NOTA: Aunque recibiré con los brazos abiertos a cualquier nuevo visitante, especialmente en lo que concierne a los proyectos de Vaho de la Bruma, nótese que este blog permanece enterrado desde Julio de 2013, tras un año de deterioro progresivo y otro de notable silencio (cf. Recapitulación). El Fénix que de estas cenizas quizá nacerá, en Scribd, si es el caso, lo hará.
Derechos: la imagen de cabecera pertenece a Platinum FMD, mientras que la del fondo es de ¿Eric Sin (Depthcore)?

lunes, 4 de febrero de 2013

Todo titulo ocurrente destriparía en mayor o menor medida esta alegoría




Compulsiones, lengua fuera, mandíbula desencajada, garganta seca, ojos entornados... todo sobre un fondo blanco, nevado, frío, con unas gotitas de sirope de fresa aún húmedas caídas del emparedado de algún viandante con prisas que desayunaba al trote confundiéndose con el rojo sangre de mis agrietadas manos. Desplomado y desplumado. Como en la peor americanada concebible que al cerebro embota me imaginaba yo mientras me decía a mí mismo lo necesario que sería habituarme a hacer algún deporte si no quería verme en tal lamentable estado por un bastante previsible síncope. ¿La razón de la presente taquicardia? Aquello que eludo y que presumo que en dosis menores y a medio plazo me reportaría el efecto contrario: correr por las mañanas. ¿Por qué no bajo el ritmo, entonces? Mismo motivo, ironías: conservar mi integridad, mi salud; salvar la vida. Estoy corriendo para salvar la vida. ¿Y merece realmente la pena? Lo ignoro, ciertamente que lo ignoro, aunque no creo que este sea el mejor momento para entrar en tales disquisiciones existenciales, no tanto porque no me apetezca sino porque tengo el cuerpo lleno de drogas endógenas tipo adrenalina, dopamina o endorfina; no sería objetivo. ¡Pero si vas a palmar de todos modos si sigues cayendo calle abajo como un puto condenado! Probablemente, pero ni te imaginas lo persuasiva que es la inercia. Un momento... ¡claro que te lo imaginas!: eres mi maldita doble personalidad, el porqué de tragarme cada mañana pastillas con sabor a huevos podridos, ritual hoy no acontecido por obvios motiv...
     ...un sable me atraviesa, una bala me golpea, un bate me revienta, un mordisco me desmembra... la imagen de mi ex-profesor deslumbra fugazmente mi mente, así como sus palabras: «no te pares de repente; si no puedes más, al menos camina lenta y apaciguadamente». Pero me es imposible; por suerte, me es imposible. Ante mi se extiende ahora un abismo que casi salto suicida por andar mirando mi espalda a destiempo, temeroso y titubeante ante el inminente porvenir. Sin embargo, esto no es lo más sorprendente: en el horizonte, el sol empieza incomprensiblemente a ponerse; ¡el ocaso de madrugada, quien lo pensara! Y todavía más extraño: en mi fuero interno tengo el total convencimiento de que terminado éste, desapareciendo en las verdes aguas de las llanuras anheladas ese rojo astro llameante, el abismo se cerrara y se unirán sus partes, como si al no verlo por la ausencia de luz dejara de existir; «esse est percipi aut percipere». Mas la inquietud me invade y derriba acuciante mis murallas de contención, pues esto sucede muy lentamente, por lo que no puedo evitar buscar con desespero una vía alterna por la que cruzar, hallando así a mi derecha, camino arriba, un puente que se estrecha... ¡¿Que se estrecha?! Mi asombro comienza a ceder al desconcierto, ahogándome en el pantano de lo inverosímil, mientras mi angustia crece ante la plena consciencia de que apostar por él sería como confiar en alguien que «jura por la voluble e inconstante luna». Frustrado, me mantengo todo lo firme que puedo ante la adversidad y noto como paulatinamente se me manifiesta aquello que viene a llamarse...
     ...luz, luz, luz, luz, luz, luz... suena en mis sinestésicos ojos, monótono y onomatopéyico cual manso mar y susurrante oleaje. Cada nuevo bramido deja tras de sí una estela apenas visible un instante. Es la imagen del mundo escindido por mi enfermedad. La imagen de un paso de peatones, semáforos y coches pasando. Es la imagen de un breve momento de lucidez que me alivia mi paranoia, percatándome así de la identidad ya olvidada de mi persecutor, aferrado casi con indiferencia espeluznante a mi muñeca; de la ex-causa y origen primigenio, siempre ridículos y disminuidos ante los aparatosos devaneos y esfuerzos por ellos provocados, desmerecid...
     ...una ausencia me conmueve: el bello patrón ha muerto; ha sonado ya el último «luz», un «luz» no seguido por ningún otro. En la linea del horizonte todavía brilla un titilante rojo, mas me confío y me abalanzo sobre el regazo de las cebras para mí dispuestas cual puente colgante. Me confío, digo, a una muerte segura. La muerte de mi enemigo.



II

Caminaba con la confianza de aquel que llega pronto a su encuentro, por lo que cuando se topó con un semáforo en rojo, el ultimo, no le importó esperar aun no habiendo motivos para ello. Las calles vacías estaban y el aire silencioso se presentaba, mas él estoico aguardaba; el tiempo le sobraba. Y del reloj roto poco a poco manó hasta que, preocupándose ligeramente por el devenir de los acontecimientos, empezó a plantearse la posibilidad de cruzar bajo la atenta mirada del rojo ojo. Mas éste, reaccionando cual espejo, se tambaleo igualmente hasta quebrar en verde. Esto le supuso, y así mismo repuso, su tranquilidad. No obstante, quiso ésta ser breve para mantenerse educada, y no tardo en marcharse tan pronto vio como comenzaron entonces a aparecer y cruzar los coches por el barrizal. No hubo concierto aquella noche para él; las portentosas puertas de la Ley lo habían vetado por el retraso en pos de una nueva, fulgurante y ajena carrera.

Nota. Los títulos en los que había pensado originalmente eran: epifanía llegando a la uni (por "epifanía saliendo del metro") o semaforofobia (cf. "ficciones").

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El pudor es un estigma social: descuartizame, y mis manos resquebrajadas te aplaudirn.