor, autoestima...— por el campo semántico empleado, así como su estilo (puntuación, densidad, corrección ortográfica...), [1]  me planteé también la idea de jugar con la variable «caligrafía», pero me dio demasiada pereza.
  • En esta versión los personajes son completamente genéricos, «intrahistóricos». Se me antoja que una alternativa interesante, aunque requiere documentarse demasiado (sobre los diferentes hitos de la historia y sus protagonistas) como para eludir mi pereza, sería describir vidas reales y momentos específicos de éstas (generalismos fuera) sin explicitar de quien estamos hablando (a modo de adivinanza). Así, por ejemplo, podría describir la frustración de un Galileo que debe retractarse ante la Iglesia, de un Galois que no encontró reconocimiento en vida, etc. También se podría, por supuesto, mezclarse con la intrahistoria usando noticiarios de actualidad, por ejemplo.
  • Una tercera versión, ni histórica ni intrahistórica, se me antoja aún más sugerente; apelar a la ficción. Escribe Flaubert en Madame Bovary (1856): «—¿Le ha ocurrido alguna vez —replicó León— encontrar en un libro una idea vaga que se ha tenido, alguna imagen oscura que vuelve de lejos, y como la exposición completa de su sentimiento más sutil?». Y yo me pregunto, ¿no podría hacerse un collage sobre la propia identidad, o una momento concreto de ésta para no caer en reduccionismos y metafísicas extrañas, con esos fragmentos, y citar así un día a Kafka, Salinger, Camus, Gombrowicz... párrafo tras párrafo, sin añadirles palabra alguna a ellos ni entre ellos, y otro día, diferente, citar a otros completamente distintos? Algo tal vez similar a esto, pero muchísimo más pretencioso (usando, p.e., citas más extensas, que no se desliguen tanto de su origen, apropiarse también de éste).
[1]  Reconozco que en este punto he procurado ser, sin demasiados ni muy sutiles resultados, algo «maquinador», permitiéndome algunos dobles sentidos (o sea, que he intentado una escritura desde fuera, demiurga; a fin de cuentas, supongo que es lo que se espera de un escritor —ajeno al realismo francés del XIX—, así que no sé para que lo comento). Citaré un ejemplo: «otra ves? si. otra ves» (queriendo escribir ella: «—¿Otra vez? —Sí, otra vez»). Es decir, que está viendo y, por ende, describiendo, a otra persona: una imagen deformada de sí misma.
He querido advertirlo porque puede, y en verdad lo es, resultar algo artificioso y gratuito (cf. Del error y la sutileza, comentario final a propósito del amigo de Eco)

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.